ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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29/11/16

LA MATANZA DE PARACUELLOS














El relato de este acontecimiento histórico está basado en testimonios suficientemente acreditados por historiadores, diplomáticos y testigos que han vivido ese Terror muy de cerca.


A pesar de ser conocidas de sobra tanto las persecuciones que se desencadenaron en Madrid, como la de miles de seglares, sacerdotes y monjas que fueron perseguidos y asesinados por sus convicciones y prácticas exclusivamente religiosas; en cambio, son muy poco conocidas las acciones emprendidas por la mayoría de los miembros del Cuerpo Diplomático establecido en Madrid, que gracias a ellos, miles de personas pudieron salvar la vida acogiéndose en Embajadas y Legaciones extranjeras

Félix Schlayer Gratwohl

Félix Schlayer Gratwohl, Cónsul de Noruega en Madrid durante los dos primeros años de la contienda, un hombre que carecía de toda ideología o compromiso partidista, fue el primero que contó al mundo el horror de las persecuciones, de los asesinatos masivos, de las torturas de las checas en el Madrid de la revolución. El primero que descubrió la matanza de Paracuellos del Jarama: cerca de unos cinco mil presos de las cárceles Modelo, San Antón, Porlier y Ventas de Madrid, asesinados a sangre fría en la mayor matanza colectiva de toda la Guerra Civil. El primero también que probó la implicación directa en la masacre de Santiago Carrillo (Consejero de Orden Público en la Junta de Defensa de Madrid), en compañía de Henry Henny, delegado de la Cruz Roja Internacional, al entrevistarse con él para preguntarle, horrorizado, por las sacas de presos y asesinatos en dichas cárceles, dejando todo ello documentado por primera vez en un libro. 

Ni una placa celebra su gesta en la desmemoriada España que se llena la boca de “Memoria histórica”. Su testimonio, editado en alemán en 1938, ni siquiera había sido publicado nunca en español hasta el año 2006. 

ANTECEDENTES DE LA GUERRA CIVIL.-

La campaña de agitación que se produjo con posterioridad a la revolución socialista después del levantamiento en Asturias en 1934, y las irregularidades electorales de febrero de 1936, debido a que el escrutinio al que se procedió pocos días después, se realizó bajo el desmedido abuso de poder que usurpaban los partidos de izquierdas, decidiendo en varias provincias donde las derechas habían obtenido el 80% de los votos, un mes después, ante la presión del Frente Popular, se “convertiría” ese resultado “por arte de magia” en un 90%, pero esta vez a favor de las izquierdas; desembocaron posteriormente, según Schlayer, en un acelerado proceso revolucionario. Primero, había tenido lugar el derrocamiento de Alcalá Zamora; luego, la perversión del juego parlamentario y el asesinato de Calvo Sotelo, líder de los partidos derechistas, que le anunció la muerte que le esperaba el mismo Presidente del Consejo de Ministros, Casares Quiroga.

Sobre esta base se asentaba la “legitimidad” de aquél Gobierno de la República española, tan tercamente encumbrada por franceses, ingleses y americanos.

EL ESTALLIDO DE LA GUERRA CIVIL.-



En la zona dominada por los rojos, los crímenes, producto de la ferocidad de las masas, iban en aumento semana tras semana, hasta convertirse en una espantosa orgía de pillaje y de muerte, no sólo en Madrid, sino en todas las ciudades y pueblos de dicha zona. Aquí se trataba del asesinato organizado. Ya no era sólo el odio del pueblo, sino algo que respondía a una metodología rusa: era el producto de una “animalización” consciente del hombre por el bolchevismo. De lo que se trataba era de adueñarse de lo que fuera a cambio de nada; y si era menester matar, se mataba. 




Macabra imagen de una Iglesia saqueada por los milicianos posando ufanos con la calavera de un cadáver profanado.






El principio del caos, fue en el Cuartel de la Montaña donde por vez primera comenzaron los asesinatos en los que participaron personas que hasta entonces nunca hubieran pensado tal cosa.

