DISOLUCIONES
HISTÓRICAS DEL CUERPO DE ARTILLERÍA (II)
INTRODUCCIÓN.-
Finalizaba ni artículo anterior con la firma por el
Rey Don Amadeo de Saboya, del Real Decreto de Reorganización del Cuerpo de
Artillería, el 8 de Febrero de 1.873, que trajo consigo la segunda disolución
del Cuerpo, así como la abdicación y renuncia al trono de España del
monarca. El día 12 de Febrero siguiente,
y proclamada ya en España la República, desde la Estación del Norte, Don Amadeo
y su familia abandonan Madrid para siempre. En la estación se han dado cita un
reducido número de militares y políticos que han acudido a despedirle entre los
que se encuentra el Almirante Topete. Próximo a partir el tren, se da cuenta
Topete de que el nuevo gobierno republicano no ha tenido la deferencia de
enviar unas tropas para que rindan honores al Rey dimitido, y al reparar en
cuatro parejas de la Guardia Civil que se encuentran prestando servicio en la
estación se dirige a ellos diciéndoles: “ Señores, honren ustedes a su Instituto y
presenten sus armas a quien hasta ayer ha sido el Rey de
España”. Presentaron armas los ocho guardias civiles, y así, con estos
modestos honores partió el tren y se despidió a S.M. El Rey Don Amadeo I, en la
mañana de ese histórico 12 de Febrero de 1.873. Con él marchaba un Rey
caballero, que sin ser español amó profundamente a España, y sin embargo no fue
comprendido por los españoles.
Han pasado 53 años, y ahora estamos en 1.926, año de
la “Tercera Disolución del Cuerpo de Artillería”. Desde Septiembre de 1.923, en
que accedió al poder tras un incruento golpe de Estado, ocupa la Presidencia
del Gobierno de España, en la monarquía de Don Alfonso XIII, un antiguo alumno
de la Academia General Militar en su primera época, que tras una brillantísima
carrera militar ha obtenido la mayoría de sus ascensos por méritos de guerra:
el Teniente General Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. Él será el causante
de la tercera y cuarta disolución del Cuerpo (ya Arma) de Artillería.
En Septiembre del año anterior (1.925) y bajo su
mando como general en jefe, las tropas españolas han desembarcado en Alhucemas,
con lo que la pacificación de nuestro Protectorado en el Norte de África y el
consiguiente final de la guerra de Marruecos ya se adivinan muy próximos. La
Patria y las madres españolas guardarán eterna gratitud al general Primo de
Rivera por haber dado fin a esa interminable guerra, en la que tanta sangre
vertieron miles de soldados españoles.
(Doy a la palabra “Soldado” el tono heroico que la representa, al incluir en
ella a todos los Generales, Jefes, Oficiales y Tropa caídos en las Campañas de
Marruecos).
TERCERA DISOLUCIÓN DEL ARMA DE
ARTILLERÍA
(5 de Septiembre de 1.926)
El día 24 de Junio de 1.926, Primo de Rivera sofoca
un movimiento revolucionario conocido por “La Sanjuanada” (en honor del santo
del día), y en el que formaban parte un mosaico de personajes tan dispares como
los generales Weyler y Aguilera, el conde de Romanones, el coronel Segundo
García (de la Escala de Reserva), junto a algunos miembros de la CNT. El
movimiento fue solventado por el propio Primo de Rivera con algunas penas de
prisión y una multa pecuniaria a los principales inculpados, que el Dictador
graduó según la capacidad económica de cada uno, y que iban desde las 500.000
pesetas a Romanones, a tan sólo 1.000 a un obrero miembro de la CNT. Pero la
cosa no había hecho mas que empezar y las disensiones entre el general Primo de
Rivera y sus compañeros de Armas, sobre todo con los artilleros, iban a ir en
aumento en muy pocos días. Como hecho anecdótico quiero resaltar que Don Miguel
se encontraba muy dolido con los Jefes y Oficiales de la Escala Activa de
Artillería, pues a principio de ese año (1.926) el general Correa, Jefe de la
Sección de Artillería del Ministerio de la Guerra, con afán de adular al
dictador y dando la cosa por hecha, le había prometido a éste que iba a ser
nombrado CORONEL HONORARIO DE ARTILLERÍA, cosa esta que al parecer, le hacía
mucha ilusión a Primo de Rivera. Con lo que no contaba el general Correa, es
que al poner en conocimiento esta propuesta de nombramiento a favor del General
Primo de Rivera, se iba a encontrar con la práctica oposición de todo el
Cuerpo, por lo que con gran disgusto tuvo que desistir en su propósito, con la
consiguiente desazón de Don Miguel que lo tomó como una afrenta a su persona.
