9/6/18

PARDINES, MEDIO SIGLO DEL DÍA EN QUE ETA DECIDIÓ MATAR
















El Guardia Civil gallego fue la primera víctima de la banda terrorista ETA, en 1968.




El Guardia Civil José Antonio Pardines Arcay, gallego de Malpica de Bergantiños (La Coruña), de 25 años, regulaba el tráfico en Aduna (Guipúzcoa) cuando un fatal cruce de destinos acabó con su cuerpo con cinco disparos en el suelo, en medio de un charco de sangre, la primera que la banda terrorista de ultraizquierda ETA derramó en el País Vasco.

Este primer asesinato de ETA sucedió el 7 de junio de 1968, hace ahora medio siglo, y significó el inicio de una trayectoria terrorista que se ha prolongado durante casi cinco décadas y ha dejado 853 víctimas mortales hasta su disolución definitiva este mismo año.

Aquel mismo día murió también, abatido por la Guardia Civil, el asesino de Pardines, el dirigente etarra Txabi Etxebarrieta, a quien la izquierda abertzale convirtió en un mártir y un mito y al que, aún hoy, 50 años después, sigue tributando reconocimientos y homenajes con la connivencia de las instituciones.

El nombre de Pardines, mientras, pasó al olvido, como demuestra una encuesta llevada a cabo el año pasado por el Euskobarómetro vasco, que preguntó por la identidad de la primera víctima mortal de ETA, cuestión que únicamente supo responder correctamente el 1,2% de los encuestados.

Para recuperar su memoria, el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo ha editado este año un libro sobre el asesinato del Guardia Civil, titulado “Pardines, cuando ETA empezó a matar”, coordinado por el profesor Gaizka Fernández Soldevilla y por el periodista y director del Centro Florencio Domínguez. 

Este monográfico, además de rescatar la memoria de Pardines, escruta la causa judicial del asesinato, hallada en Galicia cuando se creía ya extraviada y desmonta algunos de los mitos establecidos en el País Vasco, a fuerza de ser repetidos por la izquierda abertzale.

Pardines, adscrito a la Unidad de Tráfico de la Guardia Civil, a la que pidió incorporarse por su afición a las motos, regulaba la circulación en una carretera local de Aduna cuando dio el alto a un SEAT 850 cupé con matrícula de Zaragoza en el que, para su desgracia, viajaban Txabi Etxebarrieta y otro miembro de ETA, Iñaki Sarasketa, ambos armados.

El Guardia siguió al vehículo con su motocicleta y lo hizo parar a la altura del kilómetro 446,5, tras lo que pidió al conductor (Etxebarrieta) el permiso de circulación, que cotejó con el número de bastidor del coche y, tras poner objeciones porque no coincidía, fue asesinado sin que llegara a tocar su arma, a diferencia de la versión que difundió la propia banda.


 Sepelio el 7 de junio de 1968 tenía lugar en la localidad coruñesa de Malpica el entierro del Guardia Civil José Antonio Pardines Arcay. EFE

“El relato creado por ETA en 1968 es el de un duelo del salvaje Oeste, en el que Pardines había parado el coche y había echado mano a su pistola para atacar a los dos etarras, pero ellos fueron más rápidos”, destaca Fernández Soldevilla, quien añade que, de esta manera, el nacionalismo radical “convirtió al asesino en víctima y a la víctima en agresor”.

“Le dieron la vuelta a los hechos, tergiversándolos y de esa manera intentan justificar todos los atentados que han llegado después”, resalta el historiador.

Además de la sentencia sobre los hechos, el propio Iñaki Sarasketa, único testigo de los hechos que sobrevivió a aquel 7 de junio, refutó esta versión en varias entrevistas, en las que aseguró que Etxebarrieta disparó contra el Guardia cuando este, de cuclillas y dando la espalda a los etarras, hizo ver que la documentación no coincidía con el coche.