Una vez armado el populacho, debido a que el Presidente Giral dejara que las masas se armaran indiscriminadamente, exhortándolas a que hicieran uso de ellas sin escrúpulos, se abrieron también las puertas de las cárceles a los presos comunes. Los delincuentes comunes fueron los auténticos maestros de aquellas masas que habían comenzado a saber lo que significaba tener la “soberanía popular”.

Se inventa el “paseo”, a pesar de que desde los primeros días habían quedado incautados en Madrid todos los automóviles por el Gobierno, la mayoría habían sido efectuados por las llamadas organizaciones que surgían por todas partes como setas. Concretamente los anarquistas se distinguían por incautarse de los coches de mayor potencia, atracar las viviendas y llevarse a sus ocupantes en ellos fuera de la ciudad. Así es como surgió en España la expresión “dar el paseo”, que equivalía a asesinar.

En el espacio de tiempo transcurrido entre finales de junio y mediados de diciembre de 1936 se practicaron, solamente en Madrid, noche por noche, de cien a trescientos “paseos”; de cuando en cuando, recibía yo –en condición de Diplomático- de los Tribunales algunas estadísticas diarias al respecto. Por eso estimo, y con mucha cautela, que el número de asesinatos practicados en Madrid, sin procedimiento Judicial Oficial alguno, se sitúa entre 35.000 y 40.000, quedándome con seguridad por debajo de la cifra real, si estimo que el número de asesinados en toda la zona roja, durante este tiempo, fue de 300.000 (Félix Schlayer).


Yace en un charco de sangre una de las primeras víctimas civiles asesinadas en Madrid por las milicias republicanas.

Los “Tribunales populares” sin jueces, se debió a que los defensores de la “libertad del pueblo”, establecieron “tribunales populares” constituidos por los representantes de las organizaciones y comités revolucionarios que juzgaban y sentenciaban arbitrariamente a personas que les traían mediante denuncias por cualquier afiliado, sin intervención del Gobierno ni jurisdicción alguna. En cualquier lugar se juntaban una docena de jóvenes desaprensivos e iban a sacar de sus casas, de noche o incluso de día,  a los hombres y mujeres a quienes seguidamente sentenciaban a muerte. No dejaban, naturalmente, de registrar la vivienda en busca de objetos de valor.



El Gobierno de Giral no hizo nunca el menor esfuerzo por poner coto a las actividades criminales que se encargaban de realizar los presuntos comités políticos y demás organizaciones de todos los matices. Entretanto se iban llenando las cárceles con millares de mujeres y hombres de los mejores niveles de la sociedad y, sobre todo, se practicaba con gran celo la “requisa” de casas y bienes.





El fervor patriótico –como se ve…- animó muchas de las manifestaciones celebradas en el Madrid republicano, tanto antes como después iniciada la guerra y la revolución







LAS CHECAS.-


La checa de la calle Alcalá se mantuvo en servicio sólo durante poco tiempo. De allí pasó a la calle de Fomento nº 9, al Palacio de un Conde, en un rincón del viejo Madrid. Esta expresión: "Fomento 9" alcanzó en Madrid durante el otoño de 1936, resonancias terribles que a cualquier madrileño le ponía la carne de gallina sólo oírla. La persona que entraba allí, sólo en casos excepcionales salía con vida. Los hombres que allí llevaban, quedaban encerrados en celdas, en el sótano, y dentro de las 48 horas como máximo eran llevados ante el Tribunal. Éste celebrará sesión cada noche. De madrugada se daba a conocer la sentencia y se ejecutaba la misma. A la persona condenada la "cargaban" en uno de los automóviles ya dispuestos para el caso y, en cualquier carretera de los alrededores, le "invitaban" a bajar y la mataban a balazos. A otros, les "ponían" en "libertad", a saber, en plena oscuridad de la noche, a la salida del edificio, unos milicianos muy serviciales les invitaban a montar en su vehículo, para llevarlos a casa... y ya no se les volvía a ver, subraya Félix Schlayer.

