Hace 80 años:
Guadalajara, Marzo de 1937
¿Derrota o Empate?
“Combinar carros de combate con Infantería
a pié es tan absurdo como unir un tractor a una yunta de bueyes”
General
de División, J.F.C., “Boney”, Fuller, Ejército Británico, “Lectures on Field Regulations,” 1929
General
John Frederick Charles Fuller
Guadalajara ha pasado a la historia como la gran derrota del Bando nacional en la Guerra Civil, y sobre todo como la gran
derrota del fascismo. Algún autor incluso ha comparado Guadalajara con Bailén,
considerando que los efectos para la Italia
fascista, especialmente para Mussolini,
fueron los mismos que para Napoleón,
y para Francia. La izquierda, sobre todo a la luz de la llamada “Memoria Histórica”, glorifica Guadalajara como una gran victoria.
Creo que todo ello es exagerado, y no coherente con la realidad, por no decir
otra cosa.
En primer lugar, y en cierto modo, ambas Batallas sí
pueden ser comparables si se considera que ninguna de ellas tuvo influencia
decisiva en los respectivos conflictos. Bailén
tuvo lugar en 1808, pero Napoleón no
se sintió derrotado por ello, y la guerra aún duró seis años más. Guadalajara tuvo lugar en el primer
trimestre de 1937, y la guerra aún se prolongaría dos años más, finalizando con
la victoria del Bando que, precisamente, había sido derrotado presuntamente en Guadalajara. Cierto es que Mussolini se sintió terriblemente
amargado y contrariado, probablemente tanto como Napoleón, pero en Guadalajara,
al contrario de lo que sucedió en Bailén,
las Tropas italianas no lucharon solas, ni tampoco lucharon contra un Ejército meramente español. Bailén quizás tuvo un efecto
galvanizador en la población española para seguir luchando contra el invasor
napoleónico. Guadalajara, si tuvo influencia
en la resistencia del Bando republicano,
fue bastante efímera.
Guadalajara, en cualquier caso, no modificó el resultado de la
contienda, ni perjudicó o disminuyó las capacidades del Ejército nacional. Tras la batalla, que vino a durar escasamente
dos semanas, ambos Bandos estaban donde estuvieron al principio. No se ganó
prácticamente ningún terreno por ninguno de los dos Bandos, y el frente se
estabilizó en esos confines, casi durante todo el resto de la guerra. Eso sí, el campo quedó sembrado de cadáveres
de ambos contendientes. ¿Derrota o
empate? No pretendo desvelar nada nuevo aquí, se ha escrito mucho sobre
este asunto y casi todos los archivos están abiertos para los investigadores. Sin
embargo, hay que leer y saber interpretarlos. Veamos las circunstancias de lo
que ocurrió en las llanuras de La
Alcarria, en marzo de 1937, y su desarrollo.
La toma de Málaga,
en febrero de 1937, había resultado un gran desastre para los republicanos, y Mussolini[1] vio
allí el éxito de las Tropas italianas como un buen augurio, y como el preludio
de algo que justificaba el incremento de la ayuda al Bando Nacional y la implicación de Italia en la Guerra Civil española a pesar de haber firmado el Pacto de No-Intervención2. El Mando italiano no supo ver que la fácil
y rápida victoria en Málaga era
debida, en realidad, a una combinación de buen tiempo, y de falta de
experiencia, y medios, por parte de los republicanos, en la guerra móvil, y con
medios blindados. Guadalajara no iba
a ser igual.
Benito Mussolini
A finales de 1936, y principios de 1937, la atención e
interés del Bando nacional se
centraba en tomar Madrid. Franco
estaba obsesionado con lograr una victoria decisiva que permitiera conquistar la capital, y quizás acabar
la guerra o acelerar su final. Esta obsesión llevó a la Batalla del Jarama. Pero la realidad es que la batalla acabó en
tablas y ningún bando se sintió conforme con el resultado. Los republicanos constataron que el río Jarama, en sí, no constituía un obstáculo serio, y de hecho el
río se podía franquear sin problemas, por casi todos los lugares, en la primavera
y en el verano. Para el Bando nacional
el resultado fue decepcionante ya que, como mínimo, habían pretendido cortar
las comunicaciones con Valencia, y
sitiar la capital, y no lograron ninguna de las dos.
