Hace 80 años:
Guadalajara, Marzo de 1937
¿Derrota o Empate?
Al amanecer del día 8 de marzo de 1937, un equivalente de
10 Grupos de Artillería, unas 120 piezas, de calibres que iban desde 65 mm,
para las piezas de acompañamiento, hasta 149 mm para las piezas de Artillería
en el escalón Cuerpo de Ejército,
abrieron fuego durante una media hora, sobre la línea defendida ligeramente por
la 12ª División del Ejército Popular
Republicano, que estaba mandada por el Coronel
de Ingenieros, y del Cuerpo de Mutilados, Víctor Lacalle, y contaba con poco
más de 10.000 hombres y tres Baterías de Artillería ligera. Las Fuerzas republicanas fueron
sorprendidas, a pesar de que habían detectado los movimientos de Tropas en la zona nacional. La
batalla de Guadalajara había
comenzado.
Escenario donde se desarrolló la batalla y situación de
las grandes Unidades que tomaron parte en ella.
Fue la 2ª División, Fiamme
Nere, del General Coppi, la que
rompió el frente, y comenzó a avanzar con rapidez, pero en la localidad de Almadrones encontró una resistencia
inesperada por parte de unos 400 hombres apoyados por un pelotón de 2 carros
rusos T-26, que les detuvieron e
impidieron tomar el pueblo durante unas horas, ralentizando la ofensiva, y
neutralizando o averiando varios carros
L3, y siendo necesario recurrir a emplazar una Batería de 65 mm para eliminar a los carros rusos con puntería directa.
Italianos
del CTV atrincherados entre Almadrones y Masegoso
Bajo unas condiciones
climatológicas terribles, y con temperaturas bajo cero, lluvia y nieve, tras un
cambio de tiempo que cogió por sorpresa a las Tropas italianas y nacionales, aunque estos temporales ocurren a veces en la mitad norte
de España cuando el invierno está
acabando, las Fuerzas italianas
lograron avanzar unos 20 kms en el territorio enemigo, a pesar de tener una
visibilidad, en algunos momentos, de sólo pocos metros. Sin embargo, debido a
estas condiciones, no pudieron contar con ningún apoyo aéreo. Ya al día
siguiente, 9 de marzo, siguieron su avance, ocupando Almadrones, pero de nuevo con escasa visibilidad para maniobrar, lo
cual permitió que las Fuerzas
republicanas tuvieran pocas bajas y se retiraran con cierto orden, no obstante
llegando ya a Brihuega, tras una
decidida y enérgica marcha nocturna de 15 kms, del 5º Regimiento italiano al
mando del Coronel Enrico Francisi, y
tomando el pueblo al amanecer. La ofensiva, sin embargo, no se desarrollaba a
la velocidad que se esperaba.
El 10 de marzo los italianos reanudaron su ataque, pero,
de nuevo el avance italiano era lento
debido al mal tiempo con lluvia y niebla, que dificultaba que los carros
ligeros y los vehículos de ruedas pudieran moverse y maniobrar con efecto decisivo
en el campo de batalla. Aquí se reveló ya que la movilidad italiana no era
tal, ya que tanto los pequeños carros de combate, como los camiones
experimentaban grandes dificultades fuera de caminos, especialmente con el
terreno tan enfangado como estaba a consecuencia de la lluvia continua que caía
desde el atardecer del día 7.
A pesar de ello, considerando que, en alguna forma, se
estaba teniendo éxito, el Mando italiano
adelantó la operación de paso de escalón, y la 3ª División, del General Nuvoloni, inició la marcha, en
dirección hacia Torija. La 2ª
División se dirigió hacia Brihuega,
y desde ahí, también hacia Torija.
En reserva quedaban la 1ª y la 4ª Divisiones. El día 11 de marzo marcó la línea
de máximo avance italiano.
