ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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28/3/16

LA BATALLA DE BELCHITE












La furia republicana arrasó un pueblo numantino

7.000 efectivos mantuvieron a raya a un Cuerpo de Ejército de 24.000 Soldados durante 13 días. La defensa de Belchite impidió que los carros de combate del internacionalista Kléber tomasen Zaragoza.

La ofensiva total republicana sobre Zaragoza era un plan maestro. Así lo creyeron en Madrid el Presidente Juan Negrín y el Ministro de Defensa, Indalecio Prieto, que pretendían frenar la conquista del Norte por Franco amenazando la capital de Aragón, en poder de los Nacionales. Para los estrategas republicanos, Belchite no era más que un pequeño pueblo que caería a las pocas horas tras el arrollador avance de los 80.000 Soldados que se pusieron en juego. Una Escuadrilla de 90 chatos y moscas y 105 carros de combate harían huir a sus 7.000 defensores. Incluso podía rodearse el pueblo y continuar en dirección a verdadero objetivo, Zaragoza.


Belchite, anterior a la Guerra Civil Española. Destaca la silueta de la Iglesia de San Martín de Tours

Sin embargo, Alfonso Trallero, Alcalde y Comandante de la guarnición de Belchite, opuso junto a sus 7.000 hombres una resistencia numantina que enfangó a las divisiones 11 y 24, al mando de Enrique Líster, entre los días 24 de agosto y 6 de septiembre de 1937. Tras 13 días de salvaje lucha, y empeñando hasta 24.000 soldados, Líster tomó un pueblo reducido a escombros tras incesantes e indiscriminados bombardeos de los rojos. Esos días de defensa más allá de lo humano consiguieron desactivar la blitzkrieg republicana y salvar Zaragoza.

La Villa.-

El Pueblo tenía según datos fidedignos de 1935, 3.812 habitantes y 1.267 edificios, casi todos ellos de tipo rural, aunque últimamente se habían levantado algunos de gran solidez y elevación. El caserío se repartía por calles irregulares y cinco plazas pequeñas, destacando el Ayuntamiento, las Escuelas, la Parroquia de San Martín y dos Conventos. Pero el más poderoso edificio era el Seminario, de cuatro plantas y gran superficie.

Belchite, según el General Franco, “era una verdadera posición destacada, quizá excesivamente destacada sobre el resto  de nuestra línea”.

Representaba en el despliegue general en tierra aragonesa una punta de flecha lanzada sobre el campo enemigo, sin condiciones naturales defensivas. Las fortificaciones de Belchite, consistían en  trincheras independientes, escalonadas en profundidad, con caminos cubiertos y alguna  escasa obra de hormigón, particularmente protegiendo las piezas de artillería. Las principales obras se encontraban en el montículo denominado El Calvario, a un centenar de metros del casco urbano por su parte Este, desde donde se domina toda la llanura de El Saso. Allí se habían construido unos asentamientos para una Batería de 75 mm., cubiertos de hormigón y viguetas, sin duda tomadas de la línea del ferrocarril minero. Ya lejos del pueblo, pero constituyendo parte de la defensa, entre otros, quedaba el Apeadero de la Princesa, contaba con algo más de 2.000 hombres, y que su característica principal era la heterogeneidad de esta Guarnición, al Mando del Teniente Coronel Enrique San Martín.


Jefe de la 150 División, General Sáez de Buruaga, que operó en el socorro de Belchite.

Las referencias del comportamiento de la población según los informes de los Oficiales de Diego, Quintana y Royo, dicen: “la gente, poca, pues se vive ya el cerco intensamente, circula con tranquilidad. El pueblo se ha confundido con el elemento militar. Las mujeres llevan y traen agua o alimentos. Un grupo de hombres se dedica a despejar de escombros la calle Mayor. Los sótanos de las casas, las bodegas, los refugios, se llenaban de heridos, a los que las mujeres del pueblo atendían con cariñosa actitud. Pero también los niños, llevaban  a las trincheras botijos de agua, con cestos pequeños traían municiones, que ellos mismos recogían de las grandes cajas lanzadas por los aviones que al caer a tierra  se rompían”.

Una de las últimas imágenes de la villa de Belchite bajo el azote de la guerra. 
Un muro aplastó una camioneta.



Del propio General Franco son estas palabras: “La brusquedad y la intensidad del ataque en todo el Frente del Ebro no nos cogió desprevenidos, pero tampoco lo suficientemente bien preparados para repelerla. Mientras se realizaba esa preparación, lo importante era resistir, evitar que nuestro Frente quedase sólo, desarticulado. Belchite, espolón de nuestra línea, tenía que resistir, a costa de lo que fuera. Así se ordenó y así se cumplió. Resistieron aquellos bravos tanto cuanto necesitábamos”.




