2/7/18

LOS ESPAÑOLES DEL LAGO ILMEN















LOS ESPAÑOLES DEL LAGO ILMEN



Arturo Pérez-Reverte




Hay cosas de las que no se habla mucho. Historias incómodas que, sin embargo, están ahí y forman parte de nuestra memoria. Comentaba eso el otro día con un amigo cuyo abuelo, ex Soldado republicano, se alistó en la División Azul para ayudar a su padre encarcelado tras la Guerra Civil. Ése fue el caso de muchos de los voluntarios para Rusia, en cuyas filas, junto a falangistas y anticomunistas, hubo otros que fueron por necesidad, hambre o deseo de aventura. El caso es que, sin distinción de motivos, y aunque su causa fuese una causa equivocada, todos ellos, compatriotas nuestros, combatieron allí con mucho valor y mucho sufrimiento. Por eso, para recordarlos, voy a contar hoy la historia de los españoles del lago limen.

10 de enero de 1942. Imaginen el paisaje: nieve hasta la cintura, un lago helado, grietas y bloques que cortan el paso, temperatura nocturna de 53° bajo cero. En una orilla, medio millar de Soldados alemanes cercados y a punto de aniquilación por una gigantesca Ofensiva rusa. En la orilla opuesta, a 30 kilómetros, la Compañía de Esquiadores del Capitán José Ordás: 206 extremeños, catalanes, andaluces, gallegos, vascos... La orden, cruzar el lago y socorrer a los alemanes cercados en un lugar llamado Vsvad. La respuesta, muy nuestra: «Se hará lo que se pueda y más de lo que se pueda». El historiador Stanley Payne definió aquella acción en tres escuetas palabras: «Una misión suicida». Y lo fue.

«Nosotros, los españoles, sabemos morir», escribe un joven Teniente a su familia en vísperas de la partida. Apenas se internan en el lago empiezan a cumplirse esas palabras. Arrastrando entre la ventisca los trineos con las ametralladoras -que pronto se llenan de bajas-, la columna de hombres vestidos de blanco avanza por el infierno helado. Veinticuatro horas después, la mitad está fuera de combate: 102 muertos o afectados por congelación. El resto, tras superar seis grandes barreras de hielo y grietas con el agua hasta la cintura, con casi todas las radios y brújulas averiadas, alcanza la otra orilla. Allí, uniéndose a 40 letones de la Wehrmacht, los 104 españoles bordean el limen hacia la guarnición cercada, peleando.

El 12 de enero, los españoles toman la aldea de Sadneje y la defienden de los contraataques soviéticos. A esas alturas sólo quedan 76 hombres en condiciones de luchar. El 17 de enero, 37 de ellos toman varias aldeas necesarias para proteger su avance: Maloye Utschino, Bolchoye Utschino y, atacando a la bayoneta, Shiloy. El contraataque ruso es feroz, y de los 37 sólo sobreviven 14. Dos días más tarde, en Maloye Utschino, otra Sección de 23 españoles y 19 letones encaja el contraataque de una masa de blindados, artillería, aviación e infantes soviéticos, y sólo logran replegarse, tras defender tenazmente sus posiciones, cinco españoles y un letón (mensaje del Capitán Ordás al Cuartel General: «La guarnición no capituló. Murieron con las armas en la mano»). Veinticuatro horas después, otro violento avance de blindados rusos es detenido con cócteles molotov (mensaje de Ordás: «Punta de penetración enemiga frenada. Los rusos se retiran. Dios existe»).

Amaneciendo el 21 de enero, los Divisionarios siguen avanzando hacia Vsvad y se encuentran con una Tropa que al principio creen enemiga, pero que a la luz de bengalas reconocen como la Guarnición alemana a la que han ido a socorrer. Abrazos y lágrimas que se hielan en la cara (mensaje al Mando: «En la madrugada de hoy, restos de la Compañía española y la Guarnición alemana de Vsvad se han abrazado»). Misión cumplida. O, al menos, ésa.

El 24 de enero, retirándose ya todos hacia el lago para regresar a sus líneas, los rusos les cortan el paso en Maloye Utschino. Quedan 34 españoles vivos, la mitad heridos. Los que pueden combatir se presentan voluntarios para recuperar la aldea y los cadáveres de sus compañeros muertos cinco días atrás. Apoyados por un blindado alemán, 16 españoles atacan y la toman de nuevo. El termómetro marca 58° bajo cero y el frío hiela los cerrojos de los fusiles. Por fin, tras desandar camino por el lago acompañando a los alemanes rescatados, los españoles regresan a su punto de partida. De los 206 hombres que salieron dos semanas atrás, sólo hay 32 supervivientes entre ilesos y heridos. Todos recibirán la Cruz de Hierro alemana, la Medalla Militar colectiva, y el Capitán Ordás, la individual.

El más exacto resumen de su epopeya lo hace el último intercambio de comunicaciones entre Ordás y el Cuartel General: «Dime cuántos valientes quedáis en pie»... «Quedamos doce».


Descripción ampliada de la batalla en la entrada:

LA COMPAÑIA DE ESQUIADORES 250 Y LA EPOPEYA DEL LAGO ILMEN




Francisco Javier de la Uz Jiménez



1 comentario:

Javier de la Uz dijo...


No estoy de acuerdo con usted Sr. Pérez-Reverte, en lo que se refiere a que “muchos de los voluntarios para Rusia, en cuyas filas, junto a falangistas y anticomunistas, hubo otros que fueron por necesidad, hambre o deseo de aventura”.

Dudo mucho que por esas circunstancias, cruzaran el lago ILMEN helado, combatieran hasta el final y a su regreso, siguieran luchando, y solo por “hambre o deseo de aventura”.