Carta abierta a un mamarracho
(I)
Creado el 28 mayo, 2012 por
Pío Moa
(Las fotos las he añadido yo.)
.
Ruego a mis amables y
pacientes lectores que den la máxima publicidad a esta carta, que concluirá en el próximo comentario:
No me refiero ahora a
mamarrachadas suyas al estilo de “la tierra es del viento”, o sus promesas y
afirmaciones vacuas en plena crisis, sino a su última o penúltima de ellas: la
de que en sus siete años en el poder había aprendido a “amar profundamente a España”.
Esto ya pasa de castaño oscuro, así que me permitiré recordarle algo, por lo
menos algo, de lo que ha hecho usted por España en sus nefastos años en el
poder y un poco antes. Un poder que puede resumirse en colaboración con banda
armada; colaboración con dictaduras criminales y antiespañolas; y ataque
sistemático a la democracia.
.
.
1.- Usted suscribió el año
2000 el llamado Pacto Antiterrorista. Con ello parecía abandonar la línea
tradicional del PSOE, consistente en combinar el terrorismo gubernamental con
una negociación y salida “política” para
los asesinos arruinando el estado de derecho.
Pareció sumarse usted, entonces, a la línea de Mayor Oreja-Aznar, legal
y democrática por primera vez desde las amnistías, de tratar a los delincuentes
como tales, y no como políticos. Luego hemos sabido que apenas seca la tinta
del acuerdo, usted lo traicionó, volviendo a las “conversaciones” clandestinas
con los criminales, ofreciéndoles concesiones nunca del todo aclaradas a la
opinión pública.
.
.
2.- En 2002, España debió
defenderse de la ocupación del islote de Perejil por la tiranía marroquí, que
además amenaza las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Y ahí se demostró
usted a sí mismo: saboteó al gobierno español, se arrogó ilegalmente facultades
sobre política internacional para rendir pleitesía al rey de Marruecos y retratarse con él bajo un mapa que recoge
las aspiraciones antiespañolas del monarca-tirano cuando ya la crisis se
gestaba, con retirada del embajador marroquí, unos meses antes. Esto fue, como
lo anterior, un acto de pura y simple traición a la España democrática a favor
de un déspota y un preludio de su “alianza de civilizaciones”… contra la
civilización.
.
.
3.- Poco después, usted
intensificó la agitación y la violencia callejera contra un gobierno del PP que
había logrado sacar al país de la crisis en que el PSOE la había dejado, con
tres millones de parados. En esa agitación no perdonó usted demagogia “anticapitalista” ni mentiras para
fanatizar a las partes más oscuras e ignorantes del electorado. Recordaré tres
casos: el del “chapapote”, el de la Ley de Educación y el de la guerra contra
Sadam. En el primero, un accidente del que no tenía la menor culpa el gobierno,
este hizo lo que pudo, seguramente mejor de lo que habría hecho su partido, que
nunca en tales sucesos brilló por su eficacia y sí más bien por su corrupción.
Y en tal situación, usted habría
encontrado probablemente la colaboración de Aznar y no la obstrucción. En
cuanto a la Ley de Educación del PP, buscaba, con mayor o menor acierto,
corregir otra de las herencias del PSOE junto con la crisis económica: la
degradación de la enseñanza, caracterizada por tasas muy bajas de eficiencia
educativa y muy altas de fracaso escolar. De una buena enseñanza depende en
gran medida el futuro de un país, pero usted y los suyos se dedicaron a enredar
a estudiantes y profesores con consignas de la más rancia estirpe marxista, las
consignas del Gulag y el muro de Berlín, condenando el esfuerzo y la excelencia
como un vicio y preconizando la mediocridad supuestamente igualitaria que
siempre ha definido a su partido.
.
.
