ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
INICIO

10/5/16

VERDÚN, LA BATALLA MÁS LARGA DE LA GRAN GUERRA













HACE CIEN AÑOS FRANCESES Y ALEMANES SE ENFRENTARON EN VERDÚN


De todas las batallas de la Primera Guerra Mundial, la de Verdún fue la más larga y una de las más sangrientas. La llamaron "picadora de carne".



 Un Museo de la localidad francesa de Verdún recuerda en la actualidad el desarrollo de la batalla más sangrienta de la historia


A las siete y cuarto de la mañana del 21 de febrero de 1916, la Artillería alemana inició el bombardeo de Verdún, con el objeto de desgastar – militar y moralmente -  a Francia y así poder preparar el enfrentamiento decisivo con Gran Bretaña. Pero los franceses ofrecieron una resistencia numantina. Ambos Ejércitos provocaron la primera carnicería de la era contemporánea: nunca se supo con exactitud cuántos muertos hubo. 

























Douaumont Osario y cementerio Militar, visto desde la terraza del Museo de Verdún


Los 300 días de lucha han quedado grabados en el imaginario de los franceses como el símbolo de la resistencia

A finales de 1915, escribe Sir Michael Howard en La primera guerra mundial, un manual de referencia, “los Ejércitos alemanes habían vencido en todas partes, pero sus victorias no hacían vislumbrar el fin de la guerra”. Dicho en otras palabras, la superioridad militar no se tradujo en avances estratégicos. El conflicto bélico se consolidaba en una guerra de trincheras, costosa en bajas y que no generaba avances estratégicos significativos.


El Monumento a los hijos de Verdún que murieron por Francia

El monumento a los muertos de Verdún 1914-1918 es un emblema de la moneda como el comité de construcción quería ver expresado en la obra: "No se puede pasar." Este es el efecto que se desprende de estos cinco codo a codo, evitando sus cuerpos la apertura de un baluarte en sí atrincherado en torno a las austeras fortificaciones de Verdún.

Masivo y gigante, las cinco estatuas rinden homenaje a algunas figuras conocidas de la Gran Guerra. De izquierda a derecha, el jinete con su espada, su casco y su capa de imagen característica de un ejército de los siglos pasados, donde el caballo está desapareciendo; entonces, el territorio se puso su tienda de campaña para la protección de la intemperie, listo para todas las tareas domésticas como tirar guijarros, palas bajo las ruedas de los camiones de la Vía Sacra o cavar trincheras; en el centro, jóvenes, resuelto, los puños apretados, el Soldado de Infantería bien equipada con bolsas de municiones, en su uniforme de 1916, héroe de todos los campos de batalla y vencedor de Verdún; luego, con las melodías del viejo Soldado bigote, la colonial a la chaqueta con bordes elevados y contra los rigores del invierno Meuse, una bufanda alrededor del cuello, probablemente tomado de un paquete de la familia; por último, el artillero con sus prismáticos esenciales para apuntar el arma, señor de la guerra moderna cada vez más técnico e industrial. 

La impaciencia empezaba a apoderarse del Káiser Guillermo II y del Alto Mando alemán, especialmente del Comandante Supremo de los Ejércitos, el Mariscal de Campo Erich Von Falkenhayn que empezaba a ser cuestionado por compañeros suyos como Paul Von Hindenburg y también por el Canciller, Theobald Von Bethmann-Hollveg.


Mariscal de Campo Erich Von Falkenhayn                                               Mariscal de Campo Paul Von Hindenburg

Para intentar salir del atolladero, Falkenhayn – apoyado por Guillermo II, que estaba convencido que la guerra se dirimiría en el Frente occidental – concluyó que había que derrotar a Francia para debilitar a Gran Bretaña – cuyos Ejércitos seguían sin sufrir grandes pérdidas -, y así librar la batalla decisiva de la Contienda.

Falkenhayn estaba convencido que a los franceses había que infligirles una derrota no sólo Militar, sino que también era necesario socavar su ánimo. Este último motivo obliga a elegir un lugar de ataque con fuerte carga simbólica, aunque careciese de interés estratégico primigenio. Al final, la jerarquía Militar germana optó por Verdún, municipio de tamaño medio, situado en la parte más occidental de Lorena, cuya provincia de Mosela había sido anexionada por el Imperio alemán durante la guerra franco – prusiana de 1870-71.

La historia de Verdún hunde sus raíces en el siglo III a. C. Se sabe que la ciudad padeció la ocupación celta, la romana, y que fue víctima del pillaje de Atila. Hubo  que esperar a que muriera Carlomagno para que se produjese la primera cita de Verdún con la gran historia: allí se reunieron sus tres nietos en el año 843 para firmar el Tratado mediante el cual se repartirían los dominios de su abuelo.