La Policía facilitaba a petición de las organizaciones políticas y, probablemente también a otros elementos de la peor ralea, “cédulas” o "certificados de libertad". Con dichos "documentos", los milicianos sacaban presos cada noche, de uno u otro establecimiento penitenciario y les daban el "paseo". En la cárcel correspondiente se registraba simplemente, en cada ficha de aquella desdichada gente, la palabra: "libertad" de modo que, al efectuar nuestras comprobaciones, teníamos que averiguar la distinción entre la libertad "terrena" o la "eterna".

El mecanismo de extracción de los destinados a la muerte fue, en todos los casos, semejante: se presentaban en la cárcel miembros de la Dirección General de Seguridad y milicianos con una orden de libertad de presos; en autobuses de la Sociedad Madrileña de Tranvías los trasladaban a las inmediaciones de Paracuellos del Jarama (en su mayoría) y Torrejón de Ardoz y allí eran fusilados.



Un ejemplo de los documentos usados para las sacas de presos por orden de los organismos públicos          

(WEB HISPANIAINFO)

En los primeros días de noviembre de 1936, dice Félix Schlayer, se me presentó la ocasión de visitar la famosa checa de “Fomento 9”. Me acompañó el Delegado del Comité internacional de la Cruz Roja. Habían detenido y llevado a esa checa a un miembro del servicio doméstico de la Embajada del Japón y, una vez en ella, peligraba su vida como la de cualquier otro que la pisara en esas condiciones. El Ministro del Japón se había dirigido al Gobierno por telégrafo sin fruto alguno. Se dirigieron a mí con el ruego de que lo sacara y yo me decidí contemplar personalmente semejante antro.  

Cuando llegamos allí, dentro estaban las estancias, descuidadas, llenas de milicianos que corrían de un lado para otro y cuyo aspecto patibulario no inspiraba confianza alguna. La atmósfera de Terror, en cierto modo estaba en el aire y el miedo a la muerte que habían experimentado innumerables víctimas, continuaba "palpándose" y cortando el aliento.


Checas con distintos métodos de tortura: ARRIBA, la carbonera; DEBAJO, la ducha; y a la DERECHA, el tribunal de la silla eléctrica.

Pregunté directamente por el hombre de la Embajada del Japón. Uno de ellos consultó una lista y confirmó que hacía tres días que estaba allí. Le pedí que lo liberaran y me declaré dispuesto a llevármelo; como comprobé que tenían listas de sus detenidos, les pedí que me dieran un ejemplar de las mismas para la Cruz Roja Internacional, aproveché la ocasión para preguntar dónde tenían a los presos, y si ¿podríamos verlos?. Se nos llevó al sótano donde en las ocho diferentes celdas, estaban encerradas en total sesenta y cinco personas, entre ellas hombres en su mayor parte jóvenes y mujeres de todas las edades. Daban una impresión de descuido y turbación. Para sentarse no existía más que el suelo de baldosas. Nos dimos a conocer y hablamos, con todos. Un resurgir de esperanza recorría cada una de las salas al marcharnos nosotros. A continuación nos fuimos, llevándonos la lista de los presos, y al empleado japonés que, por cierto, era de nacionalidad española.

Crímenes monstruosos.-

Los primeros días de noviembre de 1936. Las tropas Nacionales presionaban, y se acercaban a Madrid provocando el pánico que aumentaba al máximo y descargaba en estallidos de furor y odio contra los indefensos cautivos.

Lo que ocurría en las prisiones, por entonces, puede deducirse de la descripción de las jornadas carcelarias en "Ventas", escrita por uno de los presos, que nos facilitó una visión de conjunto de sus vivencias mediante un álbum ilustrado con dibujos, que nos entregó después de salir de la prisión y cuando ya estaba refugiado en la Legación de Noruega.

