LA CODORNIZ
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
NUESTRAS POBRES VÍSCERAS
UN ERROR LAMENTABLE
Pedimos perdón a nuestros lectores por el grave error que hemos cometido.. Necesitábamos un artículo científico sobre las vísceras para nuestra página de medicina, y en lugar de solicitarlo a un famoso doctor, como pensamos,, se lo hemos encargado, equivocadamente, a un eminente novelista, especializado en novelas de amor. Ahora que nos lo ha enviado, no podemos ya rechazarlo, en la seguridad de que nuestros amables lectores sabrán perdonarnos esta equivocación.
LAS VÍSCERAS
- ¡Las vísceras! -suspiró Margot, dirigiéndose a Carlos con una triste sonrisa, mientras la lluvia azotaba los cristales del amplio ventanal.
- ¡Oh, las vísceras!... Carlos dejó el cigarrillo que estaba fumando y acarició los rubios cabellos de la muchacha, mientras murmuraba apasionadamente:
- ¿Vas atener celos pequeña? ¿Aún dudas de mi amor? ¿Crees que yo puedo abandonarte a ti por las vísceras? Margot encendió otro cigarrillo y separó sus largos cabellos de la mano que lo acariciaba.
- Sin embargo, tengo miedo que algún día me dejes por las vísceras. ¡Ellas pueden darte lo que quizás yo no te pude dar!...
Y sus ojos se cuartearon de lágrimas.
- ¡Qué boba eres, alma! Las vísceras son para mí un puro capricho. Salgo con ellas alguna vez y voy a cenar con ellas simplemente por no ir solo. Pero tu debes comprender que todos los hombres salen con las vísceras y no por ello dejan de amar a la mujer que siempre han amado.
- Yo quiero que no vuelvas a salir con las vísceras -suplicó Margot, mientras la lluvia seguía azotando los cristales-. Debes jurármelo.
- ¡Pero amor mío! -rechazó Carlos, ya impaciente, encendiendo otro cigarrillo-. No puedo dejarlas así, de repente. Hay que ser humano. Margot se levantó del amplio diván donde estaba sentada y lentamente se dirigió al ventanal, que abrió de par en par. Sus rubios cabellos volaban llevados por el viento. Algo, sin embargo, había en sus ojos que inquietó a Carlos, el cual había encendido otro cigarrillo.
1 - Hemos decidido hacernos en grupo la radiografía, doctor...
2 - Doctor... ¿ De verdad no hay ninguna esperanza ?
3 - ¿ Ha tenido usted alguna vez pulmonía doble?
- No doctor.
- ¡Pues ahora la tiene! ¡Pues ahora la tiene! ¡Tirulín dun dero, tirulín dun da!...
4 - Tiene usted el bacilo de Koch enfermo del tifus.
5 - ¿ Es usted el señor que tiene la lengua sucia ?
- ¿Qué vas a hacer? -dijo.
- Voy a tirarme por ese amplio ventanal y a terminar de una vez mi triste vida. Yo no puedo compartir tu amor con las vísceras. Carlos dejó sobre un cenicero los tres cigarrillos que había encendido, y después cogió su bicicleta y fue corriendo a donde estaba Margot. Llegó a tiempo para detenerla, puesto que Margot se había asustado con el ruido de la bocina.
- ¡Amor mío! ¿Estás loca? ¿Cómo has podido pensar hacer ese disparate? Las lágrimas de Margot se mezclaban con las gotas de lluvia que caían sobre su rostro y sobre sus hermosos cabellos negros. En este instante, por la calle pasó un grupo de alegres muchachas. - ¡Son las vísceras! -gritó ella, rabiosa, mesándose sus rubios cabellos-. ¡Son las vísceras que te pasean la calle!... El permaneció callado, encendió luego cinco cigarrillos y solo después de una pausa declaró con firmeza:
- Te juro, Margot, que no conozco a esas mujeres. Si fuesen las vísceras, te lo diría. Ella se echó a llorar en sus brazos. - Es verdad. Cómo habré podido dudar de ti´. -¡Bah! -dijo él, encendiendo un puro sí otro no- En el amor, la duda es como la duda en el amor. Y la lluvia seguía azotando los cristales del amplio ventanal.
Slightly Hung Over --- Blues