Soldados
italianos del CTV durante la batalla de Guadalajara
La División
española Soria había conseguido llegar a Jadraque pero avanzaba lentamente también. En el Jarama, como cabía esperar y no
sorprenderse, nadie se había movido, aunque Roatta reclamaba insistentemente el esperado ataque nacional. Miaja, en esos momentos, entendió a la
perfección cual era el objetivo nacional,
y ordenó enviar todas las Fuerzas posibles a la zona de Torija-Brihuega, especialmente los carros de combate, de modo que ya el día 11 se encontraban en el
frente la 11ª Brigada Internacional (Hans
Kahle), la 12ª Internacional (Lukacs),
y la Brigada de Carros de Combate
que mandaba el General soviético Pavlov.
En Guadalajara se concentró además
la Brigada de Valentín González, “El
Campesino”, como Reserva. Para colmo, la Aviación republicana, desde aeródromos en la zona de Madrid, donde no llovía, comenzó a
atacar el despliegue italiano, y especialmente las carreteras en donde se
acumulaban los vehículos y los carros de combate, aprovechando que la Aviación nacional no actuaba. La
confusión que se originó fue tremenda.
Efectos
producidos por la Aviación republicana al CTV en la carretera de Guadalajara
El día 12, Roatta
decidió adelantar la 1ª División, y también la 4ª, la Littorio, relevando a las otras Divisiones, con lo cual empeñaba
las reservas y se podía decir que la ofensiva llegaba a su fin. Entre los días
12 al 17 de marzo, el CTV se mantuvo
a la defensiva y no realizó ya ningún movimiento, pero sorprendentemente no se
procedió a organizar el terreno ni a efectuar ningún trabajo de fortificación.
Por supuesto, en todo este tiempo la Aviación
nacional estuvo totalmente ausente y tampoco hubo ninguna otra acción. La División Soria se mantuvo en sus
posiciones y no realizó ninguna acción en beneficio de las Fuerzas italianas.
El mismo día 12, el Mando
republicano reorganizó sus Fuerzas que ahora ya alcanzaban la entidad de un
Cuerpo de Ejército, al mando de un
profesional, el Teniente Coronel Jurado,
gracias a las Unidades que se había podido retirar del frente del Jarama, dada la ausencia de actividad
nacional allí. Estas fuerzas eran la 12ª División, bajo el mando del comunista italiano Nino
Nanetti, que había sustituido al Coronel
Lacalle, la 11ª División, al mando de Enrique
Lister, también comunista, y la 14ª División, mandada por el anarquista Cipriano Mera, además de la Brigada de Carros de Combate de Pavlov,
y otros apoyos.
Nino Nanetti General
Dmitri Grigórievich Pávlov
Estas Fuerzas pasaron al contraataque, y aunque
inicialmente, el 13 de marzo, la División
Littorio aguantó en Trijueque el
empuje republicano, tuvo que replegarse finalmente, pero pudo hacerlo de manera
ordenada. Sin embargo la 3ª División había dejado prácticamente de existir, sus
restos retirándose precipitadamente, y con su General, Luigi Nuvoloni, cesado y enviado directamente de regreso a Italia desde el mismo frente. En Brihuega, el 14 de marzo, un Batallón
de la 1ª División, con un par de piezas de 65 mm, al mando del Comandante Montanari, resistió
heroicamente, en el Palacio de Ibarra,
el asalto de la 12ª Brigada
Internacional10 con
apoyo de carros de combate. Resultaría un sacrificio estéril; no hubo prisioneros. Todos los Soldados
italianos fueron asesinados o fusilados en el acto, incluido su Comandante.
Prisioneros italianos en Torija saliendo de un edificio
Las Fuerzas
republicanas con gran apoyo aéreo
y de carros de combate iniciaron una
contraofensiva el día 18 de marzo, pero esta vez las tropas italianas se
replegaron con cierto orden, siempre con la División Littorio protegiendo el repliegue, e incluso realizando
pequeños contraataques que retrasaban la progresión republicana. En numerosas
ocasiones el propio General Bergonzoli
dirigió personalmente el repliegue desde la posición más retrasada, siendo el
último en retirarse.
