EL TRANVÍA
La Codorniz
La lectura más audaz
para el lector más inteligente
Eltrambía es ese mueble tan gordo que va arrastrándose por las calles y en el cual va metiéndose toda la gente que no tiene más que hacer. ---¡Qué falta de consideración! -dicen las señoras que viven debajo de las calles-. ¡Ya están arrastrando el tranvía, com todas las mañanas! ¡Podían tener más cuidado y dejar los tranvías en su sitio!
El que tiene la culpa de este tanto arrastrar el trmvía es el conductor, que no hace más que ir de un lado para otro buscando una fuente para beber agua.
---¡Si no comiera tantas sardinas!...-suele decir la gente.
El cobrador, en cambio, es un buen hombre que no tiene más vicio que eso de estarse siempre metiendo el dedo en esa esponja que lleva en el correaje.
Pero todo esto no sería grave si no fuera por la señora gorda. La señora gorda entra en el tranvía, llenando toda la plataforma de corsé.
Señora gorda
El conductor, temeroso de perder el agua que ha bebido a causa de la presión, y comprendiendo que no hay más remedio que arrojar gente por el estribo contrario, da el grito necesario:
---¡Las mujeres y los niños, primero!
Pero como en los tranvías siempre cabe alguien más mientras no se demuestre lo contrario, y en los de Cuatro Caminos, aunque se demuestre, todo el mundo se acopla, come las sardinas del conductor y este puede segui arrastrando su mueble y dando golpecitos con el pie.
---No mueva tanto el pie. ¿ No ve que hay un timbre? -dice la señora gorda, que parece tonta, y lo es.
---¡Eh! ¡La puerta! ¡La puerta!...
La señora gorda acaba cansándose de ir en la plataforma y se dirige al interior del mueble, sin pisar un solo momento en el suelo.
Los señores del interior empiezan a vociferar.---¡Eh! ¡La puerta! ¡La puerta!...
---Aquí está la puerta. ¿Creen ustedes que me la voy a llevar?
---No, no. Es que la cierre.
---¿Cómo quieren ustedes que la cierre si estoy yo en medio?
---Pues por eso! -grita una voz desconsiderda
La señora gorda consigue, por fín, introducir todos sus corsés en el coche, y los caballeros se apresuran a ofrecerle el asiento, temerosos de que se vaya a sentar encima de ellos.
La señora gorda se sienta un poco como en el sillón de un dentista, y el cobrador aparece, , dispuesto a extraerle los quince céntimos correspondientes.
La señora gorda se resiste a esta estracción todo lo más posible
---No tenga usted cuidado, que no duele -nos dan ganas de decir a la señora gordísima, mientras ella busca y rebusca en su bolso hasta encontrar una moneda de diez céntimos, que entrga al cobrador.
---Son quince céntimos -aclara, tímidamente, el cobrador, metiéndose el dedo en la esponja para hacers cosquillas y comprobar que todavía está vivo.
---¡Qué barbaridad, quince céntimos por ir en el tranvía! Ni que se fuera a quedar una con él... Así están las Compañías de gordas -comenta la señora, cambiándose de sitio y sentándose encima de un topógrafo-. ¡Ya podía usted tener cuidado! ¿No ve usted que estoy encima? -grita la señora gordísima al topógrafo, que se disculpa de su torpeza y se marcha a barcelona-. ¡Es una vergüenza! -comenta la señora gorda-. No sé por qué la Compañía hace circular estos tranvías tan llenos mientras los vacíos los tienen en las cocheras... Ya podían meter en las cocheras los tranvías llenos y hacer circular los vacíos.
---Lleva usted razón, señora -asiente el viajero inmediato, tirándose por la ventanilla, mientras el conductor sigue arrastrando su mueble en busca de una nueva fuente en donde remojar sus inquietas sardinas.
T
¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?