Quizás Franco
había depositado demasiadas esperanzas, con las escasas Fuerzas disponibles,
para un objetivo como Madrid, pero
eso no fue el único factor que influyó en el resultado. Los Nacionales lograron avances significativos, pero no lograron
romper el frente ni cortar la carretera de Valencia.
El apoyo
soviético y las recién formadas Brigadas
Mixtas del Ejército Popular probaron ser un obstáculo de mayor consistencia
de la esperada, y frenaron el avance nacional.
Brigadas Internacionales por la Carretera de Barcelona,
camino del frente de Guadalajara Batalla de Guadalajara
Ambos Bandos procedieron a organizar el terreno y fortificar sus
posiciones, permaneciendo en un compás de espera casi hasta el final de la
guerra. Aunque el Bando republicano
celebró la batalla como si hubiera sido una gran victoria sobre el Bando nacional, en realidad la Batalla del Jarama solo había sido una
confrontación más sin resultados decisivos, al igual que los combates en torno
a Madrid, de noviembre y diciembre
de 1936, que solo lograron frenar el
avance nacional sobre la capital,
pero sin rechazar al adversario ni desalojarlo de las posiciones alcanzadas. Aun
así, el esfuerzo realizado había tenido un alto coste, ya que los republicanos tuvieron no menos de
10.000 bajas, contra 6.000 por parte de los
nacionales, además de perder casi un 70 % del total de los medios
acorazados recibidos hasta entonces. Ciertamente, para los republicanos, el Jarama
no había supuesto un buen comienzo del año 1937.
General italiano Mario Roatta
No hubo actuación ninguna de las tropas italianas durante
toda la batalla del Jarama. En
cambio, tras Málaga, las Fuerzas
italianas dedicaron todo ese tiempo a trasladarse desde Andalucía hacia el centro y norte de España, y a reorganizar sus efectivos tras recibir nuevos refuerzos
y material de Italia. A finales de
febrero de 1937, se puede decir que los efectivos italianos en España alcanzaban ya casi los 50.000 hombres,
estructurándose en un Cuerpo de Ejército
con cuatro Divisiones más apoyos y una organización Logística, con un total
de seis Generales, 20 Coroneles y 172 Oficiales, 33 de ellos del Estado Mayor italiano3. Era lo que se conoce con el nombre de Cuerpo de Tropas Voluntario (CTV). Al mando estaba el General Mario Roatta, procedente de Infantería,
que había sido hasta el comienzo de la guerra, en 1936, el jefe del Servicio de Inteligencia Militar italiano (SIM), en Roma. Inicialmente había sido el
encargado de canalizar la ayuda italiana a Franco,
pero en diciembre de 1936 fue designado por Mussolini para tomar el mando de todas las Tropas destinadas a España. Como su Jefe de Estado Mayor, ejercía el Coronel Emilio Faldella, también de Infantería y también
perteneciente a los Servicios de inteligencia, que había sido cónsul de Italia en Barcelona durante 1930
a 1935, y se suponía que conocía bien la idiosincrasia
española.
Al mando de la fuerza acorazada del CTV, el llamado Raggruppamento Reparti Specializzati (RRS), estaba el Coronel Carlo Rivolta, igualmente de Infantería. En total, a
principios de marzo de 1937, esta fuerza estaba constituida por dos Batallones de carros ligeros Fiat L3
CV33/35, con cuatro Compañías cada uno, y cada Compañía con 10 carros. Una
Sección de 4 carros por Compañía venían a ser de la versión lanzallamas L3/LF.
En total, el CTV en Guadalajara no disponía más que de 80 u 81 carros ligeros L3, y no las
exageradas cifras que han dado algunos autores.
Fiat L3 C.V. 33/35
CV-33/LF
en plena acción lanzallamas
Aunque la idea de atacar hacia Madrid, desde Zaragoza,
y conquistar la capital, era algo que ya el General Mola había planteado en algún momento, nunca se había
podido llevar a cabo por falta de medios. El Mando italiano no quería permanecer ocioso y estaba ansioso por
demostrar las capacidades de su moderno Ejército, y realizar algo grandioso. En
Roma pensaban que sería posible
acabar la guerra a lo largo de 1937, y así Italia
podría dedicarse a otros temas como consolidar la situación de Abisinia, y atender los asuntos
europeos. Pero parece que fueron los propios Mandos nacionales los que les dieron pié para comenzar el
planeamiento de ideas sublimes.
Como la batalla del Jarama
no iba muy bien, ya a mediados de febrero, Millán
Astray urgió al Coronel Faldella
a iniciar operaciones que aliviasen algo la presión republicana en el Jarama.
