ESE EJÉRCITO QUE VES.
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a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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19/5/16

LA BATALLA POR EXTREMADURA: BADAJOZ, AGOSTO DE 1936 – II

















Y Capítulo 2º


Mi padre Ramón Candil Rangel, 

Conferencia o charla que pronunció en su antiguo Regimiento, el hoy Regimiento Mecanizado Castilla 16, en Badajoz, en 2007

El ataque y conquista de Badajoz

En la madrugada del 12 al 13 de agosto, a las 03.00 horas, salió de Mérida la columna del comandante Castejón, y poco después la del teniente coronel Asensio, marchando en vanguardia la IV Bandera de la Legión, a las órdenes del comandante Vierna, y tras algunas escaramuzas sin importancia llegaron a Badajoz hacia las 3 de la tarde del día 13, instalando el teniente coronel Yagüe su puesto de mando en las proximidades de la ciudad, para dirigir las operaciones de asalto a la ciudad.

Al llegar el día 13 a Badajoz, las fuerzas de Castejón, desde el este, iniciaron enseguida un tiroteo con las fuerzas del cuartel de Menacho, del Regimiento Castilla. Sobre las 15.00 horas del día 13, las tropas nacionales se reagruparon en sus posiciones y se impartieron las órdenes de ataque a Badajoz. Este ataque se llevó a cabo en dos fases: 

La primera fase consistió en una maniobra de envolvimiento, mediante la cual la V Bandera y el Tabor de Regulares de Ceuta nº 3, de Castejón se desplegaron por la izquierda y bordeando la ciudad por el frente sur, atacaron el Cuartel de Menacho, situado fuera de las murallas y, una vez ocupado, tomaron posiciones. Por su parte, la IV Bandera y el Tabor de Regulares nº 1 de Tetuán, de Asensio, ocuparon la barriada de San Roque y se establecieron en la zona más cercana a las murallas.

La segunda fase se realizó ya el día 14, en el que se produciría el ataque propiamente dicho contra la ciudad. Para ello, el Tabor de Regulares de Ceuta nº 3 y la V Bandera atacaron el baluarte de San Juan donde estaba instalado el Cuartel de la Bomba y aprovechando el paso de puerta del Pilar, y el de la brecha abierta en la muralla por la prolongación de la actual Avda. de Huelva, situadas a ambos flancos del baluarte, se introducirían en la ciudad y avanzarían a la derecha, por la Ronda del Pilar, hasta la Plaza de Toros.

Al mismo tiempo, partiendo desde la barriada de San Roque, el Tabor de Regulares de Tetuán nº 1 caería a la derecha y siguiendo el curso del arroyo Rivillas, protegiéndose en su hondonada, circundaría las murallas de la Alcazaba y asaltaría la Plaza por puerta de Carros (hoy lamentablemente desaparecida) completándose con este movimiento la maniobra de envolvimiento. Por último, la IV Bandera atacaría frontalmente la brecha de Trinidad y una vez superada avanzaría por la Ronda del Pilar hasta contactar con la V Bandera en la Plaza de Toros.




Tabor de Regulares en la toma de Badajoz

Era un plan táctico de escuela o academia militar, adaptado al terreno, bien concebido, sin duda suponiendo una resistencia que no iba a tener lugar, y con claras deficiencias en cuanto a la materialización del enlace y coordinación entre las fuerzas, pero era lo que había, y a pesar de estos fallos, nada iba a entorpecer su éxito.

Por el contrario, hoy se puede afirmar que el bando republicano no tenía ningún plan real, como no fuera el oponerse sin más al avance de los nacionales. No había ni líneas sucesivas de resistencia, ni reservas, ni nada. No deja de sorprender la deficiente planificación y ejecución de la defensa llevada a cabo por el coronel Puigdengolas, quien ni siquiera llegaría a pedir refuerzos a Madrid en ningún momento, quizás sobrepasado por los propios acontecimientos de la ciudad, acaecidos antes del ataque de las tropas de Yagüe. Nadie ha podido dar fe de donde estaban los mandos profesionales del Regimiento Castilla que deberían haber dirigido la defensa.

