No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
Poetas Muertos
INICIO
Mostrando entradas con la etiqueta El Niño Juanito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Niño Juanito. Mostrar todas las entradas

1/4/26

EL PUNDORONOSO NIÑO JUANITO --- La Codorniz

  




 EL PUNDORONOSO NIÑO JUANITO 


La Codorniz

La lectura más audaz 
para el lector más inteligente
¡VOLCAN!
¡VOLCAN!



    Abuelo mío severísimo: 
    Sabrá usted que, días pasados, siendo la estación favorable y los días harto templados, quiso mi padre invitarme a un paseo instructivo, no solo a mi, sino tambien a unos cuantos condiscípulos míos y al buen maestro don Domingo, como el más docto de los hombres y bravísimo en la explicación de las flores, fauna y volcanes que pudiésemos topar en nuestro camino.                                                                             Se convino que la hora del encuentro sería la novena del día como la más propicia para el paseo, y ya para los ocho estábamos todos en el lugar indicado, como conviene a quienes observan la máxima precisión en sus citas, y todo ello por correción y  urbanidad.

    Saludáronse mi padre y y Don Domingo con cuadruple agitar de chisteras y besamanos y besapies y entrelazamiento de barbas; nosotros, como escolares, y por ello subalternos ignorantuelos, solo fuimos admitidos al besapiés.                                                           Y cumplido que hubimos con las conveniencias, pusímonos en marcha hacia las afueras de la ciudad, y no habíamos avanzado de un tiro de revolver que ya se veían los volcanes, con sus humos y lavas, y las masas que salían del centro de la tierra y llegaban hasta cerca del cielo movidas por ferzas misteriosas. Y aquí se alzaban árboles bellos y corpulento, allí descendían los torrentes de cimas excelsas y acá y acullá cogíamos bellísimas flores con sus pistilos y sus estambres y su polen, todo lo cual nos explicaba concisamente nuestro buen maestro, mientras mi padre lloraba de emoción al verme tan aplicado y tan afanoso por instruirme.                                                                    Y he aquí que llegamos cerca de los volcanes.
    ---Escolares, niños dilectísimos -exclamó el señor maestro- en el nombre del cielo os conjuro a que miréis a los volcanes, los cuales, por la compresióm del centro y la fuerza del fuego y del humo, lanzan hasta el cielo sus masas, piedras, lava y cenizas.                             Y así diciendo lloraba.  
Y yo os digo, bienhechor nuestro , que iniciose aquí una doctísima disputa entre mi padre y el señor maestro.                                     Y, en vista de lo cual, rodeámoslos todos rápidamente, puesto que nada en el mund considero yo más útil que una disputa científica.                   Dijo mi padre.                                         
  ---Maestro, ¿estáis vos completamente seguro de que lo que envía al cielo la lava y las piedras es la compresión del centro? ¿No será, antes bien, obra de los demonios,los cuales, siendo maravillosa y misteriosamente fuertes, pueden lanzar dichas masas hacia el infinito?    
                  

 
Contestóle el maestro:
    ---Muy respetado señor mío, yo os aseguro, y a las tumbas de mis padre pongo por testimonio, que nada o menos que nada, tienen que ver los demonios en el lanzamiento de las masas, y esto lo sé por larguísimos estudios que hice yo en mi juventud sobre tomos de miles y miles de páginas y por lustros y más lustros de escrutar atentísimamente los mapamundis.
 ---Maestro -replicole mi padre-, yo opino, sin embargo, que obra es de los demonios, y bbien sabe Dios cuanto me duele y me amarga contradeciros a vos, el más docto de los hombres y el más digno de fe.
 ---¡La comprensión de los centros!  -repitió el maestro una y otra vez  con los ojos que echaban chispas.
  ---¡Los demonios, los demonios! -replicaba mi padre.
  Y nosotros, pequeños escolares, agitábamos la chostera complacidísimos, pues en verdad era esta  la más maravillosa de las disputas científicas.

   ---Por todos los muertos, señor mío, ¿será posible que tan obstinadamente insistáis en vuestra opinión sobre las masas y los demonios? 
   ---En verdad que sí -respondió mi padre. Y revolcóse por el suelo.       Tambien don Domingo echóse al suelo y revolcóse en la tierra, a pesar de su grave enfermedad, no del todo curado. Y así hasta que vimos que mi padre gritaba: "¡Duelo, duelo!, por ser esta la mejor cosa que puede poner un fin honorable a toda disputa científica.
    
 ---¡Duelo tendremos! -replicó nuestro querido maestro-, aun cuando es esta una constumbre contraria a mis sentimientos religiosos, como posible causa de derramamiento de sangre.                                      Y habiendo dicho esto saludáronse urbanísimamente los dos gentilhombre, con agitación de chisteras, pero no se entrelazaron las barbas ni se besaron los pie, y todo ello por desdén.                        Su afectísimo nieto.

 JUANITO 





Ashes & Steel
Chris Stapleton ft Jelly Roll