Y también lo hizo el Jefe de Operaciones en el Estado Mayor de Franco, Coronel Antonio Barroso4.
Los italianos llegaron a proponer una ofensiva desde Teruel hacia Sagunto,
para dividir a la España republicana en dos y llegar al mar, algo
que, no obstante, se realizaría en la primavera de 1938, y en lo que las Tropas italianas tendrían un papel
predominante, pero que por el momento Franco
rechazó tajantemente, aunque sugirió que podría pedirles que atacasen Guadalajara.
General Emilio Mola
General
José Millán-Astray Coronel Antonio Barroso
Ello llevaría a otra propuesta que tampoco agradó
demasiado a Franco, y aunque aceptó
a regañadientes, dejó bien claro a los italianos que el nuevo plan no coincidía
con sus ideas. Faldella proponía que
el CTV fuese la parte norte de una
pinza que, coincidiendo con otra que partiese del sur, se unieran en Alcalá de Henares, cerrando el cerco a Madrid. Franco casi amonestó a Faldella,
reprochándole el papel predominante que los italianos querían tener, pero Faldella tenía órdenes estrictas de Mussolini de llevar a cabo una acción
decisiva que pudiera llevar a acabar pronto la guerra, y estaba convencido de
que su plan era lo más conveniente5.
Roatta, por otra parte, sabedor de que los combates en el Jarama se habían detenido, informó a Roma de que la única esperanza de
lanzar una ofensiva contra los republicanos residía en el CTV. Los contactos entre el Mando
italiano y el Cuartel General de Franco, en Salamanca, se tornaron algo tensos, llegando a un punto álgido
cuando un enviado especial de Mussolini,
el dirigente fascista Roberto Farinacci
llegó, incluso a transmitir a Franco un mensaje del Duce, en el que le proponía que, de tener éxito la ofensiva, y
acabarse la guerra, le sugería restaurar
la Monarquía en la figura del italiano Duque
de Aosta, un nieto del que había sido Rey de España, Amadeo de Saboya, también italiano. Podemos imaginarnos la reacción
interior de Franco. Estaba claro que
Mussolini no conocía al gallego. Es
muy probable que desde ese mismo momento ya, Franco se decidiese a hacer todo lo posible para que la ofensiva
italiana fracasase, incluso a costa de lo que ello pudiera significar para el
objetivo de la guerra y el futuro de sus planes.
La idea de maniobra del Mando italiano era penetrar rápidamente en el dispositivo enemigo,
a lo largo del eje Zaragoza-Madrid,
para alcanzar Guadalajara, y en una
fase posterior enlazar con las fuerzas nacionales procedentes del Jarama, cortando así las comunicaciones
con el resto de la zona republicana,
y cercando Madrid. El objetivo
último era, naturalmente, obligar a la
República a aceptar la rendición, y poner fin a la guerra.
Grupo de carros Ansaldo L3 C.V. 33 formados para revista
En principio, como plan, era una buena idea, y como ya se
ha dicho, era algo que Mola había
contemplado ya antes. Pero, hoy, en retrospectiva, no veo tan claro que el Bando republicano hubiese aceptado
rendirse sin más. El Gobierno ya se
había trasladado a Valencia, desde
principios de noviembre de 1936, y todo el territorio que quedaba en manos republicanas era aún demasiado
grande como para aceptar un final. Ciertamente la caída de Madrid habría supuesto un descalabro mayúsculo, pero quizás no el
fin de todo. Por otra parte, no parece que ni Franco ni Mola
estuviesen decididos a llegar a una situación que pudiera conllevar, no ya a la
rendición de la República, sino a un
armisticio, impulsado por las potencias extranjeras, que dejase libre a la otra
España. Y mucho menos, tampoco,
deseaban que el enemigo, con el tiempo, pudiera recomponerse y resurgir. Mola, y Franco, creían firmemente en la derrota total del adversario, y en la rendición incondicional,
aplastando totalmente al enemigo de modo que nunca más pudiera levantarse.
No imaginaban que cuarenta años después, ese enemigo iba
a resurgir, y a transformar la historia, auspiciado precisamente por aquellos a
quienes Franco creyó que les dejaba
todo “atado y bien atado”.
