|
Adjunto una carta -para mi desconocida- del General Franco al Presidente Jhonson, sobre la guerra de Vietnan. Su visión política en asuntos exteriores, era extraordinaria |
La opinión de Franco sobre la
guerra de Vietnam
En julio de 1965, ante el cariz que estaba
tomando la guerra del Vietnam, el presidente de los Estados Unidos, Lindón B.
Johnson, envió cartas a varios jefes de Estado occidentales... El embajador
Biddiey Duke entregó personalmente a Franco la correspondiente. Como bien se
trasluce en el texto, el presidente de EE. UU. le da cuenta de sus proyectos y
reclama alguna ayuda por parte de España, sin descartar la colaboración
militar...
La respuesta Franco demuestra una vez más
que, sin duda, fue uno de grandes estadistas del siglo XX. El acertado análisis
de la situación en un país tan alejado de España y su zona de influencia, y su
certera visión de los acontecimientos futuros lo acreditan como tal. En ella
destacan, por su objetividad, las consideraciones que Franco hace sobre la
figura del líder comunista vietnamita, Ho Chi Minh. A continuación,
reproducimos ambas cartas:
CARTA DEL PRESIDENTE DE EE.UU.
A FRANCO:
“Excelencia:
He rogado a mi embajador le transmita mi
sincero enjuiciamiento de la situación en Vietnam del Sur.
En los últimos meses se ha incrementado la
agresión abierta contra el pueblo y el Gobierno del Vietnam y les han sido
impuestas muy graves cargas a las fuerzas armadas y al pueblo vietnamita.
Durante dicho período, como VE. conoce, y a
causa de la firme y rígida oposición de Hanoi y Pekín, no han podido tener
éxito los reiterados y constructivos esfuerzos realizados por muchos gobiernos
para llevar este problema a la mesa de conferencias.
A lo largo de estos últimos días he estado
revisando la situación a la luz de recientísimos informes, procedentes de mis
colaboradores de mayor confianza. Aunque aún no se han adaptado decisiones
definitivas, puedo decirle que parece seguro será necesario incrementar las
Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en un número que podría igualar, o ser
superior, al de los 80.000 hombres que se encuentran ya allí.
Deseo sepa V.E. que al propio tiempo que
realizamos este importante esfuerzo adicional, continuaremos haciendo todo
posible esfuerzo político y diplomático para abrir paso a un arreglo pacífico.
Continuaremos también usando toda clase de
prudencia y moderación para evitar que la guerra pueda extenderse en el
continente asiático. Nuestro objetivo sigue siendo el de que finalice en
Vietnam toda injerencia exterior de forma que el pueblo de dicho país pueda
decidir su propio futuro.
En esta situación debo expresarle mi
profunda convicción personal de que las perspectivas de paz en Vietnam
aumentarán grandemente en la medida en que los necesarios esfuerzos de los
Estados Unidos sean apoyados y compartidos por otras naciones que comparten
nuestros propósitos y nuestras preocupaciones. Sé que su Gobierno ha mostrado
ya su interés y preocupación concediendo asistencia. Le pido ahora que
considere seriamente la posibilidad de incrementar dicha asistencia mediante
métodos que indiquen claramente al mundo y quizás especialmente a Hanoi— la
solidaridad del apoyo internacional a la resistencia contra la agresión en
Vietnam y al establecimiento de la paz en dicho país.
He pedido al embajador Duke se ponga a su
disposición para cualquier consulta que desee hacerle sobre este asunto.
Sinceramente,
Lyndon B. Johnson
PRESIDENTE DE LOS EE.UU. DE AMERICA”
CARTA DE RESPUESTA DE FRANCO
:
“Mi querido Presidente Johnson:
Mucho le agradezco el sincero enjuiciamiento
que me envía de la situación en el Vietnam del Sur y los esfuerzos políticos y
diplomáticos que, paralelamente a los militares, los Estados Unidos vienen
desarrollando para abrir paso a un arreglo pacífico. Comprendo vuestras
responsabilidades como nación rectora en esta hora del mundo y comparto vuestro
interés y preocupación, de los que los españoles nos sentimos solidarios en
todos los momentos. Comprendo igualmente que un abandono militar de Vietnam por
parte de los Estados Unidos afectaría a todo el sistema de seguridad del mundo
libre.
Mi experiencia militar y política me permite
apreciar las grandes dificultades de la empresa en que os veis empeñados: la
guerra de guerrillas en la selva ofrece ventajas a los elementos indígenas
subversivos que con muy pocos efectivos pueden mantener en jaque a contingentes
de tropas muy superiores; las más potentes armas pierden su eficacia ante la
atomización de los objetivos; no existen puntos vitales que destruir para que
la guerra termine; las comunicaciones se poseen en precario y su custodia exige
cuantiosas fuerzas. Con las armas convencionales se hace muy difícil acabar con
la subversión. La guerra en la jungla constituye una aventura sin límites.
Por otra parte, aun reconociendo la
insoslayable cuestión de prestigio que el empeño pueda presentar para vuestro
país, no se puede prescindir de pesar las consecuencias inmediatas al
conflicto. Cuanto más se prolongue la guerra, más empuja al Vietnam a ser fácil
presa del imperialismo chino, y aun suponiendo que pueda llegar a quebrantarse
la fortaleza del Vietcong, subsistirá por mucho tiempo la acción larvada de las
guerrillas, que impondrá la ocupación prolongada del país en que siempre seréis
extranjeros. Los resultados, como veis, no parecen estar en relación con los
sacrificios.
La subversión en el Vietnam, aunque a
primera vista se presente como un problema militar, constituye, a mi juicio, un
hondo problema político; está incluido en el destino de los pueblos nuevos. No
es muy fácil al Occidente comprender la entraña y la raíz de sus cuestiones. Su
lucha por la independencia ha estimulado sus sentimientos nacionalistas; la
falta de intereses que conservar y su estado de pobreza les empuja hacia el
social-comunismo, que les ofrece mayores posibilidades y esperanzas que el
sistema liberal patrocinado por el Occidente, que les recuerda la gran
humillación del colonialismo.
Los países se inclinan en general al
comunismo, porque, aparte de su poder de captación, es el único camino eficaz
que se les deja. El juego de las ayudas comunistas rusa y china viene siendo
para ellos una cuestión de oportunidad y de provecho.
Es preciso no perder de vista estos hechos.
Las cosas son como son y no como nosotros quisiéramos que fueran. Se necesita
trabajar con las realidades del mundo nuevo y no con quimeras. ¿No es Rusia una
realidad con la que ha habido que contar? ¿No estaremos en esta hora
sacrificando el futuro a aparentes imperativos del presente? A mi juicio, hay
que ayudar a estos pueblos a encontrar su camino político, lo mismo que
nosotros hemos encontrado el nuestro.
Ante los hechos nuevos, no es posible
sostener la rigidez de las viejas posiciones. Una cosa es lo que puedan acordar
las grandes naciones en Ginebra y otra es el que tales decisiones agraden a los
pueblos. Es difícil de defender en el futuro y ante los ojos del mundo esa
división artificial de los países, que si fue conveniencia de momento dejará
siempre abierta una aspiración a la unidad.
Comprendo que el problema es muy complejo y
que está presidido por el interés americano de defender a las naciones del
sudeste asiático de la amenaza comunista; pero siendo ésta de carácter
eminentemente político, no es sólo por la fuerza de las armas como esta amenaza
puede desaparecer.
Al observar, como hacemos, los sucesos desde
esta área europea, cabe que nos equivoquemos. Guardamos, sin embargo, la
esperanza de que todo pueda solucionarse, ya que en el fondo, los principales
actores aspiran a lo mismo: los Estados Unidos, a que el comunismo chino no
invada los territorios del sudeste asiático; los Estados del sudeste asiático,
a mantener a China lo más alejada de sus fronteras; Rusia, a su vez, a que su
futura rival, China, no se extienda y crezca, y Ho Chi Minh, por su parte, a
unir al Vietnam en un Estado fuerte y a que China no lo absorba.
No conozco a Ho Chi Minh, pero por su
historia y sus empeños en expulsar a los japoneses, primero, a los chinos
después y a los franceses más tarde, hemos de conferirle un crédito de
patriota, al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Y
dejando a un lado su reconocido carácter de duro adversario, podría sin duda
ser el hombre de esta hora, el que el Vietnam necesita.
En este interés superior de salvar al pueblo
vietnamita y a los pueblos del sudeste asiático, creo que vale la pena de que
todos sacrifiquen algo.
He deseado, mi querido Presidente, haceros
estas reflexiones confidenciales en el lenguaje directo de la amistad. Aunque
sé que muchas están en vuestro ánimo, le expongo lealmente mi juicio con el
propósito de ayudar al mejor servicio de la paz. y del futuro de los pueblos
asiáticos.
Su buen amigo,
Francisco Franco
JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL”
Ricardo Pardo Zancada
Infantería