4.- Pero donde alcanzó usted lamentable maestría
fue cuando la guerra de Irak. Aquella fue, hoy lo creo, un error que está
saliendo caro a Usa sin fructificar en un estado irakí más o menos democrático
y en mayor estabilidad en la zona. Sin embargo ese error no mejora la demagogia
del PSOE. Usted no se oponía “a la guerra” como pregonaba, pues había guerras
más crueles en África a las que no prestaba usted la menor atención, quizá
porque, como en la de Sudán, las víctimas eran cristianas. No: usted no
condenaba la guerra sino que defendía al genocida Sadam, por quien, como en el
caso de Perejil, sentía mucha más
simpatía que por su propio país y la
democracia: otra muestra de su “alianza de civilizaciones”. En un principio, su
loca agitación pareció fracasar, como la del chapapote, y no tuvo los efectos
electorales que usted pretendía. Lo pareció, porque el régimen de Sadam fue
derrotado muy pronto. Pero fue sin duda una ventaja para usted que se mantuviera la tensión gracias a los brutales
atentados terroristas.
.
.
5.- Y fue precisamente esa
tensión terrorista lo que le ayudó a escalar el poder. De pronto, hacia el
final de la campaña electoral de 2004, Madrid sufrió el atentado más bestial de
la historia europea. Al PSOE, pasado el desconcierto inicial sobre lo que
parecía un coletazo de una ETA acosada, le faltó tiempo para atribuirlo a los
islámicos, inventando para ello terroristas suicidas y otros supuestos datos y,
sobre todo, sugiriendo que la culpa de la matanza no radicaba en los autores de
ella, sino en el gobierno de Aznar “por habernos metido en la guerra”. No
importa aquí dilucidar quiénes fueron los verdaderos autores, sobre quienes
pesan dudas muy consistentes. Diré simplemente que usted logró desviar esa
culpa, a los ojos de mucha gente atemorizada o fanatizada. Y que lo hizo en
brevísimo tiempo mediante la campaña de insidias más vil a que hemos asistido
en varias décadas. En su empeño, usted vulneró la ley electoral, acusó al
gobierno de lo que ustedes hacían, es decir, de mentir, y movilizó a los
sectores más histéricos en agresiones y asedios a las sedes del PP, un método,
por cierto, de larga tradición en su partido desde el Frente Popular y antes. Y
no resultó menos significativo que, fueran quienes fueran los terroristas,
usted debió de creer que se trataba efectivamente de islámicos, por cuanto los
premió, llegado al poder, con la rápida retirada de las tropas españolas que en
Irak ayudaban a la población a librarse de los mismos que presuntamente habían
atacado en Madrid, e incitando a otros países a hacer lo mismo. Lección
práctica, nuevamente, de su “alianza de civilizaciones”. Su política, como en
el caso de la ETA, ha tendido siempre a recompensar a los asesinos, lo que no
es casual para quien “ama” a su patria como usted o entiende por democracia el
triunfo de la miseria. Máxime cuando un objetivo declarado de los islámicos
consiste en demoler las libertades y la civilización cristiana, y retransformar
a España en Al Ándalus. Usted ha sido su mejor aliado.
.
.
