ESE EJÉRCITO QUE VES.
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a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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18/6/16

LA TRAGEDIA DE CASAS VIEJAS (Cádiz) en 1933













CASAS VIEJAS, 83 AÑOS DESPUÉS


En la historia reciente de España, hace ya algo más de 83 años, se desencadenaron los dramáticos sucesos de Casas Viejas, que tuvieron enormes consecuencias políticas para la II República.


Sucesos de Casas Viejas en el que Guardias Civiles y Guardias de Asalto irrumpen en una vivienda tomada por anarquistas

Al comenzar la II República en España en 1931, el nuevo Gobierno puso en marcha una Reforma Agraria para dotar de tierras a los campesinos sin propiedad llamados jornaleros o yunteros, sin embargo, la falta de fondos para indemnizar a los latifundistas hace que la ley aprobada en 1932 sea excesivamente lenta. La inquietud social y la protesta de la izquierda por este retraso fue la causa del alzamiento anarquista que acabó con los sangrientos sucesos de Casas Viejas (Cádiz).

El 8 de enero de 1933, se iniciaron alzamientos anarquistas en Barcelona, Madrid y Valencia. La insurrección fue sofocada rápidamente, pero, tres días después, el 11 de enero, estalló inesperadamente la lucha en el pequeño pueblo gaditano de Casas Viejas. En el lugar habían prendido las ideas anarquistas y revolucionarias contra el poder establecido, que oprimía a los campesinos que vivían en pésimas condiciones.

Los jornaleros del pueblo cortan las líneas telefónicas y telegráficas y abren zanjas en las carreteras. Concentrados en la plaza destituyen al Alcalde de filiación republicano-radical y le exigen que comunique a los Guardias Civiles que toda resistencia es inútil. El Sargento de la Benemérita responde que "antes moriría defendiendo la República que entregarse". Entonces se produjeron los primeros disparos contra el Cuartel que no conseguirían tomarlo, (donde resultan mortalmente heridos dos Guardias Civiles). Mientras se producía el ataque los campesinos quemaron el Ayuntamiento y la Casa de Arbitrios (Registro de la Propiedad).

Ante esta situación la Guardia Civil pidió refuerzos, que llegarían acompañados de Guardias de Asalto (al mando del Capitán Manuel Rojas).  Los refuerzos ocupan el pueblo y muchos campesinos, temerosos de las represalias, huyeron hacia los campos. El resto se había encerrado en sus casas. Unas horas después, cuatro Guardias Civiles más y doce de Asalto, mandados por el Teniente Fernández Artal, se unieron. Con la ayuda de los dos Guardias que habían resultado ilesos del asalto al Cuartel, y que conocían a los vecinos del pueblo, el Teniente comenzó la búsqueda de los rebeldes.

Se detiene entonces a Manuel Quijada Pino reconocido por la Guardia Civil como uno de los que disparaban por la mañana contra el Cuartel, y lo encaminan hacia la choza del Seisdedos. Al tratar de violentar la puerta el Guardia de Asalto Martín Díaz muere de dos disparos a quemarropa y cae en el interior de la choza. Los Guardias, parapetados detrás de una tapia, conminan a los del interior a que salgan con las manos en alto. Nuevos disparos desde la choza y cae herido el Guardia Madras. El Teniente manda al detenido Quijada para que convenza a Francisco Cruz Gutiérrez (conocido como Seisdedos, un carbonero de setenta y dos años que asistía a las reuniones convocadas por el sindicato CNT) y a los otros que se refugiaron en su casa, una choza de barro y piedra que no tienen más remedio que rendirse.




























Una Compañía de Guardias de Asalto toma el pueblo


Las Fuerzas del Orden rodean la casa y abren fuego para obligar a los refugiados a salir, pero estos se niegan. Se intentan llevar a cabo unas conversaciones con los rebeldes y la situación parece calmada hasta las 10 de la noche. A esa hora llegan más Guardias de Asalto desde Cádiz, traen bombas y una ametralladora. Se suspende el asalto hasta el amanecer.

 Pasada la medianoche llegan nuevos refuerzos al mando del Capitán Rojas, que toma el control de la operación y ordenó el ataque con granadas y llega un telegrama terminante del Gobernador: "Es orden terminante del ministro de la Gobernación se arrase casa donde se han hecho fuertes los revoltosos".

Vuelven los disparos, y ante la resistencia de los que se encontraban en la choza, por orden del Capitán se preparan unas piedras envueltas en algodón impregnado de gasolina incendiando así la casa para obligarles a salir. Se prende fuego en la choza inmediata a la del Seisdedos y rápidamente el fuego se extiende a la techumbre de paja donde están los rebeldes. En ese momento, algunos de sus ocupantes ya estaban muertos por los disparos de los rifles y las ametralladoras. Dos fueron acribillados cuando salían huyendo del fuego. Se rescata al Guardia herido, que había caído dentro del corral. María Silva Cruz, La Libertaria, nieta de Seisdedos, salvó la vida al llevar un niño en  brazos. Ocho muertos fue el saldo; seis de ellos quedaron calcinados dentro de la choza, entre quienes se encontraban Seisdedos, dos de sus hijos, su yerno y su nuera.


























