Hermanos Rodríguez-Colubi
Han pasado muchos días desde que te fuiste al Cielo, Jaime. Y te echamos de menos. La vida
te golpeó como a pocos, y desde joven. Y sin embargo, tu enorme gallardía, tu extraordinaria nobleza, tu hombría
emergieron siempre por encima de toda adversidad. Y en los albores de tu vida
aquí, demostraste una dignidad de gigante. No hay un solo día que no pensemos
en ti. Y, fíjate, hasta tenemos el tic
informático de mandarte algo sobre nuestra querida
Patria, sobre nuestro adorado
Ejército. Es igual, no hace falta. Seguro que te enteras de todo desde tu
privilegiado sitio, allá junto a los luceros.
Antes de dejarnos, nos prometiste hacer una visita a Melilla. Ciudad que te sorprendió, en tu
primera visita hace muchos años, por su espíritu castrense y por su
españolidad. Como disfrutar de las comidas paracas
y de la División Azul. No ha podido
ser, Dios te ha reclamado junto a él.
Queremos decirte que seguimos teniéndote de referencia.
Fuiste nuestro consejero, confesor, cómplice, hermano mayor, amigo del alma. Quien te ayuda
cuando más hace falta, quien te da calor y cariño, quien nunca te deja sólo.
También queremos que sepas que tus adorables hijos te
añoran. Cómo no. Especialmente Pepe del que fuiste manos y pies desde
antes de que callera en una silla. Pero no te pongas triste, Jaimón. Hemos de decirte que, cuando
tiene alguna debilidad, se levanta en seguida. Siempre hay quien le recuerde
que su padre está ahí viéndole, desde el Cielo. Es su mejor medicina.
Jóse,
Jaime y Gonzalo Rodríguez-Colubi
Puente de Santiago. Melilla La Vieja
2012
Un beso, nos veremos.
Hermanos Rodríguez-Colubi Balmaseda