Sarasketa, fallecido el año pasado, aseguró también que sólo disparó Etxebarrieta y que él sugirió desarmar al Guardia y huir. Otro dato que no había sido refutado pero que el expediente policial y el análisis balístico ponen en duda, ya que las cinco balas que acabaron con la vida de Pardines correspondían a dos pistolas diferentes.

ETA no había planeado matar a Pardines, pero sí había adoptado la decisión histórica de comenzar a asesinar. En concreto lo hizo apenas cinco días antes del asesinato de Pardines, en una reunión de su dirección en Ondarroa (Vizcaya), donde eligió a sus dos primeros objetivos: los Jefes de la Brigada de Investigación Social de Vizcaya, José María Junquera, y de Guipúzcoa, Melitón Manzanas, al que la organización mató dos meses después.

Cuando se toparon con Pardines “ya habían decidido matar” y disparar sobre el Guardia de Tráfico “fue una decisión de los etarras, de Txabi Etxebarrieta, que era un jefe de la banda”, subraya Fernández de Soldevilla.

Aquel 7 de junio de 1968 apenas se sabía nada de ETA y la Guardia Civil, que abatió a Etxebarrieta horas después en un enfrentamiento en Benta Haundi, a las afueras de Tolosa, no conocía su identidad ni relacionaba todavía el asesinato de Pardines con la organización terrorista. Lo hizo al día siguiente, cuando fue detenido Sarasketa en la localidad de Régil.

La memoria de Etxebarrieta la cultiva una asociación civil creada en Bilbao, su localidad natal, que ha organizado esta semana actos de recuerdo al asesino etarra.

“Es un ejemplo claro del peligro que corremos en el País Vasco. ETA ya no mata, ha desaparecido, pero por debajo de esta normalidad sigue un discurso de odio y sigue la tergiversación del pasado y el hecho de que se esté glorificando después de 50 años a un asesino indica que todavía tenemos un problema grave”, lamenta Fernández de Soldevilla.


EL CAMIONERO QUE SE ENCARÓ CON LOS ASESINOS DE PARDINES: "NO ME SIENTO UN HÉROE"


Fermín Garcés Hualde


"No me siento un héroe ni nada de eso; lo hice por humanidad". Son las palabras de Fermín Garcés, el camionero que hace exactamente 50 años se enfrentó a los asesinos del Guardia Civil José Antonio Pardines, la primera víctima de ETA. No tuvo miedo, pero se jugó la vida. A sus 86 años, Fermín rememora para Efe ese episodio. 

Garcés y su hija Carmen reciben a Efe en su casa de Madrid horas antes de que se cumpla medio siglo de aquel 7 de junio de 1968, cuando el Agente Pardines regulaba el tráfico en Aduna (Guipúzcoa) y fue acribillado por cinco disparos que le causaron la muerte, la primera del historial sangriento de ETA.

Fermín transportaba maíz desde Francia a Madrid y era consciente de que la carga de su camión superaba en dos toneladas lo autorizado. Por eso, cuando vio a Guardias Civiles se puso en alerta y, de repente, escuchó un sonido parecido a un disparo.

Pensó —continúa Fermín su relato— que se trataba del ballestín de su camión, que cuando se rompe suena igual que un disparo. Pero su vehículo funcionaba con normalidad. Miró a su alrededor y vio como Pardines cayó muerto, a la vez que escuchó cuatro tiros más dirigidos al Agente.

No dudó en bajarse del camión, pero los dos terroristas, Iñaki Sarasketa y Taxbi Etxebarrieta, dos jóvenes de 19 o 20 años, como llegó a calcular Fermín, tiraron la moto que Pardines había puesto delante del coche de los sospechosos y se introdujeron en un SEAT 850.

Fue entonces cuando el camionero, sin dudarlo, cogió de un hombro a Sarasketa y le espetó: "¡Quietos, asesinos, bandidos, quietos aquí!". Los terroristas le pusieron la pistola en la cabeza y no le mataron "de milagro", rememora Fermín Garcés, quien recuerda cómo hacía "culebrillas" con su cuerpo por si disparaban para evitar así ser alcanzado. O al menos, intentarlo.