La salida del Gobierno en la noche del 6 al 7 de noviembre llevó a Schlayer, a temer por la situación de los presos que había en las cárceles de Madrid. Por eso, la mañana del día 7 recogió al Delegado del Comité de la Cruz Roja y se dirigieron en coche, a la cárcel Modelo. Para su sorpresa se encontraron con que en la plaza que queda frente a la cárcel estaba cerrada en semicírculo por barricadas y milicianos de guardia con la bayoneta calada, en la entrada, prohibiendo su acceso. Dentro de la plaza que quedaba cerrada con las barricadas, había gran número de autobuses. Tras un forcejeo, consiguieron entrar en la cárcel y entrevistarse con el Subdirector, éste les informó de que los autobuses iban a trasladar a unos 120 Oficiales a Valencia para evitar que pudieran ser liberados por los Nacionales,  y que el excesivo número de ellos, se debía a que tenían que recoger militares de otras cárceles. 


Se trasladaba a los condenados en autobuses de dos pisos para agilizar el exterminio

Entonces, para corroborar la información, decidieron ir a la cárcel de Mujeres, donde todo iba bien y de allí se dirigieron a la Dirección General de Seguridad, donde en cambio, reinaba el caos. La noche anterior el Gobierno se había ido, en secreto, a Valencia y con él, el Director General. Allí le informaron que la nueva Directora General era Margarita Nelken (diputada socialista, judía, de origen germano-francés). El Diplomático manifestó su deseo de hablar con ella, pero le comunicaron que no era posible.

Abandonaron la búsqueda de dicha “mandamás” de la Policía, y acudieron al Ministerio de la Guerra donde se encontraba el Mando militar, recién nombrado, al frente del General Miaja. Le pedimos protección y seguridad para los presos, que nos preocupaban mucho, y le contamos todo lo que habíamos observado por la mañana en la cárcel Modelo. Miaja nos prometió todo: "a los presos no les tocarían ni un pelo".


Cárcel Modelo

Hoy en día, en el mismo solar, se encuentra el Cuartel General del Ejército del Aire edificado en la posguerra

Al terminar la entrevista nos acompañó un ayudante, recomendando que esperáramos un poco, porque iba a tener lugar a continuación una reunión con los representantes de los partidos del Frente Popular, donde se iba a nombrar la nueva "Junta de Defensa" de Madrid, y él nos presentaría al nuevo Delegado de Orden Público, inmediatamente después de su nombramiento.


Santiago Carrillo marchando con los milicianos durante la Guerra Civil
(Foto Cordón Preess)


Tal autoridad, se llamaba Santiago Carrillo, con el que tuvimos una conversación muy larga en la que ciertamente recibimos toda clase de promesas de buena voluntad y de intenciones humanitarias con respecto a la protección de los presos y al cese de la actividad asesina, pero con el resultado final  por todos  percibido de una sensación de inseguridad y de falta de sinceridad. Le puse en conocimiento de lo que acababa de decirme el Director de la cárcel y le pedí explicaciones. El pretendía no saber nada de todo aquello, cosa que me pareció inverosímil.

Pero a pesar de todas aquellas falsas promesas, durante aquella noche y al siguiente día, continuaron los transportes de presos que sacaban de las cárceles, sin que Miaja ni Carrillo se creyeran obligados a intervenir. Y, entonces sí que no pudieron alegar desconocimiento ya que ambos estaban informados por nosotros.


Durante los días siguientes, las  peores sospechas de Schlayer,  fueron adquiriendo una terrible solidez. Primero, se trató de dos presos liberados que pidieron asilo en la Legación de Noruega y que relataron  cómo los milicianos se habían jactado de que iban a matar a los evacuados. A esto se sumó la noticia de que los presos no habían llegado al supuesto destino en Valencia. Pocos días después, pudo recoger información en otras prisiones y pude comprobar que en San Antón y en Porlier se habían producido asimismo sacas sospechosas.

Ahora estaba claro: habían asesinado a 1.200 detenidos, a los que habían sacado de las cárceles con tal fin, ya que ni siquiera se había cursado el usual preaviso. Simplemente se ha producido una matanza en masa. 