POLIKARPOV I-15
El Chato
Regimiento de carros soviéticos T-26,
recibidos por la República de la Unión Soviética
Las operaciones cesaron el 22 de marzo, y para el día 26
el CTV italiano había sido retirado
del frente. Los Generales Rossi y Coppi
fueron también cesados en el Mando y reenviados a Italia. Bergonzoli fue el único General que permanecería en España y que salvó el honor de las tropas italianas. Roatta continuó también durante un tiempo, aunque sería finalmente
sustituido por el General Ettore Bastico,
y el Coronel Faldella regresaría
también a Italia, siendo reemplazado
por el Coronel Gastone Gambara,
quien acabaría mandando el CTV y
llegaría a participar en la campaña de Cataluña.
Gambara estaría al Mando de las Tropas
italianas que desfilaron en Madrid
en mayo de 1939, en el gran desfile de
la Victoria que presidió el General
Franco.
Sorprendentemente, el Mando
republicano también cesó las operaciones el día 22, y se conformó con el
resultado obtenido, sin explotar el
éxito ni perseguir al enemigo que se replegaba. No consolidó su victoria ni
supo sacar partido de ella. Prácticamente las líneas del frente quedaron casi
como estaban antes del 8 de marzo.
La batalla de
Guadalajara había durado unas dos
semanas, y ciertamente había sido un fracaso del Bando nacional, pero no había sido ni el gran fracaso ni la gran
derrota de que presumía el Bando
republicano, ni de la que sigue presumiendo hoy todavía la izquierda. La Republica, quizás, había retrasado su
fin, e impedido que Madrid fuera
conquistado, pero nada más. Ni el Ejército
nacional había sido aniquilado ni se habían movido los frentes. Por el contrario el Ejército Popular había perdido una gran ocasión y no había sabido
aprovechar su éxito táctico.
El planeamiento del Mando
italiano había resultado ser superficial, hecho con apresuramiento, y
basado en una información incompleta. La ejecución de una Operación ofensiva
basada en la movilidad, como la había pensado el General Roatta, requería una superioridad aérea casi absoluta, Fuerzas
acorazadas y motorizadas muy capaces, y unas Tropas altamente instruidas y
motivadas. Nada de esto lo poseían los italianos, especialmente la superioridad
aérea, de la que carecieron durante toda la batalla debido al mal tiempo.
Además, las otras fuerzas del Ejército
nacional no cooperaron en la debida medida. Los carros de combate soviéticos, muy superiores a los italianos,
impidieron la actuación de las ligeras Fuerzas
acorazadas italianas, y obligaron a la Infantería a retirarse, pero, sin
embargo, no llegaron nunca a explotar su éxito.
Artillería republicana en la Batalla de Guadalajara
Una victoria italiana en Guadalajara hubiera beneficiado inmensamente a la ideología
fascista y, posiblemente, habría contribuido a cimentar un cierto liderazgo de Italia en el sur de Europa. La falta de información de que
adolecieron los italianos les llevó a no tener en cuenta o a ignorar la
presencia de nuevos refuerzos y material proporcionado por los soviéticos, a los republicanos en el
frente de Madrid. Del mismo modo,
ignoraron los pronósticos sobre el tiempo, quizás convencidos en su fuero
interno de que en España no podía
hacer frio ni menos nevar en el mes de marzo.