Los dos vehículos blindados Bilbao incautados por la Legión en Sevilla, al mando del Capitán Fuentes, realizaron varias incursiones por las inmediaciones de las posiciones republicanas durante gran parte de la noche del 13 al 14, pero en contra de lo que algunas fuentes manifestaron después, en ningún momento cruzaron la brecha penetrando en la ciudad, pero sí consiguieron mantener en vilo a los defensores, ya que cada vez que se acercaban estos abrían fuego, sustrayéndose a un descanso muy necesario de cara a la jornada que se avecinaba.
Comandante Castejón

El día 14 de agosto, tras cierta preparación artillera ligera y algunas acciones limitadas de apoyo aéreo (8) que quizás aterrorizaron a la población, y a los defensores, la columna de Castejón rodeó Badajoz por el Sur y se adentró en los barrios de la zona con la colaboración de algunos militares contrarios a la causa republicana, ocupando prácticamente  casi toda la ciudad, y liberando a los guardias civiles detenidos en el convento de S. Agustín.  Contando con la  seguridad de la presencia aérea, Yagüe, a las cinco horas y treinta y cinco minutos de la madrugada,  informó al general Franco de que en ese momento iniciaba el ataque a Badajoz.

En aquella época las comunicaciones entre las distintas unidades y el Mando se llevaban a cabo mediante enlaces, es decir, soldados, o incluso oficiales, que llevaban mensajes y órdenes de una posición a otra, ya que los sistemas de comunicaciones quedaban generalmente en el lugar donde se establecía el puesto de mando, y las unidades que intervenían en la acción, lo hacían sin equipos móviles de transmisiones.


El comandante Castejón tenía la obligación de comunicar a su superior la novedad, diciéndole que había entrado en Badajoz y lógicamente tuvo que proceder a ello. La única manera de llevar este parte al puesto de mando del teniente coronel Yagüe que estaba instalado en las afueras de la barriada de San Roque era a través de un enlace y sin embargo, este mensajero según parece jamás llegó a su destino y, además, no consta que Yagüe recibiera ningún comunicado del Jefe de la V Bandera que era la que ya había entrado en Badajoz.

Teniente Coronel Juan Yagüe


          Esta ignorancia del teniente coronel Yagüe sobre la marcha real de las operaciones marcó el destino de cientos de desgraciados porque uno de los principales motivos de las primeras matanzas de civiles vino dada como venganza por la masacre de la 16ª Cía., ya que si Yagüe hubiera tenido conocimiento de la entrada de Castejón en la ciudad, el asalto de esta compañía no hubiera sido necesario, al menos en las condiciones en las que se realizó. Por su parte, Castejón, ignorante de que su mensaje no había llegado a su destino, cumplió las órdenes que había recibido con anterioridad, esto es, desplegar sus fuerzas hasta la Plaza de Toros, fuertemente defendida y desde aquí avanzar hacia el centro de la ciudad. Ni se le pasó por la cabeza continuar hasta puerta Trinidad, pudiendo así haber sorprendido por la retaguardia al enemigo.

        Acuciado por las prisas y con la intención de conseguir entrar cuanto antes en la ciudad ya que ignoraba que Castejón ya lo había hecho, Yagüe ordenó al teniente coronel Asensio que atacase con la IV Bandera de la Legión que, como sabemos, se mantenía en reserva en San Roque. Éste transmitió las órdenes al comandante Vierna, el cual fue consciente de lo que estas órdenes suponían ya que se trataba de un ataque frontal, con el enemigo bien parapetado y la única entrada posible era una brecha de 12 metros bloqueada por una barricada de sacos terreros y gran número de defensores. A esto había que añadir que en los dos bastiones que flanqueaban esta brecha estaban situadas sendas ametralladoras manejadas, no por milicianos inexpertos en el uso de estas armas, sino por soldados de la Compañía de Ametralladoras del Regimiento de Infantería Castilla nº 3. Además, en esta posición se encontraba un gran número de Carabineros, todos ellos profesionales y, por si esto fuera poco, el terreno por el que tenían que desplazarse también estaba batido por la ametralladora situada en la torre de Espantaperros.


