No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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26/5/21

MI VIAJE POR ÁFRICA XLV





MI VIAJE POR ÁFRICA XLV


A esta precauciones hay que añadir alguna más. Nunca se debe caminar descalzo sobre el suelo, por muy limpio que esté, o un odioso insecto llamado nigua penetrará en el pie para para engendrar allí una familia numerosa, lo que provocará una hinchazón muy molesta. Por otro lado, antes de calzarse las botas o los zapatos, aunque se tenga mucha prisa,, hay que darles la vuelta y mirarlas por dentro, no vaya a ser que nos encontremos allí emboscado un escorpión, una pequeña culebra o cualquier centípedo de lo más espantoso. Nunca se debe arrojar la ropa descuidadamente en el suelo, sino meterla enseguida en una caja de estaño y cerrarla bien para evitar que que resulte infectada por una organizada colonia  de feroces criaturas ansiosas de picar. Y, sobre todo, ¡quinina! A quienes residen de forma habitual en estos exóticos países ninguna droga les sirve de mucho, pues su eficacia se ve disminuida por el hábito y de debe aumentar la dosis hasta límites imposibles. Pero el viajero que pasa aquí tan solo unos meses, puede recurrir con todas las ventajas y seguridad a este admirable profiláctico. Sobre el modo de administrarla, las opiniones difieren. Los alemanes, con su amor a la precisión incluso respecto a los asuntos más inciertos, prescriben treinta granos alternando las tomas cada siete y ocho días. Nosotros seguimos el método más sencillo de ingerir de forma regular diez gramos al día desde el momento que salimos de  Port Said hasta nuestra llegada a Jartum. Ningún miembro de mi grupo tuvo fiebre, ni un día siquiera, durante todo el viaje.




Durante nuestra segunda jornada realizamos una caminata de una duración aproximada y un carácter similar salvo que, al encontrarnos más cerca del río, el sendero que seguíamos a través del sombrío bosque nos deparaba ocasionales atisbos de una gran extensión de agua situada a la izquierda. A intervalos frecuentes - cinco o seis veces al día- nos cruzábamos con largas caravanas de porteadores nativos que transportaban diversos productos desde los fértiles distritos emplazados entre el lago Kioga y el monte Elgón hasta Jinja. Nada podría ilustrar mejor la conveniencia de desarrollar las comunicaciones locales para dar salida a este incipiente y potencial mercado, que ya está dispuesto a abrirse paso incluso encaramado a la cabeza de tambaleantes porteadores y a través de senderos invadidos de maleza. Por lo demás, la zona cercana al río semejaba una jungla densa e impenetrable, que escondía en sus recovecos tanto a seres humanos como a feroces animales.


                                             Lago Kioga y monte Elgón

La tercera mañana, sin embargo, nos condujo hasta los shambas, como se denominan los campos de cultivo locales, por una carretera que discurría entre plantaciones de bananos, mijo, algodón, ricino y chiles. Aquí en Usoga, como en toda Uganda, el principal producto agrícola es el plátano y al tratarse de un árbol que, una vez plantado, crece y se propaga por su cuenta sin necesidad de ningún cuidado ni esfuerzo, cuenta con muy buena acogida entre los imprevisores nativos, a quienes mantiene año tras año en una tranquila abundancia hasta que un súbito fallo de las cosechas, tras generar una temible hambruna, restaura el cruel equilibrio del mundo.




Después de una caminata de doce millas y todavía bastante temprano, pues habíamos partido antes del amanecer, llegamos a Kakindu. El sendero nos condujo más allá de los platanales para luego ir descendiendo hacia espacios más abiertos, donde resplandecía la luz del sol, hasta que el Nilo apareció ante nosotros. A unas cuarenta millas de su nacimiento y a casi cuatro mil de su desembocadura, el río ya ofrecía un respetable aspecto; sus claras y profundas aguas, con casi un tercio de milla de anchura , se deslizaban majestuosamente entre las verdes y frondosas orillas. Nos estaba esperando la flotilla Kioga, que se componía de una pequeña lancha de vapor, la Victoria, un barco de acero y dos o tres piraguas construidas con troncos vaciados; cuando terminamos el largo y asfixiante proceso de embarcar el equipaje y distribuir a los sirvientes nativos a bordo, partimos deslizándonos por la corriente mientras dejábamos atrás a la primera partida de escoltas y porteadores.


Boogie Woogie

https://youtu.be/HSnICwMq74w