LAS FOSAS.-


























Puerta del cementerio de Paracuellos del Jarama


























Vista general del cementerio de Paracuellos del Jarama

Schlayer había oído rumores sobre unos enterramientos en Torrejón de Ardoz. Hacia allí se dirigió el Diplomático acompañado del Encargado de Negocios argentino Pérez Quesada, decidido a descubrir el lugar donde se podían haber producido los fusilamientos. Se entrevistó con un campesino al que conocía, quien le informó de que algunos de los autobuses se habían encaminado en dirección al río Henares, y otros habían tomado el camino de Parcuellos del Jarama. Llegaron por carretera al puente sobre el Henares. En una casa cercana al puente, una mujer les comentó que el domingo había pasado un buen número de autobuses, llenos de hombres. Los vehículos se habían metido por un camino rural y al poco tiempo había comenzado a escucharse un tiroteo toda la mañana, y el lunes volvió a pasar otro autobús con más hombres.

Luego se dirigieron por un camino vecinal a un Castillo cercano, entraron y le preguntaron directamente al miliciano que estaba de guardia dónde habían enterrado a los hombres fusilados el domingo, sugiriéndole a éste que les acompañara hasta allí.

A unos ciento cincuenta metros del Castillo, el miliciano entró en una zanja profunda que iba hasta el río y que llamaban “Caz”. En el fondo de la zanja había una elevación de unos dos metros de altura de tierra recientemente removida. El miliciano la señaló diciendo que era el lugar donde empezaba. En el lugar se apreciaba un fuerte olor a putrefacción; por encima del suelo se veían desigualdades, como si emergieran miembros. No se había echado sobre los cadáveres más que una capa fina de tierra.


Las siete fosas de los fusilados en Paracuellos que narran la matanza. Archivo Nacional Histórico

Las dimensiones de la fosa eran de unos trescientos metros; Schlayer calculó que en la tumba podría haber enterrados entre quinientos y seiscientos cuerpos. 

A continuación, el miliciano relató a los dos diplomáticos cómo había sucedido todo: Habían aparcado los autobuses arriba en la pradera. Cada diez hombres atados entre sí, de dos en dos, eran desnudados –es decir, les robaban sus pertenencias- y les hacían bajar a la fosa, donde caían tan pronto como recibían los disparos. Después tenían que bajar los otros diez siguientes, mientras los milicianos echaban tierra a los anteriores. Como los presos eran asesinados de diez en diez, cayendo unos encima de otros, no cabe la menor duda: quedaron sepultados gran número de heridos graves que aún no estaban muertos.

Schlayer, más tarde descubriría fosas paralelas a lo largo de la carretera a la vera del río Jarama, con longitudes de unos 200 metros.



La mayor fosa común de la Guerra Civil está en Paracuellos del Jarama

LAS VÍCTIMAS.-

Siguiendo estudios recientes –y verdaderamente escrupulosos de J.A. Ezquerra- la cifra de fusilados en Paracuellos y Torrejón debe cifrarse en 4.200 personas que han sido totalmente identificadas. A este número, habría que añadir otros 700 inhumados y traídos después de la Guerra a la fosa nº 7,  procedentes de Barajas y otros enclaves de Madrid. La cifra total de fusilados en Paracuellos posiblemente no podrá saberse nunca con absoluta precisión pero, como vemos, rondó una unidad cercana a las cinco mil personas.


Una de las 600 cruces que cubrían los campos de Paracuellos del Jarama, en 1939


EL MISTERIOSO AVIÓN DERRIBADO QUE CONVIRTIÓ PARACUELLOS EN UN ENIGMA.-


Avión “Potez 54” derribado durante la Guerra Civil Española

El 8 de diciembre, el delegado de la Cruz Roja Internacional, doctor Henny, viaja a bordo del avión “Potez 54”, propiedad del Gobierno francés, con los distintivos de la Embajada de Francia bien visibles hacia Ginebra donde se iba a celebrar sesión del Consejo de la Sociedad de Naciones. Además del delegado de la Cruz Roja Internacional, iban los periodistas Louis Delaprée y André Chateu y dos niñas menores de doce años.  Llevaba en sus maletas documentos probatorios de las atrocidades cometidas en Madrid. Pero ese avión es derribado a la altura de Pastrana (Guadalajara), por dos cazas rusos y las pruebas documentales de las matanzas de Madrid nunca llegan a su destino.