La Torre del Alpéndiz, Vieja o de la Atalaya, más conocida por su apelativo popular de Torre de Espantaperros, es uno de los mitos más representativos de Badajoz

A mediodía, la columna de Asensio se lanzó al ataque por la brecha de la muralla, en la Puerta de la Trinidad, sufriendo bajas innecesarias. Se encargó la misión de actuar como punta de lanza a la 16ª Compañía de la IV Bandera, al mando del Capitán Rafael González Pérez-Caballero que también sabía perfectamente lo que le esperaba ya que durante toda la mañana no había dejado de observar la brecha y sus inmediaciones. El capitán Pérez-Caballero ordenó al teniente Rodrigo Cifuentes, Jefe de la 1ª Sección, que atacase en primer lugar. Las órdenes fueron muy precisas: “¡Por pelotones y sin recoger heridos. Hay que entrar en Badajoz!”.

Este ataque ha sido, junto a la matanza en la plaza de toros y fusilamientos posteriores, uno de los hechos más mitificados de cuantos sucedieron en Badajoz. Diversos cronistas del momento dieron cifras de muertos muy elevadas y desde entonces, sin analizar detenidamente la cuestión, muchos historiadores han seguido manteniendo el mito y todavía hoy se sigue hablando de que la IV Bandera fue casi totalmente exterminada durante el ataque (9), lo cual no es cierto, ya que dicha Bandera tuvo, después de todo, solamente 24 muertos y 82 heridos, cifra ciertamente elevada, no obstante. Fue un sacrificio que podría haberse evitado quizás, de haberse conocido el éxito que ya habían alcanzado las fuerzas de Castejón.

El capitán Pérez Caballero lograría llegar hasta el ayuntamiento, ya en la Plaza de San Juan –el centro neurálgico de Badajoz-, con 14 hombres, enviando un histórico mensaje al teniente coronel Yagüe: “Atravesé  la brecha. Tengo 14 hombres. No necesito refuerzos” (10). Badajoz había caído en manos de los nacionales, eran aproximadamente las 16.30-16.45 horas del día 14 de agosto de 1936. Ese mismo día 14 de agosto, el General Franco transmitió un mensaje a los jefes de los distintos departamentos militares dándoles cuenta de la toma de la ciudad. La caída de Badajoz en manos de los nacionales supuso una gran victoria tanto a nivel militar como propagandístico.

Por las acciones durante la marcha desde Sevilla y la posterior toma de Mérida y Badajoz, el teniente coronel Asensio, y los comandantes Vierna y Castejón fueron condecorados con la Medalla Militar. En el caso del comandante Castejón era la segunda vez que se le concedía la condecoración. La orden de concesión fue publicada en el Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional de España.
















A la izquierda de la fotografía el Teniente Coronel Carlos Asensio Cabanillas

La ocupación total de Badajoz se completó en la noche del 14 de agosto, tras rendirse los últimos focos aislados de resistencia. Pese a que posteriores leyendas hablen de pérdidas entre los nacionales de hasta 250 muertos, se sabe hoy día que el total de bajas en las fuerzas nacionales –en ambas columnas de Castejón y Asensio-, fue de 44 muertos y 141 heridos. Las bajas republicanas fueron 750 muertos, y 3.500 heridos, capturados o desaparecidos, aproximadamente.

Badajoz liberado

Aunque la entrada de las tropas nacionales en la ciudad desencadenaría una cadena notoria de ejecuciones, no hay que pasar por alto que la toma de Badajoz el 14 de agosto de 1936 cortó obviamente las represalias republicanas que se daban en la capital,  que, sin embargo, en otras zonas no liberadas se mantuvieron (11), en unas con menor intensidad (Mérida, Tierra de Barros) y en otras se agudizaron desde entonces, alcanzando su máximo en la segunda quincena de agosto y septiembre (en el Suroeste y en Llerena, respectivamente), hasta que el control nacional de Extremadura fue absoluto. El Teniente Coronel Yagüe pudo liberar además a 380 prisioneros políticos de derechas, que se encontraban en la cárcel (entre ellos mi propio abuelo).

