LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
¡AQUELLAS CUPLETISTAS DE ANTES!
La mejor época de la cupletista era cuando las cupletistas recorrían los cafés de Madrid, acompañadas por un señor que se llamaba don Antonio y por una madre que se llamaba don Antonio. Entonces la misión de las cupletistas era ir a los Burgaleses con un abrigo de "petit-gris" puesto encima del cuerpo para que las vieran los estudiantes de Medicina que venían de provincias a eso. - Me voy a Madrid a eso decían los estudiantes de Medicina de provincias, pidiéndoles dinero a sus padres. - ¡Eso es una escusa ! -decían los padres llorando-. Tú a lo que vas es a estudiar medicina para perder el tiempo. - No, papá. Te juro que solo voy a ver a las cupletistas esas que llevan un abrigo de "petit-gris" encima del cuerpo insistía el estudiante extendiendo un certificado. -¡Ay! ¡Si tu padre levantara la cabeza!... -exclamaba el padre, que siempre decía esto porque hacía muy bonito. Las cupletistas algunas veces salían en el teatro de cupletistas, sin don Antonio, y cantaban unas canciones muy bonitas, que se llamaban "La cigarrera". El público se sabía estas canciones de memoria por oírselas cantar a sus criadas, pero les gustaba mucho más oírselas a las cupletistas, que no hacían tanto ruido de platos. Al final de cada canción la cupletista enseñaba un pedazo de tobillo envuelto en un pedazo de bota, y esto hacía rugir a los espectadores - ¡Qué pedazo de tobillo, Dios mío! -gritaban los espectadores, subiéndose por las columnas de los palcos y saludando a sus amigos. - Pues tiene dos -comentaban los íntimos de la cupletista presumiendo de eso-. - ¡Qué suerte tiene don Antonio - suspiraban los más modestos-. ¡Si yo tuviera los tobillos así!... Muchos hombres a causa de lo del tobillo, se mataban por las cupletistas pegándose un tiro en la nuca. A ellas les gustaba mucho esto y procuraban fomentarlo: "¿A que no se pega usted un tiro en la nuca?" Generalmente era necesario que los suicidas fueran estudiantes de Medicina para suicidarse, pues son los únicos que saben donde está la nuca esa. Las cupletistas, después que los estudiantes de Medicina se habían pegado un tiro en el sitio ese se iban a Los Burgaleses a contárselo al camarero que, lleno de admiración, les servía más patatas que de costumbre. Entonces la noticia corría de mesa en mesa como un escalofrío: "Un estudiante de medicina se ha pegado un tiro en la nuca por la cupletista... " "Se ha pegado un tiro en la nuca..." "En la nuca..." "Nuca..." "Nuca". Algunos clientes, obsesionados por esta palabra, se equivocaban y pedían un café con "nuca"; otros pedían "nucas" solas. Y mientras tanto, la cupletista, acompañada pr don Antonio y por la madre, que no se llamaba don Antonio, se comía un filete de ternera con patatas como si fuera una reina.
TONO
MON AMOUR
Zoilo y Aitana

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