El Diplomático noruego Félix Schlayer realizó una investigación del derribo y así lo reflejó en su libro 'Diplomático en el Madrid rojo':

"...A la altura de Guadalajara, es decir, a pocos kilómetros de Madrid, se cruzó de frente con otro avión que al principio le pasó a bastante distancia. Llevaba los distintivos del Gobierno rojo. El francés lo saludó como es habitual haciendo señas con las alas, es decir, moviéndolas dos veces arriba y abajo para ser reconocido a pesar de que tenía grandes distintivos franceses. El avión rojo pasó de largo, se alejó, giró, volvió y se colocó bajo el francés. Después le disparó desde abajo con su ametralladora. Luego escapó con rapidez. El asustado piloto francés me hizo personalmente esta narración"

Aunque la prensa republicana calificó el ataque como un atentado franquista contra la Cruz Roja Internacional e incluso contra el Gobierno de Francia, se ha demostrado muchos años después que fueron los propios cazas republicanos los que derribaron el “Potez”. García Lacalle, Jefe de los cazas de la República, reconoció en su propia biografía que los pilotos que habían derribado el avión francés eran los soviéticos G. Zajarov y N. Shimelkov. Se trató de una operación dirigida directamente por los Servicios secretos de la Unión Soviética que operaban en España durante la contienda.



ALGUNOS TESTIMONIOS.-

Melchor Rodríguez, el anarquista que paró las sacas de Paracuellos (EL ÁNGEL ROJO)

Según la obra Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español, editada por la Fundación Anselmo Lorenzo, nuestro Melchor era un andaluz con ángel, nada amigo del comunismo prosoviético de entonces y partidario de un anarquismo pacifista y humanista. Director de Prisiones durante la etapa ministerial de Juan García Oliver, 5 de noviembre de 1936, sobresalió por su comportamiento humanitario hacia los detenidos por las "checas estalinistas de Madrid, checas que denunció con riesgo para su propia vida, lo que le valió el calificativo de "quintacolumnista" por parte del Partido Comunista cuyos voceros siguen considerándolo un "traidor" junto con el Coronel Casado y Julián Besteiro. Terminada la Guerra, fue detenido por el franquismo. No fue condenado a muerte debido a su comportamiento y estuvo poco tiempo en la cárcel dadas las circunstancias.

 El anarquista Melchor Rodríguez


Rafael Luca de Tena, uno de los presos destinados a morir en aquellos días y que salvó la vida gracias a Melchor Rodríguez, lo cuenta de este modo:

"A los pocos días de llegar a la cárcel de Alcalá, y como consecuencia de un bombardeo, las turbas se dirigieron a la prisión con el objetivo de liquidarnos a los más de 1.500 presos que allí estábamos. La primera persona que les hizo frente fue el director, bajito de cuerpo pero grande de alma, que con gran valor impidió la arremetida. Luego llegó un coche de la Dirección General de Prisiones con varios detenidos y en el que venía Melchor Rodríguez, el anarquista, al que habían nombrado delegado de Prisiones. Colocó la furgoneta en la puerta de entrada y subiéndose al techo de la cabina logró detener a las masas."




EL NIETO DE UN ASESINADO EN LA GUERRA CIVIL pone negro sobre blanco cuarenta y tres crímenes nunca hasta ahora estudiados a fondo.

