No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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3/12/22

EL CATACLISMO BENEFICIOSO V --- La Codorniz

 




 LA CODORNIZ

La  
revista más audaz, 
 para el lector más inteligente.







EL CATACLISMO BENEFICIOSO




    En las playas de entonces las señoras tenían que tomar el sol con una faldita sobre el bañador, faldita que solo podían abandonar en el borde del agua, antes de hundirse en el proceloso. A los hombres se nos imponía una multa, además de una severa admonición del vigilante de la Moral, si teníamos la osadía y el descaro de bajarnos uno de los tirantes de nuestro severo traje de baño para un posible alivio del calor. Había piscinas para los hombres en las que se prohibía el paso a las mujeres y viceversa, y muchas playas se dividían con cuerdas o esteras colgantes a modo de murallas mucho más infranqueables que las de Jericó para la rigurosa separación de sexos. Cuando pasaban estas cosas, que ahora nuestros nietos no se las creen aunque se las juremos, nos consolábamos viendo en La Codorniz chistes como aquel de Herreros que representaba una playa antigua con unos señores antiguos: ella con un traje de baño negro hasta los tobillos y él con uno igualmente amplio, solo que a rayas porque los hombres siempre han sido más atrevidos, con cinturones de calabazas ambos; y ella, señalando a una bañista de atuendo parecido que entra desafiante en el océano dice:

- ¡Mira qué vergüenza! Está bañándose sin guantes. 

    El dibujante astuto le había puesto un título al chiste: 1885. Pero claro está y estaba claro para todo el mundo menos para la censura, en una de las raras ocasiones en que se la pilló desprevenida, que Herreros había hecho la caricatura de una playa española de 1941.



 También desprevenida estaba la censura cuando Mihura publicó el dibujo de una señorita que, en la consulta de un óptico, se está probando unas gafas ante el consabido cartel de letras de tamaño decreciente. Y la madre d la señorita honesta le pregunta al óptico:

-Doctor, ¿puedo estar segura de que se trata de una lectura apta para señorita?

  Muy distraída tenía que estar la censura para no advertir que ese dibujo, que hoy no tendría ningún sentido, era un reflejo no solo de la pacatería vigente sino también del cuidado con que la censura vigilaba, incluso posiblemente los carteles de los ópticos, donde vaya usted a saber qué podía estar escrito si se dejaba al arbitrio de la nefasta libertad de expresión. O sea, una burla intolerable. Esas distracciones de la censura eran un pobre consuelo.
  En un alarde de magnanimidad y tolerancia la Señora del Lápiz Rojo consiente que, en un artículo de Arriba firmado por M.G.V. (Máximo García Venero) el 6 de mayo del 41, se diga:

- Hay hombres desleales a su Patria y al genio de su raza que son, empero, grandes escritores.




  Los lectores esperábamos poder seguir leyendo a esos grandes escritores, ya que los censores y demás guías culturales, que sin duda participaban de la admiración del articulista, harían la vista gorda sobre su deslealtad al genio de la raza, para que los miembros de esa raza pudiéramos seguir beneficiándonos y mejorándonos con el disfrute de la excelente literatura. Pero nuestra esperanza se diluía rápidamente en la rotunda prosa de pocas líneas más abajo:


Durante muchos años, la literatura española será, deberá ser, arte y política. Política nacional-sindicalista, claro está.










Slightly Hungover of you




2/12/22

CATACLISMO BENEFICIOSO IV --- La Codorniz









 LA CODORNIZ

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EL CATACLISMO BENEFICIOSO



    Claro, oír recitar estos versos con los oídos hechos a la música de que las banderas al viento / tremolando desplegadas / ya vienen cortando el aire / por la montaña nevada, lo de la nana quedaba raro, y los señores de los casinos, como dice Fernández Flórez, rugían.                 A los jóvenes, en cambio, el lirismo espumoso de esos versos humildes, ajenos a toda retórica, nos servían de antídoto para el lenguaje ampuloso, por ejemplo, del ministro de Agricultura, que en un discurso del 25 de mayo en Zaragoza donde se proclama, no sé si por primera vez, que Falange es inasequible al desaliento, dice, después de anunciar que la economía se ve interceptada por enormes dificultades, aunque tirando a mejorar. De todas formas, España, cualquiera que sea el curso de los acontecimientos, sabrá cumplir en todo momento con