Avance
por la N-II. Un obús italiano remolcado por un tractor Pavesi Lt-31 (Bundesarchiv)
Guadalajara, sin embargo, proporcionó experiencias y lecciones interesantes,
pero no parece que el Estado Mayor
italiano las tomase muy en serio, de cara a lo que acontecería
posteriormente en la Segunda Guerra
Mundial. En una valoración11 de los combates ocurridos en Guadalajara, por el Coronel italiano Carlos Rivolta, que
mandó las Unidades de carros en esa ocasión, se puede leer: “En Guadalajara,
una División móvil del Ejército Italiano
ha llevado a cabo una operación mecanizada; ha resultado bloqueada por la Infantería
enemiga desde posiciones defensivas, ha sido puesta fuera de combate por
ataques desde el aire, y consiguientemente, aniquilada mediante ataques de
carros enemigos con apoyo de Infantería” lo que en Italia se entendió como que “Fuerzas
acorazadas actuando de forma independiente no podrían sobrevivir en el campo de
batalla moderno, y que la tecnología de medios contracarro disponible era
superior a la de los carros de combate en servicio, a pesar de lo cual carros
de combate actuando con apoyo de Infantería podían superar y derrotar a una
fuerza exclusivamente mecanizada”. Rivolta,
en cualquier caso, fue también uno de los Oficiales cesados y reenviados a Italia, tras la batalla.
Guadalajara puede, y debe, ser
considerada como la primera Operación de Fuerzas mecanizadas o acorazadas de
cierta entidad de relieve, que tuvo lugar en un campo de batalla. Los primeros encuentros o combates entre carros que se
sucedieron en el otoño-invierno de 1936, en torno a Madrid, fueron encuentros casuales en los que los carros actuaban
en exclusiva como un apoyo más de la Infantería. Pero, en Guadalajara las cosas resultaron diferentes. Hubo intentos de
presentar Guadalajara como un ensayo
fracasado de la guerra mecanizada, y una exposición de sus defectos más sobresalientes
pero, aun así, hay que tener en cuenta que la masa de Fuerzas empleadas era
exclusivamente Infantería, en ambos Bandos,
que, en algunos casos, era simplemente transportada en camiones, y debía
desmontar de los mismos para atacar al adversario o desplegar. Resulta más
apropiado hablar, por lo tanto, de Infantería motorizada, cuyos vehículos, en
cualquier caso, no eran ni siquiera aptos para el movimiento campo a través, ni
eran todo terreno en absoluto.
Aún se tardaría un tiempo en demostrar que la valoración
hecha por los italianos en Guadalajara
estaba equivocada, como demostrarían los alemanes, pero, en 1937 no muchos se
atrevieron a refutarla. La realidad era
que el carro italiano L3 CV33/35 era
muy inferior al soviético T-26, y que la movilidad de los vehículos de
ruedas era muy reducida en condiciones de lluvia copiosa o nieve, a lo que
había que añadir la falta de experiencia de los conductores, tanto de los
carros como de los camiones.
Avance
italiano hacía Guadalajara llevado a cabo con carros CV L-3, muy inferiores a
los carros T-26 rusos del Ejército republicano
Los combates en torno a Madrid durante el invierno de 1936 habían probado claramente la
inferioridad del material italiano. Tras Guadalajara,
los carros L3 se limitarían a realizar maniobras secundarias o a fijar por el fuego
de sus ametralladoras a aquellos carros republicanos que estuvieran averiados o
detenidos, pero sin atacarlos directamente, y en numerosas ocasiones se les
agregarían cañones contracarro para facilitar su defensa contra los medios
soviéticos. El carro italiano era mucho más ágil y veloz que el T-26, pero había que saber sacar
provecho de estas cualidades. Guadalajara,
si acaso, fue un claro ejemplo de cómo no se debían usar los carros de combate,
pero no parece que los italianos tomasen buena nota de ello. El Coronel Rivolta, no obstante, escribió12:
“Nuestros carros no son buenos para
romper el frente. Su eficacia depende de la velocidad, de su empleo en masa, y
de que actúen con apoyo próximo de la Infantería”.
