LA
ACADEMIA GENERAL MILITAR EN SU SEGUNDA ÉPOCA
Zaragoza
(1927-1931)
IN MEMORIAM
A la memoria
del Excmo. Sr. Teniente General DON ADOLFO ESTEBAN ASCENSIÓN, Caballero
Laureado de San Fernando, formado en las aulas de la Academia General Militar
(2ª Época), que hasta su fallecimiento en Madrid el 9 de Noviembre de 2007, a
sus 96 años, aún lucía con orgullo y prestancia sobre el uniforme la preclara
Cruz de las Rojas Espadas orlada de laureles.
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El día 8 de Febrero de 1893, el Teniente General López Domínguez, Ministro de la Guerra, ponía
a la firma de S.M. La Reina Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, Regente
del Reino, tras la muerte de su esposo el Rey Don Alfonso XII, un Real Decreto
por el que se suprimía la ACADEMIA GENERAL MILITAR de Toledo. De esta forma,
sin argumento alguno de peso ( los aducidos en la parte expositiva del citado
Real Decreto se me antojan ridículos), sin causa alguna que lo justificase, se
cierra este importante Centro de Enseñanza Militar, verdadera escuela de
fraternidad y compañerismo, con vivencias juveniles que van a perdurar durante
toda la vida, sea cual sea el emblema que se ostente en el cuello del uniforme,
y en el que la Patria y el Estado tenían depositadas sus mas firmes esperanzas.
Muy fuertes debieron ser las presiones que hubo de
soportar Doña Maria Cristina para estampar su firma al pie del Real Decreto por
el que se cerraba un centro tan prestigioso, creado a iniciativa de su difunto
esposo y cuya bandera ella misma había bordado y entregado a la Academia, a
través de un representante regio, tan sólo siete años antes. Pero no hubo vuelta
atrás. La Academia General Militar de Toledo cerró sus puertas en 1893 y no las
volvería a abrir hasta 34 años mas tarde, en 1927; pero ya no sería en Toledo,
sino en la Heroica e Inmortal Ciudad de Zaragoza.
Un antiguo alumno de la primera “GENERAL”, Don
Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, convertido ya en teniente general y con dos laureadas
sobre el pecho, ostentaba en ese año de 1927 la Presidencia del Consejo de
Ministros de España, en la Monarquía de Don Alfonso XIII. Ya hacía tiempo que Primo de Rivera tenía en
mente el restablecimiento de la Academia General Militar, convencido de los
beneficios morales que aportan a los jóvenes aspirantes a oficiales la unidad
de enseñanza y la identidad de procedencia en estos primeros y decisivos años
de la milicia. Es por ello, que finalizada la campaña de Marruecos y abortada
la “Sanjuanada”, con España en paz y el trabajo y la economía en cotas muy
altas, el General estima que es llegado el momento de convertir en realidad su
ya larga y lejana aspiración.
Dos componentes, uno geográfico y otro humano se
concilian en la mente de Don Miguel. En cuanto al geográfico, lo tiene
decidido: la Academia General se ubicará en Zaragoza. Para ello, ya ha dado su
aprobación (con la venia de S.M. El Rey) a unos terrenos próximos al campo de
maniobras de San Gregorio; un lugar desértico, azotado por el viento del
Moncayo, muy frío en invierno y con un sofocante calor en los meses estivales.
Lugar este muy propio para endurecer el cuerpo y fortalecer el espíritu de
nuestros futuros oficiales. Se dotan pues los presupuestos económicos para
hacer frente a la magna obra y comienzan sin demora los trabajos de
construcción del emblemático edificio.