Desafortunadamente, dado que Mola murió
en accidente de aviación en junio de 1937, no sabemos su opinión real sobre Guadalajara y lo que allí sucedió,
aunque parece que no le gustó nada que el CTV
se relacionase directamente con Franco
para esta ofensiva y no con él, que tenía el mando en la mitad norte de España. Tampoco Franco se manifestó nunca en detalle sobre Guadalajara, al margen de restarle importancia.
Independientemente, Franco
tampoco deseaba una victoria italiana completa, y que Italia sobresaliese. Franco
aceptaba la ayuda italiana, y la alemana, pero
quería que la victoria fuese alcanzada por los propios españoles. Lo último
que le habría gustado ver hubiera sido precisamente, ver a las Tropas italianas
entrando victoriosas en Madrid, y
quedar en deuda permanente con Mussolini.
Un orgullo ingrato, sin duda, y del que también pecaba el propio Mussolini, que dio abundantes pruebas
de ello en la contienda mundial posterior, con respecto a los alemanes. No
obstante, hay que reconocer, y está claro hoy, que sin la ayuda italiana, la
victoria nacional quizás no habría tenido lugar.
Avance de los carros italianos durante la ofensiva del
CTV
(Bundesarchiv)
El concepto general de la Operación diseñado por los
italianos, contemplaba ejercer el esfuerzo principal a lo largo de la carretera
general de Zaragoza hacia Guadalajara y Madrid, mediante un avance según tres ejes de progresión, en
dirección sudoeste desde Sigüenza y
el sur de Zaragoza. El General Roatta estableció su Puesto de Mando principal en Arcos de Jalón, y un Puesto de Mando avanzado en Algora. Las Fuerzas participantes en la
acción eran las cuatro Divisiones de Infantería6 motorizada que
integraban el CTV, más la agrupación
de carros de combate (RRS), y toda la artillería disponible. Una de estas
divisiones era la División de Infantería
Littorio7, la única División
perteneciente al Ejército regular
italiano (Regio Esercito) -las otras
eran Divisiones compuestas por voluntarios de la milicia fascista-, al
mando del General Annibale Bergonzoli8, que había combatido en
la campaña de Etiopía, bajo las
órdenes del Mariscal Rodolfo Graziani.
Todo ello hacía un total de 35.000 hombres, con 80 carros de combate ligeros9.
Mariscal Rodolfo Graziani
General
Annibale Bergonzoli Emblema metálico para brazo División Littorio
Las Divisiones
italianas estaban ampliamente
motorizadas, y las tres Divisiones de Camisas
Negras, contaban cada una con 200 camiones, mientras que la cuarta, la Littorio, disponía de unos 400; además,
a nivel del Cuerpo de Ejército
contaban con 1.400 camiones más. Como apoyo aéreo contaban con aproximadamente
entre 50 y 60 aviones de combate, todos italianos, que desplegaban en los
aeródromos de Soria y Almazán, y no se descartaba tener algún
apoyo más, por parte de la Aviación
nacional y de la Legión Cóndor
alemana. Además, y al flanco Oeste, desplegaba la División Soria, del Ejército
nacional, al mando del General José
Moscardó -el héroe de El Alcázar-,
con unos 15.000 hombres, pero sin casi ningún vehículo. En total, 50.000
hombres, aproximadamente.
Soldados italianos en la carretera Nacional II totalmente
colapsada de vehículos
(Bundesarchiv)
Todo estaba muy bien sobre el papel, aunque lo que no
quedaba muy claro era el grado de compromiso que Franco fijaba para las Fuerzas españolas, del Ejército nacional. Así, Franco
le había comunicado a Roatta, ya
el 5 de marzo, que el ataque de las Fuerzas
nacionales en el Jarama, que
mandaría el General Orgaz,
dependería del “grado de resistencia que
ofreciese el adversario”, y además, sin fijar ninguna fecha o momento. De
modo parecido, las órdenes dadas al General
Moscardó, establecían que “en ningún
momento, debía adelantarse a los italianos”, algo que nunca habría podido
hacer dada su falta de vehículos, pero
obviamente limitando su libertad de acción. Sin duda, era la venganza del
gallego, y si Roatta hubiera sabido
leer entre líneas se habría dado cuenta de que Franco le cargaba con toda la responsabilidad y el peso de la Operación,
y que no debía esperar apoyo alguno. No se sabe que interpretación dio Roatta a la comunicación de Franco, pero quizás si hubiera sabido
que desde el Jarama no se iba a
efectuar ningún movimiento, habría suspendido la operación probablemente.