6.- Una vez en el poder, usted
desplegó su vesania en cuatro direcciones principales: profundizar la
colaboración con la ETA, con todos los enemigos de España, en la llamada
“ideología de género” como sustituto de la “de clase”, y en la falsificación de la historia. Usted,
experto en disfrazar cualquier bellaquería con un nombre pomposo y
agradable, bautizó arteramente la colaboración
con la ETA como “diálogo” y “proceso de paz”. Y lo hizo cuando la anterior política de Aznar había colocado a
la ETA, como ha reconocido uno de sus dirigentes “al borde del abismo”. Su
“paz” consistió en volver a legalizar
las terminales políticas de los asesinos, en facilitarles una amplia corriente
de dinero público con la que financiar su propaganda antiespañola y
liberticida, en proporcionarles eco y representatividad internacional, en
promoverlos con una imagen positiva mientras trataba de intimidar, dividir y
desacreditar a las víctimas directas del terror; y sobre todo en ofrecer a los
pistoleros y separatistas la transformación ilegal de la autonomía en un
“estado asociado” de hecho, reduciendo a testimonial la presencia del estado
español, según el modelo de Cataluña. Un modelo que usted promocionó
concediendo al parlamento catalán una
soberanía anticonstitucional, entre otros desmanes. Con tan intolerables
premios a los asesinos, usted decía hacer “la paz” y quizá esperaba ganar el
desacreditado premio Nobel de la misma. Pero ni la ETA consiguió nunca romper
la paz de España, sino solo alterar la normalidad gracias, en gran medida, a la
“salida política” que le ofrecían unos políticos sin principios; ni se puede
llamar paz a la destrucción desvergonzada de la legalidad democrática y del
estado de derecho. Ni a los avances hacia la disgregación de España en un
mosaico de taifas impotentes, insignificantes en el contexto internacional y
objeto de las intrigas de otras potencias: un objetivo que usted ha perseguido
tenazmente en colusión con los terroristas y los separatistas. So pretexto de
“paz”, nunca había obtenido la ETA una colaboración tan masiva y variada, en la
que el chivatazo de Freddy Faisán apenas pasa de anécdota en un contexto que
solo puede calificarse de criminal.
Estos son hechos plenamente
constatables, no interpretaciones ni especulaciones. Ahora bien, tienen tal
carácter delictivo, de traición y miseria moral, que muchos se preguntan:
“¿Cómo han sido posibles por parte de
gobiernos elegidos? Tiene que haber alguna explicación menos terrible”. Porque
no entienden que un gobierno elegido puede resultar criminal y porque tales
delitos proceden de una mentalidad, una ideología y una tradición de largo
alcance. Como recordaba Julián Marías, el PSOE tiene la tara de una visión
negativa de la historia de España. Visión completada, diría yo, con un amasijo
contradictorio de ideas más o menos mesiánicas. El PSOE, cuya historia
reivindica usted entera — incluida su planificación de la guerra civil y la
destrucción de la legalidad republicana–, solo en tiempos recientes abandonó, y
solo de manera parcial, el marxismo, la doctrina más totalitaria y mortífera
del siglo XX. Y el escaso terreno abandonado lo han llenado ustedes con esa
mezcla arbitraria de ecologismo, feminismo, pacifismo, socialismos variopintos,
aversión a la iniciativa individual y a la excelencia personal, etc. Pero he
recordado, frente al romo análisis político prevaleciente, que la colaboración
de usted con banda armada se asienta en una afinidad ideológica profunda:
también la ETA es socialista. También es antiespañola y liberticida. También
comparte ese amasijo de doctrinas que, bajo sus buenas intenciones enarboladas
nunca han traído más que miseria y corrupción. Esa común base ideológica
hermana en cierto modo a la ETA y el PSOE, por más que a veces surjan entre ambos riñas de familia.
.
.
7.- De su “alianza de
civilizaciones”, como la ha llamado con su acostumbrada megalomanía, ya he dado
algunas pruebas. Se ha concretado en la simpatía y el apoyo político y
económico, en Hispanoamérica, a los regímenes más demagógicos y antiespañoles,
a personajes como Kirchner, Chávez o Evo Morales; y algo similar en relación
con los países musulmanes, sobre todo con el único que constituye una amenaza
seria para nosotros. Dicha alianza se ha extendido, por pura aversión a España,
a las más vergonzosas claudicaciones en el caso de Gibraltar, única colonia que
permanece en Europa. Se trata, muy literalmente, de una alianza contra España y
contra todo lo que signifique libertad.
.
.
