LA CODORNIZ
La revista más audaz,
para el lector más inteligente.
HONESTIDAD PROFESIONAL
El crítico
recibió el libro acompañado de una carta de recomendación. La firmaba su amigo
J. M. Calasparra, procurador en cortes, director general de algo y tío del
autor. El crítico estuvo a punto de devolver el libro a su amigo el
director general con el pretexto de que no era una obra de creación literaria.
Sin embarga, la carta de su amigo era respetuosa y casi suplicante.
“Ya
sé que eres muy exigente, pero tengo un gran interés en que ayudes a este
chico. Lee el libro y, por favor, trátalo bien; te quedaré muy agradecido.”
El crítico hojeó el libro. Era un rollo. Trataba del viaje a Burdeos realizado por un imbécil: el autor. Pero el título salvaba al crítico: se llamaba sencillamente, “Viaje de Madrid a Burdeos”, nadie lo compraría. Podía hacerse una crítica benévola y complacer al director general. El crítico tenía mucho interés en complicar al director general porque habían ido juntos al colegio y eso no tiene importancia cuando se encuentra uno a un compañero del colegio que es un pelanas, pero si la tiene cuando es director general de lo que sea.
El crítico decidió
olvidar su severidad y escribió:
“Son
estos libros tan humanos, tan sencillos, los que nos hacen reconciliarnos con
la vida”. Y luego habla de la vida y de Marco Polo y de los libros de
viajes en general. Y añadía:
“El
autor hace su viaje asomando el alma a la ventanilla del tren recogiendo el
aleteo íntimo de la modesta vendedora de gaseosas, del hijo mofletudo del
guardabarrera…” y a continuación:
“Si
los que hoy elevamos a la categoría de genios accediesen a apearse a veces de
sus cumbres creadoras y ponerse a la altura de este joven autor, la literatura
se humanizaría. Nada menos que eso. Y una literatura más humanizada sería, es
obvio, un acercarse a las raíces del hombre”.
El
crítico leyó sus cuartillas. Le había salido un comentario redondo, hábil, nada
comprometedor, pero convincente.
Tan
convincente, que cogió el “Viaje de Madrid a Burdeos” y se lo leyó de un
tirón.
Fue
el único lector.
PALOMINO

Izaro & Zahara