el deber de su honor y las razones históricas y geográficas que le imponen en esta hora decisiva sus gloriosos destinos. Las malas épocas importan poco, porque no representan más que unos minutos en la vida de las naciones y de los pueblos. ¡Arriba España!  
  Afortunadamente, en lo que las malas épocas son solo unos minutos tenía razón, aunque entonces nos parecieran unos minutos larguísimos. Para desengrasar del empacho de oratoria que no cesaba, los lectores de La Codorniz nos consolábamos con las crónicas de la familia Mínguez inventada por Neville, (Edgar Neville y Remrée, conde de Berlanga de Duero <<1899 - 1967>>. Diplomático, novelista, poeta, director de cine y comediógrafo de gran éxito. Su obra "El baile" todavía se ha repuesto recientemente en los escenarios).

La familia Mínguez de Edgar Neville


  espejo de miles de familias, cada una de ellas con su doña Encarnación, doña purificación o cualquier gorda como aquella que despedía todas las mañanas a la criada y después de desayunar y de ponerse el corsé con cuerdas, llamaba al niño, le preguntaba qué iba a hacer y se lo prohibía. El niño era Luisito, que se hinchaba de merengues y el cabo de la guardia civil le decía: "Niño, si empiezas comiendo merengues acabarás robando una vaca".

  Prohibiciones, admoniciones, represiones.                                                                            El mismo día de la aparición de La Codorniz, 8 de junio, la policía clausura la sala de fiestas "Atlántida" en los bajos del Palacio de la Prensa e impone a su propietario una multa de 10.000 pesetas y arres6to de 30 días por desobedecer las órdenes sobre horario de cierre y por escándalos.                                                                                                                          En las salas de fiestas, antes llamadas cabarets, nombre condenado por frívolo y perverso, regidas por ordenamientos estrictos, los escándalos eran casi inexistentes, aunque el ambiente era, por supuesto, condenable. En un artículo titulado "Decadencia de la frivolidad" del 19 de julio, don Luis Galinsoga describe a una pareja que parece divertirse,



ella con contorsiones más o menos púdicas y ambos fundidos en un mismo afán d gozar un deleite de frivolidad epicúrea... al son de canciones más o menos plebeyas y de tocatas bárbaras a cuyas cadencias y dudosas armonías responde la falaz diversión. ¿A quién se le ocurre divertirse con lo que está cayendo, don Luis? Se acaba la frivolidad gracias a dios, dice el profético y agudo escritor. El desenlace de esta guerra... llenará los espíritus de riesgo fecundo para una Europa nueva, justa y prudente, de continencia, de frugalidad, de discreción.

  Abrumados por tan siniestros augurios, los lectores de La Codorniz aún podíamos reírnos con la caricatura de una pareja de novios, no en un cabaret, Dios nos libre, sino en un honesto café donde la pareja, honesta también, tal como los autoproclamados defensores de la Moral, de la Fe y, si a mano viene, de Dios, recomiendan y permiten, los novios toman café y beben agua. Beben agua, toman café, beben agua. Los tranvías van de un lado a otro. En las oficinas se resuelven tremendos expedientes. Los trenes recorren kilómetros y kilómetros para transportar viajeros y mercancías. En las minas se producen carbón y otros minerales. En Europa millares de hombres buscan sustituto a la gasolina. Alguien trata de descubrir una vacuna eficaz contra la difteria...Ellos beben agua, beben agua, beben agua... Como debe ser y como sin duda aprobaría don Luis de Galinsoga.








Midnight Healing 

https://youtu.be/pvirmToCueY



19/11/22

CATACLISMO BENEFICIOSO I --- La Codorniz





LA CODORNIZ

La 

revista más audaz, 

 para el lector más inteligente.