Por un Real Decreto de 9 de Junio de 1.926 (Diario
Oficial Nº 127) se releva a todos los militares de los compromisos contraídos o
promesas empeñadas (esto iba por los artilleros), recordándoles la obligación
en que están de aceptar las mercedes que les sean concedidas por el Gobierno
(artº 2º) y obligando (artº 3º) a los que hubieran renunciado a los empleos
concedidos con arreglo a los Reglamentos de los años 1.920 y 1.925, a que tomen
posesión de ellos, o a que se les haga la rectificación de antigüedad que
resultara de haberlos aceptado cuando se les concedieron, si desde tal fecha
hubiesen ascendido por antigüedad. Estaba clarísimo quienes eran los
destinatarios del Decreto en cuestión: los Artilleros. Publicado el Real Decreto en el Diario
Oficial, los Jefes y Oficiales de la Escala Activa de Artillería se oponen
totalmente al mismo, y así se lo hacen saber al general Correa, que, pese a que
no paraban de darle disgustos sus compañeros de Cuerpo,( pese a que la
Artillería ya había sido promovida a Arma, los viejos artilleros, y aún los
jóvenes, seguían definiéndola como Cuerpo) seguía siendo Jefe de la Sección de
Artillería del Ministerio. Informó éste a Primo de Rivera del malestar de los
artilleros, y al parecer obtuvo de él un compromiso verbal de que sólo
concedería ascensos por méritos en casos muy extraordinarios y que a ninguno de
los así ascendidos les daría mando sobre compañeros de mayor antigüedad. Pero claro, esta promesa si es que la hubo,
fue antes de la Sanjuanada. Fracasada ésta, Primo la ignora y con fecha 26 de
Julio pone a la firma del Rey Alfonso XIII un Real Decreto, por el que se
aprueban las bases relativas a los ascensos por elección en el Ejército.
Con estas medidas se sintieron ofendidos los
artilleros quienes acuden de nuevo al general Correa (nuevo disgusto) para que le recuerde a Primo
de Rivera su pretendida promesa; sin embargo éste afirma que nunca había
prometido nada a la Artillería y que indiscutiblemente no había habido tal
pacto. A la vista de los acontecimientos el general Correa, cansado y aburrido
de ser correa de transmisión entre sus compañeros de Cuerpo y el general dictador,
pide el pase voluntario a la Reserva, siendo sustituido en el Ministerio por el
del mismo empleo Don Fabriciano Haro y Porto.
Nada mas tomar posesión de la Jefatura de la Sección
de Artillería el general Haro, remite un “memorándum” a Primo de Rivera en el
que le relaciona las inquietudes del Cuerpo. Con fecha 10 de Agosto de 1.926 le
contesta éste indicándole que la posición de la Artillería era “incorrecta”. El
21 de Agosto, Haro escribe de nuevo a Don Miguel, preguntándole si estaba
dispuesto a llegar a un compromiso que protegiera los intereses tradicionales
de la Artillería, contestándole Primo de Rivera cuatro días mas tarde,
manifestándole que consideraba intolerable todo nuevo intento de oposición
larvada y que tenía intención de seguir manteniendo el escalafón abierto. Reaccionan los artilleros dando instrucciones
al general Haro para que presente peticiones de retiro para aquellos oficiales
de Artillería que hubiesen ascendido conforme al Decreto de 26 de Julio. Haro
las presenta al Ministro de la Guerra, General O`Donnell, y este lo manda
arrestado a su domicilio. La situación se precipita y con fecha 5 de Septiembre
de 1.926 aparecen publicados en el Diario Oficial Número 198, dos Reales
Decretos, declarando por el primero “El Estado de Guerra en la Península,
Baleares y Canarias” y “Disolviendo –por el segundo- el Arma de
Artillería”. La tercera disolución de
tan prestigioso Cuerpo ya era un hecho. Por el artículo primero del citado
Decreto “Se suspendía de empleo, fuero, atribuciones, uso de uniforme y sueldo a
todos los Jefes y oficiales de la Escala Activa del Arma de Artillería, con
destino en la Península, Baleares y Canarias”. Se exceptuaban
los destinados en Marruecos por estar cumpliendo sus deberes de campaña. La
Academia del Cuerpo en Segovia daría licencia a sus alumnos y los Señores
Profesores y personal de la Escala Activa quedarían en la misma situación que
los del resto del Arma.