En cuanto al factor o componente humano ( de mucha
mayor trascendencia que el geográfico), el general –me sigo refiriendo a Primo
de Rivera- ha pensado en designar para
el cargo de director al General Franco, el mas joven del Escalafón de Generales
y con una brillantísima Hoja de Servicios. Franco, que duda en un principio,
pues estima que el cargo de director lo desempeñaría mejor su gran amigo y
antiguo jefe del Tercio de Extranjeros Don José Millán-Astray, accede al fin,
al hacerle saber Primo de Rivera que él es también el candidato del Rey. En su
virtud, por Real Decreto de 4 de Enero de 1928 se nombra Director de la
incipiente ACADEMIA GENERAL MILITAR al Excmo. Sr. General de Brigada de
Infantería DON FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE, quien de inmediato se pone “manos a la
obra”con su impresionante y agotadora capacidad de trabajo.
Pero ya unos meses antes, había tenido lugar la
publicación en el Diario Oficial de la Restauración o Reorganización de la
Academia General Militar de Zaragoza. El Real Decreto lleva fecha de 20 de
Febrero de 1927 ( el General Franco, amante de la tradición militar, ha
hecho coincidir en la nueva fecha, el día y el mes de la fundación de la
primera “General”, y lo mismo haría en el Decreto de la Tercera Época), y las
firmas del Ministro de la Guerra, General O’ Donnell y la de S.M. El Rey Don
Alfonso XIII.
Instalado en Zaragoza el matrimonio Franco-Polo es
muy bien recibido por la alta sociedad aragonesa que ve en el General Franco al
sucesor en el mando del Tercio de Extranjeros de su heroico paisano el Teniente
Coronel Don Rafael de Valenzuela, muerto gloriosamente el día 5 de Junio de
1923, en el combate de Tizzi-Assa, al frente de sus banderas legionarias, y
cuyo cadáver reposa en la cripta de la Basílica del Pilar.
Desde su despacho provisional en el viejo cuartel
del Carmen (junto a la Puerta que con tanto valor y arrojo defendiera la
heroica Agustina) y desde primeras horas de la mañana el General Franco se
afana en confeccionar la lista de profesores que, bajo su dirección, se van a
encargar de moldear el espíritu y la inteligencia de los jóvenes que aspiren a
ser oficiales del Ejército. Y ello sin
descuidar la marcha de los trabajos de construcción del nuevo Centro que se
están llevando a cabo bajo la dirección de los competentes ingenieros militares
Don Vicente Rodríguez y Rodríguez y Don Antonio Parellada García. En cuanto al profesorado, es evidente que
Franco quiere contar, en una importante proporción, con los oficiales que ha
tenido a sus órdenes en el Tercio de Extranjeros. Y aunque sabe de sobra que un
cadete no es un legionario, sin embargo quiere que la mística, el sacrificio,
el espíritu, la disciplina y el compañerismo que se practica en La Legión y que
se condesa en ese tratado místico-religioso que es el “CREDO LEGIONARIO”, estén
muy presentes en la enseñanza a impartir a sus alumnos. A su llamada acuden prestos: el Coronel Don
Miguel Campins Aura, a quien Franco nombra Jefe de Estudios; los tenientes
coroneles Sueiro y Esteban Infantes, de Infantería; Monasterio, de Caballería;
Yeregui Moreno, de Artillería y Berdejo Nadal, de Ingenieros. Los Comandantes
Pita da Veiga, Franco Salgado y Alonso Vega, así como los capitanes Barba,
Rama, Gotarredona y Vicario entre otros. A imitación del “Credo Legionario”
Franco redacta el “DECÁLOGO DEL CADETE”, verdadero compendio de
preceptos morales que marcará la impronta por la que se han de regir los
Caballeros Cadetes desde su ingreso en la Academia.
En Mayo de 1928 se convocan 250 plazas de Caballeros
Cadetes, a las que se presentan 785 aspirantes y de los que ingresan 215. Para
el ingreso se exige tener superado cuatro cursos completos de Bachillerato
Universitario, además de un fortísimo examen de educación física, y la
superación de dos grupos de materias: uno de ciencias y otro de letras. Los profesores y cadetes vestirán uniforme de
lanilla gris, con cordones rojos (los alumnos), gorra de plato con franja
encarnada, ceñidor de cuero y machete corto. El día 3 de Octubre de 1928 se
inaugura el curso escolar con la presencia del Teniente General Primo de
Rivera, Presidente del Gobierno a la sazón, y alumno aventajado de la “Primera
General”, acompañado del Ministro de la Guerra, General Martínez Anido.
