No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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31/8/25

LOS SOFISTAS --- La Codorniz

 



HISTORIA DE LA FILOSOFÍ

LOS SOFISTAS



La Codorniz

La lectura más audaz 
para el lector más inteligente


  Slos hombres son orgullosos, la culpa es de Protágoras. Antes del nacimiento de este filósofo los antiguos griegos vivían en la convicción de no ser más que una particula cualquiera del sistema de la naturaleza, así como eran partículas los árboles, las piedras y los animales.                            Según testimonios feacientes, los antiguos griegos no se sentían superiores a los gatos o a los caballos: vivían con ellos de igual a igual, dividiendo la mesa y los alojamientos, y tambien tenían comunes los recreos y las diversiones. En los teatros sin ir más lejos, había butacas para caballos, cuyo juicio se tenía en gran aprecio. Su desaprobación que se manifestaba con un relincho semejante a un silbido, desalentba a los autores más que lo que les desalienta hoy la del más renombrado crítico. Parece se que los hombre llegaron a tal punto de modestia que se consideraban inferiores a las abejas y a las hormigas,
modelo de ejemplo de laboriosidad, de organización y de vida política.                
    Nadie pasaba delante de las colmenas sin descubrirse respetuosamente y decir: "Abejas yo os saludo"
    Pero Protágoras lo estropeó todo.
    Había nacido en Abdera, en el año 480 (a. de J.C.), y su profesión era la de filósofo. Enseñaba oratoria, derecho, literatura, doctrinas sociales, física y cosmología. Y no soportaba de ninguna manera que sus conciudadanos le estimasen semejante a un caballo o a un gato, los cuales, según él, estaban completamente en ayunas de aquellas disciplinas.

    Un día reunió a pastores y ciudadanos, subió a una colina y dijo:
    ---Admito con vosotros que el organísmo humano, parecido al organísmo de los restantes animales, tenga un puesto subordinado en la naturaleza; pero vosotros tenéis que admitir conmigo que el hombre, como ser pensante y consciente, es mucho más que una simple parte de la naturaleza. El pensamiento humano es, por lo menos, tan grande como todo el mundo natural, porque lo comprende y lo posee.

    Dijo otras muchas cosas, pero todas inútiles, porque para hacerse entender de la gente no vale tanto un largo discurso como una frase breve,simple y sencilla.                                                                           Protágoras lo encontró. Dijo:
    ---El hombre es la medida de todas las cosas.
    Los grigos no se impresionaron. Repetían, complacidos, la bella frase, pero sin darse cuenta de su enorme importancia. Luego, poco a poco, se apercibieron de ello. Aquellas palabras significaban que el hombre se había convertido en el centro del universo; que la realidad de las cosas no es independiente, sino que depende de nuestro modo de sentir y de pensar. Verbigracia: el agua es fría porque yo la siento fría; los prados son verdes porque yo los veo verdes.            Naturalmente, empezaron los abusos. Un viejo ateniense, que era el espíritu de la contradicción, comenzó a decir que los prados no eran verdes, sino rojos, porque él los veía rojos, y que las cabras tenían tres patas. Hubo quien se echó a reir, pero hubo también quien lo tomó en serio. Así nació el partido llamado "de las tres patas", del cual, los más encendidos, se destacaron para fundar el "de las dos patas", según el cual las cabras eran bípedas y los prados azules, con pequeñas franjas amarillas.

    No existe lo justo, lo bello, lo bueno, sino lo que cada hombre estima bueno para él; es decir, útil; lo bello es lo que gusta, lo justo es lo que el más fuerte quiera imponer. He aquí el camino para llegar a una norma general de juicio: la fuerza. La encontró Gorgia, filosofo siciliano, nacido en el año 427 (a. de J. C.). Gran orador, tenía la habilidad de persuadir a sus oyentes y de convencerles de las cosas más extrañas y absurdas.
     ---Si todos los hombre fuesen iguales -decía- tendríamos tantos juicios como hombres, y todos distintos. Pero, puesto que entre los hombres existen los que por su fuerza o habilidad logran imponer su criterio, ésa es la clave para formar unas normas generales que disciplinen los individualismos. Si yo soy fuerte y estimo justo que los indivíduos besen todas las mañanas a las cabras debajo del sobaco, también los ciudadanos lo encontrarán justo, y ganarán mucho a mis ojos los que hagan esa operación cotidiana. Si yo soy fuerte, puedo hacer de todo; imponer la opinió de que los agrimensores sean ovíparos, que los ingenieros se alimenten de hierbas y que los caballos aprendan a cantar.                                            
    Y entre las cosas que decía Gorgia y las que decía Protágoras, se armó la gente un lío de mil diablos, cuyas consecuencias stamos pagando todavía.
MOSCA










Esos Ojitos Negros