TONGO
(1949)
Salió dando una carrerita, saludó al público, y después de unos aplausos probó la tensión del alambre. De un salto felino se colocó sobre él. La orquesta comenzó a tocar un vals, y a sus compases el alambrista bailaba como como si lo hiciera en el suelo. La altura donde aquel señor de blus blanca y pantalón negro se movía, era considerable. El publico tenía los nervios en tensión.
Habían pasado cinco minutos y el alambrista sonreía guardando el equilibrio con un movimiento de brazos. Se apoyó con un solo pie y la música cesó. redoló el tambor como en una ejecución. El único pie que había sobre el alambre resbaló y el alambrista tornóse pálido, mientras el público lanzaba un grito que salió a la oscuridad de la noche por el embudo gigantesco que formaba la lona del circo. Hizo después unos movimientos raros. Consiguió sujetarse y un suspiro de alivio salió de las mil gargantas que antes gritaran. Solo un señor gordo, que chupaba un caramelo pasándolo de carrillo a carrillo, no había hecho ningún ademán de sorpresa n i susto. Permaneció tranquilo y murmuró al oído de su vecino. ---Todo es <<tongo>>. Lo hacen para que el público crea que hay peligro. El alambrista volvió a bailar, esta vez al compás de un fox rápido. Nuevamente el silencio del público, aumentado por la idea de un nuevo resbalón. Algunos espectadores midieron con la vista la altura; tal vez uno más, tal vez uno menos.
Comenzó de nuevo el redoble del tambor y la música cesó.
El público estuvo a punto de gritar. El alambrista sacó un pañuelo del bolsillo, lo colocó en el alambre con enorme dificultad, y se dispuso a cogerlo con la boca. Apoyó una rodilla, luego la otra, y el cuerpo bailó de un lado a otro. El artista comprendió el peligro. Miró hacia abajo, y unas gotas de sudor fueron a para a la pista, Siguió sudando y su rostro palideció hasta parecer el de un enfermo. El alambre bailaba, bailaba. De nuevo habló el señor gordo al oído de su vecino. ---Todo es <<tongo>>. Lo hacen para que creamos que hay peligro.-Y la << o >> final de su palabra <<peligro>>, se perdió en medio del grito de mil palabras. El alambrista yacía en el suelo con la cabeza sangrando, mientras el alambre habíase quedado quieto, como un niño que contempla la consecuencia de una travesura. Algunas señoras se desmayaron. Saltaron varios médicos que presenciaban el espectáculo y llegaron al tendido cuerpo del alambrista. Uno de los médicos puso su mano sobre el pecho del alambrista y, con una seña, ordenó a los mozos que lo retiraran de allí.
El señor gordo cambió de carrillo el caramelo y, acercándose el vecino nuevamente le dijo:
---Todo es <<tongo>>. Los médicos son de la compañía. Está todo estudiado -y siguió chupando el caramelo.
---Pero -exclamó su vecino un poco confuso-. ¿Y la sangre? Es sangre de su cabeza. Habían retirado el cuerpo del alambrista, barrieron la sangre con serrín y el espectáculo prosiguió. Unos perros amaestrados, un señor haciendo <<punto>> en bicicleta, y el final. Mucha gente habíase marchado cuando cayó el alambrista y los pocos que quedaron salían sobrecogidos. Solo aquel señor gordo seguía chupando caramelos y murmurando al oído del vecino:
---No sea ignorante, amigo mío: todo es <<tongo>>. Lo hacen para dar emoción al espectáculo.
A la mañana siguiente, un coche fúnebre salía del circo en dirección al cementerio. El señor gordo lo vio salir.
---Es <<tongo>>. No está muerto; lo entierran para dar emoción al espectáculo.
GILA
Camela ---Taburete