LA BATALLA DE BELCHITE

Fue un enfrentamiento militar en el marco de la campaña republicana para tomar Zaragoza durante las últimas semanas del verano de 1937. La toma de la pequeña localidad de Belchite supuso un esfuerzo desmesurado por parte de las tropas atacantes, que llegaron a movilizar a casi 80.000 efectivos que fueron frenados por Unidades muy inferiores en número, que no llegaban a los 7.000 soldados. Gracias a la resistencia ofrecida en este pueblo zaragozano, las tropas gubernamentales no llegaron a la capital, que se salvó de una ofensiva sangrienta.


Batalla de Belchite, toma del casco urbano


FUERZAS REPUBLICANAS

Total: 80.000 Soldados

Con el General Pozas, con el Ejército del Este y las XI y XV Brigadas Internacionales, iba la 353 División al mando de Karol Swierczewski, que incluía la XV Brigada Internacional (británicos, canadienses y americanos). Participaron 80.000 hombres, tres escuadrillas de la Aviación Republicana con Polikarpov I-16 “Moscas”; Polikarpov I-15 “Chatos” (unos 90 aviones en total) y 105 carros T-26 soviéticos.

FUERZAS NACICIONALES

Total: 7.000 Soldados

Los efectivos rebeldes, tras el comienzo de la ofensiva, se componían en cinco Divisiones al agregarse también la 13ª y la 150ª, que fueron retiradas del frente de Madrid, Artillería (de la que carecía el bando republicano) y 65 Fiat CR-32, Heinkel He 46, Savoia-Marchetti S M 79 y Messerschmitt Bf-109.

OFENSIVA A REPUBLICANA 

1 El ataque

El 24 de agosto, los carros de combate del General soviético Emilio Kléber se encontraban a seis kilómetros de Zaragoza. ¿Por qué no atacaron la ciudad? Las dos Divisiones de Infantería que debían acompañar a los blindados en el ataque se encontraban paradas ante un núcleo inesperado de resistencia en Belchite.

2 Los sitiados

7.000 efectivos, entre Soldados y voluntarios -carlistas y falangistas- formaron una bolsa de resistencia que obligó a emplearse a fondo a las Tropas republicanas. Al frente de la resistencia se encontraba el Comandante de la Guarnición de Belchite Ramón Alfonso Trallero, que era también el Alcalde del municipio.

3 Primeros de septiembre

El General de las milicias republicanas Juan Modesto, ante la resistencia, que duraba ya más de una semana, decidió lanzar a toda la 24ª División. Previamente al ataque, la Aviación republicana asoló el pueblo sin pararse a pensar que sus habitantes civiles estaban en ella.


En plena contienda

La acumulación de escombros dificultó más a la Infantería republicana su tarea de reducir a los defensores del pueblo.

4 Resistencia

La resistencia al ataque de Modesto fue feroz, los republicanos solamente lograron entrar en el casco urbano a última hora del día 1 de septiembre. El día 2, las luchas se extendieron por la calle Mayor, en la que los edificios tuvieron que ser tomados habitación por habitación. 



Calle Mayor

5 La iglesia

El día 4, con la práctica totalidad de Belchite en manos de los atacantes, los nacionales se refugiaron en la Iglesia, donde Instalaron cuatro ametralladoras Walter que barrían el avance de sus enemigos. 






































Iglesia de San Martín de Tours. Antes de la Guerra Civil


Iglesia de San Martín de Tours. Después  de la batalla

6 Fracaso de una ofensiva

La resistencia de Belchite. El tiempo perdido en su conquista, además del desgaste y el elevado número de víctimas que costó, impidieron la toma de Zaragoza por las Tropas de Emilio Kléber. La ciudad pudo reforzarse y el General ruso no tuvo otra opción que dar la vuelta a sus carros de combate y volver a Barcelona. Apuntaba el primer gran fracaso de su carrera militar.

Resistieron durante 13 días de asedio, de ellos 2 completamente sitiados.

Hacía un calor aplastante y a los sitiados se les cortó el suministro de agua. Tampoco tenían víveres, municiones ni material sanitario.

La operación no constituyó ningún éxito para los republicanos, pues Franco, con la experiencia de Brunete, no distrajo fuerzas del norte.

Demostraron tal superioridad ante los blindados alemanes e italianos, vulnerables a los disparos del T-26, que el Mando rebelde decidió ofrecer una recompensa en metálico (500 pesetas de la época) por cada ejemplar capturado.

En el pueblo de Belchite, la guerra no terminó con la caída del municipio en manos de los republicanos. Tras la entrada de las tropas al mando de Líster en el municipio, muchos de sus habitantes fueron fusilados por su colaboración con los Nacionales.

