No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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7/1/22

LA PRIMERA TARDE

 



LA

revista más audaz, para

el lector más inteligente.




LA PRIMERA TARDE

(NOVELAZA DE AMOR)


  Eran las cinco de la tarde. Pepe hacía los últimod preparativos para recibir a su amada. Ella iva a venir, y solo esta idea le hacía temblar de emoción, mientras colocaba las cosas en su sitio:

 - Estas flores aquí. Aquí el pan y el queso. El vino en la botella de vino.      El agua también en la botella de vino...                                   

  Muchas mujeres habían caído en sus dos brazos locas de amor; pero Paulita era el amor de su vida. Era una mujer diferente. Tenía dos cabezas, tres cuerpos, cuatro brazos y cinco piernas. La conoció por casualidad en dos tranvías, y quedó prendado de ella. Al principio se veían debajo del reloj de la Puerta del Sol, pero por miedo a que un día se les cayera encima, decidieron verse en casa de él.                                        



  Aquel era el primer día, y Pepe no quería que faltara un detalle. Los almohadones para que reclinara la cabeza y las flores para que las oliera o se las pusiera en el pelo o en la cómoda; el teléfono por si quería llamar a la carbonería; las sardinas por si traía gato; el hueso por si traía perro; la paja por si traía caballo... nada debía faltar en aquel nido en aquellas horas venturosas que se acercaban como un pobre.

  De pronto sonó el tiembre, y Pepe dejó caer en el suelo un pedazo de queso que se estaba comiendo para calmar su impaciencia y para calmar la impaciencia del pedazo de queso. Se dirigió a la puerta con el corazón palpitante y abrió. Era ella. Ella más hermosa que nunca y más alta que nunca. Avanzó con paso timido y, conducida por la temblorosa mano de Pepe, entró en el salón.

  - ¡Qué casa más bonita tienes! -susurró con voz entrecortada.

  Pepe, que había enmudecido por la emoción, le indicó por señas que se sentara en una silla, pero ella no comprendió bien, y se comió el pan que había sobre la mesa.

  - Este pan es más bueno que el pan -comentó Paulita, por decir algo, mientras se comía el pan.

  Pepe recobró el habla y exclamó:

  - Hola! ¿Cómo estás?

  Paulina tardó un poco en contestar, debido a la emoción y al pedazo de pan que tenía en la boca; pero en cuanto se rehizo y se tragó el pan, respondió:

  - Bien ¿Y tu? Pepe tenía mucha costumbre de hablar con las mujeres y sabía que había que decirles cosas agradables para ganar su amor y para que no se comieran todo el pan, y, con una voz  que le salía de la boca dijo:

  - Guapa.

  - Gracias -respondió Paulita que había ido a un colegio de pago-.

  Tienes una casa preciosa. ¿Cuanto pagas de piso?

  - Treinta duros; pero tiene gas.

  - ¿Tiene gas?

  - Tiene gas.

  - Y ¿para qué sirve el gas?

  - El gas sirve para tener gas. ¿Tu no tienes gas?

  - No. Mi padre dice que eso de tener gas es para la gente que no tiene nada que hacer.

  - Eso es verdad. Pero yo por ti soy capaz de tener gas toda mi vida.

  Paulina se dejó caer en el sofá y, cojiendo un libro exclamó:

  - ¿Sabes leer?

  - Algunas cosas.

  - Este libro parece muy bonito.

  - Sí, es muy bonito; sobre todo por la parte de fuera. ¿A ti qué es lo que más te gusta de los libros?

  - A mí el lomo.

  - A mí también

  - Está visto que hemos nacido el uno para el otro. Pepe se dejo también caer en el diván al lado de ella, y exclamó:   




  - ¿Quieres que sigamos hablando de gas?

  Ella respondió emocionada:

  - Sí; hablemos de gas. ¡Qué ganas tenía de que llegara este momento!