Tras el camión había varios coches, que no pudieron presenciar los hechos porque el vehículo pesado impedía la visión. Fermín pidió a los ocupantes de uno de los turismos que avisaran al otro motorista de la Guardia Civil, compañero de Pardines, de que éste había sido abatido.


 Lugar en el que murió el agente Pardines, momentos después de su asesinato. EFE

Intentaron coger la matrícula del coche de los terroristas -"no llevaba ni bolígrafo", dice Fermín-. En una papelera cercana, avisó al Cuartel de Tolosa y un grupo de Guardias Civiles llegó hasta el lugar.


Al verse asediados, los terroristas salieron del coche e intentaron huir "monte arriba". Se cruzaron disparos, Etxebarrieta resultó herido -murió después- y Sarasketa consiguió llegar hasta la casa del Cura de Tolosa tras amenazar al conductor de un coche, que tuvo que llevarle, pero finalmente fue detenido.

"Fue todo tan rápido... Actué de esa forma... No me lo podía creer ni yo", relata emocionado Fermín, que pide disculpas por ello y por si en algún momento de su narración le cuesta hacer memoria de todo lo que en esos días ocurrió.

"No sabía que eran de la ETA, solo que eran unos chicos jóvenes" los que habían disparado. Cuando días después Fermín fue requerido por la Comandancia de San Sebastián, reconoció sin ningún titubeo a Sarasketa como uno de los terroristas.

A partir de ahí, la vida del camionero, que hasta entonces trabajaba para una empresa, cambió radicalmente. En la Guardia Civil le ofrecieron regalarle un camión, pero él no quería nada, solo entrar en el Cuerpo.

Hasta entonces no había ni soñado esa posibilidad, pero tras el atentado a Pardines deseó ser miembro de la Benemérita, aun consciente de que ganaría la mitad del sueldo que conseguía como camionero.

Mientras llegaba la fecha de ingreso en la Academia de Sabadell (Barcelona), Fermín pasó un mes en su pueblo, donde había gente afín a la causa etarra. Pero él no tenía miedo ni se sintió señalado. Claro que el Cabo José, "un tiarrón", ya le había dicho: "Fermín, no te preocupes que te vigilamos, aunque no nos veas".

Su mujer no se creía lo que había hecho. "¡Cómo va a hacer eso Fermín!", se preguntaba. Su hija Carmen da la respuesta: "Mi padre es muy lanzado, no tiene miedo a nada. Si ve en la calle una discusión, enseguida media".

Fermín ha desarrollado su carrera en el Parque Móvil de la Guardia Civil en la calle del Príncipe de Vergara de Madrid. No ascendió y dejó el curso de Cabo a medias porque el sueldo no le daba y tuvo que buscarse otros trabajos de tarde: acomodador, camarero, portero en el Santiago Bernabéu...

Ha sido testigo de la "increíble" evolución de la Guardia Civil, un Cuerpo que para él es "lo más grande del mundo" y cuyos Agentes merecen, a su juicio, un mejor sueldo.

En otros tiempos Fermín no hubiera imaginado que las mujeres iban a ingresar en la Benemérita. Y mira por donde, su nieta ya es Guardia. Hizo Sociología, tuvo su primer destino en una localidad de Madrid y su ilusión es entrar en alguna Unidad de Información.

Fermín lamenta que a los Agentes se les haya acosado en Cataluña. "El mundo se está volviendo loco", enfatiza.

Coincide el 50 aniversario de su heroicidad y de la muerte de Pardines con la disolución de ETA, que era algo que "tenía que llegar", porque "todo se termina, hasta las guerras", añade Fermín.

Los terroristas "han hecho mucho mal, ha durado mucho, han matado a gente e incluso a chiquillos que no tienen culpa de nada. No hay derecho", insiste.

Fermín sonríe al terminar cada frase y su expresión se dulcifica. Pese a los reconocimientos, le resta importancia a su acción. "¿Héroe de la Guardia Civil? Qué pichorras. No soy héroe. Hice lo que tenía que hacer, por humanidad". Es más que suficiente. Ya no puede haber más preguntas. 


                              






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