Sin incidentes –salvo los ocurridos en Pamplona y
Segovia- se hicieron cargo de los
Parques, Maestranzas, Regimientos y demás Organismos del Arma, Jefes y
Oficiales del Cuerpo de Estado Mayor, y de las Armas de Infantería y
Caballería, así como Oficiales de la Escala de Reserva de Artillería. En la ciudadela de Pamplona, sede del
Regimiento de Artillería, en la misma tarde del 5 de Septiembre y cuando el
General Gobernador Militar de la Plaza, Bermúdez de Castro, se encontraba
dentro del Acuartelamiento parlamentando la entrega con los jefes y oficiales
allí presentes, se produjeron varias descargas por soldados del Regimiento de
La Constitución, que costaron la vida al Oficial de Guardia, teniente Don
Enrique Tordesillas y a un joven corneta de Artillería. En Segovia, también el
5 de Septiembre, la Academia de Artillería al mando de su Coronel-Director Don
José Marchesí Sagarra , se niega a
entregar el Centro y se hace fuerte en el mismo. A requerimiento del general
Gobernador Militar de la Plaza para que se entregue de inmediato, le responde
el coronel Marchesí con la siguiente lacónica carta : “MI querido general y amigo:
siento muchísimo no poder complacer a las indicaciones que ayer me hizo (la
carta era del día 6 de Septiembre). La
Academia no se entrega. Reunidos los profesores acuerdan no entregarse. Suyo
affmo. buen amigo y subordinado.- José
Marchesí”. Supongo, a la vista de
tan emotiva carta, que tanto el coronel Marchesí, como los profesores y alumnos
de la Academia, debieron pensar que si Segovia había sido la cuna de la
Artillería, sería también su tumba. Al
final cundió la sensatez y comprensión y en la tarde-noche de ese mismo día 6,
la Academia se entregó al General Gobernador Militar de Segovia. Un Consejo de
Guerra condenó a muerte al coronel Marchesí, siendo indultado por S.M. El Rey,
y a distintas penas al resto de
profesores.
CONCLUSIÓN
La separación del servicio sin sueldo alguno, supuso
un grave quebranto económico para la inmensa mayoría de los Jefes y Oficiales
de Artillería que no fuesen ricos por su cuna o por su casa. Muchos de ellos,
hubieron de acogerse de nuevo al hogar paterno (o de sus suegros) y dedicarse
otros a escribir colaboraciones en distintos periódicos o a dar clase de
matemáticas o física en academias particulares o en sus casas. Es de justicia(y
por eso yo quiero dejar constancia en estas líneas) resaltar el magnífico comportamiento de
ciudades como Segovia, Zaragoza, Barcelona, Sevilla y otras más, donde sus
Ayuntamientos y Corporaciones intervinieron antes el Rey y el general Primo de
Rivera a favor de estos oficiales y sus familias, reducidas en bastantes casos
casi a la miseria. A este tenor, el día 15 de Septiembre de 1.926 el periódico
segoviano “El Adelantado”, y firmado por su Director Don Rufino Cano de
Rueda, publicó un bello artículo bajo el título “Segovia debe acudir en auxilio de
las familias artilleras”, que tuvo una muy buena acogida entre la
población.