8.- ¿Qué aspectos positivos pueden encontrarse en
su gestión? Usted invoca, sobre todo,
sus políticas de “igualdad de sexos”, atribuyendo al cristianismo –la
base y raíz más profunda de nuestra
cultura—una opresión secular de la mujer. Que no le ha impedido a usted promocionar al islamismo en la propia España
y hacerse el desentendido de la situación femenina en esos países. Pero la
mujer nunca ha tenido necesidad de la tutela de personajillos como usted. La
igualdad de derechos, la igualdad ante la ley, está conseguida en Europa y en
España mucho antes de que a gente como usted se le ocurriera crear falsos
problemas para resolverlos igualmente en falso. Su “igualdad”, de modo parecido
a su “paz”, solo ha traído perturbaciones y aberraciones. Su paridad en el
gobierno (¿y por qué no una paridad de obreros y otras profesiones, por poner
un caso?) ha redundado en descrédito de la mujer gracias a lumbreras como Aído,
Pajín, Vega, Salgado, Calvo y todas las demás, de las que lo único que puede
decirse es que no desmerecen de los botarates y sinvergüenzas varones,
empezando por usted mismo. Ya que pretende usted una igualdad imposible, habría
que preguntarle por qué no la persigue igualmente en los ramos de la
construcción, las minas, los barcos, etc., donde la “cuota femenina” es insignificante?
¿O en la misma población penal, donde se dan unas desigualdades numéricas que
para majaderos como usted tendrían que ser ultrajantes? En la práctica, su
“igualdad” ha significado la promoción del aborto, un verdadero asesinato
masivo bajo la peregrina idea de que los embriones humanos no son humanos y de
la delictiva consigna “nosotras parimos, nosotras decidimos” como si pudieran
decidir sobre una vida ajena y el padre no contara nad; de la pederastia mediante la promoción de la actividad sexual a las edades
más bajas; del homosexualismo, con la imposible pretensión de equiparar un
defecto con la sexualidad normal y con
el matrimonio. Ha significado el estímulo a la disgregación de la familia, la
sustitución de la autoridad de los padres por la de unos políticos majaderos e
iluminados a partes iguales, con mil consecuencias derivadas, como el aumento
de la droga y el alcoholismo en la juventud, de la población penal, del fracaso
matrimonial, escolar, etc. En un deterioro, en suma de la salud social. Por sus
frutos se conoce el árbol.
Carta abierta a un mamarracho
(y II)
Creado el 31 mayo, 2012 por
Pío Moa
Como siempre, animo a los
lectores a contrarrestar la manipulación de los medios dando la mayor
difusión posible a esta carta.
.
.
9.- Su partido, cuyo historial
usted reivindica entero, siempre ha atacado el fundamento de la democracia, la
limitación y división de poderes, como expresó con descaro uno de sus líderes
cuando subió al poder. En función de esa permanente orientación, usted ha
politizado y corrompido como nunca la justicia (baste aquí recordar la
desvergonzada burla de Garzón y sus investigaciones sobre “crímenes del
franquismo” en gran parte inventados). Además su partido ha agredido permanentemente a tres fundamentos de nuestra cultura: la
propiedad privada, la familia y la nación (esta, en virtud de su “internacionalismo”).
Hoy parece haber renunciado a liquidar la propiedad privada para cargar el
ataque sobre los otros dos pilares. En cuanto a la nación, la visión negativa
de España por parte del PSOE, que
recordaba el filósofo Julián Marías, le ha llevado asimismo a buscar la
disolución del país en la UE. ¡Ah, aquella Constitución europea elaborada por
el clásico enemigo de España y protector de la ETA (¡siempre lo mismo!) Giscard
d´Estaing! Constitución que usted impulsó con un falso referéndum en que se
incitaba a los ciudadanos a votar a ojos cerrados, sin enterarse de qué se
votaba. Aquella ley anulaba mermaba drásticamente la influencia antes lograda
por España en la UE y usted aumentaba nuestra supeditación a Francia mientras
rechazaba el acuerdo con Polonia, tan provechoso para contrapesar la excesiva
hegemonía del Eje París-Berlín. Siempre hallamos lo mismo en su política,
trátese de la ETA, el terror islámico, los separatismos, Marruecos, Gibraltar o
la UE: la aversión a España y a la democracia,
.