EL CATACLISMO BENEFICIOSO



  Voy a hablarles a ustedes de algo que puede parecerles frívolo y que yo considero trascendental: la aparición de La Codorniz, cuyos primeros números se recogen en esta cuidada edición facsimilar de Agualarga, y de su influencia en los jóvenes. No digo que éste sea mi tema favorito. Es que no tengo otro. Así que mejor será decir que es mi tema único.                       Cuando digo que la aparición de La Codorniz fue un cataclismo beneficioso pienso en los que entonces éramos jóvenes, en quienes resultamos beneficiados. Paro los menos jóvenes, los rancios, los viejos -no todos-, los anclados en la nostalgia de un supuesto pasado imperial que pensaban reedificar en el futuro, fue La Codorniz un pájaro molestísimo al que no acababan de entender, pero del que no sospechaban nada bueno y al que dedicaban los más furibundos denuestos.                                                                                                            Al no entenderla les resultaba sospechosa, y bajo aquella superficie inofensiva intuían la ferocidad del ataque a todo lo que ellos significaban. Es decir, eran, en su inopia, más perspicaces que algunos comentaristas distraídos o apresurados que atribuyen a La Codorniz el cultivo de un humor blanco, descomprometido, que es lo que creía incluso Miguel Mihura (Dibujante y escritor. Hijo de actor y empresario teatral, inventor del teatro del absurdo español y europeo. Tras abandonar la dirección de La Codorniz se convirtió en uno de los más importantes dramaturgos españoles. Fue elegido miembro de la Real Academia en 1976), su fundador, cuando escribió:
  "La Codorniz no se apoyará en la actualidad ni en la realidad, será un periódico lleno de fantasía, de imaginación, de grandes mentiras sin malicia."                                                           Esta exposición fue la primera mentira, desde luego sin malicia, porque quien la profirió no sabía que estaba mintiendo. Porque los hombres geniales que hicieron La Codorniz tenían la mente clara, la curiosidad despierta y el ingenio afilado, lo que les hacía críticos, si no inmisericordes, porque les interesaba más reírse que demostrar lo listos que eran, sí agudos y demoledores a pesar de ellos mismos.   

Miguel Mihura visto por Mingote       

   Era un tiempo, aquel de 1941, en el que la crítica frontal era imposible; la censura -esa, sí, implacable- la hubiera aplastado antes de asomar la cabeza. Pero La Codorniz, aquel "humor descomprometido", aquellas grandes "mentiras sin malicia" eran un eficaz contrapeso a tanta farfolla, tanta catarata de prosa ampulosa, doctrinaria y pseudopatriótica que nos abrumaba.
    Antes de la Guerra Civil, antes de la llegada de esa "otra" generación del 27, antes de La Codorniz, los escritores se clasificaban -de una manera elemental, claro está- en dos clases: de un lado, los humoristas, Camba, Fernández Florez, Gómez de la Serna, muy pocos más... Y del otro, los escritores serios, que también decían cosas interesantes, algunos de ellos. Pero llegó la Guerra Civil, llegó La Codorniz, y de pronto solo se podía leer a los humoristas. Porque los demás -salvo excepciones que todos sabemos y que las pasaban canutas para manifestarse con una mediana desenvoltura- eran un océano de vulgaridad, sectarismo y cursilería, y los escritores serios o remaban en aquel océano o se callaban.                 Aquellos hombres que hicieron La Codorniz vivían en un mundo extraño a su naturaleza, en un ambiente arcaico al que les costaba adaptarse. Telefoneó un día Miguel Mihura a una oficina pública para no sé qué tramite ineludible. Descolgó el teléfono una secretaria, sin duda eficiente, que le espetó entusiasta: "¡Arriba España!". Miguel, que esperaba un normal y rutinario dígame, se desconcertó ante la inesperada proclama y solo se le ocurrió contestar: "Muchas gracias. ¿Está el señor González?". Y no es que le molestara, ni mucho menos se opusiera a que España ascendiera todo lo posible: es que se encontró descolocado ante una manifestación desproporcionada y fuera de lugar.                                                                   A pesar de su explícita intención de inhibirse de la crítica, Mihura había expuesto sus verdaderas intenciones cuando declaró que la Humanidad no sería feliz hasta terminar con las personas mayores, que son las que llenan de tópicos la vida, las que colocan en todas partes el infamante cartel de SE PROHIBE, y las que todo lo estropean, aun aquellas cosas que parece que no se van a estropear nunca. Estaba describiendo exactamente lo que tenía alrededor.            Llegó La Codorniz el domingo 8 de junio de 1941 sobrevolando una España en ruinas, sumida en la miseria y el rencor. Un mundo, y esto era aún peor, de dogmatismo, cursilería, ramplonería, engolamiento y necedad.