A partir del 14 de agosto de 1936, y hasta el momento presente, Badajoz entró en la leyenda, y ahí sigue. Una leyenda que en época de Franco nadie se preocupó de desmentir ni aclarar, y, por tal motivo, ha llegado hasta la actualidad la idea de “La Matanza de Badajoz”.


Plaza de Toros de Badajoz después del bombardeo, camiones y blindados del Frente Popular.

El único de los autores, que hasta el día de hoy ha mantenido que fue testigo de la supuesta matanza de los nacionales, fue Jay Allen, periodista norteamericano y gran creador del mito, que también presumió de haber entrevistado al Coronel Yagüe. Otros autores, que sí entrevistaron al Coronel Yagüe, como Mario Neves y el fotoperiodista Ferreira da Cuna, desmienten esa versión partidista. Neves ha explicado que los fusilamientos se estaban produciendo en la zona trasera del hospital y junto al cementerio, y da Cuna es el autor de la fotografía que muestra el estado en el que quedó la plaza tras los bombardeos nacionales. (PÍO MOA.- Los Mitos de la Guerra Civil)


El mismo día 14 de agosto, el Teniente Coronel Yagüe ordenó el confinamiento de todos los prisioneros –civiles y militares- en la plaza de toros, sin duda por ser el espacio más amplio y cerrado, de que se disponía en la ciudad. Al parecer se instalaron focos en los tendidos para iluminar la arena, y esa noche, comenzaron las ejecuciones, algunas de ellas sin juicio previo. También parece que la plaza de toros se utilizó más bien como lugar de encierro de los prisioneros para su posterior ejecución, al margen de que en los primeros momentos fueran llevados a cabo algunos fusilamientos en ella (12).

Lo que en un principio no fue más que pura propaganda por parte republicana (13), como fueron un artículo de Indalecio Prieto, publicado más tarde en la revista INFORMACIONES, bajo el título “La Plaza de Toros de Badajoz. Circo romano”, se transformó poco después, cuando Madrid estaba amenazado por los nacionales –el 27 de octubre de 1936-, en lo que se publicó en LA VOZ, falseando la verdad, con un artículo que sobrepasa cualquier capacidad de entendimiento, describiendo ejecuciones masivas a las que asistía un nutrido público, que incluía a sacerdotes, monjas, y mujeres con peineta y mantilla, que aplaudían y supuestamente celebraban los actos. Con el tiempo, en especial tras la muerte de Franco, y además, hoy en día, al amparo de la Ley de la Memoria Histórica especialmente, se ha convertido lo ocurrido en aquellos días de agosto, en una verdadera manifestación de propaganda política, degenerando en manipulaciones, desinformaciones y mentiras, todas ellas apoyadas y potenciadas desde el sector de la izquierda más radical y en alguna manera, desde el propio gobierno.

Partiendo de una verdad  trágica, como fue la toma militar de Badajoz, a la que siguió una dura serie de ejecuciones -nadie lo duda-, los pseudoinvestigadores de la memoria histórica actual, siguiendo los dictados de intereses egoístas y políticos, se han lanzado sobre aquellos sucesos con una rapacidad, odio, y falsedad, que raya en lo intolerable. Para esas “investigaciones” y, por consiguiente, la publicación de libros, artículos y realización de documentales diversos, cuyo auge se ha hecho muy notorio a raíz de la aprobación de le Ley 52/2007 de 26 de Diciembre, conocida como la Ley de Memoria Histórica, se dan impresionantes cantidades y subvenciones que, año tras año, se ven incrementadas, a pesar de la crisis económica.