.
10.- También la Iglesia, no
podía ser menos, ha sufrido sus demenciales ataques e insidias. Usted ha ido
mucho más allá de la frase (cristiana) “A Dios lo que es de Dios y al César lo
que es del César”, actualmente interpretada como la aconfesionalidad del
estado, y usado el poder para hostigar al. Pero, le guste o no, el cristianismo
es la base de la cultura occidental, y resulta el colmo de megalomanía, de la
estupidez más pretenciosa, el empeño en sustituirlo por las cuatro ideíllas
progre-socialistas, banales y contradictorias, que llenan su mente. Nadie le
niega el derecho a sus propias opiniones sobre la Iglesia, pero ya es harto
clarificador que para atacarla deba recurrir usted a tantas calumnias, quizá
más embozadas que las del pasado, pero siempre en el viejo estilo PSOE. Quiero
recordarle que, al revés que su partido y los sindicatos, la Iglesia lleva a
cabo labores de enseñanza y beneficencia que, de realizarlas el estado, y sobre
todo gobiernos como el suyo, saldrían muchísimo más caras a los ciudadanos.
Pero sobre todo usted debiera recordar que esas campañas cristalizaron durante
la Guerra Civil en un intento de genocidio, en gran parte cumplido, por el que
su partido y otros semejantes asesinaron a mansalva, a menudo con extremo
sadismo, a muchos miles de personas por el mero hecho de pertenecer al clero o
declararse católicos, y trataron de erradicar la presencia cristiana en
España. Aparte de destruir (y robar) un
inmenso patrimonio histórico y artístico. Usted jamás ha expresado el menor
sentimiento por tales hechos, al revés, ha reivindicado, repito, todo el
historial lúgubre y sangriento del PSOE. No por casualidad han
reaparecido, por primera vez desde la guerra, los conatos de incendio de
templos, las amenazas de asesinato al clero o agresiones como en el reciente
encuentro de la juventud católica. Tampoco ha expresado usted la menor repulsa
ante las persecuciones y matanzas que sufren los cristianos, sobre todo en el
mundo islámico, cuando gemía tanto por el régimen de Sadam Husein.
.
.
11.- Durante un tiempo se
jactó usted de la prosperidad del país, disimulando el dato de que la misma era
herencia del período anterior. Pero durante su gobierno la prosperidad se
volvió cada año más desequilibrada y ficticia, basada en una suicida espiral de
endeudamiento, mientras usted sacrificaba progresivamente la soberanía nacional
en beneficio de entes por encima de nosotros y por tanto por encima de nuestros
intereses. El globo estalló al fin, y usted, que estuvo inflándolo año tras año
con sus habituales mamarrachadas, culpa al anterior gobierno, durante el cual
el problema no había pasado de incipiente. El desastre económico es una
tradición asentada en su partido porque sus doctrinas al respecto son falsas, y
aunque ustedes se hayan visto obligados a aceptar algunas realidades de lo que
llaman capitalismo, siempre han terminado por “tirar al monte”. Nuevamente el
árbol se reconoce por sus frutos, y cada vez que ustedes han tenido ocasión de
aplicar sus ideas, en todo o en parte, el resultado ha sido desolador. Durante
el primer bienio republicano, con el PSOE compartiendo el poder, el paro
aumentó casi mes por mes, y bajo el
Frente Popular llegó al millón de personas, equivalente al doble con la
población de hoy, pero en condiciones mucho más dramáticas por falta de Seguridad Social (traída por el
franquismo, no por su partido como muchos ingenuos embaucados creen). Volvió el
PSOE al poder con Felipe González y batió su marca anterior: tres millones de
parados. Y usted le ha superado con cinco millones y medio y el país
literalmente en la ruina. La crisis, ciertamente, es internacional, pero aquí
importa el modo como usted la ha gestionado.
.
.