El primer curso en la Academia General de Zaragoza
(1ª Promoción, 2ª Época) – o mas concretamente XI Promoción, contando las diez
primeras de la antigua “General”- transcurre con normalidad, sometidos los
cadetes a una férrea disciplina impuesta por el Director y con unos horarios
rígidos por demás. El día 6 de Febrero de 1929 llega a la Academia la triste
nueva del fallecimiento de la Reina Doña Maria Cristina, aquella egregia señora
que bordara la Bandera de la primera Academia General y que con harto
sentimiento tuvo que firmar el Decreto de disolución de la misma. El día 5 de Junio de 1930, se celebra el
solemne acto de la Jura de Bandera de la II Promoción (la XII). Preside S.M. El
Rey Don Alfonso XIII al que se le rinden los honores de Ordenanza, prestando
juramento los cadetes ante la antigua Bandera que bordase su madre la Reina
Maria Cristina. Rotas las filas, el Rey rompe el protocolo para abrazar al
cadete Joaquín de Valenzuela, hijo del heroico teniente coronel Don Rafael de
Valenzuela. Don Alfonso quedó entusiasmado con la disciplina y marcialidad de
los cadetes, y así se lo manifestó, con su mas entusiasta felicitación, a su
Director, el General Francisco Franco, invitando a la Academia a que se
trasladase un día a Madrid, para dar la guardia en el Palacio Real. El día 26 de Octubre de 1930, visita la
Academia General el ministro francés de la Guerra André Maginot, famoso por el
diseño y trazado de sus impresionantes fortificaciones en la Primera Guerra
Mundial, que queda gratísimamente impresionado de su visita al Centro y
condecora a su Director con las insignias de la Legión de Honor.
En la tarde del 12 de Diciembre de 1930, se deja oír
en la Academia General de Zaragoza el siempre inquietante toque de “Generala”.
El capitán Don Fermín Galán se había sublevado en Jaca y avanzaba hacia Huesca
con tropas a sus órdenes. Franco, que ha tenido a sus órdenes a Galán en el
Tercio, dispone que la Academia tome parte en la defensa de Zaragoza por si los
sublevados consiguen llegar hasta allí. No fue necesario; Galán es derrotado
junto a la ermita de Cillas, en las cercanías de Huesca, y juzgado en Consejo
de Guerra sumarísimo es fusilado el 13 de Diciembre.
Proclamada la República en España el día 14 de Abril
de 1931, la Academia General de Zaragoza, ajena a toda política, continúa
desarrollando sus actividades académicas con toda normalidad. El mismo día 14 de Abril, el Capitán General
de la V Región Militar, Don Jorge
Fernández de Heredia, entrega el mando al general Gómez Morato, quien aconseja a su compañero
Franco que cambie la bandera bicolor que
ondea en la Academia por la nueva enseña republicana, a lo que Franco se niega
hasta no recibir la orden por escrito. Nombrado Capitán General de la V Región
el general Don Leopoldo Ruiz Trillo el 17 de Abril, nada mas tomar posesión
envía a Franco la orden por escrito de sustitución de la Bandera. Franco la
acata y al toque de oración del día 20 de Abril de 1931, se arría la última
bandera rojo y gualda que aún ondeaba en España. Desde el día 14 al 20 de Abril
, la única bandera bicolor que ondeó en España, fue la Bandera de la Academia
General Militar de Zaragoza.
