1/4/18

EL DRAGAMINAS TAMBRE (SMOKEY JOE) CONTRA LA ROYAL NAVY







Una curiosa estratagema servía, en los arios setenta, a un viejo barco de nuestra Armada para afirmar la Soberanía española sobre las aguas próximas a Gibraltar, frente a las más potentes, y prepotentes, embarcaciones de la Marina británica.





En estos últimos años, de vez en cuando, el editor de un periódico de Gibraltar se refiere a un Buque de Guerra español, al que jocosamente denomina Smokey Joe, que navegaba por las aguas de la bahía de Algeciras a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado.

Casi siempre era el DRAGAMINAS TAMBRE, de la clase Bidasoa, basada en el proyecto alemán “Minensuchboot 1940”. Con unas 700 toneladas de desplazamiento, un cañón de 88 mm y una dotación de 78 hombres, su propulsión era mediante dos calderas que quemaban carbón. Patrullaba la bahía para reafirmar nuestros derechos. Tuvo por entonces, y entre otros, como Comandantes a los Tenientes de Navío Santiago Liaño, Luis Carrero y Alejandro Artal. De una u otra forma todos ellos hicieron lo que vamos a relatar.



Dragaminas Tambre



En repetidas ocasiones, cuando Smokey Joe estaba cumpliendo su misión cerca del espigón de San Felipe, se presentaba una Fragata de la todopoderosa Marina británica conminándole a que se marchase. Aunque no siempre, seguramente se intercambiaban a menudo los textos de rigor, reafirmando los derechos de cada uno, según su propia interpretación. Lo cierto es que, normalmente, el Dragaminas español acababa por moverse… precisamente a barlovento.

Se movía a barlovento y, cuando su Comandante consideraba que ya estaba en el punto adecuado, daba la orden de soplar las calderas. La combustión deja un resto de hollín por el exterior de los tubos de agua, por lo que cada cierto tiempo (suele ser el lapso de una guardia, cuatro horas), hay que forzar los ventiladores para que arranquen el hollín depositado. Este sale por la chimenea, como una nube de humo. Soplar las calderas evita, entre otras cosas, que el hollín acumulado entre en combustión.

El Comandante español calculaba con precisión el punto en que situarse y, llegado a este, ordenaba soplar. En pocos minutos, la Fragata británica -sometida a un inesperado “ataque” más propio de la guerra química, con su dotación cubierta de hollín hasta las cejas, sus uniformes hechos un asco y el buque pintado de negro por efecto del hollín- no tenía más remedio que marcharse y dejar a Smokey Joe solo en las aguas en disputa. En el TAMBRE se jugaba una porra sobre si la nube de hollín daba o no exactamente en el puente de la Fragata. Cuando acertaba de lleno, la dotación rompía en una salva de aplausos dedicada al Jefe de Máquinas. Todo esto causaba un profundo malestar en la Royal Navy. El malestar trascendió a la OTAN, de la cual España no formaba parte.

Mandando el TAMBRE -con base en Rota- el Teniente de Navío Alejandro Artal, visitó Rota una agrupación Naval holandesa al mando de un Almirante. Este había oído en la OTAN estas informaciones sobre los españoles y la curiosidad le pudo. Preguntó si era cierto eso que se contaba del fondeadero de La Línea de la Concepción y que se usaban buques con propulsión a carbón para llenar de humo a los ingleses y echarlos de las aguas en disputa. Le dijeron que sí y que, además, allí mismo estaba uno. Llamaron al Comandante y el Almirante holandés le preguntó si podía hacer una demostración. El Marino español respondió que sí, pero que necesitaba un barco contra el que hacerla. El holandés le señaló uno que estaba fuera de la base y le dijo: “Ese, que es de los míos”. Artal hizo la demostración, dando de lleno en el blanco, para jolgorio de españoles y holandeses.

Ese fue el “Smokey Joe” del que alguno en Gibraltar se ríe; un buque que, miren por dónde, puso de manifiesto que, en las situaciones de crisis, las respuestas asimétricas pueden ser las más eficaces.


LA ROTONDA

Por Ángel Liberal Fernández Capitán de Navío (R.) y colaborador del Blog “General Dávila”



Francisco Javier de la Uz Jiménez



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