12.- Una ideología y una
política tan contrarias a los intereses del país, de la libertad y del
humanismo más elemental, solo puede sostenerse por una acumulación de embustes en aumento,
apuntalándose unos a otros. En el “Himalaya de mentiras”, que denunciaba
Besteiro del Frente Popular. Besteiro fue en la república uno de los pocos
socialistas razonables, que sin embargo no logró hacer escuela en su partido.
Y la base de todo ese himalaya se
encuentra en lo que usted, siempre pomposo,
ha titulado “Memoria histórica”. He escrito mucho sobre la falsificación
sistemática del pasado en que ha arropado usted sus fechorías, y no voy a
extenderme ahora. Baste señalar que la justificación de ellas se encuentra en
la pretensión de que en 1939 la democracia fue derrotada por el régimen
dictatorial de Franco. La segunda parte es cierta, pues el franquismo fue un
régimen autoritario (nunca totalitario). Pero la primera es falsa de raíz, y
para entenderla basta observar los componentes, de hecho o de derecho, del
vencido Frente Popular: stalinistas del PCE, marxistas del PSOE a menudo más
radicales y violentos que los primeros, anarquistas, separatistas
ultrarracistas del PNV o golpistas de la
Esquerra; más, en posición muy secundaria, los republicanos de izquierda como
Azaña, que quisieron compensar con golpes de estado el rechazo que habían
sufrido en las urnas en 1933. A esa amalgama la presenta usted y como
representante de “la libertad”. Lo era
tanto como ustedes ahora, y como ustedes y la ETA representan “la paz”.
Su partido y otros se alzaron en armas en 1934 con el propósito
explícito, lo he probado, de comenzar una guerra civil para implantar la
“dictadura del proletariado”, es decir, de su partido, al modo de Rusia, como
denunciaba en vano el citado Besteiro. Su partido fue derrotado, a un coste muy
alto en sangre y destrucciones, pero no aprendió la lección. En febrero de
1936, en unas elecciones falseadas por violencias y coacciones, el Frente
Popular tomó el poder y procedió a arrasar
la legalidad republicana en medio de una orgía de crímenes, incendios y
destrucciones que hicieron imposible la paz. En la guerra subsiguiente,
continuación de la breve del 34, su partido volvió a demostrar su naturaleza al
supeditarse a Stalin mediante el envío ilegal de las reservas financieras
españolas a Moscú y una compra de armas repleta de corrupción, en la que
destacó el socialista Negrín. Este intentó criminalmente alargar la contienda,
para completar el destrozo del país con el que nos produciría la guerra
mundial, anhelada por él y los suyos. Y, hombre previsor, organizó desde el
primer momento el saqueo de los bienes del estado, de la Iglesia, de las cajas de seguridad de los bancos y los
montes de piedad… y con esos tesoros incalculables (porque no fueron
contabilizados, otro dato de su partido) huyeron él y los suyos al extranjero, abandonando a
su suerte a miles de sicarios comprometidos en el terror de las chekas y
similares. Y ahora usted, quizá como reparación inconfesada, reivindica usted a
aquellos sicarios, autores de crímenes espeluznantes, como “honrados
republicanos víctimas del fascismo”, equiparándolos a los inocentes. Si ha
rehabilitado a Negrín es porque se identifica usted con él y no con Besteiro.
Nada revela mejor que esta farsa siniestra su catadura moral y política.
