“LA LEGIÓN DESNUDA”
Crónica emocionada, de una gran novela
narrativa de los tiempos fundacionales de la Legión Española
INTRODUCCIÓN.-
En Marzo de 1955, veía la luz, expuesta en los escaparates y anaqueles
de las librerías de España, una magistral novela titulada “LA LEGIÓN DESNUDA”, editada por Luis de Caralt y escrita por
Antonio Maciá Serrano, un Comandante de Infantería, a la par que distinguido
escritor, eximio poeta y culto y ameno conferenciante. El autor, en las páginas
de su novela, demostraba a la perfección conocer muy bien el historial de la
Legión, de sus inquietos y agitados
tiempos fundacionales, de sus controvertidos
personajes y sobre todo la mística y la
liturgia de tan esclarecida Fuerza de Choque.
Maciá, que había tenido el honor de vestir el uniforme gris verdoso de
La Legión, como oficial distinguido y tanto en paz como en campaña, adornaba la
manga izquierda de su uniforme con una impresionante “Escalera de Color”
formada por cinco dorados ángulos, que venían a representar otras tantas
heridas graves en “acción de guerra”. En cuanto a su obra “La Legión Desnuda”,
en la solapa de la contraportada, el editor, en unas muy bien trazadas frases,
ya orienta al lector de lo que va a encontrar
en cuanto inicie la lectura de la misma, cuando les dice: “Las
gestas heroicas de La Legión, su contribución a la creación de un modo de vivir
y morir reciamente español y su leyenda de servicio y sacrificio, necesitaban
que fuese un gran escritor quien abordase el
difícil empeño de trasladar tan brillantes características a las páginas
de una novela. Esto es lo que ha hecho Antonio Maciá Serrano, en esta obra por
tantos conceptos admirables, que hoy ofrecemos a los lectores de lengua española.
El autor, no sólo es un excelente narrador y magnífico poeta sino que ha vivido
intensamente la experiencia legionaria. Ello confiere a “La Legión Desnuda”, no
sólo una alta calidad literaria sino que la impregna de la emoción de lo
vivido, dotando todas y cada una de sus páginas de un excepcional valor humano.
El abigarrado ambiente del Tercio en la época de su fundación, la
extraordinaria variación de seres, que bajo sus banderas buscaron olvidar las
amarguras o desaciertos de una vida anterior o crearse un heroico destino, la
crueldad de la Guerra de África, la hermandad de unos seres ante la muerte,
están magistralmente descritos en la obra. Puede sin temor decirse que
finalmente La Legión ha hallado una novela digna de ella”.
A trazar,
siquiera sea en forma breve y esquemática, la línea argumental de “La Legión
Desnuda”, previa una pequeña semblanza biográfica de su autor Don Antonio Maciá
Serrano, van dedicadas las siguientes líneas.
BREVE SEMBLANZA BIOGÁFICA DEL GENERAL
MACIÁ SERRANO.-
Antonio Maciá
Serrano, nace en Elche (Alicante) el 11 de Diciembre de 1910. Estudia el
Bachillerato en Letras, y a los 18 años, el 16 de Septiembre de 1929, consigue
plaza de caballero cadete en la Academia General Militar de Zaragoza, formando
parte de la 2ª Promoción, de esta su segunda época del prestigioso Centro
Militar Docente. Durante sus estudios como cadete se produce la proclamación en
España de la II República (Abril de 1931), cuyo Ministro de la Guerra Don
Manuel Azaña Díaz, decreta el cierre de la Academia de Zaragoza, a la par que
reagrupa en el Alcázar de Toledo a las Academias de Infantería, Caballería e
Intendencia. El 15 de julio de 1933, recibe Don Antonio Macía Serrano su
despacho de teniente de Infantería en el patio de la inmortal fortaleza
toledana, siendo su primer destino el Regimiento de Infantería “VALLADOLID” Nº
20, de guarnición en la plaza de Huesca. En esta población altoaragonesa le
sorprende el inicio de la Guerra Civil (Julio de 1936) en la que toma parte,
siéndole concedido el empleo de capitán con antigüedad de 20 de marzo de 1937.
Con el empleo de capitán combate al mando de tropas legionarias, demostrando un
gran valor y heroísmo, siendo herido de gravedad en cinco ocasiones y
recompensado con la Medalla de Sufrimientos por la Patria, con cinco dorados
pasadores insertos sobre la misma. En 1944 asciende a Comandante y presta
servicio, entre otros, en el Regimiento de Infantería “LEÓN” Nº 38, de
guarnición en Madrid. En 1957 asciende a teniente coronel y pasa a ejercer el
cargo de Ayudante del Excmo. Sr. Teniente general Delgado Serrano. Coronel de
Infantería en 1965, pasando a mandar el Regimiento del Arma “GUADALAJARA” Nº
20, de guarnición en Paterna (Valencia). En varios de los destinos anteriores
prestó también servicio en los Tercios I y II de La Legión. En 1970 es promovido al empleo de general de
brigada y nombrado Subinspector de La Legión, relevando al general Don Julio de
la Torre Galán, cargo que desempeña hasta el 11 de Diciembre de 1972 en que
pasa al “Grupo de Destino de Arma o Cuerpo” (2º Grupo) por haber cumplido la
edad reglamentaria.
En una mañana
septembrina de ese mismo año 1972 y en el impresionante “Patio de Armas” del
Acuartelamiento ceutí de “García Aldave”, el autor de las presentes y
emocionadas líneas, a la sazón teniente de Complemento de Infantería, tuvo el
honor de estrechar su mano al hacerme entrega del Nombramiento de “Legionario de Honor” que por su
iniciativa y valiosa propuesta me había sido concedido. Y ya no volví a ver al general Maciá Serrano
hasta casi una década más tarde, en que acudió a Toledo a dar una conferencia,
y encontrándome yo en esa época destinado como Capitán Profesor de la Academia
de Infantería, acudí a la misma, felicitando a su final muy cordialmente al
general por la brillantez de su exposición.
No me enteré de su fallecimiento; sí me consta que sus restos descansan
en el cementerio de Elche, y que todos los años, cada Martes Santo por la tarde,
los caballeros legionarios desplazados a Elche para dar escolta al Stmo. Cristo
de “El Perdón”, en su estación de penitencia por las calles de la ciudad,
acuden al cementerio ilicitano para rezar una oración y depositar un corona de
flores ante la tumba de quien fue su General Subinspector: Excmo. Sr. Don
Antonio Maciá Serrano, mientras que un cornetín de órdenes deja oír, lento,
parsimonioso y sublime el toque de Oración.
En cuanto a
su fértil actividad como afamado
escritor y poeta, ya antes de la publicación de su “Legión Desnuda” en
1955, Maciá Serrano tenía publicadas varias obras entre las que destacan: “Superación”
(1938), “Romancero Legionario” (1940), “Sin pies ni cabeza”
(1942), “Solfa del Oso y del Madroño” (1944), “Las Novelas de la Calahorra”
(1946), Primera Antología (1946), “Ciclo
Nacional de Conferencias a la Tropa” (1946) (Declarado de utilidad en
los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire) y “ Por encima de las estrellas”
(1952), entre otras. Estaba en posesión de los Premios: “EJÉRCITO”, “Virgen del Carmen”, “África “y “ Dátil d`Or”.
“LA LEGIÓN DESNUDA”.- SÍNTESIS
ESQUEMÁTICA DE UNA GRAN NOVELA DESCRIPTIVA DE LOS TIEMPOS FUNDACIONALES DE LA
LEGIÓN ESPAÑOLA.-
La primera
edición de “La Legión Desnuda” vio la luz, como he reflejado al principio, en
Barcelona, en Marzo de 1955. Su autor: Antonio Maciá Serrano la dedica a la
memoria del general Millán-Astray “Coronel creador de la realidad sublime y
eterna de la Legión, que quiso, supo y pudo cambiar un veleidoso tiempo español
por otros de arrebatado heroísmo”.
La obra, la
divide Maciá en tres partes tituladas “RETABLOS DE LA CREACIÓN”, LA LEGIÓN EN
MARCHA” Y “SIN PUNTO FINAL”, integradas a su vez por doce capítulos (cuatro por
cada una de ellas), tantos como los “Espíritus” que conforman “El Credo
Legionario”, base espiritual de la Legión, médula y nervio, alma y rito de
ella. “Espíritus”, que en tipografía destacada encabezan cada uno de los doce
artículos que integran la misma. En un
“prefacio” previo a la primera parte y al comienzo de la novela, Maciá Serrano
se encarga de advertir a los lectores que “Todos los personajes de este relato
son ciertos. El autor tan sólo se ha limitado a contarlo cambiando algún nombre
y alterando lo menos posible la forma en que se realizaron los hechos”.
Y pasemos ya
a describir la novela en sí. Su lectura es a todas luces emocionante. Para los
amantes de la historia de la Legión, la bella y pulcra narrativa de Maciá nos
transporta a un oasis de verdadera delicia. Por las páginas de “La Legión
Desnuda” van desfilando (nunca mejor dicho) y conducidos por la hábil pluma de
Maciá, toda una serie de personajes de tan distintas razas, nacionalidades,
lenguas y culturas que forman un amalgama fusionada tan sólo en el crisol
incólume de la Legión. De la pléyade de personajes con los que el lector se va
encontrar al deleitarse en la lectura de sus páginas, tan sólo citaré a algunos
(dadas las limitaciones de espacio de este artículo) que por uno u otro motivo
más me han llamado la atención. Tipos
tan curiosos como el legionario Tarok, un rumano que, según él lo perseguían
los servicios secretos de medio mundo. Decía que su verdadero nombre era
Baulewits, pero que tuvo que cambiárselo para borrar lo de Sarajevo, dando a
entender que el fue la “cabeza pensante” en el magnicidio. Aseguraba también,
que él fue el que construyo los fuertes de los Dardanelos, y que entonces se
hacía llamar Bonissa y que se salvó de milagro cuando lo de Rumanía ( no nos
aclara lo que le pasó en Rumanía) cuando se llamaba Milkowitchs. Afirmaba
también en su gran mente calenturienta, que había hecho un viaje al Japón y
luego, en una apartada isla de Oceanía, quisieron erigirle en rey. Gran tipo este Tarok, pero como legionario
ninguno le ganaba en valentía y amor al Cuerpo. Otro tipo curioso por la broma
que gastó a los que le cuidaban antes de morir, fue un legionario cubano que
encontrándose en trance de muerte ( la herida producida en combate era mortal
de necesidad), desde su cama del hospital militar, llamó a los médicos, a las
monjitas que le cuidaban, a los enfermeros y practicantes etc. y una vez en su
presencia moribunda les dijo , que era un rico hacendado de la Habana que había
ingresado en el Tercio con nombre supuesto, pero que su verdadero nombre era
Don Fausto Yancubé Gonzalvo, que tenía muchas fincas en La Habana y gran
cantidad de dinero en el banco Hispano Marroquí. “ A Vd. Sr. Doctor le dejo
medio millón de pesetas, a Vd. Sor( una de las monjitas que con más cariño lo
cuidaba) otro medio millón, a vosotros practicantes, enfermeros y enfermeras,
cien mil pesetas a cada uno. El resto de mi dinero y mis fincas para la Cruz
Roja. Oídlo todos porque así quiero que se cumpla mi voluntad”. Una vez
fallecido y hechas las oportunas averiguaciones, quedó muy claro que no tenía
ninguna finca en La Habana, ni una sola peseta en banco alguno. Curiosa broma
la que les gastó el legionario “Don Fausto” a sus cuidadores en su trance de
muerte, redimida porque lo que le llevó al sepulcro no fue una gripe mal
curada, ni una tisis “galopante”, sino una bala rifeña en el ataque a una
posición, en la que a buen seguro, habría demostrado un gran valor y coraje en
los momentos claves del asalto.
Personajes
como los que acabo de reseñar y junto a
ellos otros como “El Arditi”, Dramisnki, Piqueras, Cifuentes, El Pastor, El
Chartre, José Solano Sánchez “El Señorito”, Fernández Blázquez, un colombiano
culto y refinado, que enseñó al cabo Martín Peña a escribir…con ortografía y
todo (1); Fernando de Sande, un
novicio escapado del convento que se alista al Tercio para cumplir una promesa,
que como legionario se comporta con un valor y arrojo a toda prueba, al que
hay poco que menos que obligar a que
acepte ser ascendido a cabo por “méritos de guerra” y que cuenta los días que
le faltan para cumplir su compromiso y volverse a su convento; o Juan Zunueta,
personaje principal de la novela. Un joven de familia modesta que se alista al
Tercio en los primeros días fundacionales y que a base de entrega, estudio,
heroísmo y sobre todo un valor a toda prueba, va escalando, peldaño a peldaño
el riguroso escalafón legionario, hasta llegar a colocarse en la bocamanga de
su guerrera las tres preciadas estrellas de seis puntas, que lo acreditan como
“Capitán de Legionarios”. Todos los citados, y muchos más que no he podido
reflejar en este artículo, con sus defectos, muchos, y también con alguna que
otra virtud, forman un mosaico variopinto, a los que Maciá sabe dar su puesto y
lugar en su novela, reiterando en forma clara y concisa el ideal común que les
unía a todos ellos: El Servicio a la Legión y su entrega incondicional y sin
fisuras a España.
Y qué decir
de las “mujeres legionarias”, aquellas a las que el Fundador Millán-Astray
llamaba “Mis Pobrecillas legionarias”, Maciá Serrano se detiene en las páginas
de su novela, demostrándoles su cariño y dando a las mismas el realce y el
sitio que les corresponde. “Legionarias” como: La “Huelvana”, La “Vicenta”, La
“Cuerpobueno”, María la Churra, con sus tres niños: “El Churra”,” El Churrita”
y la “Carmelilla”, enriquecen también las páginas de la obra por su desinterés
y gran amor a la Legión.
En cuanto a
la parte épica de la novela, aquella que trata con singular alarde de fortaleza
y amor patrio, las hazañas guerreras de
La Legión desde su Fundación en 1920, hasta el “Desembarco de Alhucemas”
y la consiguiente y anhelada Paz de la ya larguísima Campaña de Marruecos, que
tanta sangre y desolación causó en millares de hogares españoles, Maciá Serrano
, con su gran estilo literario y ajustándose a la realidad de los hechos
heroicos constatados, llevados a cabo por La Legión, los describe en forma magistral en las muy reconocidas páginas de su obra.
Por dichas páginas pasan como un virtual
caleidoscopio que nos viene a llevar al día en que tuvieron lugar y al
escenario bélico y agreste en que se dasarrollaron . Acciones y hechos de armas
de tan claro recuerdo en los anales de La Legión como: El Socorro a Melilla, El
Blocao de la Muerte, Ras Tikermín, Uisán, Tazarut, Tizzi-Assa, Sidi Mesaud,
Koba Darsa, Tafersit, Dar Akobba, Xeruta etc. hasta culminar en el desembarco
de Alhucemas. Nos dice Maciá “ El día 8 de Septiembre de 1925, más de
quinientos cañones vomitaban su fuego y estruendo y la aviación dejaba caer el
suyo cuando el sol de Alhucemas aún no había levantado el amanecer”- La Legión
da el grito de ¡adelante! y este grito de muerte recorrió todas las banderas,
las de la Zona Oriental y la Occidental, todo Marruecos. Y un nuevo ánimo ya fulgurado en los velos de
la muerte ensombrecía la faz heroica del Tercio y sus legionarios”. Finalizada
la Campaña y con el Tratado de Paz (10 de Julio de 1927) la Legión enterró a
sus muertos, replegó sus guiones, hechos jirones por la gloria acumulada sobre
sus invictos tafetanes y se replegó a sus acuartelamientos principales en ambas
Zonas del Protectorado: Tahuima, en la Oriental y Dar-Riffien en la Occidental,
para continuar su permanente vela de armas de afán y servicio a España.
En resumen y
como colofón “LA LEGIÓN DESNUDA” de Antonio Maciá Serrano, es, como he venido
reiterando a lo largo de las líneas precedentes, una gran novela histórica de
la primitiva Legión, escrita, con una gran belleza literaria y con un gran
rigor documental e histórico, tan sólo posible en alguien que llevó con honor
la franciscana camisa legionaria y supo imbuirse de la historia y la liturgia
que avalan a tan esclarecida Fuerza de Choque. (2)
NOTAS
1.
La anécdota que refleja Maciá en su obra es auténtica,
lo único que hace es cambiar el nombre a Fernández Blázquez, toda vez que el
legionario colombiano que enseña a escribir, con ortografía y todo, al cabo
Martín Peña se llamaba Luis María Crespo de Guzmán, joven colombiano de buena
familia, que había estudiado Derecho en la Universidad de Popayán, y que se
alista al Tercio con el nombre supuesto de Carlos Angulo Rebolledo. Crespo de
Guzmán llegaría a Capitán Legionario, con cuyo empleo y al frente de su
Compañía falleció en una acción heroica
al inicio de nuestra Guerra Civil. Creado el empleo de Comandante Legionario
por Decreto de S.E. El Generalísimo de fecha 4 de Enero de 1937, Crespo de
Guzmán sería promovido a Comandante a “ Título Póstumo”.
2.
Una vez escrito el presente artículo, me entero que la
Editorial “Librería Hispania Ediciones” acaba de reeditar “LA LEGIÓN DESNUDA”.
Lo celebro, a la par que felicito a la citada Editorial, pues, como he intentado demostrar en el presente
artículo, es una gran obra cuya lectura va a llenar de satisfacción a todos los
amantes de la historia de La Legión, en sus primeros y difíciles tiempos
fundacionales.
Francisco Ángel Cañete Páez
Comandante y Legionario de Honor




