ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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13/3/16

LAS MUJERES DEL DÍA D
















Enfermeras de la Cruz Roja llegan el 15 de junio de 1944 a la playa Omaha

Estas fotografías son de las primeras enfermeras que arribaron a la playa de Omaha, en cuanto las tropas pudieron asegurar las cabezas de playa en junio de 1944. Porque las mujeres tuvieron un papel importante, sobre todo en el final de la guerra, no solo como enfermeras sino en múltiples servicios como la construcción y entrega de armamento, la conducción de ambulancias, incluso en el periodismo.

Martha Gellhorn, insobornable corresponsal

Hace más de 70 años, un grupo de mujeres estadounidenses hicieron historia al cubrir una de las noticias más importantes de su generación. Las llamaron las damas del Día D.

“Llega un punto aquí en el que te sientes tan pequeña e indefensa en mitad de esta enorme pesadilla, en esta locura, que directamente dejas de gritar y empiezas a reír” (Martha Gellhorn sobre la invasión)


 Gellhorn con Ernest Hemingway y el General Yu Hanmou, en Chungking, China, en 1941.

Precisamente, la primera mujer que llegó a Normandía, en el terrible amanecer del 6 de junio, iba junto a los 150.000 Soldados que desembarcaron en las lanchas y que tenían la misión casi imposible de invadir Europa. Se trata de Martha Gellhorn, que era una corresponsal de guerra fija que trabajaba para Collier’s. Pero igual que las mujeres del Ejército no podían entrar entonces en combate (no lo hicieron en Estados Unidos hasta 1994) las mujeres periodistas no recibieron acreditación para el Día D. Curiosamente, Martha Gellhorn tampoco pudo acreditarse ante las autoridades militares. Pero Collier’s no se quedó sin corresponsal, ya que eligió destacar sobre el terreno ni más ni menos que a Ernest Hemingway, que además estaba casado con Martha (era su tercera esposa) y se dedicaba a impedir que llegase al frente como periodista: ¿Eres corresponsal en el frente o mi esposa en la cama?, llegó a escribirle en una carta.

El caso es que la acreditación de Collier’s fue para Hemingway porque era varón y además una firma muy famosa. Martha ya no pudo más y el autor de “El viejo y el mar” acabaría convertido en su exesposo por tanto afán de dominio (un poco machista, marca de la casa).

Pero Martha era mucha Martha. Ni corta ni perezosa se coló como polizón en un enorme transporte de tropas y vehículos. Se encerró en el baño durante la travesía y, una vez junto a la costa, la periodista se las apañó para disfrazarse de camillero. En mitad del caos previo al ataque, con miles de hombres y pertrechos de aquí para allá, con las lanchas yendo y viniendo y el atronador sonido de los cañones sacudiendo las tripas, nadie se fijó si aquel camillero era chico o chica.

El destino sabe sonreír incluso en medio de tragedias tan grandes como aquella, y finalmente Martha llegó a la playa Omaha antes que el usurpador de su acreditación, Ernest Hemingway. Poco antes que ella había llegado Robert Capa al lugar y disparado cuatro rollos de los que tres y medio se velaron. No había mucho margen en un día en el que casi 10.000 Soldados aliados cayeron. Martha Gellhorn fue la primera mujer en pisar aquel infierno, pero no sería ni mucho menos la última.

Su primera experiencia como periodista de guerra fue en los años 30 en España, donde cubrió la Guerra Civil con quien sería su futuro esposo, Ernest Hemingway.

Un grupo de corresponsales de EE.UU., glamurosas y con agallas, formaban parte del grupo, con la diferencia que ellas luchaban su propia batalla en cada frente para superar la prohibición de mujeres que había en la línea de guerra de la Segunda Guerra Mundial.


Mujeres corresponsales de guerra acreditadas por el Ejército estadounidense: Mary Welsh, Dixie Tighe, Kathleen Harriman, Helen Kirkpatrick, Lee Miller, y Tania Long.

Miller fotografió a mujeres ejerciendo muchísimos roles, incluyendo enfermeras, voluntarias y en el servicio naval.

Lee Miller fotografió las secuelas de la guerra en Saint Malo, 1944.



Pero uno de los reportajes más vívidos fue en agosto de 1944 en Saint Malo, Francia, donde le habían dicho que la lucha se había terminado, pero no era así.

Otra pionera fue Helen Kirkpatrick, quien muchos años antes del Día D ya estaba en Londres. En 1944, era jefa de la oficina del Chicago Daily News.

El espíritu indomable y estilo de las damas del Día D le dio al mundo algunas de las crónicas más distintivas y osadas de un período épico de la historia. Y ellas lo hicieron, no sólo porque eran mujeres excepcionales, sino porque fueron excelentes periodistas.





Enfermeras de Cruz Roja

Muy pocos días después comenzó el goteo de enfermeras de la Cruz Roja, como las de la foto que mostramos en el inicio de esta entrada, y otras mujeres alistadas en las WAC (Women’s Army Corps). Las primeras enfermeras en poner un pie en Omaha Beach, llegarón al anochecer del día 15 de junio, en una de las lanchas de desembarco. El grupo de 39 mujeres fue transportado por tierra desde la playa hasta la “zona de tránsito 5″. El espectáculo de aquel bautismo de fuego fue apabullante. El cielo atravesado de parte a parte por las balas trazadores y el resonar de los obuses que iluminaban la noche y parecían demasiado cerca, según cuenta el libro “G.I. Nightingales: The Army Nurse Corps in World War II” de Bárbara Tomblin.




















