No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
Poetas Muertos
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16/1/22

LA CODORNIZ V

 


LA CODORNIZ

La

revista más audaz,

 para el lector más inteligente


LA MUJER BARBUDA


SONETO

¿Qué importa ser un monstruo de verbena
y tener barba siendo una mujer?
¿Qué importa tener cuerpo de ballena 
y aire de brigadier?
¿Qué más da que sea enano
o sea gigante
el hombre que te ama,
si acaricia tu mano,
suplicante,
y dice que te adora desde el día
en que te conoció en una barbería?

¿Qué importa que parezcas una foca,
si estás loca
por el?
¿Qué más da tener un cuerpo bello
o tener un cuerpo de tonel?
¡Lo importante es amar y ser amada
y dejar de pensar en la papada,
y querer ser feliz,
sin importarnos nada de qué forma tenemos la nariz!





!NO! CRÍTICA DE LA VIDA
  BASTA ya de esa ridícula economía que impera en las gacetillas que anuncian los conciertos de la Orquesta Nacional Filarmónica, que nos ofrecen programas compuestos con ¡"Gruta Fingal", "Vuelo moscardón", 

Gruta de Fingal (gaélico escocés) significa gruta de la melodía.

"Invitación vals", "Cuadros Exposición", "Sueño noche de verano"!
  ¡Es como si un librero anunciase una nueva edición de "Quijote de la Mancha"; un teatro, la reposición de "Vida sueño", o un cine, el estreno de "Viento llevó"!
  El título de una obra, por muy largo que sea, debe darse entero, por respeto a su autor y al público. Esa avaricia de palabras debe continuar reducida al objeto para que fue creada: los textos de los telegramas.

 ¡NO! al uniforme civil en los estudiantes. ¡Basta de trincheras blanquecinas y sombreritos marrones de ala ancha!

  ¡NO! a los que dicen como Menchu (¡qué bien suena Carmen!) i Mimí, "bestial" "eres la reoca"; y "de miedo". Eso está bien para ellas, pero no para hombrecitos que aspiran a severos peritajes y doctas carreras.

--*--


NO QUEREMOS ESTADÍSTICAS!


No nos importa saber -como se nos dice en el grabado que publicamos arriba- que un hombre consume, durante toda su vida, 1.189 veces su peso en líquidos y sólidos. Tampoco nos importa saber que suponiendo que un hombre fume 12 cigarrillos diarios, en cincuenta años fuma 219.000 o una cosa así. Y que si con todos estos miles de cigarrillos formásemos un rollo gigantesco, resultaría un pitillo de cinco metros de alto por cincuenta centímetros de ancho

  Todo esto es estúpido y no puede interesarle ni a un ama de cría. Lo único que nos importa saber a los hombre es cómo conseguir que los amigos no nos hagan canalladas; cómo lograr que nos llamen por teléfono cuando nos estamos dando una ducha, y cómo nos las podríamos arreglar para vivir lejos de las ciudades, sin trabajar, sin leer estadísticas, pensando en el río y contemplando el sol tumbados panza arriba.
  
--*--

  Hoy, que tenemos un rato libre, lo vamos a dedicar a exponer unos cuantos defectos más del "Metro", aunque con  la seguridad de que nos harán el menor caso, como en los anteriores.
  ¿Le costaría mucho trabajo a la poderosa Empresa del "Metro", dotar a los coches antiguos de unas barritas y otros asideros, para evitar que en los frenazos choquen unos contra otros los respetables cráneos de los usuarios?

  Los coches nuevos tienen una barra para uso de viajeros de más de un metro setenta y cinco de estatura, en la que los viajeros bajitos pueden sujetarse si se ponen de puntillas y en posición para que les roben la cartera. Las señoras, por lo general más bajitas, no pueden usarla.
  Pero siquiera es algo. En los coches antiguos, el pisotón, el empujón y el traspiés son continuos. Los viajeros miran ansiosamente a los dos lados en busca de algo donde agarrarse, y terminan por cogerse de la solapa del señor más próximo.


  Total: con unas pesetillas de gasto, la seguridad de los viajeros sería un hecho.
 ¡Ánimo y a poner barras!

  ¿No podría evitarse que en algunas estaciones de "Metro" haya que entrar con paraguas? Los competentes ingenieros del "Metro" saben de sobra que en las droguerías venden innumerosas marcas de impermeabilizantes.                                                                               Y si no, ellos sabrán, que para algo son ingenieros. Que hagan lo que quieran, pero que tengan en cuenta que el que más y el que menos lleva un gabancito que le ha costado setecientas pesetas, y no le hace ni pizca de gracia que le caiga encima un chorrito de agua de cemento.





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