Las Fuerzas de Orden Público frente la casa del anarquista de la F.A.I. conocido como Seisdedos

























La choza Seisdedos tras ser quemada por las Tropas de Asalto enviadas a Casas Viejas.


Foto Campúa (José Demaría Vázquez)


Rojas envió un telegrama al Director General de Seguridad: "Dos muertos. El resto de los revolucionarios atrapados en las llamas". Le informaba también que continuaría con la búsqueda de los dirigentes del movimiento. Envió varias patrullas a registrar las casas. Durante el registro, un hombre de 65 años, al negarse a identificarse, es asesinado; para dar una lección a los vecinos se apresó a doce jóvenes, al azar, y fueron fusilados, de los cuales solo uno había participado en el levantamiento. Esposados, los arrastraron hasta la choza de Seisdedos y el Capitán Rojas empezó el tiroteo seguido por otros Guardias, asesinando a los doce. Poco después, abandonaron el pueblo. La masacre había concluido.



La Choza todavía humeante y en su exterior los recientes cadáveres


Diecinueve hombres, dos mujeres y un niño murieron (22 aldeanos) y 3 Guardias corrieron la misma suerte. En total la sublevación de Casas Viejas se saldó con la muerte de 25 personas.

La verdad de los hechos tardó en conocerse, porque las primeras versiones situaban a todos los campesinos muertos en el asalto a la choza de Seisdedos, pero la Segunda República ya tenía su tragedia.

La sociedad española quedó conmocionada, no sólo por la magnitud de la tragedia, sino porque se trataba, sin duda, de un abuso de la autoridad contra una población que vivía en la miseria. A ello se une la implicación directa de la Guardia de Asalto, un Cuerpo de Seguridad creado por la República para mantener el orden público en el ámbito Urbano.

























Las Autoridades visitan el lugar el día después de finalizar el suceso, con los cuerpos aún en el suelo de las personas abatidas 

            La repercusión del suceso de Casas Viejas es tal que llega al Parlamento, donde los distintos grupos políticos piden responsabilidades a Azaña y a Casares Quiroga (Ministro de la Gobernación). El Gobierno, dispuesto a sobrevivir al acoso que desde la izquierda y la derecha emprendieron contra él por la excesiva crueldad con la que se había reprimido el levantamiento, eludió responsabilidades. "No se encontrará un atisbo de responsabilidad para el Gobierno", declaró su presidente, Manuel Azaña, en el discurso a las Cortes del 2 de febrero de ese año: "En Casas Viejas no ha ocurrido, que sepamos, sino lo que tenía que ocurrir”. Frente a "un conflicto de rebeldía a mano armada contra la sociedad y el Estado", él no tenía otra receta, les repitió varias veces a los diputados, aunque se corriera el riesgo de que algún Agente del Orden pudiera excederse "en el cometido de sus funciones".

            Azaña desmiente las acusaciones que pesan sobre él y crea una Comisión para aclarar lo sucedido. Comparecen varios Capitanes de la Guardia de Asalto, e involucran al Director General de Seguridad, que es cesado de su cargo.  También comparece el Capitán Rojas quién afirma que solo cumplía órdenes, que le habían instado a que no hubiera heridos ni prisioneros y que el propio Azaña le había ordenado “Ni heridos, ni prisioneros, los tiros, a la barriga”.

Manuel Rojas, Capitán de la Guardia de Asalto
(Foto Diario de Cádiz)

En la investigación parlamentaria que se produce para esclarecer los hechos el Capitán Rojas declaró:

- "Al bajar yo a la casa del Seisdedos, les dije a estos prisioneros que por culpa de ellos había sucedido, la canallada que habían hecho; y que como la situación era muy grave, porque no sólo era la solución de Casas Viejas sino de toda la provincia, que estaba levantada, si no daba un escarmiento muy fuerte, se exponía a que se declarara la anarquía."

Por último, el médico forense certificó...
- " que levantó por orden judicial un cadáver en un callejón a un kilómetro aproximadamente de la casa del Seisdedos, y a poca distancia de ésta había en un montón informe catorce cadáveres, (...) Los catorce cadáveres estaban ensangrentados en la cabeza y por lo que pudo apreciar todos heridos por delante. Tenían balazos cada uno. Después fue reclamado por el Juez para que levantase otro cadáver. Este era el de un anciano dentro de su casa. Recuerda que oyó que se llama Barberá: estaba herido en la cabeza y cree también, sin poderlo precisar, que tenía alguna otra herida de arma de fuego. Vio que la familia, desolada, enseñaba a los que le acompañaban unos impactos en la cama y otros en la pared cerca de la cama."

