No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
Poetas Muertos
INICIO
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Ensayo - Co. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Ensayo - Co. Mostrar todas las entradas

18/7/25

LITERATURA Ensayo

 


LITERATURA

ENSAYO


La Codorniz


La lectura más audaz 
para el lector más inteligente

  sobre la mesa en desorden reposan las cuartillas blancas e impolutasque espera, impasibles, el solemne momento de celebrar sus nupcias con la idea. Cruzan por nuestro fatigado y redondo cerebro recuerdos e impresiones que, poco a poco, se van convirtiendo en palabras: "huevo frito", "hoyo", "pernito", "ingente"... Nuestro deber es ir agrupando todas estas palabras hasta formar párrafos, pues esto, y nada más que esto, es la literatura. Pero, desgraciaamente, nos faltan palabras y nos sobra papel para conseguir nuestro propósito. Apoyamos nuestro dedo índice, que es el vuestro, sobre nuestro cerebro, que es el nuestro, y logramos reunir algunas palabras más: "Vicente", "chacha", "energúmeno", "doña Antonia", "jamón"... No; indudablemente, nuestro disponible en palabras no es muy extenso. Podríamos casi decir que es exíguo. Repasamos en nuestra memoria, según se entra a mano derecha, y recordamos que Molière no empleó nunca arriba d mil palabras; en cambio Shakespeare, según un bibliófilo inglés, poseía un vocabulario tan extenso que en todas sus obras ha podido contar cerca de trinta y cinco mil palabras distintas, sin que usara una sola vez la palabra"huevo" y "frito".
    Le siguen en riquezavocabularia Cervantes, con veinticinco mil palabras, y en pos de él se encuentra Dante Alighieri, con unas trece mil.
    El mismo bibliófilo habla tambien de la exuberancia de expresión de Milton y de Goethe y termina diciendo que en la "Biblia" se emplea cuarenta y siete mil quinientas veces la conjunción "and", que significa "y".
    Volvemos a apoyar nuestro dedo índice, que es el vuestro, sobre nuestro pobre y fatigado cerebro, que es el nuestro, y pensamos que si nosotros tuvíeramos que estar apoyando nuestro dedo índice, que es el vuestro, sobre nuestro redondo y fatigado cerebro, que es el nuestro, hasta encontrar en él veinticinco mil palabras sin contar "huevo" y "frito", no tendríamos más solución que la de emplear 
veinticinco mil veces la palabra "chacha", si no queremos acabar con un agujero en nuestro redondo y fatigado cerebro.

    Pero la literatura es la literatura, y quien manda, manda.                       Nuestro director no se cansa de hacernos la misma recomendación: "Usen ustedes otras palabras. Aprendan ustedes de Cervantes, de Shakespeare y de Milton. No sean ustedes tontos"    
    Y ante esta apremiante recomendación nosotros volvemos a apoyar nuestro dedo índice, que es el vuestro, en nuestro redondo y fatigado cerebro, que es el vuestro, y, por fin, surge una idea como una luz en las tinieblas: inventaremos palabras.
    Y acto seguido empezamos a reunir letras, consiguiendo estos aceptables resultados: "abrinquiñado", "absterger", "acabestrillar", "acarpo", "acaserarse" y "cuadrupedante".
    ¿Verdad que todas estas palabras parecen inventadas por nosotros? Pues bien: son del diccionario.

T.