No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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11/6/18

AL ATEO PRESIDENTE DEL GOBIERNO














Por mi parte, con este titular, nada más lejos está el insulto o descalificación al Presidente actual del Gobierno de España, solamente me remito a transcribir sus palabras en un programa de Televisión, y a la carta que escribe su colega socialista francés a su hijo sobre el aprendizaje de la Religión. 

En septiembre de 2014, Risto Mejide, popular personaje televisivo con fama de independiente, ha entrevistado en el estreno de su programa de entrevistas televisivas en La Cuatro "Viajando con Chester" a Pedro Sánchez, nuevo líder del Partido Socialista Obrero Español.

Por fin, vamos a sentar en Chester (el sofá de la entrevista) al jefe de la Oposición. Arrancamos con el flamante secretario general del PSOE Pedro Sánchez”:


-¿Tú eres católico? - preguntó en cierto momento el entrevistador.

- No. Yo soy ateo.

- Eres ateo.

-Sí.

-Profundamente ateo.

-Ateo a secas, jajaja...

-Bueno, los hay que son agnósticos, los hay que, bueno, tienen su...

- Soy ateo. Soy ateo y creo que la Religión no debe estar en las aulas, debe estar en las Iglesias. En el aula se tiene que “formar ciudadanía”, no se tiene que formar...pues... gente con creencias religiosas. Eso pertenece al ámbito privado.

El líder socialista no aclaró qué significa "formar ciudadanía". ¿Podría ser lo mismo que "formar socialistas" o "formar laicistas"?

Risto en cierto momento le espeta directamente al político:

- Te escucho hablar y tengo un síndrome del zapaterismo. Estoy escuchando a Zapatero versión 2.0.


Pues bien, en estos tiempos en que todo está en discusión reproducimos esta interesante carta escrita por el socialista Jean Jaurés, líder socialista francés  (1859-1914), diputado del Partido Obrero Francés, fundador del periódico L'Hurnanité, en el que precisamente publicó esta carta dirigida a su hijo. Texto citado por Pildain en las Cortes de la II República.



El socialista francés Jean Jaurés

QUERIDO HIJO, me pides un justificante que te exima de cursar la Religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.


No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la Religión. Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender la historia y la civilización de los griegos y de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la Religión que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Medía y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra, a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabía y más universal? -éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau.

Hasta en las ciencias naturales y las matemáticas encontrarás la Religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampère era piadoso; Pasteur, probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la Religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización; y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado, es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple «sayo, vivre», hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la Religión; pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anticatólicos conocen por lo menos medianamente la Religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad. 



Líder socialista en un mitin

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.


(Texto sacado del Diario de Sesiones de las Cortes españolas, 1 de marzo de 1933)





Francisco Javier de la Uz Jiménez