            Finalmente el Gobierno logra salvar la situación tras ganar una moción de confianza a la que es sometido el 16 de marzo de 1933, y gracias al informe positivo de la Comisión investigadora, que había concluido que no existía responsabilidad directa por parte de ningún Ministro. Sin embargo, y a pesar de ello, el Gobierno queda seriamente tocado en su prestigio y credibilidad.



Azaña en la Comisión investigadora


Las consecuencias políticas de aquellos oscuros hechos

Los sucesos de Casas Viejas –y su repercusión en los medios políticos periodísticos- hicieron tambalear los cimientos de ese régimen republicano. En adelante nada volvería a ser igual. Tanto se habló de Casas Viejas por toda España que en un momento dado y para intentar apagar las connotaciones izquierdistas del nombre del pueblo, lo rebautizaron como Benalup de Sidonia. Y así sigue.

El Gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña estaba en una encrucijada. Las explicaciones de Azaña ante el Congreso no fueron convincentes y se desplazó una comisión parlamentaria a Casas Viejas para emitir un informe de los sucesos. Con ella, fueron dos periodistas que plasmaron lo que allí sucedió en artículos y libros: Ramón J. Sender y Eduardo de Guzmán.


Sea como fuere, el Gobierno salió erosionado. Los socialistas se plantearon desde entonces su salida del Gobierno, provocó la dimisión del Presidente del Gobierno Manuel Azaña, y éste, disolvió las Cortes y convocó nuevas elecciones produciéndose tal circunstancia en septiembre de 1933. La imagen de Azaña y de los republicanos quedó dañada por la brutalidad de la represión contra los campesinos.

LAS CRÓNICAS.-

Sender llegó a Casas Viejas como un forastero a un pueblo del Far West atizado por la miseria, el silencio y el miedo. Por una atmósfera viciada cuyos males irá descubriendo en párrafos marcados por opiniones contundentes, datos históricos y descripciones antropológicas que muestran una tierra hambrienta y abandonada, donde hay arquetipos que juegan papeles contrarios frente a un orden social y legal que trata de imponerse.

Y hubo tiros. Los disparos para asaltar el Cuartel de la Guardia Civil fueron los primeros, y luego le seguirán, tras diálogos angustiados entre los insurgentes y algunos pobladores, los de la choza de Seisdedos. Reina la confusión. ¿Está cortada la línea telefónica? ¿Vienen los refuerzos de la comarcal anarcosindicalista de Jerez? La defensa épica de la choza culmina en masacre. “Los campesinos que habían soñado durante cuarenta y ocho horas con la posesión de la tierra salían de lo hondo de sus chozas con un olor de sangre”. El orden se ha restablecido, al menos momentáneamente. No tardarían en llegar a Madrid los rumores primero y las denuncias públicas después sobre el salvaje comportamiento de las Fuerzas de Orden público en Casas Viejas

El asesinato de Juan Silva González.­

— ¿Cómo quiere que entre, si me voy a quemar?

Un grupo de Guardias de Asalto, a los que acompañaba un Guardia Civil del destacamento permanente de Casas Viejas, echó abajo la puerta de la choza de Juan Silva González. Éste protestó, advirtiendo que les hubiera abierto voluntariamente. Lo encañonaron y lo obligaron a salir con los brazos levantados. El Guardia Civil les advirtió que era un campesino honrado y que daba su palabra de que no había intervenido en los sucesos. Los de Asalto, después de una breve discusión, le dijeron que podía quedarse en su casa. Una mujer de la familia atribuye lo que ocurrió después a las maneras un poco desenvueltas de Juan cuando se dirigió a los Guardias reconviniéndoles el haber echado la puerta abajo

Un cuarto de hora más tarde regresaban los Guardias de Asalto solos, sin la compañía del Guardia civil. Volvieron a encañonarle:

—Salga afuera.

Su mujer advirtió:

— ¿No han oído ustedes al guardia civil que no te­nía culpa de nada?

—Sí —respondió uno de Asalto—. Es para una declaración. Salga a la calle.

Obedeció y fueron con él en dirección a la choza de Seisdedos. Allí había un Oficial y otros Guardias. Estos le ordenaron, señalándole las ruinas humeantes de la choza:

—Entre usted ahí.

—Hombre —respondió Juan—, ¿cómo me manda eso? ¿No ve que está ardiendo?

Un poco más lejos de las ruinas yacía, todavía humeante, el cadáver de Francisca Lago, sobrina suya. Juan, que ignoraba los pormenores de lo ocurrido por la noche, no sabía qué hacer. Un Guardia se impacientaba:

—Vamos, entre usted.