La división resultó en dos porciones que hoy conforman, a grandes trazos, los territorios de Francia y Alemania, y en una tercera, Lotaríngia – que cobijaba a Verdún – objeto de disputa entre ambas Naciones durante más de un milenio. Posteriormente, se integró, primero en el Ducado de Baja Lorena y posteriormente en el Sacro Imperio Romano Germánico hasta su definitiva incorporación a Francia en 1552. Durante la guerra  de 1870-71, la ciudad fue ocupada por prusianos y devuelta a los franceses cuando terminó el conflicto.

Pero la historia en sí misma no es un argumento único e irreversible para desencadenar una ofensiva de grandes dimensiones: conviene no olvidar la realidad que impera en cada momento. Y la realidad de 1916 imponía  a Von  Falkenhayn y a los suyos olvidarse de hundir rápida e irreversiblemente el Frente francés; pero no de ganar posiciones gracias a un objetivo puntual.





El objetivo fue Verdún; la estrategia, el desgaste, ya utilizado en las campañas orientales, que obligaba a Francia a luchar encarnizadamente para defender una plaza que por orgullo y por interés no podía permitirse entregar al enemigo. “La destrucción de los Ejércitos franceses debería hacer que Francia se desgastase literalmente hasta la muerte”, precisa Sir Michael Howard, para a continuación añadir que “(el Mariscal francés Joseph) Joseph Joffre no podía permitirse no defenderla, o no tratar de recuperarla en caso de derrota”.    







Mariscal Joseph Joffre

Una estrategia de desgaste pude culminar sin una Artillería poderosa. Y Falkenhayn no escatimó en medios: en un área de doce kilómetros de frente por quince de profundidad, dispuso más de un millar de morteros y cañones, entre los que destacaban los calibres pesados – de hasta 420 milímetros y dotados de una importante munición –, tres mil proyectiles por batería – en el comienzo de la batalla - y ochenta Batallones equipados con más municiones, almacenadas en sus correspondientes depósitos, sin olvidar los servicios Sanitarios y reservas de Víveres. En lo tocante a la Logística, los alemanes crearon numerosos enlaces y desvíos ferroviarios.


Soldados franceses en las trincheras de Verdún

El mal tiempo, sin embargo, retrasó  varios días la ofensiva prevista para el 12 de febrero de 1916. Pero a las siete y cuarto de la mañana del día 21, el Trommelfeuer (bombardeo) de la Artillería alemana empezó a diezmar las posiciones francesas al noroeste de Verdún y a la orilla derecha del río Mosa. Fueron nueve horas de bombardeo intenso. Alrededor de un millón de obuses, algunos de ellos rellenos de gas, fueron lanzados sobre el frente de siete kilómetros, devastando, de paso, las trincheras.




























Un dato: el General francés Passaga escribió en su diario: “Percibo, en el suelo de mi refugio, un ruido que parece un redoble de tambor puntuado por numerosos golpes sordos”. Conviene precisar que el General Passaga se encontraba en el Lago Negro, al pie de los Vosgos, es decir, a 160 kilómetros del Frente de Verdún.

La Infantería alemana pasó al ataque, topándose con Unidades francesas, pocas y aisladas, que resistían. Con todo, del primer comunicado del Cuartel General francés, se desprendía un tono engañoso: “Débil acción de ambas Artillerías a lo largo del Frente, salvo al norte de Verdún, donde se ha manifestado cierta actividad”.






















La batalla fue feroz

La realidad era que al iniciarse la batalla, la zona de Verdún estaba defendida por menos de trescientas piezas de Artillería. De ahí que lo que quedaba en ese primer día de la Infantería francesa tuviera que luchar sin apoyo artillero.

Al final de ese primer día de batalla, Von Falkenhayn había acertado: Verdún no estaba protegida y la superioridad de la Artillería alemana fue crucial. Y también iba a acertar en su tercera predicción: los franceses se iban a volcar en Verdún. El 25 de febrero llegaron los primeros refuerzos, que no impidieron la caída del emblemático fuerte de Douaumont. Al día siguiente, el 26 se produce un hecho que si bien no hará a Francia logre, a la postre, una victoria clara, sí que le permitirá conservar Verdún.



Bombardeo campo de batalla en Verdún 

El hecho es el nombramiento, oficializado el 24, del General de División Philippe Pétain como Comandante del Frente de Verdún. Sin perder el tiempo, coloca el Cuartel General del II Ejército y toma el Mando de las Operaciones. Su lema: ni un paso atrás. No obstante, hay que racionalizar al máximo los escasos recursos. De nada sirve pedir refuerzos constantemente si no se cuida la retaguardia.


