Por mi parte, con este titular, nada más lejos está el
insulto o descalificación al Presidente actual
del Gobierno de España, solamente me
remito a transcribir sus palabras en un programa de Televisión, y a la carta que escribe su colega socialista francés
a su hijo sobre el aprendizaje de la Religión.
En septiembre de 2014, Risto Mejide, popular personaje televisivo con fama de
independiente, ha entrevistado en el estreno de su programa de entrevistas
televisivas en La Cuatro "Viajando
con Chester" a Pedro Sánchez,
nuevo líder del Partido Socialista
Obrero Español.
Por fin, vamos a sentar en Chester (el sofá de la entrevista) al jefe de la Oposición.
Arrancamos con el flamante secretario general del PSOE Pedro Sánchez”:
-¿Tú eres católico? - preguntó en cierto
momento el entrevistador.
- No. Yo soy ateo.
-
Eres ateo.
-Sí.
-Profundamente
ateo.
-Ateo a secas, jajaja...
-Bueno,
los hay que son agnósticos, los hay que, bueno, tienen su...
- Soy ateo. Soy ateo y creo que la
Religión no debe estar en las aulas, debe estar en las Iglesias. En el
aula se tiene que “formar ciudadanía”,
no se tiene que formar...pues... gente con creencias religiosas. Eso pertenece
al ámbito privado.
El
líder socialista no aclaró qué significa "formar
ciudadanía". ¿Podría ser lo mismo que "formar socialistas" o
"formar laicistas"?
Risto en
cierto momento le espeta directamente al político:
-
Te escucho hablar y tengo un síndrome del zapaterismo.
Estoy escuchando a Zapatero versión
2.0.
Pues bien, en estos tiempos en que todo está en discusión
reproducimos esta interesante carta escrita por el socialista Jean Jaurés, líder socialista francés (1859-1914), diputado del Partido Obrero Francés, fundador
del periódico L'Hurnanité, en el que precisamente publicó esta carta dirigida a su hijo. Texto citado por Pildain en las Cortes de
la II República.
El socialista francés Jean Jaurés
QUERIDO HIJO, me pides un justificante que te exima de cursar la Religión, un poco por tener la gloria
de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo
que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este
justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.
No es porque desee
que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay
tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente
libre; pero tengo empeño decidido en que tu
instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio
serio de la Religión. Te parecerá
extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta
cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero
que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de
las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras
tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos
sin exponerte a soltar un disparate?
Dejemos a un lado la
política y las discusiones, y veamos lo que se refiere
a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición.
Estudias mitología para comprender la historia
y la civilización de los griegos y
de los romanos, y ¿qué comprenderías
de la historia de Europa y del mundo
entero después de Jesucristo, sin
conocer la Religión que cambió la
faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Medía y de los tiempos modernos,
si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros
que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra,
a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas
inspiraciones? Si se trata de derecho, de
filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más
extendida, la moral más sabía y más universal? -éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau.
Hasta en las ciencias
naturales y las matemáticas
encontrarás la Religión: Pascal y Newton eran cristianos
fervientes; Ampère era piadoso; Pasteur, probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la
ciencia la fe de un bretón; Flammarion
se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en
todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la Religión está íntimamente unida a todas
las manifestaciones de la inteligencia
humana; es la base de la
civilización; y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una
manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y
que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un
joven bien educado, es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las
practican fielmente y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las
toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple «sayo, vivre», hay que convenir en la
necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas
religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas,
para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les
son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin
nociones religiosas.
Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en
que los demás desconozcan la Religión;
pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno
los hechos y el sentido común. Muchos anticatólicos
conocen por lo menos medianamente la Religión;
otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.
Líder socialista en un mitin
Además, no es preciso ser un genio para comprender que
sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad
para serlo, pues, en caso contrario, la
ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder
obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo
mío, que un padre diga siempre la verdad
a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.
(Texto sacado del
Diario de Sesiones de las Cortes españolas, 1 de marzo de 1933)
Francisco Javier de la Uz
Jiménez


