Enfermeras
de la Cruz Roja llegan el 15 de junio de 1944 a la playa Omaha
Estas fotografías son de las primeras enfermeras que arribaron a la playa de Omaha, en cuanto
las tropas pudieron asegurar las cabezas
de playa en junio de 1944. Porque las
mujeres tuvieron un papel importante, sobre todo en el final de la guerra,
no solo como enfermeras sino en
múltiples servicios como la construcción
y entrega de armamento, la conducción de ambulancias, incluso en el periodismo.
Martha Gellhorn, insobornable
corresponsal
Hace más de 70 años, un grupo de mujeres estadounidenses
hicieron historia al cubrir una de las noticias más importantes de su
generación. Las llamaron las damas del
Día D.
“Llega un punto aquí
en el que te sientes tan pequeña e indefensa en mitad de esta enorme pesadilla,
en esta locura, que directamente dejas de gritar y empiezas a reír” (Martha Gellhorn sobre la invasión)
Gellhorn
con
Ernest Hemingway y el General Yu Hanmou, en Chungking, China,
en 1941.
Precisamente, la
primera mujer que llegó a Normandía, en el terrible amanecer del 6 de junio,
iba junto a los 150.000 Soldados que desembarcaron en las lanchas y que tenían
la misión casi imposible de invadir Europa. Se trata de Martha Gellhorn, que era una corresponsal de guerra fija que trabajaba
para Collier’s. Pero igual que las mujeres del Ejército no podían entrar
entonces en combate (no lo hicieron en Estados Unidos hasta 1994) las mujeres periodistas no recibieron
acreditación para el Día D. Curiosamente, Martha Gellhorn tampoco pudo acreditarse ante las autoridades
militares. Pero Collier’s no se
quedó sin corresponsal, ya que eligió destacar sobre el terreno ni más ni menos
que a Ernest Hemingway, que además
estaba casado con Martha (era su tercera esposa) y se dedicaba a impedir
que llegase al frente como periodista: ¿Eres corresponsal en el frente o mi
esposa en la cama?, llegó a escribirle en una carta.
El caso es que la acreditación de Collier’s fue para Hemingway
porque era varón y además una firma muy famosa. Martha ya no pudo más y el autor de “El viejo y el mar” acabaría convertido en su exesposo por tanto
afán de dominio (un poco machista, marca de la casa).
Pero Martha era
mucha Martha. Ni corta ni perezosa se coló como polizón en un enorme
transporte de tropas y vehículos. Se encerró en el baño durante la travesía
y, una vez junto a la costa, la
periodista se las apañó para disfrazarse de camillero. En mitad del caos
previo al ataque, con miles de hombres y pertrechos de aquí para allá, con las
lanchas yendo y viniendo y el atronador sonido de los cañones sacudiendo las
tripas, nadie se fijó si aquel camillero era chico o chica.
El destino sabe sonreír incluso en medio de tragedias tan
grandes como aquella, y finalmente Martha
llegó a la playa Omaha antes que el
usurpador de su acreditación, Ernest Hemingway. Poco antes que ella había
llegado Robert Capa al lugar y disparado cuatro rollos de los que tres
y medio se velaron. No había mucho margen en un día en el que casi 10.000 Soldados
aliados cayeron. Martha Gellhorn fue la primera mujer en pisar aquel infierno, pero no
sería ni mucho menos la última.
Su primera
experiencia como periodista de guerra fue en los años 30 en España,
donde cubrió la Guerra Civil con quien sería su futuro esposo, Ernest Hemingway.
Un grupo de corresponsales de EE.UU., glamurosas y con agallas, formaban parte del grupo, con la
diferencia que ellas luchaban su propia batalla en cada frente para superar la
prohibición de mujeres que había en la línea de guerra de la Segunda Guerra Mundial.
Mujeres
corresponsales de guerra acreditadas por el Ejército estadounidense: Mary Welsh, Dixie
Tighe, Kathleen Harriman, Helen Kirkpatrick, Lee Miller, y Tania Long.
Miller
fotografió a mujeres ejerciendo muchísimos roles, incluyendo enfermeras,
voluntarias y en el servicio naval.
Lee
Miller fotografió las secuelas de la guerra en Saint Malo,
1944.
Pero uno de los reportajes más vívidos fue en agosto de
1944 en Saint Malo, Francia,
donde le habían dicho que la lucha se había terminado, pero no era así.
Otra pionera fue Helen
Kirkpatrick, quien muchos años antes del Día D ya estaba en Londres.
En 1944, era jefa de la oficina del Chicago
Daily News.
El espíritu indomable y estilo de las damas del Día D le dio al mundo algunas de las
crónicas más distintivas y osadas de un período épico de la historia. Y ellas
lo hicieron, no sólo porque eran mujeres excepcionales, sino porque fueron excelentes periodistas.
Enfermeras de Cruz Roja
Muy pocos días después comenzó el goteo de enfermeras de
la Cruz
Roja, como las de la foto que mostramos en el inicio de esta entrada, y
otras mujeres alistadas en las WAC
(Women’s Army Corps). Las primeras enfermeras en poner un pie en Omaha
Beach, llegarón al anochecer del día 15
de junio, en una de las lanchas de desembarco. El grupo de 39 mujeres fue transportado por tierra
desde la playa hasta la “zona de tránsito 5″. El espectáculo de aquel bautismo
de fuego fue apabullante. El cielo atravesado de parte a parte por las balas trazadores y el resonar de los obuses
que iluminaban la noche y parecían demasiado cerca, según cuenta el libro
“G.I. Nightingales: The Army Nurse Corps in World War II” de Bárbara Tomblin.
