Esto manda Willy
Willy Manley
Lejos queda en el recuerdo la
aventura sahariana para muchos militares, hoy en el retiro ya, pero quedará
para siempre la amistad forjada en aquellos días. Escribo hoy en consideración
a dos buenos soldados, uno coronel y el otro sargento, con quienes he
compartido más de 40 años de servicio. Hoy, ambos, luchan denodadamente contra
una gravísima enfermedad y ya no comparten la dureza de la vida en campaña,
sino la de la lucha contra la burocracia administrativa. Encontrándose, ambos,
bajo tratamiento, en un centro médico concertado, reciben inopinadamente la
noticia de que deben buscarse otro lugar para su curación, por no estar
amparado ya el mismo en ese centro. Tras un calvario administrativo reciben una
graciosa prórroga de seis meses. Después, Dios dirá.
Las Fuerzas Armadas son
garantes de la Defensa y Seguridad de España; en definitiva del ejercicio de
nuestra libertad. Su eficacia depende de muchos factores, pero por encima de
todos ellos se encuentran los que afectan a los hombres y a las mujeres que las
constituyen: a su bienestar, a su moral. Hoy escribo sobre esto.
Ha sido noticia reciente el
malestar creciente en el colectivo militar por el recorte y reducción de las
prestaciones sanitarias. La prueba más palpable de ello ha sido la carta que el
Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada dirigió hace unas semanas a la
Subsecretaria de Defensa lamentándose de la situación. Una actitud, la del
Almirante, que dicho sea de paso ha despertado entusiasmo y fervor entre sus
subordinados al verse defendidos en sus derechos mermados. Días después, una
nota oficial del Instituto Social de las Fuerzas Armadas, ISFAS, intentaba
aclarar, a su criterio, lo que estaba sucediendo, contradiciendo de hecho lo
manifestado por el AJEMA. Sucede que los hechos son tan evidentes que todos en
las FAS sabemos dónde está la razón; por supuesto en lo que dice el Almirante.
En 1978 se creó el Instituto
Social de las Fuerzas Armadas, ISFAS. Instituto que oficializaba la Seguridad
Social para los militares. La financiación del ISFAS corría y corre a cargo de
las cuotas descontadas de la nómina de cada militar y en los últimos años, ya
desmantelada la red hospitalaria militar, la asistencia sanitaria se lleva a
cabo mediante convenios con determinadas sociedades médicas.
Hoy, inexplicablemente, el
colectivo militar que lleva muchos años cotizando ve cómo las prestaciones se
han reducido ocasionando el malestar antes citado y que ha dado lugar a la
citada carta del AJEMA.
Las FAS constituyen la
institución del Estado que más se ha transformado en los últimos 40 años y lo
han hecho calladamente, aceptando con disciplina, y muchas veces con
resignación, todas las alteraciones acaecidas. Hoy voy a referirme a algunos de
ellos; en especial a los del ámbito social, tan necesarios para el buen
funcionamiento y eficacia de las mismas por ser consustanciales con la moral de
un ejército.
Hago ahora uso de la
prerrogativa que dan los años y la buena memoria para recordar algunos aspectos
de los ejércitos que conocí allá por los años 80 del siglo pasado; tomo como
referencia a la Armada por ser, evidentemente, la que mejor conozco si bien
cuanto digo es extrapolable a los otros dos ejércitos.
Era una Armada en la que se
atendía a las necesidades específicas de su personal para propiciar que la
razón de su existencia, que no era otra que la Fuerza, fueran posibles: la
atención hospitalaria, los colegios, las viviendas… etc. Nadie piense que
aquello era el paraíso en este sentido, ni mucho menos, pero sí es cierto que,
por poner un ejemplo, la frecuente movilidad geográfica a la que estaba
sometido su personal estaba garantizada o al menos atendida, desde luego en
mayor grado que ahora, digan lo que digan. Quiero matizar aquí que hablar de
movilidad geográfica significa que a lo largo de la carrera militar no son
menos de 10 ó 15 las veces en las que el militar ha tenido que cambiar de
residencia con todo lo que ello conlleva, tanto emocionalmente como de
trastornos derivados de cambios de colegios, ambiente, familiares, amigos, etc.
El que no haya vivido todo esto no está capacitado para entender nada, lo
siento pero es así.
Una de las características más
claras que definen a la Armada desde siempre es el hecho de constituir una gran
familia. Algo absolutamente necesario cuando sus componentes se ven obligados a
largas ausencias por motivo del servicio. Son momentos en los que el apoyo de
todos sus componentes se manifiesta. Es imprescindible que al salir a navegar,
de ejercicios o en operaciones, el marino o infante de marina sienta que su
familia queda acompañada y protegida. La Armada siempre cultivó desde tiempo
inmemorial esta actitud entre todos sus componentes. Esta venía propiciada por
la proximidad vecinal y por la concurrencia a un mismo centro escolar de todos
los hijos que se desenvolvían en un ambiente similar, algo muy importante para
la estabilidad emocional de niños sometidos más de lo normal a la ausencia
continuada del cabeza de familia.
Son aspectos sociales como la
proximidad vecinal, los centros escolares ad hoc y la atención hospitalaria
cercana a las vicisitudes de la vida del marino, los que propiciaban que sin
demasiados problemas éste y su familia pudieran sobrellevar una movilidad
geográfica -la más grande entre todas las instituciones del Estado- necesaria
para el buen funcionamiento de la Armada y para el perfeccionamiento
profesional de sus componentes. Todo esto ha desaparecido prácticamente. Las
sucesivas leyes de personal y asistencia a éste, desarrolladas durante las
últimas décadas han roto de forma paulatina estos condicionantes que
facilitaban el buen llevar de los asuntos familiares en una organización como
la Armada. Esta situación está originando, por ejemplo, que hoy en día los
oficiales y suboficiales de la Armada contemplen con grandísimo temor cualquier
movimiento o cambio de destino puesto que afecta gravemente a la conciliación
familiar. Se dan casos en los que oficiales renuncian al mando de buques y a
ascensos con tal de no romper las familias. Algo nunca visto hasta ahora.
Problemas que se agudizan cuando el traslado se produce a comunidades autónomas
donde se exige la enseñanza en lenguas distintas del castellano sin que nadie
haga nada al respecto.
Los componentes de la Armada
-de los ejércitos en su conjunto- son ciudadanos con los mismos derechos y
deberes que el resto de la sociedad pero, por las características de la vida a
la que están sometidos, por servir precisamente a esa misma sociedad, deben
tener unos condicionantes de vida específicos que no son “privilegios” sino,
precisamente, prestaciones necesarias para el mejor servicio. Es muy importante
entender esto si se quiere tener un buen ejército. Si alguien lo duda basta con
echar un vistazo a las políticas de personal de ejércitos de nuestro entorno.
Lo repito, no eran privilegios en ningún caso, sino necesidades sociales
derivadas del modo de vida de un colectivo. Lo peor que le sucede a un marino
destinado en la base naval de Rota, por poner un ejemplo, no es envidiar la
diferencia de barcos o aviones con los de los EEUU allí ubicados… No, no. Es
simplemente la desazón que produce ver como los EEUU tratan, cuidan y miman al
personal de sus FAS y, por supuesto, a sus familias. Es triste decir que el apoyo
a nuestro personal y a los familiares más cercanos está a años luz de lo que
allí se ve. Y eso teniendo que oír que somos uno de los países más avanzados
del mundo. Lamentable.
El colectivo militar, el que
constituye las FAS, el que maneja los medios que de forma preventiva,
disuasoria y ejecutoria le defienden a usted y garantizan su seguridad, aquí o
donde sea, no es un gremio más de la Administración General del Estado. Tiene
unas características específicas, muy singulares, y requiere un tratamiento especial.
Y si alguien no lo cree así que se lo pregunte a los familiares de los 200
muertos y cientos de heridos habidos en los últimos 20 años.
Cuando alguien dijo en una
ocasión que era necesario romper “los ghettos militares”, o bien no sabía bien
lo que decía o por el contrario lo sabía demasiado bien.
Y ahora ya, como colofón,
resulta que algo tan importante como la asistencia sanitaria se ve también
afectada, hasta el punto de que la máxima Autoridad de la Armada tiene que
hablar y lo hace porque, lejos de la retórica de la nota oficial del ISFAS,
está en contacto real con las personas que constituyen el elemento más
importante –vital- de los ejércitos.
¿De verdad que España quiere
tener unas buenas Fuerzas Armadas?
Lo siento, pueden contarme lo
que se quiera, pero cuando veo el trance en el que se encuentran mis dos
compañeros citados, me viene a la memoria que en los años 80 del pasado siglo
las condiciones sociales no serían la panacea universal, pero, desde luego,
eran bastante mejores que las de hoy.
Y no creo que estén los
tiempos, con las amenazas que de forma acelerada se ciernen sobre los países
occidentales, como para descuidar al conjunto de personas que han elegido como
finalidad y modo de vida, precisamente, el defender la integridad de su Patria,
tanto dentro como fuera de sus fronteras. Paradojas de la vida… y suma -quiero
decir resta- y sigue.
Juan Chicharro
Jose V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
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