— ¿Cómo quieren que entre —insistió—, si me voy a quemar?

Pero se acercó al fuego, y cuando se disponía a trasponer la cerca, los Guardias dispararon sobre él. Luego le apoyaron una pistola en la sien y le “volaron la cabeza”, como decía una mujer que lo presenció, y a la que obligaron a marcharse apuntándole con los fusiles y advirtiendo:

—Como vuelva la cabeza se va a encontrar con un balazo.

En la plaza estaba el Delegado Gubernativo. El teléfono seguía comunicando con Cádiz y con Madrid. Las Fuerzas de Asalto se sentían asistidas en todo momento por “razones superiores”. La defensa del régimen.

Cuando cayó Juan Silva subían en cuerda de presos cuatro campesinos más.

El Capitán Manuel Rojas asegura que en Casas Viejas cumplió con las órdenes del Gobierno


En la foto, el Capitán Rojas entrando en la Audiencia

Publicado en Diario de Cádiz el 22 de mayo de 1934. Rodeado de enorme expectación, esta mañana ha comenzado en la Audiencia de Cádiz el juicio contra el Capitán de la Fuerza de Asalto, Manuel Rojas, por los sucesos ocurridos en la aldea de Casas Viejas. El Ministerio Fiscal acusa a Rojas de trece delitos de asesinato, pidiendo para cada uno de ellos la pena de cadena perpetua. Después de constituirse el Tribunal, presidido por el Magistrado Ramón Enríquez Cadórniga, quedó formado el Jurado popular y comenzaron las sesiones con el interrogatorio del procesado. El Capitán Rojas, a preguntas del Fiscal, aseguró que se había limitado a cumplir las órdenes emanadas del Gobierno de la República. Concretamente manifestó que el Director General de Seguridad, Menéndez, le dijo que "no debía haber heridos ni prisioneros, debía caer todo aquel que se encontrara, incluidos mujeres y niños, y que si alguien sacaba un pañuelo en señal de paz que contestara con el fuego, ya que había que hacer un escarmiento". Manifestó que estas órdenes le fueron reiteradas varias veces.

El Director General de Seguridad no admite responsabilidad sobre Casas Viejas


En la foto, el Capitán Rojas con sus abogado, Pardo Reina, y su procurador, Lepiani.

Publicado en Diario de Cádiz el 23 de mayo de 1934. Segundo día del juicio sobre  los sucesos de Casas Viejas en la Audiencia de Cádiz. La mayor parte de la sesión de ayer estuvo dedicada a escuchar la versión del Director General de Seguridad, Menéndez. A preguntas de los letrados manifestó que dio órdenes para sofocar el movimiento revolucionario que había surgido en varios rincones de España. Confirmó que las órdenes eran proceder con energía, pero rechazó tajantemente que ordenara que "no hubiera heridos ni prisioneros". Posteriormente se produjo un careo entre Menéndez y el Capitán de la Guardia de Asalto, Rojas. También ayer desfilaron algunos testigos ante el Tribunal. El Teniente Fernández Artal dijo que el Capitán Rojas llevó a los detenidos de Casas Viejas a que vieran el cadáver del Guardia Civil asesinado. Una vez allí los Guardias de Asalto dispararon a quemarropa sobre los detenidos, sin poder precisar si Rojas dio la orden para ello. 

Los Guardias de Asalto insisten en que las órdenes fueron “ni heridos ni prisioneros”


En la foto, el Capitán Rojas y el Teniente de la Guardia Civil que lo escolta en los pasillos de la Audiencia de Cádiz.

Publicado en Diario de Cádiz el 24 de mayo de 1934. Tercer día del juicio sobre los sucesos de Casas Viejas en la Audiencia de Cádiz. La mayor parte de las declaraciones correspondieron a diversos Oficiales de Asalto. Todos los declarantes coincidieron en que las órdenes recibidas desde Madrid fueron "ni heridos ni prisioneros", y que todos los Guardias de Asalto entendieron que esas órdenes emanaban del Gobierno de la República. Posteriormente se dio lectura a las declaraciones efectuadas por escrito por los entonces ministros, Manuel Azaña y Santiago Casares Quiroga. En ambas declaraciones rechazan haber dado órdenes de "ni heridos ni prisioneros" y aseguran que todo lo ordenado para reprimir la revolución fueron dentro de la legalidad. También ayer se efectuaron careos entre los Oficiales de la Guardia de Asalto y el Director General de Seguridad, Menéndez, ratificándose todos en sus respectivas posiciones. La sesión fue suspendida a petición de la defensa del Capitán Rojas.




 Francisco Javier de la Uz Jiménez


BIBLIOGRAFÍA.-

VIAJE A LA ALDEA DEL CRIMEN.- Ramón J. Sender



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