Asalto de Soldados franceses contra las posiciones alemanas en medio de los impactos de Artillería

Pétain lo entendió y procedió en dos etapas. De entrada, puso en marcha un sistema de rotaciones – bien llamado noria – según el cual un Regimiento pasaba una decena de días en primera línea y, tras sufrir pérdidas, era relevado y destinado a otro sector.

De las Unidades a las comunicaciones: el General – y futuro Mariscal – potenció la llamada Voie Sacrée (Vía Sacra), vía de comunicación de 78 kilómetros entre Verdún y Bar-le-Duc, que durante los primeros meses de la batalla jugó un papel importante en el abastecimiento del Frente: por ella circularon 3.900 camiones que efectuaban a diario trayectos de ida  y vuelta. Ya en la segunda fase de la batalla, fue construido, en una de las vías férreas que enlazaban con Verdún, un desvío que evitaba la zona apuntada por la Artillería alemana.

Sin embargo, todas estas innovaciones tardaron en surtir efecto ya que los alemanes mantuvieron la superioridad hasta bien entrado el verano de 1916. Durante meses, los fuertes franceses iban cayendo como piezas de dominó. En junio, sin ir más lejos, le tocó el turno al de Vaux.




Fue el punto de inflexión. El desgaste se estaba volviendo en contra de los alemanes. La estrategia de Von Falkenhayn, pese a la magnitud de medios desplegados, no conducía a ninguna parte: en mitad del verano fue destituido y relevado por su rival Von Hindenburg.

Meses antes, en abril, el Alto Mando francés, sin explicaciones convincentes, también relevó  a Pétain y puso  en su lugar al General Nivelle, de planteamientos más ofensivos. Empero, al ponerlos en práctica, el nuevo Comandante en Jefe francés provocó ríos de sangre sin conseguir apenas avances.






General Robert Nivelle

Los alemanes creyeron que había llegado una nueva oportunidad para tentar nuevamente al enemigo: desataron, sin éxito, las conocidas como “tres ofensivas de verano”. A principios de septiembre, Von Hindenburg renunció a tomar Verdún: hasta el beligerante Kronprinz Federico-Guillermo, hijo mayor del Kaiser y Comandante del V Ejército, llegó a la conclusión de que Verdún se había convertido en un matadero.






















Así quedó Verdún tras la larga y dura batalla

En octubre y en diciembre, los franceses lanzaron dos últimas ofensivas gracias a las cuales recuperaron los fuertes perdidos y los pocos kilómetros cedidos. El 21 de diciembre se considera el último día de la batalla en al que perdieron su vida casi un millón de personas de ambos lados. Nunca se sabrá la cifra exacta. Como tampoco hubo ni vencedor ni vencido. Concluye Michael Howard, “la Artillería de ambos bandos había creado un paisaje de pesadilla que el mundo no había contemplado antes”. La necedad humana había pasado por Verdún.

Pétain y De Gaulle, misma batalla y distintos caminos:

              General Charles de Gaulle                                                                   General Philippe Pétain 

     

















En Verdún, Pétain fue Comandante en Jefe que impidió la caída de la Plaza: De Gaulle, por su parte, era un joven Capitán del Regimiento de Infantería Nº 33, que el 2 de marzo de 1916 fue herido y capturado. En 1940, mientras el primero se puso en manos de alemanes, el segundo encabezó la Resistencia. En 1966, con motivo del medio siglo de Verdún, De Gaulle reconoció la heroicidad de Pétain en la batalla, sin olvidar mencionar su triste actuación entre 1940 y 1944. Sutil equilibrio.

RECONCIALIACIÓN EN VERDÚN


       En 1984, Helmut Kohl se sintió frustrado por no haber sido invitado a las celebraciones del Desembarco de Normandía. Para desagraviarle, François Mitterrand le invitó a Verdún. Era el 19 de septiembre. Al llegar al cementerio francés, frente al Osuario,Mitterrand, súbitamente, cogió la mano  del Canciller alemán y permanecieron, sin mirarse, inmóviles ante el Monumento insuperable del holocausto franco-alemán”. La reconciliación era definitiva.

De alguna manera, la estampa se repitió hace poco, cuando François Hollande y Ángela Merkel unieron también sus manos al recoger el Nobel de la Paz concedido a la UE.
                   
                                   

Francisco Javier de la Uz Jiménez




Fuentes consultadas.-

Mundo Cristiano.-  Febrero 2016 Nº 668

ENLACES.-






No hay comentarios: