LA CODORNIZ
La revista más audaz,
para el lector más inteligente.
HORROR AL DESNUDO
Casiana
En los pueblos del interior, donde nuestras virtudes (o lo que sea) más antiguas se han guardado siempre con gran celo y ahora, a causa del progreso, se siguen guardando con ese <<cello>> que venden en las papelerías, el cual al cabo del tiempo se reseca y se desprende, últimamente se han perdido algunas viejas tradiciones, pero se continua conservando ese horror al desnudo, que aún lo manifiestan al escandalizarse a la vista de las trapecistas de los circos de las ferias.
Si el labriego tiene fama de lavarse poco, no es porque ame la suciedad, que la combate con energía encalando la fachada de su casa dos otres veces al año, barriendo todos los días la acera hasta la mitad de la calle y haciendo limpieza general los sábados.
Si el labriego no se lava más es porque tiene que desnudarse. Sin embargo, en los pueblos se va admitiendo el progreso y la mayor parte de las casas ya tiene cuarto de baño, para caso de necesidad, pidiendo a Dios que no tenga que utilizarlo. De este horror al desnudo, viene la expresión de <<vestir santos>>, quehacer al que se han dedicado todas las mujeres solteras, cubriéndolos hasta los pies, sin permitir ver ni un milímetro de madera o de escayola que pudiera parecer carne.
"Asmodeo". Demonio de la lujuria.
Son demasiados siglos de refajos, de sayas, de tocas, de chales, de medias de hilo grueso, de pañuelos a la cabeza, de blusones, de fajas, de boinas, de chalecos, de pana y de bufandas, como para quedarse así de repente en cueros.
Yo creo que la tradición, más que por cuestiones morales o estéticas, las dos aún de mucho peso, se mantiene por miedo a coger una pulmonía doble e irse derechito al otro barrio si a uno se le ocurre quedarse descalzo de pie y pierna, aunque solo fuese por un momento.
JULIO PENEDO