La
revista más audaz,
para el lector más inteligente
NUESTRA PÁGINA DE POLÉMICA
¡NO, SEÑOR MIHURA!
Sr. Don Miguel Mihura
Madrid
Mi querido amigo:
Supongo que a estas horas su tía estará disgustadísima
por su reciente carta dirigida a mí, en la que usted se dedicaba exclusivamente
a hablarme mal de ella. Yo, en la piel de su tía, me enfadaría también si un
sobrino me llamase vieja pesada, agria y pedante. Pero como no tengo el gusto
de ser su tía, lo único que puedo hacer es dolerme de que usted la trate con
una crueldad tan poco
simpática.
Yo, señor Miura, que soy un poco menos
despiadado que usted, llevo varios meses buscando gentes gruñonas como su tía
para devolverles su optimismo perdido. Mi tratamiento lo realizo a través de mi
<<Crítica de la vida>>, y consiste en destruir las pequeñas causas
que producen el mal humor. Si, por ejemplo, su tía gruñe porque sube el
alpiste, yo procuro que el alpiste baje. Si su tía se queja de que las lechugas
están un poco pálidas, yo consigo que las lechugas adquieran un hermoso color
verde. Y automáticamente, su ti deja de gruñir: su carácter se endulza, sus
patas de gallo desaparecen, y comienza a estar preparada para reírse con los
chistes que usted publica de vez en cuando en esas páginas.
Si hay tanto ceño fruncido en el mundo, es
porque nadie ha sido lo bastante terco para combatir las eternas y a veces
ridículas causas de estos fruncimientos. Y eso es lo que yo me propongo
hablando del pimentón, de la patata y de tantas cosas que usted omite en su
carta malignamente. Me parece más humano curar a los amargados de su amargor,
que seguir su procedimiento, antihumorístico y brutal, de asfixiar al que gruñe
en el bolsillo de un personaje de Herreros.
Lo mismo que usted va al médico para que
le sane de un arrechucho hepático, su tía acude a mi para que yo libre a su
mundillo de los tiquismiquis que la encolerizan.
Personalmente, no comparto ni mucho menos
su asquerosita pretensión de que todos vivamos en un mundo fantástico, plagado
de ranas, gitanos y hormigas.
Gitanos -Hormiga - Rana
Si a usted no le gustan las patatas, ni el
queso, ni el pimentón, a mí, en cambio, me repugnan las ranas, los gitanos, y
no digamos las hormigas.
Soy menos cerebral que usted, y en lugar de pensar en la luna, que ya está tan vista, cojo mi estilográfica como una lanza y lucho por un mundo real más limpio, más bueno y más confortable. Ambiciono calles espaciosas, gentes sanas, aires puros, grifos con agua caliente de verdad y tranvías acogedores. planeo multitudes bien vestidas, contentas y respetuosas. Pienso niños bien educados, sin tizas que escriben palabras feas. Sueño con tiendas abarrotadas de cosas fresquísimas: de salmonetes sin espinas, de colonias, pomadas y cosas supérfluas que perfumen la vida. Yo combato para convertir la Tierra en una Jauja próspera y tranquila.poblada de hombres de grandes vientres y fácil sonrisa. Deseo buena calefacción; y ascensores infalibles; y vecinos que se saluden cordialmente de ventana a ventana; y buenos postres; y "Metros" holgados; y comerciantes honestos; y tabacos ricos... ¡Tantas cosas, señor Miura, de las que usted cuando escribe -solo cuando escribe- prescinde con tanta facilidad!
¿Cree usted que con estas críticas no voy a conseguir nada? Yo le aseguro que algo ya he conseguido. No mucho, lo reconozca; pero en los cincuenta años que calculo viviré todavía, espero lograr bastantes mejoras más. Incluso que los tranvías no sean tan repulsivos. Porque para reunirme con usted en su mundo lleno de ranas, gitanos y hormigas, siempre estoy a tiempo.
En cuanto a las lamentaciones por la suerte que LA CODORNIZ, su hija, ha corrido en mis manos, permítame una sonrisa irónica. los padres desnaturalizados pierden todo derecho a llorar por sus hijos. Temo no haber olvidado que, hace cosa de trinta meses, vendió usted su hijita al mejor postor, como una esclava, cuando se aburrió de alimentarla con los pájaros fritos y los caballos blancos de su ingenio.
Se parece usted mucho, querido suegro, a esos papás que casan a sus niñas por dinero y que luego, tarde ya, se lamentan de lo infelices que las pobrecitas son junto a sus yernos ricachos. Pero en este caso puede usted estar tranquilo: LA CODORNIZ y yo nos queremos mucho, nos llevamos muy bien, y tenemos cada día más amigos en todas partes.
Que usted lo pase bien en su nube irreal en compañía de sus poéticos bichitos. Yo me quedo aquí abajo con la barba de mi tío del brazo la hija que usted abandonó, luchando fanáticamente por el pimentón nuestro de cada día. Le saluda con todo respeto su jove yerno.
ALVARO DE LA IGLESIA
Living Doll
Cliff Richard