El General José Moscardó al acabar la guerra
Para los amantes de la historia militar, reproduzco aquí
la idea de maniobra para la operación, tal como la escribió el General Roatta:
“Es mi intención
proceder rápidamente, por el camino más corto, y en el mínimo tiempo posible,
hacia el punto en que deberemos dar la batalla a la Fuerza principal del
adversario, Guadalajara, desde el
cual podremos maniobrar mejor contra él. Esta idea de maniobra se materializará
mediante la ruptura rápida y violenta de la defensa enemiga a lo largo de la
línea Sigüenza-Guadalajara, que será
seguida del avance de las fuerzas motorizadas hacia Guadalajara”.
El concepto de la Operación concebida por el Mando italiano contemplaba una
concentración de Fuerzas sobre un frente reducido, seguida de una ruptura del
frente, para, utilizando su movilidad, rebasar al enemigo, desconcertar su
dirección y capacidad de Mando, e impedir la actuación de sus Reservas. En un
momento dado se llevaría a cabo un paso de escalón, adelantándose fuerzas más
frescas, que no habían tomado parte en la ruptura del frente, y que avanzarían
en profundidad en el despliegue enemigo, para alcanzar una línea, sobre Guadalajara ya, desde la que, en
coordinación con las Fuerzas nacionales
en el frente del Jarama, se
efectuaría el ataque final sobre Madrid.
Era ciertamente brillante, y era la aplicación del concepto de la “Guerra Celere”, que los italianos
habían aplicado en Abisinia. Pero Guadalajara, como ya se ha dicho, no
era Abisinia.
General José Miaja
Ya el día 7, el Mando
republicano intuía que se estaba preparando algo serio cuyo objetivo tenía
que ser Madrid, y el General José Miaja Menant, jefe del
llamado Ejército del Centro, solicitó
que se destacase una Compañía de carros
T-26 a la zona de Torija, en
prevención de un ataque que pudiera venir desde La Alcarria.
Los
T-26 fueron los primeros carros de combate que dispusieron de una emisora de
radio
Antonio J. Candil Muñoz
[1] Beevor, Antony.The Battle for Spain.The Spanish Civil War 1936-1939, Penguin
Books. London. 2006. pp.216-220.
2 La No-Intervención era una iniciativa diplomática
conjunta de los gobiernos de Francia y Gran Bretaña. Formaba parte de una
política de apaciguamiento destinada a evitar una escalada en la guerra -dada
la implicación de Italia y Alemania apoyando a los Nacionales, de una parte, y
de la Unión Soviética, apoyando a la República, de otra- que pudiera derivar en
un conflicto mayor que afectase a toda Europa.
3 Italian Intervention in the Spanish Civil War, John
Coverdale, p.212. Princeton University Press, 1975.
4
Italian Intervention in the Spanish Civil War, John Coverdale, p.218. Princeton
University Press, 1975. Barroso llegaría a ser Ministro del Ejército en 1962.
5 Veinte Meses de Guerra en España, Emilio Faldella.
6 Estas divisiones eran las tres divisiones de Camisas
Negras: Primera División, al mando del General Rossi, “Dio lo Vuole”, Segunda
División, al mando del General Coppi, “ Fiamme Nere”, y Tercera División, al
mando del General Nuvoloni, “ Penne Nere”, compuestas todas por voluntarios de
la milicia fascista. La cuarta división era la División Littorio.
7 La División Littorio se distinguiría especialmente luego, en el Norte de
África, como la 133 División Acorazada Littorio, a las órdenes de Rommel,
aunque fue aniquilada por el Octavo Ejército británico, en noviembre de 1942,
en El Alamein.
8 El General Annibale
Bergonzoli, llamado “Barba Eléctrica” ("Barba elettrica"), llevaría a cabo la defensa de
Bardia, en Libia, en 1940, cuando tuvo lugar la Operación “Compass”, dirigida
por el General británico Sir Richard O’Connor. Los ingleses conquistaron
Bardia, y Bergonzoli realizó una hábil retirada hasta que en febrero de 1941,
derrotado en Beda Fomm, se rindió a las tropas australianas. Estuvo prisionero
en la India y en los Estados Unidos, hasta que fue repatriado a Italia, después
de la guerra. Falleció en 1973.
9 Las divisiones italianas eran algo más reducidas que
las españolas y tenían, como media, unos 7.000 hombres, pero estaban casi
totalmente motorizadas.
