Poco a poco – es obvio que un Ejército no puede
estar sin Artillería- las aguas van volviendo a su cauce. Por Real Decreto de
17 de Noviembre de 1.926 (D.O. Nº 260) se concede el reingreso a todos los
Jefes y Oficiales del Arma de Artillería que lo soliciten en el plazo de diez
días a partir de su publicación en el Diario Oficial, los cuales serían alta en la Revista del mes
de Diciembre. De esta forma, se
reintegraron en sus puestos la inmensa mayoría de jefes y oficiales de la
Escala Activa de Artillería que se encontraban separados del servicio. “Pero el
fervor monárquico-nos dice el General Vigón-
tradicional en el Cuerpo padeció un súbito enfriamiento que tuvo muy
penosas consecuencias”. Esta situación fue tan sólo un paréntesis; nuevos y graves sucesos llevarían de nuevo
a La Cuarte Disolución del Cuerpo.
CUARTA DISOLUCIÓN DEL ARMA DE ARTILLERÍA
(19 de
Febrero de 1929)
INTRODUCCIÓN
En Diciembre
de 1.926 los Jefes y Oficiales de la Escala Activa de Artillería que
habían sido separados del servicio por el Real Decreto de 5 de Septiembre
anterior, se iban reintegrando poco a poco al servicio activo, por lo que
podemos afirmar que, al inicio del nuevo año 1.927, la inmensa mayoría de
componentes del Cuerpo ya se encontraban de nuevo en situación de actividad e
incorporados a sus actuales destinos.
Sin embargo,-nos dice el Coronel Fajardo Gómez de
Travecedo- el ambiente ni estaba tranquilo ni lo podía estar. “No
eran, en efecto, los momentos mas alegres para el Cuerpo ni para sus
componentes; no podían olvidarse de la noche a la mañana, las vicisitudes
habidas, los ultrajes sufridos, los desprecios, tanto por parte del Gobierno,
como por parte de Primo de Rivera, o por la de sus compañeros de otras Armas o
Cuerpos”.
El día 4 de Enero de 1.927, se iniciaron las clases
en la Academia de Artillería de Segovia, en un ambiente de extrema frialdad y
tensión entre los alumnos que habían asistido al “sitio” de la Academia en los
días 5 y 6 de Septiembre del año anterior y el actual profesorado designado con
la condición primordial de ser adicto al Gobierno de Primo de Rivera; toda vez
que los que estaban de profesores durante el “sitio”, por haber sido
procesados, no pudieron solicitar su reingreso en la primera ocasión, el 17 de
Noviembre, sino a partir del Decreto de 31 de Diciembre de 1.926 en que se
extinguieron las responsabilidades y, por tanto, cuando reingresaron ya estaba
cubierto el cupo de profesores; y aún sin darse esta circunstancia, es lógico
pensar que tampoco los hubiesen elegido. Esto nos lleva a la suma de unas
circunstancias que enrarecieron el ambiente y hacían difícil la normalidad
académica; tales como el establecimiento de una corriente de simpatía entre los
alumnos y sus antiguos profesores, correlativa al notorio desafecto hacia los
actuales. Ello unido a la creencia de
que la Dictadura era el origen de todos los males del Cuerpo, con una pérdida
creciente de afecto hacia la Monarquía que, según ellos, no hacía nada para
evitar esta situación.
Dispuesto a rebajar tensiones y conseguir la armonía
entre profesores y alumnos, el día 21 de Agosto de 1.927, Primo de Rivera
decide presidir en Segovia los actos de “Entrega de Reales Despachos” a los
nuevos tenientes de Artillería. A tal efecto, en la mañana de dicho día se
traslada a la ciudad del Acueducto, acompañado del Capitán General de la VII
Región Militar, Gil Dolz, del ministro de Instrucción Pública, Sr. Callejo (no
olvidemos que los tenientes de Artillería formados en la Academia de Segovia
recibían también el Título de Ingenieros Industriales), y del Jefe de la
Sección de Artillería del Ministerio de la Guerra, general Gardoqui. El Memorial de Artillería dice que fue un acto
solemnísimo y cordial; sin embargo, el
General Vigón manifiesta que “Primo de Rivera habló a los alumnos sin
encontrar eco en sus corazones”. En un momento del acto, parece ser, que Don
Miguel preguntó al coronel Don Carlos Sánchez Pastorfido, director de la
Academia, si los alumnos habían firmado el tradicional “compromiso” y oyó con
satisfacción que no. Lo cual no era
cierto, pues el número uno de la promoción ya se había encargado de recoger en
unos pliegos de papel de barba las firmas de todos los promovidos a tenientes,
de conformidad con la fórmula de 1.891,
y las tenía guardadas con la mayor discreción y reserva.