  Los dos se miraron en los ojos con los ojos. Paulita cogió el pedazo de queso que él había dejado, y se lo comió, mientras...Después se comió el arrobado. Él, entonces, la cogió las dos manos y, mirándola fijamente en los ojos, siguieron hablando de gas. Ella explicó que el gas es un fluido que viene por las cañerías y, atravesando las ciudades, sube a las casas y sale por unos hornillos, que se llaman hornillos, sirviendo para freir el pescado y calentar el café con leche. Paulina escuchaba emocionada este relato y pensaba lo feliz que se puede ser en la vida cuando se tiene gas, se tiene pescado y se tiene café con leche.

  Pepe seguía hablando de gas con verdadero entusiasmo y lleno de sinceridad. Cuando ya hubo explicado lo que era el gas, empezó a explicarle lo que no era el gas. Paulina comprendió que Pepe no era un ser vulgar, y se bebió todo el vino. La tarde iba cayendo lentamente, y los dos enamorados seguían hablando con toda pasión:

  - Anda, explícame ahora lo que es la uz eléctrica. Pepe dejó escapar un suspiro que hizo descorrerse las cortinas y explicó:

  - La luz eléctrica es una cosa parecida al gas, pero que se hace con luz eléctrica. También atraviesa las ciudades y sube a las casas para para, una vez en ellas, colgarse del hilo que sale del techo.

 - ¡Cuántas cosas sabes, amor mío! - exclamó Paulita llena de admiración.

  - Sé también lo que es una gallina; pero eso te lo explicaré un día que tengamos gallinas.

  


  Siguieron hablando. Paulina dijo que Pepe era el primer hombre sincero que había conocido, pues ninguno, hasta ahora, le había explicado lo que era el gas y lo que era la luz eleéctrica, y que, debido a esto, había vivido siempre en la más completa ignorancia. Pepe, emocionado, le dijo que, si ella consentía en ser su esposa, le explicaría lo de la gallina y le dejaría husar el gas y el café con leche, cosa que hasta el momento no había consentido a ninguna otra mujer. La tarde seguía cayendo, y los dos enamorados seguían hablando de gas y mirándose fijamente. De pronto, él exclamó:

  - Ahora me fijo en que tienes una nariz.

  - Sí, tengo una nariz. No te lo he querido decir antes por miedo a que dejaras de quereme.

  - ¿Y has pensado un solo momento en que por una nariz iba a dejar de quererte. Si hubieras tenido dos... -Sí; pero me da miedo que algún día te canses de mi y me eches en cara que tengo una nariz.

  - Pero si eso no tiene nada de particular, yo también tengo una.

  - Sí; pero tu eres hombre.

  - Tu También puedes serlo. Es muy fácil. Yo te dibujaré un plano.

  - ¡Qué hermoso corazón tienes! Si todos los hombres fueran como tu, todos los hombres serían como tú.

  - Tú también tienes un hermoso corazón y unos bellos ojos y una linda naríz.

  - ¿Ves como no puedes dejar de pensar en mi nariz?




  - Es que como la tengo delante de mi nariz, no puedo remediarlo; pero no te pongas así, que ya no hablaré más de ella.

  La tarde había caído del todo y se había hecho daño en una rodilla. La oscuridad había invadido la estancia, rodeándolo todo de misterio. Un reloj, en la sombra, dio nueve campanadas como nueve soles.

  - Las ocho ya -exclamó Paulita cogiendo el paraguas de Pepe-. ¡Cómo se pasa el tiempo!

  - Pero ¿te vas ya?

  - Sí; tengo que irme a mi casa antes de que sea juevas, amor mío.

  Pepe insistió en que se quedara, loco de pasión.

  - Si te quedas un poco más te daré más pan.

  Pero ella salió de la casa, no sin antes llevarse distraidamente el impermeable de su amado.




TÉ DE LUNA

 https://youtu.be/gb_WLE2dLeg