LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente
CRIADA MECÁNICA
Fue
una revolución, un salto gigantesco. De la lavadora mecánica y la cocina de
butano, se pasó, como por arte mágico, a la “Multi-Servant”. La inventó un sabio con cara de
infeliz y ganó millones en unos meses. Jamás se había visto un producto
manufacturado que alcanzase tan estupendo éxito. Hasta los padres de familia
modestísima buscaron el procedimiento para llevar a su hogar una “Multi-Servant”.
Valía
la pena. Era una máquina genialmente concebida. Imposible imaginar nada más
completo. Bastaba dictarle unas breves instrucciones para que se ocupase de
todo: cocina, lavado, fregado, cuidado de los niños, repaso de lencería… Fue la ruina del Montepío del Servicio Doméstico. Las muchachas que aun tenían vocación de sirvientas se vieron obligadas a colocarse en fábricas, cafeterías y grandes almacenes, o a volverse a sus pueblos para contraer matrimonio y comprarse una
Pero una vez más pudo comprobarse que las comodidades, como el progreso o el dinero, no proporcionan la felicidad. Aquellas máquinas silenciosas, eficaces, pulcras y pagadas en cómodos plazos mensuales, que hacían del hogar un paraíso, no proporcionaban la felicidad a las mujeres. A pesar de sus innumerables ventajas. Estaban dotadas incluso de una especie de sentido común que administraba las pagas y hacía que llegaran perfectamente hasta fin de mes, y si, por ejemplo, la señora encargaba merluza y la máquina calculaba que era un plato demasiado caro, compraba pescadilla o chicharros.. Pero lo guisaba tan deliciosamente, que nadie en la casa echaba de menos la merluza. Y, sin embargo, la gente empezó a contratar palurditas y a ponerles una cofia y las amas de casa empezaron a tener media docena de disgustos diarios con sus criadas. Y el Montepío empezó a funcionar otra vez. El sabio fue avisado y requerido para perfeccionar su invento.
- No es posible perfeccionarlo -dijo-: es perfecto.
- Pues se ha hecho antipático -le dijeron.
Entonces, el sabio, que no era tonto como otros sabios, contrató a una criada y la observó cuidadosamente.
Pronto salió al mercado el producto de sus observaciones: una máquina nueva, la "Error-Servant". Era una máquina incorrectísima: sisaba, daba malas contestaciones, estropeaba algunos guisos. Lo hacía todo, pero casi todo bastante mal.
Y a partir de entonces, las señoras se sintieron felices: tenían con quién discutir y podía otra vez, hablar de criadas. Porque la "Error-Servant" era, verdaderamente, una criada.
PALOMINO