Los nuevos tenientes de Artillería, al abandonar las
aulas segovianas donde se habían formado, a buen seguro que llevarían ya para
siempre impreso en sus corazones con la tinta indeleble del amor al Cuerpo,
estos versos que aprendieron durante su estancia como alumnos en tan
prestigioso Centro:
Más si el tiempo me quebranta
Y la tristeza me agobia
Aún mi espíritu levanta
Aquella Religión santa
Que aprendimos en Segovia
¡La Religión del honor!
Constante y segura guía
Que al Cuerpo de Artillería
Le dio aliento en el dolor
Y con la gloria, alegría
Antecedentes.- Durante el año 1.928 el disgusto de los artilleros
sigue creciendo y la propaganda invade los cuartos de Estandartes y llega hasta
los domicilios de muchos Jefes y Oficiales. Según Payne, en ese año, un grupo
de Oficiales de Artillería de guarnición en el Campamento de Carabanchel,
fraguaron un plan para bombardear con cañones de largo alcance los edificios
del Gobierno situados al oeste de la ciudad, con intención de obligar a dimitir
al Dictador; sin embargo, el plan fue abandonado de inmediato por miedo a matar
gente inocente.
El día 3 de
Octubre de 1.928, y presidida por el General Primo de Rivera, se inaugura en
Zaragoza el curso de la Academia General Militar, en su 2ª Época (Durante la
primera, -en la que había sido alumno Primo de Rivera- tuvo su sede en el Alcázar de Toledo),
ocupando la dirección de la misma un jovencísimo general de Infantería, que se había
distinguido por su valor y estoicismo en la Campaña de Marruecos, primero como
teniente y capitán en las Fuerzas Regulares Indígenas y más tarde como
Comandante al mando de la Primera
Bandera del Tercio de Extranjeros y después como Teniente Coronel y Coronel
Jefe del citado Tercio: El Excmo. Sr. Don Francisco Franco Bahamonde.
A finales de 1.928, un grupo de conspiradores,
dirigidos en teoría por el general Aguilera, y en la práctica por Don José
Sánchez Guerra, antiguo Presidente del Consejo de Ministros y ex ministro de la
Guerra, quien ha establecido contacto con algunos jefes y oficiales de
Artillería y con personal civil enemigo del Régimen, con el fin de organizar un
movimiento cívico-militar y derribar la Dictadura, convocando a Cortes Constituyentes.
Quedó establecido que el movimiento revolucionario se iniciaría en Valencia,
como en la “Sanjuanada” (no deja de ser curiosa, la fijación que tenían los
sublevados contra Primo de Rivera, de que la sublevación diese inicio siempre
en Valencia) en la madrugada del 29 de Enero de 1.929, donde Sánchez Guerra
–que exiliado en París se trasladaría en barco- creía contar con el apoyo y la
adhesión del Capitán General de la Región, Don Alberto Castro Girona. Llegado
el día 29 de Enero, el movimiento fracasa en toda España, menos en Ciudad Real,
donde el Regimiento de Artillería que guarnece la plaza, fiel al compromiso
empeñado, y al mando del Coronel Don Joaquín Paz Faraldo, se levanta en armas
ocupando el Gobierno Civil, el Ayuntamiento, Correos y Telégrafos, así como los
demás centros estratégicos de la ciudad.