En Guadalajara
se puso de manifiesto que, en algunos casos y dado el sentimiento de
inferioridad que se apoderó de los italianos, las tripulaciones de los carros L3 llegaron a desmontar, y a
abandonar sus carros, colocándolos a modo de barricada en los cruces de
caminos, con el único efecto de que los republicanos los destruían con fuego de
cañón. En otras ocasiones también, los pequeños carros L3 se utilizaron como vehículos de municionamiento, llevando
municiones a la línea defensiva establecida por la Infantería italiana.
Pero, entre los principales defectos observados -siempre
según el Coronel Carlo Rivolta-,
destacó la ausencia previa de Bases de Partida
para los carros antes del ataque, así como la carencia de zonas designadas
para el reabastecimiento de combustible, y para las operaciones de
mantenimiento y recuperación que fueran necesarias, aspectos todos ellos que
complicaron excesivamente la tarea de los Jefes
de carro.
Un problema táctico que se suscitó igualmente fue que los Jefes de los Batallones o Brigadas a
los que se agregaban los carros, decidían su empleo casi desde los momentos
iniciales. Dado que el radio de acción de éstos no llegaba mucho más allá
de los 150 kms, y mucho menos por todo terreno, se reducían apreciablemente sus
posibilidades de empleo. El Coronel
Rivolta afirmó en su informe citado que estos errores se daban porque “los mandos de Infantería no tuvieron
en cuenta ninguna de las reglas ni procedimientos de empleo de los carros de
combate que fijaban los manuales de campaña del Ejército italiano”. Además
de estos defectos, debidos a falta de experiencia esencialmente, fue común que
los carros quedaran bloqueando los caminos y carreteras, y que no cooperaran
adecuadamente a nivel Sección o Compañía, no
desplegando con las debidas distancias entre carros.
La casi total carencia práctica de armas contracarro eficaces entre las Unidades italianas empeoró la
situación. Aunque el CTV disponía de
un excelente cañón contracarro, el M-35
de 47 mm denominado “Elefantino”,
no se contaba en Guadalajara con
suficientes unidades -parece ser que
solamente un Sección-, y hubo que recurrir a utilizar, en la medida de lo
posible, las piezas de acompañamiento de Artillería de 65 mm.
La Infantería italiana cerca de Trijueque
No obstante, llegados al establecimiento y cálculo de
bajas y pérdidas, las bajas reales italianas no superaron los 1.400 muertos,
4.500 heridos y 500 desaparecidos, 300 de ellos probablemente hechos
prisioneros por los republicanos. Ello supuso no obstante, que dos Divisiones italianas fueran
declaradas fuera de combate y que debieran ser sustituidas por nuevas Tropas
enviadas desde Italia. Por otra
parte, el total de carros Fiat L3
perdidos fue de 19 carros solamente, ciertamente una cifra alta sobre el total
de 80 carros empleados, pero no significó una pérdida catastrófica, y algunos
de ellos pudieron ser recuperados y reparados posteriormente13,
ya que solamente 9 fueron declarados como “siniestro
total”. La División Soria, de
Moscardó, tuvo bajas insignificantes.
El frente nacional había
experimentado, a pesar de todo, una
ganancia media de 12 kms. Ante estas estas cifras cabe preguntarse si Guadalajara fue realmente la tremenda derrota
de la que siempre alardea la izquierda.
Las pérdidas
republicanas fueron algo mayores, pero similares. Cerca de 2.000 muertos,
4.000 heridos y 400 prisioneros. Sus pérdidas de carros fueron moderadas, solo
8 carros T-26 fuera de combate, de
los cuales, cinco de ellos capturados por el Bando nacional, pero cuando se detuvieron las Operaciones, el 22 de
marzo, de los 72 carros empeñados en las operaciones por el General Pavlov, solo 9 estaban
operativos, debido a averías o a la acción de la Artillería italiana, motivo
real, sin duda, por el cual los
republicanos se detuvieron y no
llevaron a cabo ninguna explotación del éxito. Claro está que este detalle
no lo sabían los nacionales, que
podrían haber llevado a cabo una contraofensiva en su caso.
