LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente
RAMONISMO
EL ILUSIONISTA
En el despacho de la Dirección del Circo se presentó una tarde un hombr flacucho con tipo de cesante y de gato disecado.
El director le preguntó qué hacía. El dijo que era ilusionista y que hací desaparecer los objetos y las personas.
El gordo director, que jugaba con una moneda, como si estuviese pensando una jugada sobre el tapete verde, dijo riendo:
- ¿A que no me hace usted desaparecer a mi?
El ilusionista se desabotonó los puños de la americana y, de la camisa, sacó el lápiz largo, que era su varita mágica, y dando un golpecito en la calva al director le hizo desaparecer. Después se quedó pensativo y resolvió no volverlo a hacer desaparecer.
Desde entonces el ilusionista es el director del Circo.
SUEÑO DE UN HOMBRE PRUDENTE
Yo iba en un tranvía lo tomé no sé donde y cuando el cobrador me abrió sus evangelios en las narices y me pidió que le pagase le di un duro. No tenía cambio, pero me dijo:
- Espere un poco...En el camino le daré la vuelta.
Pasaron numerosos postes y muchas bocacalles, al atravesar las cuales se sentía el tiro de la corriente, contraria y transversal que va por ellas siempre en funciones de río, siempre corriendo las aceras y los adoquines como las aguas del río.
El cobrador no me daba la vuelta y yo esperaba, esperaba. Ya había pasado hacía rato el sitio en que debía apearme; pero yo no quería apurar al cobrador. Él me daría la vuelta alguna vez.
Pasaban tantos postes como en los viajes de tren, sin que me asistiese el consuelo de ver los kilómetros pasados, porque no está escrito en ellos la distancia que los separa ni del principio ni del fin.
Moneda de 5 pestas (Un Duro
Yo seguía a mi duro, fatalizado por él.
El cobrador me tenía que cobrar, y aunque no tenía cambio yo no podía apearme con miduro sin pagarle, ni sin el.
Así llegamos al fin del mundo. Ya allí me encaré con el cobrador haciéndome una gran reverencia, y ese arrebato me despertó.
EL COLLAR DE OJOS
Era necesario que alguien tuviese un collar de ojos. ojos diferentes, escogidos; nunca el par; siempre uno solo de cada pareja, para lo cual solo había que dejar tuertos a los interfectos escogidos.
La otra Salomé fue lo que pidió a su Tetrarca, y tuvo su collar de ojos, porque en las tradiciones de la vida tenía que haber un collar de ojos con sus niñas de adorno; un collar de ojos como cuentas de un collar inimitable; un collar único, superior al vulgar collar de perlas, que son asequibles a cualquier millonario como una docena de ostras de Arcachón a cualquier pelanas o pela fustán.
Arcachón (Suroeste de Francia)
LAS ABUELAS QUE NO LO SON
Hay unas viejecitas solteras que no quiern ser de ninguna manera <<abuelas>>.
--- Por el verano andan mucho por la calle esas ancianas, a las que la gente llama abuelas sin serlo.
--- ¡Abuela, que mancho! -les dicen por detrás unos obreros que vuelven deprisa del tarbajo.
--- Abuela: ¿sabe usted si está por aquí cerca la calle de tal?
--- ¡Abuela: cuidado con los coches!
La viejecita vuelve la cabeza muy alborotada cuando se oye llamar así, y a veces responde airada:
--- ¡Al único nieto que tuve lo ahorcaron por ladrón!
Nunca es suficiente