Como consta en las crónicas escritas por el periodista comunista portugués Mario Neves –que más adelante sería nombrado embajador de Portugal en Moscú-,  que en ningún momento indica nada sobre estos sucesos, en  los días 15 y 16 de agosto visitó la plaza de toros, cosa que hicieron muchos otros periodistas más y en ningún momento hace constar que se estuvieran llevando a cabo esos fusilamientos festivos, como dejó patente en lo que escribió esos dos días, cuando visitaba  la ciudad, limitándose a describir el paisaje desolador que encontró tras la batalla, con edificios dañados o destruidos a consecuencia de los combates y, por supuesto, cadáveres debido a la inflexible justicia militar, es decir, fusilados sobre el terreno cosa que, evidentemente sucedió y nadie trató de ocultar, sino todo lo contrario, es decir, se dieron todas las facilidades para que los periodistas los vieran y lo publicaran, al objeto de lanzar un aviso quizás a quienes pretendieran enfrentarse a las tropas nacionales en el largo camino que les quedaba hasta Madrid.

Por lo demás, esas escenas en nada difieren de las que, numerosos  testigos, encontraron el 19 de julio en el Cuartel de la Montaña, en Madrid, una vez que sus defensores se rindieron, y fueron fusilados más de doscientos jefes, oficiales, suboficiales, y soldados en el patio de dicho cuartel. Y de ello, la Memoria Histórica actual, naturalmente, no habla.


Dando el tiro de gracia a los defensores del Cuartel de la Montaña en el patio central

(Foto de http://www.fotosmilitares.org)


Ahora bien, el 15 de agosto, inmediatamente tras la toma de la ciudad, Franco ordenó al teniente coronel Yagüe (14), dejar en Badajoz las fuerzas indispensables para asegurar su control, y continuar la progresión desde Mérida hacia Madrid, por lo que la represión y fusilamientos que tuvieron lugar a partir de entonces, no fueron protagonizados por las fuerzas militares, y todo indica que fueron la Guardia Civil, y con toda probabilidad, los elementos militarizados de Falange, quienes llevaron a cabo las ejecuciones.

No cabe negar que con la liberación de Badajoz, se desató sobre la población una represión, sin antecedentes hasta entonces, en lo que iba de guerra civil. La población de Badajoz, que había vivido días amargos, tampoco tuvo tranquilidad una vez que la ciudad fue liberada de la autoridad del socialismo radical republicano.

El terror rojo que había atenazado a Badajoz, promovido por los socialistas sobre todo, supuso asesinatos, robos, saqueos, confiscaciones de bienes, amenazas, detenciones arbitrarias, abusos y registros domiciliarios, y aunque no alcanzó los niveles que en otras poblaciones mucho más pequeñas, motivó la represión posterior que se llevó a cabo por parte de las autoridades nacionales, y que a todas luces, en retrospectiva, resulta hoy desproporcionada. Las tropas nacionales estaban compuestas por hombres de carne y hueso, y los humanos no somos seres perfectos. De todos modos, para juzgar habría que ponerse en las circunstancias de aquellos días.

En cualquier caso, no es posible minimizar la tragedia que supuso la revolución y la Guerra Civil en la España de 1936 a 1939. Y menos aún los episodios que tuvieron por escenario a Extremadura en general y a la ciudad de Badajoz en particular. Fueron muchos los que fueron fusilados como consecuencia de la aplicación de los bandos de guerra y de los procesos judiciales de naturaleza militar, así como debido a las manifestaciones de una represión irregular que se mantuvo hasta fechas muy avanzadas. Lo mismo cabe decir de las represalias que tuvieron lugar en la zona frentepopulista y que costaron la vida a centenares de personas igualmente.

Conclusiones

Columna de milicianos republicanos

La caída de Badajoz separó a la República de la frontera con Portugal. Tras la batalla, el teniente coronel Yagüe se dirigió al norte, hacia Madrid, y llegó enseguida al valle del Tajo. La batalla de Badajoz siguió patrones que continuaron el resto del verano de 1936: milicianos republicanos tomaban las fortalezas medievales que salpicaban Castilla, sin poder parar ni retrasar el avance de las tropas nacionales de Franco. El Ejército de África probó ser capaz de barrer defensas preparadas por fuerzas enemigas superiores, pero a menudo sufrió graves pérdidas.

