No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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4/9/24

POETAS MUERTOS ---El Princpito

  



EL PRINCIPITO


"Un ser extraño, un ser excepcional y precioso, un Príncipe, un Príncipe bondadoso y distraído perdido entre nosotros"


XIV

    El quinto planeta era muy curioso. Era el más pequeño de todos. Apenas había sitio para que cupiera un farol y el farolero (Bien pudiera estar relacionado este farolero con un dato concreto de la vida de nuestro autor. Saint-Exupéry pasó su infancia en Saint Maurice de Rémens en una antigua casa señorial. Todas las tardes cuando empieza a oscurecer, el guardia rural, con su percha y su escalera, subía calle arriba para encender uno tras otro los faroles de petróleo.) El Principito no lograba explicarse para qué podrían servir en un lugar del cielo, en un planeta sin casas ni población, un farol y un farolero. Sin embargo, se dijo a sí mismo:
    <<Puede que ese hombre sea absurdo. Sin embargo es menos absurdo que el rey, el vanidoso, el hombre de negocios y el bebedor. Al menos, su trabajo tiene sentido. Cuando enciende el farol, es como si hiciera nacer una estrella más, o una flor. Cuando apaga el farol, duerme a la flor o a la estrella. Es una ocupación muy bonita. Es realmente útil porque es bonita.>>
  Cuando abordó el planeta, saludó respetuosamente al farolero:
   ---Buenos días. ¿Por qué acabas de apagar el farol?
      ---Es la consigna -respondió el farolero-. Buenos días.
       ---¿Qué es la consigna?
       ---Apagar el farol. Buenas noches.
       Y lo encendió otra vez
       ---¿Por qué acabas de encenderlo otra vez?

       ---Es la consigna -respondió el farolero.
       ---No entiendo -dijo el Principito.
      ---No hay nada que entender -dijo el farolero-. La consigna es la consigna. Buenos días.
<<Con esto el farolero lo dice todo. La consigna no se discute, se ejecuta. Convencido o no, hay que obedecer ciegamente a este orden estricto y no todas las consignas resultan precisamente "bonitas". Cabría relacionar la consigna de nuestro farolero con la que tenían que respetar los alemanes en suelo francés durante la guerra: " El soldado alemán disparaba d vez n cuando acordándose de la guerra. Le habían repetido machaconamente la consigna. "Tiene que disparar contra los aviones..." La consigna se mezclaba con los sueños. Y el soldado soltaba sus tres balas sin demasiada convicción...>> (Piloto de guerra)
    Y apagó su farol                                                                                          Luego se enjugó la frente con un pañuelo de cuadros rojos.
    ---Tengo un oficio terrible. Antes era razonable. Apagaba por la mañana y se encendía por la noche. Me quedaba el resto del día para descansar y el resto de la noche para dormir...
    ---¿Y desde aquella época cambió la consigna?                                   ---La consigna no cambió -dijo el farolero-. ¡Ahí está el drama! Año tras año, el planeta se puso a girar cada vez más deprisa ¡y la consigna no ha cambiado!
     ---¿Y qué? -dijo el Principito.
   ---Pues que hora, que da una vuelta por minuto, no tengo un segundo de descanso. ¡Enciendo y apago una vez por minuto!
     ---Esto sí que tiene gracia! ¡Para ti los días duran un minuto!
     ---No tiene ninguna gracia -dijo el farolero-. Ya llevamos un mes hablando,
      ---¿Un mes?
      ---Sí, treinta minutos. ¡Trinta días! Buenas noches.            
Y encendió otra vez el farol.
El Principito lo miró y se encariñó con aquel farolero que seguía tan fiel la consigna. Recordó las puestas de sol que él mismo iba a buscar antaño, corriendo su silla. Quiso ayudar a su amigo:
    ---¿Sabes?... Conozco un medio para que descanses cuando te apetezca...
    ---Siempre me apetece -dijo el farolero.                                                  Y es que uno puede ser  a la vez fiel y perezoso. El Principito prosiguió:
        ---Tu planeta es tan pequeño que de tres zancadas, le puedes dar la vuelta. No tienes más que andar bastante despacio para estar siempre al Sol. Cuando quieras descansar te pones a andar...Y el día durará todo lo que quieras.                                                              ---Con eso no adelanto gran cosa -dijo el farolero-, lo que me gusta n la vida es dormir.
    ---También es mala suerte -dijo el Principito.
   ---Sí que es mala suerte -dijo el farolero-. Buenos días.
    Y apagó su farol.
<<A este -se dijo el Principito, mientras proseguía más allá de su viaje- lo despreciarán todos los demás: el rey, el vanidoso, el bebedor, el hombre de negocios. Y sin embargo, él es el único que no me parece ridículo. Tal vez sea porque se ocupa de algo más que de sí mismo>>
     Suspiró con sentimiento y siguió diciéndose:                        <<Este es el único del que me hubiera podido hacer amigo. Pero su planeta realmente es demasiado pequeño. No hay sitio para dos...>>
    Lo que el Principito no se atrevía a confesar es que echaba de menos aquel bendito planeta, ¡sobre todo por las mil cuatrocientas cuarenta puestas de sol cada veinticuatro horas!










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