Carros T-26 a su paso por Trijueque
Los republicanos habían recibido una gran infusión de material a fines de
febrero de 1937, casi 100 carros T-26
nuevos directamente desde Rusia, y
resulta curioso que este hecho no hubiera sido tenido en cuenta por el Mando italiano. El éxito republicano fue debido, sin duda, a la presencia de los
carros soviéticos, pero las pérdidas globales de éstos, acumuladas tras Guadalajara supusieron casi un 40% del
total disponible. En realidad, había resultado una victoria pírrica para la República.
Ciertamente, Guadalajara
había sido una derrota para el Bando
nacional, y un golpe severo para el prestigio italiano, pero los republicanos habían conseguido poco,
aparte de impedir la conquista de Madrid.
Su consecuencia más significativa fue que Franco
decidió no tomar Madrid, aunque
volvería a considerarlo en 1938 pero sin consecuencias, probablemente debido a la acción republicana en el Ebro. Madrid, en cualquier caso, permaneció en manos republicanas hasta
el fin de la guerra en abril de 1939.
Los soviéticos no aprendieron mucho en Guadalajara -siempre se ha
dicho que solo se aprende con la derrota-, pero quien definitivamente no
aprendió nada fue el Ejército nacional.
En el Cuartel General de Franco, en Salamanca todavía, se consideraba que había
sido un combate entre dos Infanterías, en la que la republicana, como no podía
ser menos por considerarla española también, había sido mejor que la Infantería
italiana.
Ayuntamiento
de Trijueque después de ser bombardeado. Batalla de Guadalajara
Los 1.400 muertos italianos en Guadalajara no murieron por cobardía, o por falta de combatividad.
Murieron porque sus mandos no supieron dirigirles y porque el Ejército nacional actuó con una
pasividad culpable, cuando menos. La ausencia absoluta de la Aviación nacional durante toda la
batalla, no de la italiana que no pudo operar debido al mal tiempo, es difícil
de justificar. El que poco más de una semana después de acabadas las
operaciones en Guadalajara, el Ejército nacional emprendiese la
ofensiva en el norte, prueba que sí tenía capacidad operativa para emprender
acciones de gran repercusión, y que la había estado planeando desde hacía ya algún
tiempo. Algo podía haber hecho, sin duda, en apoyo de la ofensiva italiana.
Capitán Oreste
Fortuna
En Guadalajara
resultaría gravemente herido el Capitán
Oreste Fortuna, que había sido uno de los primeros Oficiales italianos que llegó a España, en el verano de 1936, y que mandó la primera Compañía de carros L3 que se creó, la famosa compañía de
carros “Navalcarnero”. Encuadrado en
la División Littorio, el Capitán Fortuna fue herido dos veces en
la defensa de Trijueque, negándose a
ser evacuado y dirigiendo la maniobra de su Unidad de carros, hasta que el
ataque enemigo pudo ser contenido. Repatriado a Italia, para ser curado de sus heridas, fue condecorado con la Medalla de Oro al Valor italiana. Ascendería
a Teniente General, falleciendo en plena calle en Roma, de un infarto, ya mucho después de la Guerra Mundial.
Tras Guadalajara
el CTV fue reorganizado y renovado
por completo. Casi 3.000 hombres, incluyendo los Generales citados menos Bergonzoli, fueron repatriados a Italia. El Coronel Carlo Rivolta también, a pesar de que no tuvo
responsabilidad directa en casi nada, y poco podían hacer sus carros ligeros contra los T-26 soviéticos. En Italia ascendería, más tarde, a General,
llegando a mandar la 53ª División de Infantería de Montaña “Arezzo”, que combatió en los frentes de Albania, Grecia y Yugoslavia,
entre 1942 y 1943. Esta División fue disuelta en septiembre de 1943, y su General,
Carlo Rivolta, desapareció sin dejar
rastro. Sería sustituido en España, en abril de 1937, por el Coronel Valentino Babini, que era un
verdadero carrista y supo emplear
los medios acorazados italianos
mucho mejor, a pesar de su inferioridad.