No debió gustar mucho al nuevo Ministro de la Guerra
Don Manuel Azaña Díaz el asunto de la bandera de la Academia General, pero, en
esta ocasión, no se atrevió a tomar providencia alguna contra su Director, pues
en su amplio abanico de reformas estaba la desaparición del emblemático Centro
de Enseñanza Militar. Y esta no se hizo esperar. Por Decreto de 30 de Junio de
1931 (Colección Legislativa Nº 410) se dispone el cierre de la Academia General
Militar de Zaragoza, volviéndose al antiguo sistema de Academias especiales y
específicas para cada Arma o Cuerpo; si bien, y teniendo en cuenta criterios
economicistas, refundidas sólo en dos: estableciéndose en Toledo la Academia de
Infantería, Caballería e Intendencia, y en Segovia, la de Artillería e
Ingenieros. El día 14 de Julio de
1931 tiene lugar el acto de despedida. Durante el mismo, su todavía
Director Don Francisco Franco, pronuncia un importante discurso como última “ORDEN
GENERAL” a sus Caballeros Cadetes. En él defiende la obra que ahora
desaparece cuando ya empezaba a dar óptimos frutos, afirmando que :”
aunque se deshaga la máquina, la obra queda y la obra sois vosotros, los 720
Oficiales, paladines de la lealtad, la caballerosidad, la disciplina, el
cumplimiento del deber y el espíritu de sacrificio por la Patria...”
Refiriéndose a la disciplina el General Franco les da a sus cadetes en esta
última Orden, todo un concepto moral y filosófico de tan alta virtud, cuando
les dice “¡Disciplina! Nunca bien comprendida y definida ¡Disciplina! que no
encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera,
¡Disciplina!... que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja
lo contrario de los que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en
íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad y el error van unidos a la acción
del mando. Ésta es la disciplina que os inculcamos. Ésta es la disciplina que
practicamos, éste es el ejemplo que ofrecemos”. Les habla después Franco del Compañerismo,
cuando les dice “Compañerismo, que lleva en sí el socorro al camarada en desgracia, la
alegría por su progreso, el aplauso al que destaca, y la energía también con el
descarriado o perdido” Les habla también del honor “ Que
no es exclusivo de un Regimiento, Arma o Cuerpo; que es patrimonio del Ejército
y se sujeta a las reglas tradicionales de la caballerosidad e hidalguía”. Para
terminar su alocución despidiéndose de sus cadetes: Sintamos hoy al despedirnos, la
satisfacción del deber cumplido y unamos nuestros sentimientos y anhelos por la
grandeza de la Patria gritando juntos ¡Viva España!. Y la Academia General cerró sus puertas por
segunda vez, que ya no volvería a abrir hasta el inicio de la década de los
cuarenta, convertido su antiguo Director en Jefe del Estado y Generalísimo de
los Ejércitos.
Al inicio de la Guerra Civil, los cadetes de Franco,
en un ejemplo de lealtad y cariño al Jefe sin precedentes conocidos hasta
entonces en ningún ejército, acudieron en tromba a su llamada desde todas las
guarniciones de la Patria, pasando de inmediato en su inmensa mayoría (un 96%)
a formar en las filas del Ejército Nacional que lideraba su antiguo general
director. En sus bocamangas lucían las
dos estrellas de seis puntas que los distinguía como tenientes del Ejército,
que a los pocos meses de iniciada la guerra se convirtieron en tres, pues su
antiguo Director los ascendió a todos a Capitanes, otorgándoles la misma
antigüedad: de 20 de Marzo de 1937. De su brillante y valerosa actuación en la
campaña nos da idea el crecido número de bajas que tuvieron: 134 Oficiales de
la 2ª “General” murieron en combate luchando en el bando nacional y 2 en el de
la República; 84 fueron fusilados en zona republicana y 7 en la nacional, y 6
fueron declarados “Mutilados Absolutos”. A cuatro de estos Oficiales les fue
concedida la Cruz Laureada de San Fernando,(1) y 35
obtuvieron la Medalla Militar Individual.