Carlos Samper Roure con sus hijas


En la madrugada del 7 de noviembre de 1936, al pie del Cerro de San Miguel, frente a la que sería la Fosa nº1, fue fusilado en Paracuellos del Jarama el Teniente de Ingenieros Carlos Samper Roure. Había ingresado en el Ejército como Soldado raso, tenía 42 años y cuatro hijas de corta edad y llevaba detenido desde el 20 de julio. Escribió en cautividad veinte emotivas cartas a su mujer y a sus pequeñas (tierno con éstas, amoroso y práctico con aquélla) que han servido a su nieto JESÚS ROMERO SAMPER como hilo conductor de una de las más completas investigaciones sobre las sacas de aquel tétrico invierno, publicada bajo el título Cartas a Paracuellos (De Buena Tinta). Las muertes del Cuartel de la Montaña han eclipsado lo que sucedió en el cercano Cuartel de Conde Duque, que alojaba un Centro de Transmisiones donde estaba destinado el Teniente Samper. Las Unidades quedaron acuarteladas al estallar el Alzamiento. No estaban comprometidas con él y quedaron a la espera de órdenes. Aisladas de la cadena de mando, enseguida fueron cercadas y hostigadas por grupos de milicianos, a quienes contuvieron con el mínimo de fuego. Finalmente se entregaron a la Guardia Civil, pero el destino de cuarenta y tres militares estaba sellado. No como represalia por un movimiento en el que no habían participado, sino como fase del estudiado plan frentepopulista de exterminio de desafectos.

CARMELO LÓPEZ-ARIAS. Intereconomia.com


EN LA MASACRE FUERON ASESINADOS 276 MENORES DE EDAD


Cruces en el Cementerio de Paracuellos del Jarama

Entre las víctimas había muchas personas que no habían llegado a la mayoría de edad (situada entonces en los 23 años). El 4 de diciembre de 2006, familiares y amigos de los asesinados publicaron una esquela a toda página en el diario El Mundo citando los nombres de 276 menores de edad asesinados en estas masacres. He conseguido esa esquela y he decidido publicar aquí la lista de los 50 asesinados -todos varones- con edades comprendidas entre los 13 y los 17 años, apenas unos niños. Mientras transcribía sus nombres he visto que, atendiendo a los apellidos, cuatro de ellos fueron asesinados junto a sus hermanos mayores. No he querido separarlos en este pequeño homenaje, así que he puesto los nombres de los hermanos mayores en las entradas correspondientes. La lista incluye 1 asesinado que sólo tenía 13 años, 2 asesinados de 15, 8 asesinados de 16 y 39 asesinados de 17.

Véase la lista de los nombres de los 50 niños asesinados por los comunistas en la masacre de Paracuellos en este enlace:




Francisco Javier de la Uz Jiménez


Bibliografía:

MATANZAS EN EL MADRID REPUBLICANO, Félix Schlayer. (El relato del diplomático que descubrió, entre otras, la masacre de Paracuellos). Publicado en 1938 en alemán y traducido por Carmen Wirth Lenaerts.

PARACUELLOS – KATYN, César Vidal


4 comentarios:

Juan Salafranca dijo...

Esto es Historia. La memoria es mucho más frágil.

Eduardo Zamora Torres dijo...

La Historia es así. Guste o no guste, así fué. Javier,magnífico trabajo de estudio y búsqueda de datos. Es increíble que este Consul de Noruega, que salvó a tantos de la muerte, no se conozca ni se reconozca su obra. Testigo presencial de aquellos sangrientos acontecimientos.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

¿Por que esto no se cuenta en los libros de historia de nuestros hijos?
Muchas gracias, Javier, por lo que nos cuentas. Por lo que trasmites a los jóvenes. A aquellos que no se dejan intoxicar por la perversa y cínica Ley de Memoria Histórica.

Anthony J Candil dijo...

Tremendo, pero esto ya lo sabiamos.
Uno de mis tios murio alli.

Lo que no es de recibo es que el llamado ahora "rey emerito" (emerito, de que?)fuera a dar el pesame a la familia del asesino Santiago Carrillo, e incluso lo ensalzase como si fuera un gran hombre. Eso es inadmisible, se mire por donde se mire.

un abrazo a todos