Tropas de Artillería toman la estación de ferrocarril y controlan las
salidas y llegadas de los trenes. Sobre
las doce horas del mediodía el “movimiento” ha triunfado plenamente en Ciudad
Real. Pero sería por pocas horas, pues
de Madrid envían una columna de tropas leales al Gobierno al mando del General
Orgaz, que se aproxima a la ciudad con la misión de combatir a los rebeldes. No
fue necesario; al anochecer y queriendo el coronel Paz Faraldo evitar todo
derramamiento de sangre, habida constancia del fracaso del movimiento en
Valencia y en el resto de España, los artilleros de Ciudad Real se rinden y el
Coronel Jefe del Regimiento llama por teléfono al Capitán General de la Primera
Región Militar, diciéndole que el Regimiento se entrega y queda a su
disposición. A las seis de la mañana
del día 30 de Enero de 1.929 es detenido en Valencia el Sr. Sánchez Guerra, que
había llegado la noche anterior, después de haber intentado infructuosamente que
el General Castro Girona se sumase al movimiento y que la guarnición valenciana
(sobre todo la Artillería) secundara el abortado movimiento de Ciudad
Real. Sánchez Guerra, que pudo huir
perfectamente en el mismo barco que lo trajo hasta Valencia, en un acto que le
honra, se quedó en la plaza hasta ser detenido por la policía, asumiendo toda
la responsabilidad del fracasado intento revolucionario. En cuanto al general
Castro Girona, veterano africanista, que pese a haberse negado a secundar el
movimiento militar es relevado en el mando de la Capitanía por el general
Sanjurjo y procesado, bajo la imputación de “no haber dado cuenta al Gobierno
de los planes conspiratorios”.
A la vista de los acontecimientos expuestos, el
Presidente del Gobierno, Teniente General Primo de Rivera , con fecha 19 de Febrero de 1.929, pone a la firma de
S.M. El Rey Don Alfonso XIII un Real Decreto con la disolución del Cuerpo de
Artillería, la cuarta en poco más de un siglo. El artículo primero del citado
Decreto dispone : “Todos los Jefes y Oficiales de la Escala Activa del
Arma de Artillería, se considerarán provisionalmente paisanos, a partir de la
publicación de este Real Decreto en la Gaceta de Madrid, sin derecho a haber
activo ni pasivo alguno; al uso de uniforme ni carnet militar, mientras no sean
reintegrados al Ejército”. Se exceptuaban de lo anterior (artº 8º) a
los destinados en Marruecos, Baleares y Canarias y a los Agregados Militares o
quienes estuviesen desempeñando alguna comisión oficial en el extranjero. Por el mismo Real Decreto se autorizaba a
dichos jefes y oficiales a solicitar el reingreso antes del 1º de Junio
siguiente; si bien los solicitantes tenían que hacer constar expresamente en
sus instancias “Que se comprometían por su Fe y por su Honor, a ser fieles y
obedecer ciegamente y sin reserva alguna ni condición que dimane de compromisos
anteriores, al Rey, al Gobierno que esté constituido, y precisamente al que en
esta fecha rige los destinos de la Nación”.
Con este Decreto de Primo de Rivera –que Don Alfonso, con profundo dolor
se vio obligado a firmar- verdaderamente
injusto y desproporcionado, posible tan sólo en un régimen sin garantías
constitucionales, (no se puede condenar a todo un Cuerpo por la sublevación de
uno de sus Regimientos) , de nuevo, y durante unos meses, los jefes y Oficiales
(E.A.) de Artillería tienen que “buscarse la vida”, reanudando las clases de
matemáticas y ciencias en academias particulares o en sus propios domicilios,
escribiendo alguna que otra colaboración en la prensa diaria o quedando
simplemente al amparo de sus padres o familiares, hasta que poco a poco fueran
de nuevo reingresando en el servicio.
Respecto a la depuración de responsabilidades por
los sucesos del 29 de Enero, un Consejo de Guerra absolvió a Sánchez Guerra, y
Primo de Rivera perdonó al resto de los acusados, a excepción del general
Castro Girona, que fue condenado a un año de prisión. Por lo que respecta al
Coronel, Jefes y Oficiales sublevados en Ciudad Real, no se impuso ninguna pena
de muerte, siendo condenado el coronel Paz a 20 años de reclusión y a penas
inferiores el resto de procesados; penas que después fueron suavizadas y a la
caída de la Dictadura incluso amnistiados.
Respecto al Coronel Paz Faraldo,
como hemos visto, el Consejo de Guerra de Oficiales Generales lo condenó
a 20 años de Reclusión, y acogido a la correspondiente amnistía, una vez
proclamada la República en España ( 14 de Abril de 1931), fue promovido a
General de Brigada con antigüedad de 1º de Enero de 1931. El día 1º de Mayo de
ese mismo año (1931) las Autoridades Republicanas de Ciudad Real le rindieron
un homenaje con la asistencia de los Gobernadores Civil y Militar de la plaza,
junto al Alcalde y una numerosa representación de los Jefes y Oficiales de Artillería sublevados el 29 de Enero de
1929.