Enfermeras americanas caminan hacia el
interior de Normandía
De allí pasaron al día siguiente a un lugar cercano a Pierre
de Mort, donde pusieron en marcha el primer hospital de campaña para
los heridos en la invasión que operó en Francia
después del Día D.
Había más equipos médicos en las playas desde el comienzo
del combate, pero ninguno de mujeres. Sin embargo sí las había en los barcos hospital que navegaban por las
inmediaciones y a los que llegaron los primeros heridos evacuados el mismo día
6. Por ejemplo, en el Naushon,
que llegó a la zona de Omaha el 7 a las 19h, había cinco
enfermeras británicas que atendieron a los 150 Soldados, con heridas muy graves, que fueron evacuados
al amanecer en dirección a Southampton.
También había enfermeras americanas en el buque
Lady Connaught, que tardó un par de días en llegar debido a que algunos de
sus barcos de escolta colisionaron con minas y la aviación estuvo toda la
primera noche acosándoles con fuego incesante. Su personal bajó a la playa y
cargó a 450 pacientes bajo un durísimo
fuego, antes de volver con ellos a Southampton.
Hay que imaginar el caos logístico que se produce, mientras
se desembarca el material de un Ejército que se abre paso por las playas hacia
el interior, con altísimo precio en vidas humanas, y los heridos deben esperar
pacientemente su oportunidad para volver desde el infierno. La mencionada Martha Gellhorn contaba de aquellas
primeras horas -recordémoslo, disfrazada de camillero- que el personal sanitario
no daba abasto, que los camilleros acabaron el primer día con las manos
destrozadas, convirtiéndose en casos dignos de ingreso hospitalario ellos
mismos. No había tiempo para nada, apenas para sujetar los cigarrillos a
los soldados que no podían usar sus brazos para fumar, o que ya no tenían
brazos. Ante tal cantidad de personas que necesitaban auxilio urgente se hacía
demasiado lento el mero hecho de ofrecer unos pocos sorbos de té, desde la
boquilla de una tetera caliente, a la
boca de alguno de aquellos muchachos que
apenas asomaba entre los vendajes.
Enfermeras del Hospital de Campaña número 13 hacen un
alto para comer en los días posteriores al Desembarco
Las enfermeras
merecieron 1.619 medallas y condecoraciones en
aquella guerra, lo cual es un
reflejo del coraje. Las 16 medallas
póstumas a enfermeras abatidas por fuego enemigo nos hablan del valor de
sus acciones. 13 enfermeras murieron
al estrellarse los aviones en los que evacuaban heridos.
Finalmente, entre las interminables hileras de tumbas de Normandía,
hay un pequeño número de sepulcros de mujeres. Por ejemplo, en el inmenso cementerio americano de Colleville-sur-mer están los restos de 4
mujeres, de un total de 9.387 tumbas. Tres de ellas Arlow y Mary H. Bankston pertenecían al servicio postal que llevaba
el 6668 batallón de WACs y perecieron en un accidente del jeep en el que se desplazaban (y era heroico hacer
llegar las cartas a los Soldados indicados en aquel caos, con las direcciones
erróneas y los nombres repetidos, como Robert
Smith, que era como se llamaban 7.500 Soldados americanos de los que
sirvieron en Europa), accidente que ocurrió el 8 de julio. La cuarta, Elizabeth Richardson murió al estrellarse
su avión cerca de Rouen el 25 de
julio.
El asombroso caso de Yvonne Cormeau
Pero el caso más apasionante de aquellos días de junio de 1944 es, sin duda, el de Yvonne Cormeau, alias “Annette”. Hija de diplomático se educó en Francia y Bélgica. Después de perder a su esposo en un bombardeo se alistó en la Fuerza Aérea Auxiliar de Mujeres. Pero su maravillosa pronunciación francesa hizo que rápidamente fuera reclutada y entrenada para otro tipo de misiones. Fue lanzada en paracaídas sobre Francia en agosto de 1943 y allí sirvió como enlace con la resistencia y operadora de radio haciendo llegar información vital y también señalando las zonas de lanzamiento de material. Fue traicionada por otro agente y los nazis le pisaban los talones durante los 13 meses que estuvo en el terreno. En una ocasión, un Soldado la disparó en la pierna (su uniforme ensangrentado se expone en el Imperial War Museum de Londres) y escapó varias veces por muy poco de sus captores, aunque nunca dejó de operar con la resistencia, cortando comunicaciones y energía en acciones de sabotaje.
Al acercarse el Día D, su trabajo se incrementó notablemente. Se dice que nunca durmió más de tres noches en el mismo lugar durante su estancia en Francia. El 6 de junio había enviado 400 mensajes sin ser descubierta por los alemanes. En reconocimiento a sus servicios fue premiada con la Legión de Honor y fue aceptada como miembro de la Orden del Imperio Británico.
Está claro, que las mujeres se ganaron a pulso un lugar en el inmenso esfuerzo que supuso aquella operación Overlord, que cambió el curso de la Historia.
Francisco Javier de la Uz Jiménez
Fuentes
consultadas:







