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EVOCANDO LA CREACIÓN DEL CUERPO DE SUBOFICIALES DEL EJÉRCITO
IN
MEMORIAM.- “A la memoria de los brigadas de Ingenieros (Zapadores)
Don Manuel Velasco Román y Don Antonio Navarro García, y del sargento Don José
Francisco Prieto González, pertenecientes a la Brigada de La Legión, fallecidos
en la tarde del 20 de Mayo de 2013, como consecuencia de una explosión, cuando
se encontraban cumpliendo con su arriesgada misión, en el local de la Sección
de Desactivación de Explosivos de la BRILEG”
Querido
compañeros: ¡ Por siempre y para siempre! Mi recuerdo más emotivo con un fuerte,
virtual y entrañable abrazo legionario. El Autor.
Corrían las primeras horas de la
mañana del día 6 de Diciembre de 1.931, cuando comenzó a llegar a los distintos
acuartelamientos de España, el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, con
el texto íntegro de la Ley, rubricada tan sólo dos días antes por el ministro Don
Manuel Azaña Díaz, y por la que se creaba en el Ejército Español el Cuerpo de
Suboficiales. Tras su detenida lectura,
los sargentos quedaron altamente sorprendidos y no menos indignados, al
constatar que el Sr. Azaña, en quien tenían depositadas tantas y tan justas
aspiraciones, los había dejado fuera del Cuerpo recién creado. Y sin embargo,
el tenor literal de la citada Ley no arrojaba la menor duda a este respecto, al
disponer en su articulado que: “Las Clases de
Tropa estarán constituidas únicamente por los soldados de segunda y de primera,
los cabos y los sargentos. Se crea el Cuerpo de Suboficiales del Ejército, que
serán auxiliares del mando y constituirán categoría intermedia entre el Cuerpo
de Oficiales y las clases de tropa. El Cuerpo de Suboficiales estará integrado por los sargentos primeros, brigadas, subayudantes y subtenientes...” ¿Qué
pudo suceder, y cuáles pudieron ser los motivos para que Azaña dejase fuera del
Cuerpo recién creado a los sargentos, sabiendo de antemano que se iba a granjear
la animadversión de éstos? Nunca se ha sabido, pues ni él mismo lo consigna en
sus “Memorias”. Parece ser, que en su ánimo primó con fuerza el hecho de que,
sin la presencia del sargento como grado máximo entre las clases de tropa,
éstas quedarían muy desdibujadas y con pocos alicientes de superación para los
soldados y cabos que la integraban. Sea ello lo que fuere, el caso es que la
sufrida clase de sargentos, aún tendría que esperar casi tres años inmersa en
ese gran mosaico de las clases de tropa, hasta
que en Junio de 1934, Don Niceto Alcalá-Zamora (Presidente de la
República Española) y Don Diego Hidalgo Durán ( Ministro de la Guerra),los
incluyesen en el Cuerpo de Suboficiales.
Constituían los sargentos las clases
mas desfavorecidas del ejército. Integrados en las Clases de Tropa de 2ª
Categoría, verían de continuo mermada su autoridad en el ejercicio de sus
funciones, al vestir el mismo uniforme que la tropa, con la única excepción de
los galones; teniendo que firmar cada noche ante el oficial de guardia y nunca
mas tarde de las 22 horas en invierno y de las 23 en verano, rigiendo idéntico
horario al estar autorizados a pernoctar fuera del cuartel, en sus domicilios,
de los que no podían ausentarse pasado el límite de dichas horas. Los viajes por ferrocarril los debían
realizar en 3ª clase –al igual que los soldados y cabos- y carecían de tarjeta militar de identidad,
salvo el oficio de notificación de su ascenso firmado por el Sr. Coronel Jefe
del Regimiento, que hacía las veces de
ésta. Presentes en los cuarteles, prácticamente desde el toque de diana hasta
el de silencio, su contacto con el soldado era continuo y permanente, viviendo
en suma la vida militar con plena intensidad y dedicación. Con la “espada de
Damocles” de ser puestos en la calle cada tres años, pues su permanencia en las
filas, dependía de una Junta trienal de Jefes, presidida por el coronel del
Regimiento, que aprobaba o denegaba su continuación. Y todo esto, por cuarenta
duros al mes, algo menos que lo percibido por un obrero de la construcción en España. En 1.930, consiguen los sargentos que el
general Berenguer les autorice al uso de la gorra de plato, algo que les llena
de profunda satisfacción al realzar su
uniformidad y distinguirse, en tal sentido, de la tropa. Consiguen también del
teniente general Berenguer, la promesa de creación de un Cuerpo de Suboficiales
donde los integraría, cuyo anteproyecto afirmaba tener muy avanzado, y que al
final impediría su cese al frente del Ministerio de la Guerra al proclamarse la
II República. Anteproyecto, que foliado y encuadernado se lo encontró Don
Manuel Azaña a su llegada al Palacio de
Buenavista en la mañana del 15 de Abril de 1.931. (1)
CREACIÓN DEL CUERPO DE SUBOFICIALES.-
La Ley de Bases de 29 de Junio de 1.918,
reestructura las Clases de Tropa de Segunda Categoría, fijando sus empleos en
sargento y suboficial. Años después, tanto el teniente general Primo de Rivera
durante la Dictadura, como Berenguer en 1.930, se afanan en dignificar a estas
clases dotándolas de una mejor imagen pública, y accediendo a concederles
peticiones tan largamente ansiadas, como la obtención del empleo en propiedad
al llevar cinco años de servicio y dotarles de una Tarjeta Militar de Identidad
acreditativa de su empleo. Estuvo
también presente en el ánimo de ambos generales la creación de un Cuerpo de
Suboficiales, al que ya me he referido en líneas anteriores y cuyo anteproyecto
encontró sobre su mesa de despacho el Sr. Azaña en su toma de posesión como
Ministro de la Guerra de la II República,
y que prácticamente con ligeros retoques (como la exclusión de los
sargentos del mismo) lo defiende con soltura y gran entusiasmo en el Parlamento
hasta conseguir su promulgación como Ley de 4 de Diciembre de 1.931. (Diario
Oficial del 6 de Diciembre de 1931). La
creación en España del Cuerpo de Suboficiales supuso un paso definitivo en la
dignificación y afianzamiento en la carrera de estos dignos profesionales. Resumiendo al máximo, se confirmaba a los
mismos la propiedad en el empleo, y el derecho a expedición de la Tarjeta
Militar de Identidad, que ya les había otorgado Berenguer en 1.930. Se les
concedía el tratamiento de “Don” tanto de palabra como por escrito y el derecho
a ser saludados por todas las clases de tropa de los ejércitos. Se autorizaba a
destinar en todos los acuartelamientos un cuarto, o una sala de Suboficiales
como lugar de solaz y descanso, donde estos pudiesen reunirse en sus horas
libres y donde cumplirían los correctivos por faltas leves. Quedaban
autorizados a vestir el mismo uniforme que los oficiales, sin más distinción
que las divisas del empleo correspondiente.
EMPLEOS INICIALES DEL CUERPO DE SUBOFICIALES.-
SARGENTO
PRIMERO.- Se ingresaba en el Cuerpo con la
categoría de sargento primero, que llevaría por divisas un galón de panecillo
de oro o plata, según los cabos del uniforme, de doce milímetros de ancho y
centrado dentro de la bocamanga. No era, en puridad, nuevo el empleo de
sargento primero en el ejército español, pues ya figura en las Reales
Ordenanzas de Carlos III, de 1.768, manteniéndose desde entonces entre las
clases de tropa, nada menos que hasta 1.899 en que desaparece. Reaparece como
suboficial en Diciembre de 1.931, si bien, en esta ocasión, su paso por el
nuevo Cuerpo es efímero por demás, pues en Junio de 1934 desaparece nuevamente.
Restablecido en 1.960 -ahora con distintas divisas- la graduación de sargento
primero llega hasta nuestros días sin novedad.
BRIGADA.- Surge el
brigada en nuestro ejército en 1.912, encuadrado dentro de las Clases de Tropa
de Segunda Categoría, y permanece en las mismas hasta 1.918, en que desaparece,
al disponer la Ley de Bases de 29 de Junio de ese año que “Las Clases de Tropa
de la 2ª Categoría quedan constituidas por el sargento y el suboficial”. En
Diciembre de 1.931 aparece de nuevo el brigada como segundo peldaño de la
escala del Cuerpo de Suboficiales recién creado, heredando del extinto
suboficial divisas y cometidos; si bien, quedándole a este último el honor de dar
nombre a todo un Cuerpo, como el de Suboficiales, llamado a alcanzar las mas
altas cotas de honor y de eficacia en nuestro ejército. Hereda el brigada, como he dicho, las divisas
del suboficial, consistentes en dos galones de panecillo de oro o plata,
centrados dentro de la bocamanga. Divisas conocidas desde entonces como las
famosas “sardinetas” que tanto lustre y prestigio han venido configurando hasta
hoy mismo, la siempre eficiente clase de brigada. Y aunque el desempeño de sus misiones se
incardinó normalmente en el campo administrativo, sobre todo como valiosos auxiliares
del capitán en las compañías, escuadrones o baterías, no es menos cierto que,
cuando las circunstancias lo exigieron, los brigadas acudieron sin demora al
puesto del honor y consiguieron importantes lauros, como el obtenido por el
brigada Don Francisco Fadrique Castromonte, quien al ofrendar su vida a la
Patria en la campaña de Ifni-Sáhara, supo alcanzar con la inconfundible
sinfonía del heroísmo, la excelsa Cruz Laureada de San Fernando. (2)
SUBAYUDANTE.- Empleo de
nueva creación en el Cuerpo de Suboficiales, superior al brigada e inferior al
subteniente. Sus divisas fueron tres
galones de panecillo de oro o plata de doce milímetros de ancho, colocados
longitudinalmente en el centro de la bocamanga. Empleo efímero por demás, pues
desaparece en Junio de 1.934 (junto al sargento primero), si bien legando a la
posteridad el nombre de uno de los cargos o cometidos mas importantes, en el
campo del mantenimiento y conservación de los Cuerpos Armados de nuestro
ejército: El de Subayudante. Bajo las
órdenes directas del Sr. Coronel Jefe
del Regimiento, y por delegación, del
Comandante Ayudante, desempeñaba normalmente las funciones de
Subayudante, un teniente de la Escala Auxiliar, de reconocido prestigio y
acreditada eficacia. Sus misiones en el Regimiento eran muchas y muy variadas,
y a buen seguro, que las conocen de sobra mis compañeros que me honran con la
lectura de las presentes líneas. Recordémoslas, sin embargo, siquiera sea
algunas de las mas importantes, aunque ello nos lleve a sumergirnos en las
brumas de la nostalgia. Personado en el
acuartelamiento, poco después de que el corneta de la guardia de prevención,
dejase oír los alegres sones del toque de diana, el Subayudante, al toque de
asamblea, todos los días del año, festivos incluidos, recibía de los suboficiales de semana a los
soldados y cabos entrantes de guardia, a los que revistaba minuciosamente, y
una vez corregidos sobre la marcha, los pequeños defectillos que hubiese
encontrado en su revista, se la presentaba al oficial entrante. A continuación –y previa parada para tomarse
un café mañanero en el Bar de Oficiales o en el de Suboficiales- seguido de una
legión de albañiles, carpinteros, fontaneros, etc. que ya le esperaban formados a la puerta de
su “Sancta-sanctorum”(léase la Subayudantía del Cuerpo), se daba una vuelta por
el acuartelamiento, ordenando la reparación de cualquier desperfecto que
hubiese observado, dando parte a su
final de cuantas novedades e incidencias dignas de mención se hubiesen
producido. Llegado el mediodía, el Subayudante, instalado en su “feudo” de la
Subayudantía del Cuerpo, recibía la cotidiana visita de los cabos furrieles de
las distintas Compañías, Escuadrones o Baterías, al objeto de proceder al
“sagrado” suministro diario de pan, previa presentación de los mismos, del
consiguiente vale o recibo firmado por los respectivos capitanes, de
conformidad con el número de raciones a que hubiesen derecho según la fuerza
presente en dicho día. Correspondía
asimismo al Subayudante, el exorno del acuartelamiento en cuantas celebraciones
y formaciones de singular relevancia tenían lugar en fechas señaladas del
año; así como la confronta diaria de la
Orden del Cuerpo, previa lectura íntegra de la misma, ordenando acto seguido su
distribución, no sin antes haber signado con su firma un ejemplar –que se
custodiaba en la imprenta- donde se hacía figurar, junto a su nombre y apellidos,
la hora de la confronta. Importantes,
como hemos visto las funciones del Subayudante en los Cuerpos, pues si como
empleo en el primitivo Cuerpo de Suboficiales su porvenir fue más bien escaso,
apenas un trienio, no así por el nombre que dio al cargo, desempeñado por
muchos y muy queridos compañeros, a los que desde estas líneas saludo con
afecto.
SUBTENIENTE.- Máximo empleo de entre los que
integraban el primitivo Cuerpo de Suboficiales, y que tenía por divisa “una
estrella de cinco puntas, dorada o plateada, por encima de la bocamanga y a
tres centímetros de ésta”. Traducción literal al castellano del sous-lieutenant
francés, aparece el subteniente por vez primera en nuestro ejército en 1.702 ,
traído a España por el Rey Felipe V, en unión de otros cargos y grados de la milicia, como cadete,
coronel, brigadier, etc. Primer peldaño de la escala del Cuerpo de Oficiales,
con el empleo de subteniente salieron de nuestros
colegios y academias militares, prácticamente todo el generalato español del
Siglo XVIII, y buena parte del XIX. Por
Real Decreto de 23 de Abril de 1.867, y tras 165 años de permanencia como
oficial, el empleo de subteniente se transforma en el más clásico y español de
alférez. Reaparece de nuevo, si bien que devaluado, en Diciembre de 1.931,
formando parte del nuevo Cuerpo de Suboficiales y como techo máximo del mismo; para tras una
breve permanencia de tan solo cuatro años, desaparecer de nuevo en Diciembre de
1.935, al suprimirse la categoría de subteniente (Ley de 5 de Diciembre de
1.935) y promoverse al empleo de alférez, a cuantos en dicha fecha formaban
parte de aquella. Y cual Guadiana, que
hiciera fluir sus aguas por las filas simbólicas de la milicia, aparece de
nuevo ( junto al Sargento Primero) en 1.960 (Ley 41/1960) como inmediato
superior al brigada y techo, una vez mas, del Cuerpo de Suboficiales. La Ley
17/1989, su homónima 17/1999 y finalmente la del mismo rango 39/2007, de 19 de
Noviembre (BOE Nº229) lo mantienen en la Escala de Suboficiales , si bien
perdiendo su primacía como techo de la escala, compelido a cederla a favor del Suboficial
Mayor, empleo de nueva creación en los suboficiales españoles.(3)
CONCLUSIÓN.- Habían
pasado ya los años, en que aquellos sargentos, veteranos de níveos mostachos,
consagrados de por vida al ejercicio de las armas, que infundían pavor a los