Enfermeras americanas caminan hacia el interior de Normandía

De allí pasaron al día siguiente a un lugar cercano a Pierre de Mort, donde pusieron en marcha el primer hospital de campaña para los heridos en la invasión que operó en Francia después del Día D.

Había más equipos médicos en las playas desde el comienzo del combate, pero ninguno de mujeres. Sin embargo sí las había en los barcos hospital que navegaban por las inmediaciones y a los que llegaron los primeros heridos evacuados el mismo día 6. Por ejemplo, en el  Naushon, que llegó a la zona de Omaha el 7 a las 19h, había cinco enfermeras británicas que atendieron a los 150 Soldados, con heridas muy graves, que fueron evacuados al amanecer en dirección a Southampton. También había enfermeras americanas en el buque Lady Connaught, que tardó un par de días en llegar debido a que algunos de sus barcos de escolta colisionaron con minas y la aviación estuvo toda la primera noche acosándoles con fuego incesante. Su personal bajó a la playa y cargó a 450 pacientes bajo un durísimo fuego, antes de volver con ellos a Southampton.

Hay que imaginar el caos logístico que se produce, mientras se desembarca el material de un Ejército que se abre paso por las playas hacia el interior, con altísimo precio en vidas humanas, y los heridos deben esperar pacientemente su oportunidad para volver desde el infierno. La mencionada Martha Gellhorn contaba de aquellas primeras horas -recordémoslo, disfrazada de camillero- que el personal sanitario no daba abasto, que los camilleros acabaron el primer día con las manos destrozadas, convirtiéndose en casos dignos de ingreso hospitalario ellos mismos. No había tiempo para nada, apenas para sujetar los cigarrillos a los soldados que no podían usar sus brazos para fumar, o que ya no tenían brazos. Ante tal cantidad de personas que necesitaban auxilio urgente se hacía demasiado lento el mero hecho de ofrecer unos pocos sorbos de té, desde la boquilla de una tetera caliente, a la boca de alguno de aquellos muchachos  que apenas asomaba entre los vendajes.


Enfermeras del Hospital de Campaña número 13 hacen un alto para comer en los días posteriores al Desembarco

Las enfermeras merecieron 1.619 medallas y condecoraciones en aquella guerra, lo cual es un reflejo del coraje. Las 16 medallas póstumas a enfermeras abatidas por fuego enemigo nos hablan del valor de sus acciones. 13 enfermeras murieron al estrellarse los aviones en los que evacuaban heridos.

Finalmente, entre las interminables hileras de tumbas de Normandía, hay un pequeño número de sepulcros de mujeres. Por ejemplo, en el inmenso cementerio americano de Colleville-sur-mer están los restos de 4 mujeres, de un total de 9.387 tumbas. Tres de ellas Arlow y Mary H. Bankston pertenecían al servicio postal que llevaba el 6668 batallón de WACs y perecieron en un accidente del jeep en el que se desplazaban (y era heroico hacer llegar las cartas a los Soldados indicados en aquel caos, con las direcciones erróneas y los nombres repetidos, como Robert Smith, que era como se llamaban 7.500 Soldados americanos de los que sirvieron en Europa), accidente que ocurrió el 8 de julio. La cuarta, Elizabeth Richardson murió al estrellarse su avión cerca de Rouen el 25 de julio.


El asombroso caso de Yvonne Cormeau

Pero el caso más apasionante de aquellos días de junio de 1944 es, sin duda, el de Yvonne Cormeau, alias “Annette”. Hija de diplomático se educó en Francia y Bélgica. Después de perder a su esposo en un bombardeo se alistó en la Fuerza Aérea Auxiliar de Mujeres. Pero su maravillosa pronunciación francesa hizo que rápidamente fuera reclutada y entrenada para otro tipo de misiones. Fue lanzada en paracaídas sobre Francia en agosto de 1943 y allí sirvió como enlace con la resistencia y operadora de radio haciendo llegar información vital y también señalando las zonas de lanzamiento de material. Fue traicionada por otro agente y los nazis le pisaban los talones durante los 13 meses que estuvo en el terreno. En una ocasión, un Soldado la disparó en la pierna (su uniforme ensangrentado se expone en el Imperial War Museum de Londres) y escapó varias veces por muy poco de sus captores, aunque nunca dejó de operar con la resistencia, cortando comunicaciones y energía en acciones de sabotaje.

Al acercarse el Día D, su trabajo se incrementó notablemente. Se dice que nunca durmió más de tres noches en el mismo lugar durante su estancia en Francia. El 6 de junio había enviado 400 mensajes sin ser descubierta por los alemanes. En reconocimiento a sus servicios fue premiada con la Legión de Honor y fue aceptada como miembro de la Orden del Imperio Británico.



Está claro, que las mujeres se ganaron a pulso un lugar en el inmenso esfuerzo que supuso aquella operación Overlord, que cambió el curso de la Historia.




Francisco Javier de la Uz Jiménez

Fuentes consultadas:





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