
CANDENTE EDITORIAL
¡ESTAMOS LOCOS, SI!
1949
LA CODORNIZ

La revista más audaz,
para el lector más inteligente.
Desde hace muchos años, padecemos curiosos síntomas que inquietan a la población civil: nos gusta adornar nuestros oídos con horquillas de cerezas, apretar entre el pulgar y el índice huesos de aceituna para dispararlos a enorme distancia y considerar el mundo una pecera de peces multicolores dignos de nuestra risa. Ya en la cuna, cuando aún no se había deshecho en nuestro labio la nata del primer biberón, gritábamos alegremente <<tururú>>, oprimiendo con un dedo la panza del pariente obeso. El país nos ha visto crecer como a bichos raros, achacando nuestro optimismo al mal funcionamiento de alguna meninge. Los médicos nos recetan lutos rigurosos para curarnos la juerga espiritual que nos posee, y echan lágrimas con cuenta gotas en nuestros vasos para cortar el perpetuo ataque de risa en el que vivimos.

Hemos llegado a la madurez en un clima hostil a nuestro buen humor, navegando en frágil piragua contra la turbia corriente de seriedad que ha inundado la vida. ¡Tremenda regata en estas aguas biliosas, cuyos remolinos pugnan por hacernos zozobrar! Embarcaciones negras, tripuladas por remeros oscos, nos embisten con sus proas. Buzos malhumorados, con barba y chistera bajo la escafandra, intentan taladrar nuestro casco con arpones desde el fondo de la charca.
NOTA ACLARATORIA


BUENHUMORADO MALHUMORADO BUZO
---¡Están locos! ¡Están locos! -grita don Severo y su coro de pellejos engreídos, mostrando recortes con nuestras chuflas y rechiflas. Todos aquellos que nacieron con parálisis en sus músculos risorios ponen petardos de sentido común en nuestro camino para despertarnos de las bellas fantasías que nos mecen. Y los jueces de la regata, vendidos a la calderilla de la vulgaridad cotidiana, hacen trampa en sus cronómetros para que no ganemos la prueba. Pero el esquife de humor en el que bogamos se mantiene a

Esquife
flote. Y su vela, no mayor que un papel de fumar, resiste valerosamente el vendaval de necia seriedad que sopla en contra. Y seguimos remando al compás de canciones absurdas, llevando como mascarón de proa la carta de un payaso. Y vemos Venecias
fabulosas en las tierras yermas. Y los avisperos en los árboles, se nos antojan piñatas que nos colmarán de regalos. Y los ángeles adornan nuestra ruta con hermosos espejismos, que convierten en Bagdad a cualquier Cercedilla humilde. Dadnos una cola de merluza, que nosotros la convertiremos en sirena tentadora. Dadnos un castillo en el aire, y viviremos en él. Poned una fea ante nuestros ojos, y veremos una Milo que ya la quisieran en Venus. Pisadnos en el tranvía, que os pediremos perdón por haber puesto nuestro pie debajo.
---¡Están locos! ¡Están locos! -gritan las fuerzas vivas a nuestras espaldas-. ¡Mirad con qué desfachatez nos tiran de la barbas y cuelgan cascabeles en el faldón de nuestras levitas! ¡Están locos! Y tanto lo han repetido que empezamos a dudar de nuestra cordura. ¿Estaremos realmente locos? ¿Habrá <<confeti>> de colores en nuestro cráneo, en lugar de materia gris? Y después de hacernos una radiografía de la conciencia; después de mirarnos en el triple espejo de un sastre, que es el mejor para descubrir los defectos del hombre; después de tomarnos el pulso en las dos muñecas para mayor seguridad, la duda ha brotado en nuestras almas. Sí. Puede que sí.
Quizá estemos locos, porque amamos la vida y procuramos librarla de la cola solemne y antipática que arrastra. Quizá estemos locos, porque pretendemos secar con la esponjita de nuestro humor un diluvio de lágrimas.
Quizá estemos locos, porque preferimos jugar con un rayo de sol en el espejo de una polvera, a estudiar la carrera de abogado.
Quizá estemos locos, porque en el reparto del pollo social nos conformamos con la pata, y no miramos con envidia al que se sirvió pechuga.
Quizá estemos locos, porque somos capaces de interesarnos por todas las cosas que no nos interesan.
Quizá estemos locos, porque empleamos nuestros tinteros en pintar cosas bellas, y no en emborronar las bellezas que otros pintaron.
Quizá estemos locos, porque no somos hipócritas y hemos procurado decir siempre lo que nos vino a la punta de la pluma. Quizá estemos locos, porque no hemos compensado con gacetillas laudatorias las paginas de anuncios que hemos publicado.
Quizá estemos locos, porque vamos quitando la cizaña del trigal, a sabiendas que esa cizaña la sembró un gordo cacique.
Quizá estemos locos, porque no nos reímos cuando una anciana se cae en la calle patas arriba, y nos morimos de la risa, en cambio, oyendo peroratas engoladas.
Quizá, por todas estas razones, estemos locos. Pero si la locura es así, lancémosla un sonoro <<viva>>. Y dediquemos este número al hermano loco, que se fuga en sus quimeras del mundo que entristecen sus hermanos cuerdos.
EL DIRECTOR