Con la ocupación de Badajoz y Mérida, fue un hecho el enlace entre los ejércitos nacionales del Norte y del Sur –Franco y Mola-, teniendo asegurado el flanco Oeste con la frontera portuguesa, y la actitud amistosa del Presidente Oliveira Salazar. El flanco Este, en cambio, resultaba vulnerable, y su defensa, sin apoyarse en accidentes naturales de relieve, quedó confiada tan solo a puestos, y destacamentos aislados, constituidos, esencialmente, a base de fuerzas de la Guardia Civil y voluntarios de Falange. Elavance hacia el valle del Tajo, de Yagüe, despreocupándose de los flancos, fue ciertamente un augurio de lo que sería posteriormente la Blitzkrieg en Rusia, o incluso el avance de Patton en Francia, en 1944.

La ausencia de acción del Ejército y fuerzas afectas a la República resulta totalmente incomprensible. El avance de Yagüe, no obstante, careciendo de información suficiente, como se había puesto de manifiesto en Badajoz, puede considerarse también como una prueba de valor irresponsable e improvisación. Pero como ya se ha puesto de manifiesto, a lo largo de la historia militar en numerosas ocasiones, es siempre mejor equivocarse que dudar.

La batalla de Badajoz tuvo varias consecuencias inmediatas: -en primer lugar, promovió una especie de  pacto sobre lo sucedido: ya no había marcha atrás; -operativamente, expandió el territorio que los nacionales controlaban, tras enlazar con el territorio bajo el control del general Mola, y que ya cubría desde Galicia a Andalucía occidental; -ciertamente, afectó a la cohesión republicana; y, sin duda, estimuló la sed de venganza de los republicanos, que vieron, en los sucesos de Badajoz, una especie de legalización de sus propias acciones de represión.

Fue la primera vez que se enfrentaron fuerzas militares regulares de ambos bandos, y la primera batalla real de la Guerra Civil, y una gran derrota estratégica de la República. La primera derrota había sido el paso del Estrecho. Para un observador avezado quedaba claro que Franco ganaría la guerra, aunque ésta fuera a ser larga, muy larga. Pero ese es otro tema a debatir en el futuro.

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8 Hacia las 8:00 de la mañana llegaron tres escuadrillas de aviones nacionales, asignadas a Yagüe (en total 9 aviones JU-52). En oleadas sucesivas realizaron pasadas en las que bombardearon diversos sectores de la ciudad, haciendo hincapié en el Cuartel de la Bomba, la Plaza de Toros y en la Alcazaba donde resultaría muy dañado el Palacio de los Duques de Feria. Yagüe, que con la llegada del alba, había podido observar personalmente las características de las defensas de Badajoz, solicitó que los aviones centren sus bombardeos en puntos muy específicos de las murallas. Poco después, aproximadamente hacia las 10:00 horas, tomaron el relevo tres aviones italianos Savoia SM-81, a los que se unieron dos Breguet XIX y ametrallaron las posiciones republicanas. El Gobierno portugués permitió la utilización del aeródromo de Elvas para bombardear Badajoz, según  los partes de operaciones que se encuentran en el Archivo Histórico del Ejército del Aire en Villaviciosa de Odón.

9 Francisco Espinosa Maestre: La columna de la muerte, pág. 102

10 La Marcha sobre Madrid, Coronel Martínez Bande,  pág. 36, Servicio Histórico Militar

11 Ángel David Martín Rubio: La represión roja en Badajoz.

12 Gutiérrez Casalá, José Luis; La Guerra civil en la provincia de Badajoz. Represión Republicano-Franquista, 2003, pp.771.

13 Gutiérrez Casalá, José Luis; La Guerra civil en la provincia de Badajoz. Represión Republicano-Franquista, 2003, pp.771.

14 La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda, Moisés Domínguez, Francisco Pilo y Fernando de la Iglesia, 2010



Mayo de 2016


Antonio J. Candil