ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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25/1/17

LA TRAGEDIA DEL YAK-42




















LA TRAGEDIA DEL YAK-42: LA VERDAD JURÍDICA, LA VERDAD REAL Y LA SOBERBIA

            La prudencia se me agota ante la publicación de tantas medias verdades interesadas con la única fundamentación de las afinidades o disparidades políticas, la última la que se permite, desde las páginas de ABC, el señor Díez Moreno, por sus recuerdos tras  haber sido Secretario de Estado de Defensa con el señor Trillo, y llega a gritar (sic) “Yo soy Trillo” como otros gritaron “soy Charlie” afanándose entusiasmado en ser el vocero gritón. Pues yo ni fui Charlie ni soy Trillo, soy el abajo firmante. Y expondré lo que creo que fue la verdad real sin precisar ni de solidaridades ni de iracundos arrebatos.
            Como prólogo  creo que debo decir que en el retorno a la actualidad de esta terrible desgracia hay algo de oportunismo que confieso que no sé a qué obedece, pero escuché que eso mismo dijo el Presidente del Gobierno al que también sorprendió la publicación ahora del nuevo dictamen del Consejo de Estado (dos años completitos -de octubre de 2014 a octubre de 2016- para redactar ochenta y dos páginas: la verdad unas 0.8 páginas a la semana no parece mucha eficiencia. Quizá la senectud lo explique). Dictamen, que si lo leen -yo le he hecho-, verán ya en el encabezamiento (arriba a la izquierda) la relación de los consejeros, sin duda juristas de primera división, pero embadurnados políticamente hasta las cachas, y de todo el espectro político. No digo que no deba ser así, pero sin duda así es. Y resulta llamativo que siga actuando algún partero de nuestra Constitución que sin despeinarse pasó a alfombrar con sus amplísimos conocimientos jurídicos las posiciones del más rancio y peligroso separatismo vasco. Hay que tener algo singular dentro de la cabeza para hacer ambas cosas y “no estar loco” (disculpen la frivolidad del bolero) o quizá andar muy sobrado de ambiciones.
            Pero voy a la verdad real de aquella desgraciadísima tragedia que me privó de sesenta y dos de mis compañeros. En primer término, la contratación del maldito Yak-42 pudo ser legal y reglada pero sin duda no hubo la adecuada supervisión, al menos una vez denunciadas las infames condiciones que tenía para el transporte de seres humanos (¡soldados de España!, señor Ex Secretario de Estado), el comportamiento cicatero del Ministerio -no del JEMACON- estuvo más cercano a la patera que al transporte aéreo de soldados que regresaban tras arriesgar sus vidas llevando la bandera de España en el hombro izquierdo, Noruega zanjó el contrato de esos aviones dos años antes por su nula seguridad. Y quizá el señor Diez Moreno deba analizar con más lucidez y menos desprecio que si la cadena de mando militar no fue agradecida con el señor Trillo, no debió ser porque no les gustaban las corbatas que usa el señor ministro, sino porque rehuyó la responsabilidad que le correspondía cuando, en el mercado de pescado de Trebisonda (Turquía) le ordenó de viva voz a un Oficial General que había que terminar porque “Moncloa” decía que había que volver a Madrid. Y el General no supo -o lo hizo y fue inútil- decirle a la cara a un ministro que no. Y como las autoridades turcas se negaban, legítimamente, a autorizar la salida de los restos si no estaban identificados documentalmente, el General ordenó, a su vez, a los dos capitanes médicos que hicieran lo que pudieran y que ya se les identificaría adecuadamente en Madrid. Pero ojo, los dos capitanes médicos no eran forenses, sino patólogos; en el Cuerpo Militar de Sanidad no existe la especialidad de Forense. Los anatomopatólogos son esos especialistas médicos que estudian las células y las biopsias al microscopio, no identifican cuerpos en pescaderías. Es como si a un médico general se le pide, por razones de prisa política, que opere la catarata de un ojo en una cuadra. Recuerden que tras el atentado del 11 M, los cuerpos de los fallecidos en los trenes estuvieron semanas en IFEMA y fueron estudiados adecuadamente por decenas de forenses traídos de toda España.
            En la Inspección General de Sanidad de la Defensa se sabe muy bien lo que pasó realmente, pero ya nadie pregunta. Quizá no interese saber la verdad. Y así se condenó a los médicos militares, al general y a los dos capitanes, por cumplir una orden que nunca se debió cumplir aunque la ordenase el ministro Trillo en persona, de viva voz y con testigos, hoy mudos. Si “Moncloa” o el señor Trillo tenían prisa política que hubiesen corrido ellos, y si hacían falta semanas para identificar los cuerpos de los soldados españoles y que se llevasen los forenses que fueran precisos, que el señor Secretario de Estado de aquellos días los hubiese solicitado al Ministerio del Interior que -estoy seguro- con su eficacia demostrada los hubiera facilitado.
            No disculpo a los médicos –no debieron identificar lo que no estaba identificado, lo mandase quien lo mandase–, ni tampoco valoro la verdad jurídica; explico la verdad real: Hay órdenes que no se deben cumplir porque no se deben dar, y ni ¡Viva Honduras!, ni tenemos que regresar hoy a Madrid ni el “Manda huevos” es aplicable a los soldados de España. Nada de esto dicen ni el señor Trillo, ni el señor Díez Moreno, ni el Consejo de Estado, porque total ya tenemos tres culpables: el general médico ya ha fallecido y los dos capitanes médicos ya están fuera del Cuerpo Militar de Sanidad…
            Sí, señor Diez Moreno, hay que pedir perdón, bajarse del machito y abandonar tanta soberbia de basilisco con corbata, porque se dio una orden inadecuada cuando habían muerto mis compañeros a los que se trasladaba como ganado cuando regresaban de una zona de conflicto armado.
            Y no es preciso gritar, señor ex Secretario de Estado, simplemente hay que decir la verdad real, la verdad jurídica es de otro ámbito, y el dolor, el dolor queda para unas familias que no las hace suyas.

Julio César Rivera Rocamora
General de Brigada Médico (R)




Javier Zuriaga Sánchez