En cuanto al Primer Regimiento Ligero de Artillería
que se sublevó en Ciudad Real, fue disuelto por un Real Decreto y su Estandarte
enlutado con un crespón negro y un cartelito en que se hacía constar su
rebeldía, fue depositado en el Museo del Ejército. (Supongo que, con la amnistía general de
Febrero de 1.930, desaparecerían los crespones y el cartelito en cuestión).
CONCLUSIÓN.-
El 28 de Enero de 1.930, el General Primo de Rivera,
al negarle su apoyo la mayoría de Tenientes Generales y Almirantes en activo, a
los que se había dirigido por carta unos días antes, presenta su dimisión al
Rey Alfonso XIII y se marcha a París. En su última “Nota Oficiosa” dada a la
prensa (a las que Primo estaba tan acostumbrado) el mismo día 28 de Enero,
decía :” Dos mil trescientos
veintiséis días seguidos de inquietud, de responsabilidad y de trabajo. Ahora
me toca descansar un poco, lo indispensable para reponer la salud y equilibrar
los nervios; y luego, si Dios quiere, a volver a servir a España, siempre,
donde sea y como sea”.
El 30 de Enero de 1.930, El Rey encarga al Teniente
General Don Dámaso Berenguer Fusté la formación del nuevo gobierno,
reservándose el propio Berenguer, además de la Presidencia la cartera de
Guerra. Uno de los primeros Decretos que el nuevo Presidente del Gobierno pone
a la firma de Don Alfonso, es el indulto y la amnistía de todos los jefes y
oficiales de Artillería que hubieran sido separados del servicio por acuerdo
gubernativo o judicial, así como concediendo el reingreso en la Academia de
Artillería a todos los Alféreces Alumnos que habían causado baja en ella. (Real Decreto de 5 de Febrero de 1.930
(Diario Oficial Nº30).
El día 16 de Marzo de ese mismo año (1.930) fallece
en París el Teniente General Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, Marqués de
Estella y Caballero dos veces Laureado de San Fernando, siendo trasladado a
España su cadáver y rindiéndosele los honores correspondientes a un Capitán
General con mando en plaza. Años después, se le levantó un bello monumento
ecuestre en la Plaza del Arenal de su ciudad natal, Jerez de la Frontera, y por
Decreto de 22 de Marzo de 1.947, su antiguo subordinado en las Campañas de
Marruecos, Don Francisco Franco Bahamonde, lo asciende a Capitán General del
Ejército Español.
BIBLIOGRAFÍA
·
ALÍA MIRANDA.- Francisco .- “Duelo de Sables”. Editorial Biblioteca
Nueva (Madrid 2006)
·
FAJARDO GÓMEZ DE TRAVECEDO.- Santiago . “Las Cuatro Disoluciones del Cuerpo de
Artillería” (Ediciones Trigo,
1.999)
·
FRONTELA CARRERAS.-Guillermo.-“Génesis
y Herencia de la Academia Militar de Sevilla” Imprime LCS. REPROGRAF (Madrid
2009)
·
PÉREZ RUIZ.-Pedro Antonio,. “Biografía
del Colegio-Academia de Artillería de
Segovia”.-
(Imprenta
El Adelantado.- Segovia, 1.960)
·
SERRANO DE PABLOS JIMÉNEZ.- Luis.- “Contribución
a la Historia del Cuerpo de Artillería” “Imprime ACATI 1983)
·
VILA- SAN JUAN.- José Luis.-
“Amadeo I, El Rey Caballero”.- (Editorial Planeta.- Barcelona 1997)
NOTA DE AGRADECIMIENTO
Quiero hacer patente mi
agradecimiento al Ilmo. Sr. Coronel de Artillería (Diplomado de Estado Mayor)
DON LUIS GARCÍA-MAURIÑO MARTÍNEZ, por la valiosa documentación que me ha
suministrado para mi estudio y redacción del presente artículo.
Sevilla,
Mayo de 2014
En el 250º Aniversario de la creación
del Real Colegio de Artillería de Segovia
(1764-2014)
______________
Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Comandante de Infantería
Economista y Profesor Mercantil