Con la paz, los antiguos alumnos de la “GENERAL”
zaragozana hicieron – en su inmensa mayoría- una brillante carrera militar. Tan
sólo uno, de los 728 alumnos formados en la Academia General (2ª Época) alcanzó
el alto empleo o dignidad militar de CAPITÁN GENERAL DEL EJÉRCITO, y este fue
el Excmo. Sr. DON MANUEL GUTIÉRREZ MELLADO, ascendido con carácter
honorífico en 1994. Amplia es también la nómina de los tenientes generales de
esta procedencia, entre los que cabe reseñar: los hermanos Coloma Gallegos (Don
Julio y Don Francisco de Paula), Don Félix Álvarez-Arenas Pacheco, Don Joaquín
de Valenzuela ( el cadete que abrazó el Rey Alfonso XIII en Zaragoza), Don
Federico Gómez de Salazar y Nieto, Don Fernando de Santiago, Don Emilio
Villaescusa Quilis, Don Antonio Ibáñez Freire, Don Tomás de Liniers y Pidal y
por supuesto Don Adolfo Esteban
Ascensión, fallecido en Madrid, el día 9 de Noviembre de 2007,a quien con el
mayor cariño y respeto me he permitido dedicarle el presente artículo, en
sentida “In Memoriam” en íntimo y particular homenaje al ser el último de los
Caballeros Laureados que, a sus 96 años, aún ostentaba sobre el uniforme, erguido
y orgulloso tan preciada condecoración. (2) Así como un nutridísimo grupo de generales
de División y de Brigada, formados todos en las aulas de la Academia General de
Zaragoza, en su 2ª Época.
Y aquí concluyo estas líneas, redactadas como
modesto homenaje de un Oficial de Complemento hacia mis compañeros de “La
General”. Tres décadas y media de
servicio activo como Oficial, alternando con ellos en toda clase de servicios
me han llevado a contar con muchos y muy queridos amigos de esta procedencia.(3)A ellos- entre los que hay magníficos
historiadores- les cedo el testigo de continuar la historia de la 3ª Época de
“La General”, posiblemente la mas floreciente, dada su longevidad (la LXXIII
Promoción ya está llamando a su puerta); para que su Historia sirva de ejemplo
y estímulo a los jóvenes españoles, que dejando a un lado el hedonismo
imperante en una buena parte de nuestra juventud, se afanan en su estudio
diario, con la ilusión de vestir un día el honroso uniforme con los rojos
cordones de cadete de la Academia General Militar y para que con su entusiasmo
y juvenil entrega seguir haciendo realidad los versos del Himno de la Academia:
“Y UNIDA SIEMPRE LUCHARÁ HASTA EL FIN
POR ESPAÑA LA ACADEMIA
GENERAL”.
NOTAS
1)Algunos historiadores
afirman que son cinco los Laureados de
la AGM, en su 2ª Época, al incluir entre ellos al heroico Teniente de
Intendencia DON LUIS MAYORAL MASSOT, como procedente de la Academia General
Militar, sin embargo, repasadas fehacientemente las listas de Tenientes de
Intendencia promovidos en las tres únicas promociones de la Academia General
Militar en su 2ª Época, su nombre no figura entre ellos.
(2) El vigente Reglamento de la Real y Militar
Orden de San Fernando, ha dado entrada en la misma a los poseedores de la
MEDALLA MILITAR INDIVIDUAL, pero sin poder ostentar la Cruz Laureada, luciendo
cuando vistan de uniforme ( ya quedan muy pocos, cuya vida guarde Dios muchos
años) su Medalla Militar. En suma: Estos
dignos poseedores de la Medalla Militar Individual son Caballeros de la Orden
Militar de San Fernando, pero no son “Caballeros Laureados” de San Fernando.
(3) También familiarmente
estoy ligado a la Academia General Militar, pues dos hermanos de Paqui ( mi
mujer qepd), mis cuñados Fernando y Antonio López-Canti y Mendoza, Coroneles de
Infantería, pertenecen a la VIII Promoción de la AGM.
Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Comandante de Infantería
Economista y Profesor
Mercantil

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