Babini está considerado como uno de los fundadores del Arma acorazada italiana, y permaneció
con el CTV, en España, hasta junio de 1939, momento en que regresó a Italia, para hacerse cargo del Mando de
una División y partir hacia África del
Norte. Tomó parte muy activa en la Campaña
del Norte, y en particular en la toma de Bilbao, y en la conquista del Puerto
del Escudo, en Santander. Se
distinguió especialmente en los combates en el frente de Aragón, y en la penetración que llegó hasta el mar, en Vinaroz, dividiendo en dos a la zona
republicana. Igualmente participó en la ofensiva de Cataluña, pero esta vez al mando de la División “Flechas Negras” (“Frecce Nere”), ascendiendo a General de Brigade en febrero de 1939.
En junio de 1940 tomó el Mando de todas las Fuerzas acorazadas italianas en África -7 Batallones de L3, todavía, y 2 Batallones de nuevos
carros M-11/39 Ansaldo-,
constituyendo lo que se llamó “Brigada
Acorazada Especial Babini”. No obstante, en la ofensiva británica “Operación Compass”, de noviembre de
1940, esta Brigada fue aniquilada y Babini
fue hecho prisionero, no regresando a Italia
hasta 1946. En 1949 reingresó en el nuevo Ejército italiano, con el grado de
General de División, tomando el mando de la 28ª División de Infantería “Aosta”.
Carro Medio FIAT-Ansaldo M11-39
En abril de 1937, tras visitar el frente, el General
británico J.F.C. Fuller publicó una
carta en el Times de Londres, en la
que decía, entre otras cosas: “…en lo que
se refiere al empleo táctico de los carros no he visto nada. Los carros se
emplean, por ambos bandos, bien de forma aislada, o distribuidos en frentes muy
amplios. El mayor número de carros empleado en un solo ataque ha sido de 15
carros, según me han informado. Por lo tanto, en España no se puede decir que haya habido combates entre unidades
mecanizadas”.
En Brunete, y
quizás en el frente de Aragón, las
cosas cambiaron un poco, aunque no demasiado. Y, efectivamente, las operaciones
con carros durante la Guerra Civil
no fueron bien realizadas casi nunca. Quizás la única batalla en la que el
empleo de los carros fue decisivo fue Guadalajara,
pero el Mando nacional no supo
verlo. Se achacó la derrota a la incapacidad italiana y tan contentos. Los
italianos tampoco aprendieron, o ignoraron, las lecciones. La victoria final en
1939 borró todos los vestigios de Guadalajara.
En La Alcarria
quedaron 1.400 cuerpos de jóvenes
italianos que dieron su vida por un ideal, junto con 2.000 republicanos, por el mismo motivo. Grandeza y servidumbre
de las armas.
Antonio
J. Candil Muñoz
10 Esta brigada contaba incluso con un batallón de
voluntarios italianos, también, pero comunistas: el Batallón “Garibaldi”.
11 Coronel Carlo Rivolta –al mando del batallón de
carros del CTV (Raggruppamento Reparti Specializzati/RRS)—
en su informe
escrito el 31 de marzo de 1937, a sus superiores. (Archivos del Ejército
italiano, SME, Roma).
12
Carristi italiani in Spagna: l'occasione mancata, 31 de marzo de 1937, por
Emanuele Cattarossi.
13 Italia acabaría enviando a España un total de 155
carros Fiat L3, de los que aproximadamente 70 sobrevivieron a la campaña, y
pasaron a formar parte del nuevo Ejército español, en 1939, manteniéndose en
servicio hasta principios de los años 1950.


