reclutas y un cierto temor reverencial a los barbilampiños oficiales, recién salidos
de los colegios de Toledo, Segovia o Valladolid. “No eran ya –como dice el
coronel Don Federico de Madariaga- los constantes instrumentos, de quienes
colocados muy alto en la grey militar, recurrieron en ocasiones famosas al
ascendiente natural que ejercían en las filas los modestos poseedores de las
”jinetas” (antiguas divisas de los sargentos), para llevarlos a realizar actos
que influyeron decisivamente en los destinos de España”. Los tiempos habían
cambiado, y se imponía a todas luces, la dignificación de estos dignos
profesionales. A Don Manuel Azaña le
cupo la gloria de elevar a las Clases de
Tropa de 2ª Categoría (excepto a los sargentos) al Cuerpo de Suboficiales
granjeándose ya para siempre el respeto y el cariño de estos, pero no debemos olvidar
que el “Proyecto de creación del Cuerpo” ya se lo encontró éste prácticamente
ultimado a su llegada al Ministerio. Considero pues de estricta justicia, que
junto a Azaña deben compartir también la gloria de esta dignificación los
generales Primo de Rivera y Berenguer, así como Don Niceto Alcalá-Zamora y Don
Diego Hidalgo Durán, Presidente de la República el primero y Ministro de la
Guerra el segundo, que en Junio de 1934 (4) incorporaron los sargentos al
Cuerpo de Suboficiales, confirmados en el Cuerpo un año más tarde por Don José
María Gil Robles. Finalmente, y como
cierre a estas consideraciones, para todos los suboficiales en general y muy
particularmente, para los que, durante ocho promociones, tuve el honor de ser su profesor en la
Academia de Infantería de Toledo, cuando cursaban sus estudios como caballeros
alumnos de la Escala Básica de Suboficiales o a mis Alumnos de la IMEC, el
testimonio sincero de mi afecto y mi amistad.
NOTAS
- De la dureza de la vida militar de los Sargentos nos da cabal idea, estos versos plenos de ripios, que se recitaban en los cuarteles, y que mis compañeros recordarán perfectamente.
( En La
Legión -y de esto podrá dar fe nuestro entrañable Coronel Chamorro- estos
versos se aplicaban al Oficial de Semana, pues los Oficiales hacían este
servicio en las llamadas “Semanas macizas”, prácticamente sin salir del
Acuartelamiento durante los siete días).
LOA AL
SARGENTO DE SEMANA
El Sargento
de Semana
Hace una vida
muy sana
Se levanta
muy temprano
En invierno y
en verano
Y antes que
despunte el día
Ya está él en
la Compañía
2 Por la acción heroica en que se hizo acreedor a la Laureada el Brigada Don Francisco Fadrique Castromonte (Combate de Edchera, día 13 de enero de 1958), le fue concedida tan preciada Recompensa al Legionario de 2ª Juan Maderal Oleaga (O.C. de 5 de enero de 1966.- D.O. Nº5)
3
La Ley 39/2007, de 19 de Noviembre “De la Carrera
Militar, mantiene y ratifica en la “Escala de Suboficiales “ (Artículo 21.-
apartado C) los empleos de : SARGENTO, SARGENTO PRIMERO, BRIGADA, SUBTENIENTE Y
SUBOFICIAL MAYOR.
4
Ley de 20 de Junio de 1934 ( Gaceta de Madrid Nº 193,
de 12 de Julio) “ Por la que se Reorganiza el Cuerpo de Suboficiales del Ejército”
dando entrada en el mismo a los sargentos. En su parte Expositiva se establece:
“El Cuerpo de Suboficiales Auxiliares del Mando y categoría intermedia entre el
Cuerpo de Oficiales y las Clases de Tropa, estará integrado por SARGENTOS,
BRIGADAS Y SUBTENIENTES (…) El ingreso en el Cuerpo de Suboficiales será con la
categoría de Sargento, con ocasión de vacante y por el orden de conceptuación
obtenida en examen final de conjunto”.
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