EL PRINCIPITO XVIII
"Un ser extraño, un ser excepcional y precioso, un Príncipe, un Príncipe bondadoso y distraído perdido entre nosotros"
XVIII
El Principito atravesó el desierto y no encontró más que una flor. Una Flor de tres pétalos, una flor de nada...
---Buenos días -saludó el Principito.
---Buenos días -dijo la flor.
---¿Donde están los hombres? -preguntó por cortesía el Principito. La flor había visto pasar un día una caravana.
---¿Los hombres? Debe haber seis o siete. Los vi hace año. Pero nunca se sabe donde encontrarlos. El viento los pasea. No tienen raíces, (Saint-Exupéry pudo comprobar este desarraigo cuando, a finales de 1940, montones de gentes no vacilaban en abandonar su país ocupado para refugiarse en América: <<También este paquebote derramaba una ligera angustia. Este paquebote transbordaba de un continente a otro estas plantas sin raíces.>> (Carta a un rehén) y eso les fastidia mucho.
---Adios -dijo el Principito.
---Adios -dijo la flor.
XIX
El Principito subió a una alta montaña. Las únicas montañas que jamás había conocido eran los tres volcanes, que le llegaban a la rodilla. Y el volcán apagado le servía de taburete.
<<Desde una montaña tan bonita como esta -se dijo entonces- veré de golpe todo el planeta y a todos los hombres.>>
Pero sólo vio agujas de rocas muy afiladas.
---Buenos días dijo por si acaso.
---Buenos días... Buenos días... Buenos días... -respondió el eco.
---¿Quienes sois? -preguntó el Principito.
---Quienes sois... quienes sois... quienes sois... -respondió el eco.
---Sed mis amigos, estoy solo -dijo. <<Esta sensación de soledad, esta ineludible necesidad de amistad fue experimentada por Saint-Exupéry en su aventura del desierto. La recoge en Tierra de hombres: <<En un mundo que se había convertido en desierto, sentíamos sed de encontrar compañeros>>.
---Estoy solo ---estoy solo ---estoy solo... -repitió el eco.
<<¡Qué planeta más extraño! -pensó entonces-. Es completamente seco, puntiagudo y salado. Y los hombres no tienen imaginación. Repiten lo que se les dice... (Antes de empezar la Segunda Guerra Mundial, Saint-Exupéry estuvo unos días en Alemania en febrero de 1939 y quedó asombrado al ver el nuevo tipo de hombre que había moldeado la mano hitleriana a base de funestos slogans y consignas siempre repetidas. Cuenta Henri Bordeaux que cuando se preguntaba a un alemán: <<Qué piensa usted de esto>> <<Qué piensa usted de aquello>>, la respuesta era invariable: <<Yo sigo al Fuhrer... el Fuhrer dice...>> En el mío tenía una flor: ella siempre hablaba la primera...>>