Sin la insurrección socialista
de 1934 y los salvajes desmanes del Frente Popular, no habría habido guerra
civil. Franco fue el último en rebelarse contra la república. Antes lo habían
hecho los anarquistas, los comunistas, Sanjurjo, los republicanos de izquierda,
los socialistas y los separatistas catalanes. Los nacionales se sublevaron solo
cuando la situación se volvió insostenible para cualquier persona con dignidad
y amor a su patria, y, pese a partir de condiciones adversas en extremo,
terminaron venciendo. No eran demócratas porque concluyeron, no sin razón, que
ninguna democracia funcionaría en España con partidos como el de usted y los
demás del Frente Popular. Pero salvaron lo más básico: la nación y la cultura
cristiana que ustedes trataban de aniquilar. Y gracias a la paz, la prosperidad
y la reconciliación logradas bajo el franquismo, fue luego posible transitar
sin demasiados traumas a la democracia. Una democracia de la que ustedes son
beneficiarios, no causantes, y que no debe a quienes se consideran herederos
del Frente Popular otra cosa que corrupción, corrosión de las libertades,
complicidad con el terrorismo y masivas campañas de desinformación a los
ciudadanos, esa “constante mentira de los rojos” (usted se ha proclamado rojo)
que irritaba a Gregorio Marañón.
Con su “Ley de memoria
histórica”, usted quiso imponer al país una versión particular del pasado
reciente, pretensión típicamente totalitaria, para deslegitimar a quienes
salvaron al país del Frente Popular. A quienes han aportado al país una paz que
todavía dura derrotando a la revolución, eludiendo la entrada en la Guerra
Mundial, venciendo al maquis y al injusto aislamiento internacional y dejando
una sociedad próspera y reconciliada. De ellos viene la actual democracia –tan
socavada por su partido de los “cien años de honradez” (otra enorme falsedad)–
y la monarquía, las cuales quedaban a su vez deslegitimadas por su origen según
el designio de su partido. Y, lo más grande, con dicha ley ha hecho usted
firmar a Juan Carlos I su propia
ilegitimidad, pues él fue nombrado directamente por Franco e impulsó una democratización
a partir de su régimen. Esa firma, a su modo, no deja de ser una hazaña;
grotesca pero hazaña: la insolente apoteosis de la majadería en que usted ha
convertido la política española.
¿Cómo ha podido usted lograr
tanto? Lo ha hecho en colaboración con
el separatismo, según es tradición en su partido, pero sus tristes éxitos se
han debido, más aún, a la ausencia de una oposición a la altura de tales
provocaciones. Porque no ha sido oposición el PP, partido en que diversas
corrientes se neutralizan en la nada intelectual y moral de “la economía lo es
todo”, la anglomanía y la pretensión de vender una imagen más “progre” que la
de usted mismo. Ha contado usted con la complicidad pasiva, y a veces activa,
de una presunta oposición sin ideas, y entre todos han traído al país la
calamidad actual. Pero este es otro aspecto de la cuestión en que no entraré
aquí.
.
.
13.- Azaña, mucho más lúcido
con los defectos ajenos que con los propios, caracterizó la delirante
política republicana como “tabernaria, incompetente, de amigachos, de
codicia y botín, sin ninguna idea alta”. La de usted merece esos calificativos,
ha sido pura delincuencia. Le he llamado mamarracho porque la mamarrachada, con
una veta de puro infantilismo, ha
adornado siempre sus actos y dichos. Y se ha ido usted sin el menor castigo.
Tal como la ETA ha recibido enormes recompensas por sus crímenes –recompensas
que mantiene el PP de Rajoy–, usted se ha marchado con honores, prebendas y
cargos después de haber dejado al país en la ruina material, moral y política.
¿Cómo ha sido posible? ¿Los políticos son irresponsables de sus actos en el
sistema actual? ¿Habremos llegado a una sociedad lo bastante envilecida para
soportar tales cosas sin protesta? Entonces habría que reconocer, tristemente,
que ha tenido usted razón: usted habría tratado a esta sociedad tal como ella
se habría merecido. Pero España ha superado crisis peores, y esta también lo
hará. Al escribirle, quiero exponer lo que nunca debió de hacerse o
consentirse, y lo que debe corregirse necesariamente, por el bien de una
convivencia nacional en paz y en libertad.
.
(Alianza de Civilizaciones en apuros)
Pio Moa.
José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
.jpg)





.jpg)






