Moscardó habla con su hijo prisionero de los rojos.
Nº 16.- Martes, 11 de agosto de 1936.
Ayer, día de tranquilidad, contrastando con los anteriores. Teniendo en cuenta el interés puesto sobre nosotros, estas interrupciones son reveladoras de la situación apurada del Gobierno y de la falta de medios con que cuenta.
Continuamos recibiendo relaciones para la Hermandad del Alcázar, y, dentro de poco, cuando el número de estas relaciones sea más numeroso, se procederá a la constitución de la misma.
Orden de la Comandancia militar.-
Quedan terminantemente prohibidas las conversaciones con el enemigo o con otra cualquier clase de personas que se acerquen a los puestos con tal objeto, que serán contestadas con fuego únicamente.
Los jefes y oficiales de servicio serán responsables del cumplimiento de esta orden, empleando el medio que sea necesario para evitar tales comunicaciones.
En caso de que se presentase algún parlamentario o persona que quiera hacer alguna manifestación, será conducida a un local, del edificio de Pabellones o del Alcázar, según por donde entre, donde quedará rigurosamente incomunicado y bajo la vigilancia directa de un oficial,, hasta que sea interrogado por el jefe u oficial que yo designe, evitando que ni antes ni después sostenga conversación con ninguna otra persona.
Todo el que propale una noticia, favorable o no, está obligado a manifestar claramente la persona o el medio por los que haya llegado a su conocimiento, con objeto de comprobarlo en caso necesario.
El Coronel comandante militar, José Moscardó.- 10 de agosto de 1936.
Acompañado del General Asensio Torrado, Largo Caballero inspecciona las baterías que bombardean el Alcázar.
José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería
