En estos días, se está estrenando en los cines de España
la película DUNKERQUE – me gustó, está bien realizada, pero no deja de ser una película – cuenta la historia real de la
retirada de las Tropas Aliadas de
tierra Francesa a través del Estrecho de
Calais para alcanzar la costa británica.
En junio de 1940, unos 330.000 Soldados aliados rodeados por el demoledor avance nazi lograron ganar la costa inglesa, en una retirada que
marcó el devenir de la Segunda Guerra
Mundial
La que se convertiría en la Segunda Guerra Mundial estaba casi dando sus primeros pasos. Tras
la invasión de Polonia, en
septiembre de 1939, siguieron ocho meses de calma tensa (la conocida como drôle de guerre, la guerra de broma o guerra falsa) que
terminó con el ataque alemán a Dinamarca
y Noruega, en abril de 1940. Pero durante esa supuesta calma la idea de Hitler no era otra que la de avanzar
hacia el oeste para dar el primer gran golpe: la conquista de París. El Führer, envalentonado tras la velocísima toma de Polonia, pretendía hacer lo propio con Francia, pese a lo incomparable de un
rival y otro, y durante esos meses se barajaron varias opciones para sortear la
histórica línea Maginot y lograr el
objetivo lo antes posible, al calor de la Blitzkrieg, la famosa “guerra
relámpago”.
En el Bando aliado,
por su parte, existía el convencimiento de que la invasión alemana se produciría a través de Bélgica o más al norte, para evitar las zonas más accidentadas y
cuya orografía complicaría el avance. Sin embargo, el grueso del Ejército nazi penetró precisamente por Luxemburgo y la región de las Ardenas, desplegando una fracción
menor de sus efectivos en el área esperada por los aliados y que actuó a modo
de señuelo. Así, el 10 mayo de 1940 y en cuestión de unas pocas semanas, Alemania invadió prácticamente a la vez
Bélgica, los Países Bajos y Francia.
Hitler contaba con sufrir un millón
de bajas en sus filas para cuando la esvástica ondeara en París; sin embargo, las estimaciones más aceptadas contabilizaron
unos 27.000 caídos. Pero el que fue el gran triunfo del Ejército alemán en la guerra tuvo algo de pírrico a largo plazo, en
un escenario inesperado y poco reconocido hoy en día: las playas de Dunkerque.
En esas playas terminaron acorralados más de 338.000 Soldados británicos,
franceses y belgas, que vieron en el puerto galo la mejor vía de salida
para una retirada que no ofrecía alternativa. La pinza del Ejército alemán, empujando desde el norte y sobre todo desde el
sur, condenaba al Bando aliado a la
huida hacia las islas británicas como única alternativa a la rendición. Al General Lord Gort, al mando de la Fuerza Expedicionaria Británica (FEB),
se le atribuye la decisión de organizar la llamada Operación Dynamo, en contra de la opinión francesa de ofrecer
resistencia hacia el sur para intentar conectar con el resto de las Fuerzas aliadas, aisladas al otro lado
de la potente línea alemana, el Grupo de
Ejércitos A.
La huida hacia las Islas
Británicas, sin embargo, no hubiera sido posible sin una decisión aún hoy
inexplicada: la que llevó a Hitler a
frenar el avance de esas Tropas, que
tenían el grueso de sus temibles Panzers,
durante 48 horas. La teoría más aceptada es que los Mandos nazis consideraron que el Grupo de Ejércitos B, proveniente del Norte, sumado a la potencia
de la Luftwaffe, se bastaría para
aniquilar a las acorraladas Fuerzas
aliadas. Además, el terreno tampoco era el idóneo para los Carros de
Combate, que serían más necesarios en las operaciones de expansión hacia el Sur.
Sea como fuere, entre el 24 y el 26 de mayo de 1940 el Grupo de Ejércitos A alemán, que estaba más cerca de Dunkerque que las Tropas aliadas, se detuvo. Visto en perspectiva, es más que
probable que sin esos dos días de pausa no hubiera habido escapatoria para los 338.000 Soldados aliados. Teniendo en
cuenta que la gran mayoría de ellos eran británicos,
Hitler habría tenido una enorme baza
para negociar la rendición por parte de Churchill.
Durante los dos primeros días de la evacuación, el 27 y
28 de mayo, 25.000 Soldados
escaparon de Dunkerque; en los
cuatro días siguientes se produjo el grueso de la Operación, con más de 234.000 hombres cruzando el estrecho de Calais. Muchos lo hicieron
en barcos de la Royal Navy, como el Crucero ligero HMS Calcutta o alguno de
los 39 Destructores desplegados,
pero otros lo consiguieron a bordo de
embarcaciones civiles, que acudieron en ayuda de una Marina que no daba abasto
para transportar tantos hombres. Barcos
de pesca, remolcadores, ferries e incluso un vapor, el Medway Queen, que
realizó siete trayectos de ida y vuelta transportando un total de 7.000 soldados.
El 4 de junio concluía la operación con alrededor de 338.000 evacuados, unos números
espectaculares en contraste con las previsiones iniciales, que se movían entre
los 30.000 y los 45.000 hombres. Ese mismo día Churchill se dirigía a la Nación con un mensaje muy claro: las guerras no se ganan con evacuaciones.
También dejó el que seguramente fue su
discurso más recordado, las famosas frases del We shall fight on the beaches:
"We shall go on to the end. We shall fight in
France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing
confidence and growing strength in the air, we shall defend our island,
whatever the cost may be. We shall fight on the beaches, we shall fight on the
landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall
fight in the hills; we shall never surrender."
(Seguiremos hasta el
final. Lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos, lucharemos
cada vez con más confianza y más fuerza en el aire, defenderemos nuestra isla,
sea cual sea el precio a pagar. Lucharemos en las playas, lucharemos en los
campos de desembarco, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en
las colinas; nunca nos rendiremos.)
A los pocos días caería Francia entera, atacada por Italia
también desde el Sur, pero lo logrado en Dunkerque
consiguió que Gran Bretaña se
mantuviera a flote, sumando además simpatías palpables en la opinión pública y
la prensa norteamericanas.
EL
MILAGRO DE DUNKERQUE
Así
se bautizó la denominada Operación Dinamo, durante la cual más de trescientas
mil tropas francesas, británicas, belgas y canadienses escaparon de la invasión
alemana desde las playas cercanas a Dunkerque, entre el 29 de mayo y el 4 de
junio de 1940.
FOTO:
AP
DESTINO
DOVER
Se
establecieron tres rutas para la evacuación de Dunkerque. La más corta, la ruta
Z (72 km), contaba con el peligro de estar muy expuesta al bombardeo de las
baterías costeras alemanas.
FOTO:
AP
EL
PELIGRO DE LAS MINAS
La
ruta X era algo más larga, 102 km. Aunque evitaba la costa y por tanto los
ataques de artillería, afrontaba el peligro de las minas submarinas. Para
solventarlo fue imprescindible el papel de los buques dragaminas. En esta
imagen, mientras los barcos del fondo transportan soldados, los que están en
primer plano barren la zona en busca de minas enemigas.
FOTO:
AP
CUATRO
HORAS DE EXPOSICIÓN
La
tercera ruta (la Y, con 161 km) era con diferencia la más larga. Sus mayores
peligros eran los buques enemigos, los submarinos y la Luftwaffe.
FOTO:
AP
39
DESTRUCTORES PARA DUNKERQUE
Esa
es la cantidad de embarcaciones de ese tipo, pertenecientes a la Royal Navy,
que colaboraron en la evacuación de Dunkerque. 19 de ellas fueron dañadas, y
otras seis acabaron hundidas.
FOTO:
AP
CADA
EMBARCACIÓN CUENTA
Sin
importar el tamaño, la velocidad o las prestaciones, cualquier barco capaz de
sortear el canal de la Mancha fue bienvenido. En pequeñas naves de todo tipo
(barcos de arrastre, vapores, yates, botes a motor...) los aliados consiguieron
huir del cerco nazi.
FOTO:
AP
EN
CONSTANTE MOVIMIENTO
El
estrecho de Calais fue un hervidero de barcos a finales de mayo y principios de
junio de 1940. En esta imagen del 3 de junio se aprecia la cantidad de navíos
desplegados en la orilla francesa.
FOTO:
AP
HUYENDO
A NADO
Si
no había disponibilidad de barcos pequeños para poder llegar a los más grandes,
los soldados tenían que hacerse al mar para poder embarcar, como en el caso de
este vapor escocés que espera a las tropas a cierta distancia de la costa.
FOTO:
AP
LA
AMENAZA AÉREA
Tanques
de petróleo arden en las inmediaciones del puerto de Dunkerque. La temible
Luftwaffe fue la fuerza designada por Hitler para detener la evacuación aliada.
FOTO:
AP
UN
BOMBARDEO CONSTANTE
La retaguardia de las tropas británicas
pasa por una calle del puerto de Dunkerque mientras la Luftwaffe bombardea la
ciudad. A la derecha, un camión arde víctima del fuego aéreo.
FOTO: AP
EL
PAPEL DE LAS EMBARCACIONES MÉDICAS
Hasta ocho barcos hospital se
desplegaron en la zona para recoger heridos. Uno de ellos fue hundido por la
artillería nazi, pese a llevar el emblema de la Cruz Roja.
FOTO: AP
ÚLTIMO
DÍA EN DUNKERQUE
Tanto
el puerto en sí como las playas adyacentes sirvieron de embarcadero para
evacuar las tropas. El 4 de julio la operación culminó con unos 338.000
soldados rescatados. Un auténtico éxito que marcaría el devenir de la Segunda
Guerra Mundial.
FOTO:
AP
ÚLTIMO DÍA EN DUNKERQUE
Miles de soldados aliados esperan el
momento de zarpar hacia Inglaterra. Se estima que el 4 de julio, último día de
la evacuación, salieron de Francia 26.175 hombres.
FOTO: AP
ADIÓS,
FRANCIA
Un
grupo de la FEB, la Fuerza Expedicionaria Británica, se despide de la costa
francesa mientras otros barcos arden en la orilla.
FOTO:
AP
LLEGANDO A CASA
Un total de 861 embarcaciones
diferentes, 693 de ellas británicas, unieron sus fuerzas entre el 27 de mayo y
el 4 de junio para llevar sanos y salvos a tierra inglesa a centenares de miles
de soldados.
FOTO: AP
EN
SUELO INGLÉS
Un
grupo de soldados, al poco de llegar a puerto británico y estar finalmente a
salvo.
FOTO:
AP
DUNKERQUE,
UNA CIUDAD ARRASADA
Los
edificios de Dunkerque sufrieron las consecuencias de la aviación nazi, como
muestra fehacientemente esta imagen tomada el 8 de junio de 1940. Al parecer,
los bombardeos ocurrieron durante la evacuación aliada de Flandes.
FOTO:
AP
DESPUÉS
DE LA TEMPESTAD
Testigo
silencioso de la exitosa evacuación, un barco británico permanece en el puerto
de Dunkerque en esta imagen del 3 de agosto de 1940, como prueba de la batalla
librada contra los alemanes.
FOTO:
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PUERTO
FANTASMA
Tras
la batalla, el silencio se apoderó del puerto de Dunkerque. El 1 de octubre de
1940, meses después de la evacuación, las grúas de carga (A), los edificios del
muelle (B), los almacenes y las boquillas seguían vacíos.
FOTO:
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LORD
GORT, EL ARTÍFICE DE LA EVACUACIÓN
El
general John Gort, Comandante en Jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica,
fue quien ideó la Operación Dínamo, el plan de evacuación para las tropas
británicas y el equipo del puerto francés de Dunkerque, en mayo y junio de
1940.
FOTO:
AP
Francisco Javier de la Uz Jiménez




