Entre ellos se encuentran varios familiares del cantautor Juan Manuel Serrat. Los Furicos, como se conocía a la familia de su madre, fueron duramente castigados por ser católicos. Los republicanos fusilaron a sus abuelos y a uno de sus tíos de 17 años.








La calle donde vivían los abuelos de Joan Manuel Serrat, la calle donde nació su madre. La casa se encontraba a la izquierda, muy cerca de donde pasan las mujeres (según informa Serratino Benjamín). De la casa de los abuelos de Serrat tan solo queda hoy un metro de escombros (fotografía realizada entre 1940/1942).










Los Nacionales que defendían Belchite lo hicieron calle a calle y casa por casa. Los nidos de ametralladoras trufaron las vías públicas, que se inundaron de barricadas de sacos de arena. El Alcalde y Comandante de la Guarnición de Belchite, Ramón Alfonso Trallero organizó la defensa de la bolsa de Belchite y resistió los embates de las tropas dirigidas por los comunistas.

El General Líster mantuvo el sitio del pueblo hasta el primero de septiembre, cuando ya se hizo evidente el fracaso de la operación contra la capital aragonesa.

Fue entonces cuando el General de Brigada Juan Modesto lanzó brutalmente toda la División 24 sobre los defensores. La aviación castigó duramente a la guarnición durante días, y el estallido de las bombas arreciaba por todo el perímetro de la localidad, dejándola en un estado ruinoso, una sombra de lo que fue.

Y es que los Polikarpov I-15 y I-16, de fabricación rusa, sembraron una destrucción nunca vista hasta entonces en las batallas anteriores de la Guerra Civil.

La Artillería, mientras tanto, tampoco daba tregua. Desde una loma a las afueras de la población, los cañones republicanos atronaban con su mensaje de muerte. Ningún edificio de Belchite quedó sin su ración de plomo.


AYUNTAMIENTO el edificio de la izquierda con las primeras heridas mortales y la CASA DOMI, cuya propietaria fue Dña. Dominica Fanlo.

Los destrozos causados en las estructuras fueron empleados por los nacionales para la construcción y el refuerzo de más barricadas. Durante esos días interminables murió el Alcalde y Comandante de la Guarnición de Belchite, Ramón Alfonso Trallero y la inmensa mayoría de numantinos defensores y, cuando el 6 de septiembre el Ejército de la República consiguió romper totalmente las defensas de Belchite, irrumpiendo a saco, no hubo piedad ni para los heridos ni para los prisioneros de guerra.

Atrás quedaba una batalla de 13 días en la que perecieron más de 4.000 personas.

Fusilaron a todos los que habían empuñado un arma frente a la puerta del improvisado hospital de campaña, en un akelarre de odio y venganza que aún se recuerda en la zona.





La defensas de Quinto, Codo y, sobre todo de Belchite, alcanzaron un tono heroico. Los defensores de Quinto, se replegaron la noche del 24 al 25 de agosto de 1937 a la Iglesia y casas vecinas de donde no fueron desalojados hasta la tarde del día siguiente. En Codo, los Requetés del “Tercio de Nuestra Señora de Montserrat” combatieron en el casco urbano, casa por casa, hasta que lograron romper el cerco en una desesperada salida con innumerables bajas. Sólo Belchite prolongaría durante trece días su increíble resistencia protagonizada por su pequeña guarnición y la población civil, que combaten en las calles, casa por casa, durante el día y la noche.

Los sitiados carecen pronto de víveres y municiones a pesar de que la aviación nacional procura arrojárselos. Las Unidades enviadas en socorro de Belchite para liberar a sus defensores, refugiados por último en los edificios algo más fuertes de la localidad, no pueden abrirse camino a pesar de su empeño. Los Requetés del “Tercio de Almogávares”, que se han batido bravamente en el Seminario, se incorporan a los defensores de la población, al no ser posible prolongar allí la resistencia.

El Tercio de Almogávares, encuadrado en la defensa de Belchite frente a la ofensiva del Ejército del Frente Popular, y en particular del Seminario de la ciudad, tuvo un papel que hunde sus raíces en la Historia Española de Numancia y Sagunto.

El 1 de Octubre de 1936 se termina de formar el Tercio de Almogávares, al mando del Capitán Nieva, y con los Alféreces Royo y Millán como Jefes de la primera y segunda Compañías que conformaban dicho Tercio. Entre sus componentes hay turolenses, zaragozanos, navarros, oscenses e incluso sorianos y guadalajareños. Lo conformaban en aquel momento 240 hombres.

Entre sus hombres podemos destacar en su calidad de Oficiales a Royo, Calvo, Santa Pau, Aragón y Pastor y como Sargentos a Amillo, Berdejo, Sagarra y Vilellas. Y como páter, Pantaleón Cobeta.

La resistencia Almogávar de Belchite supone un freno decisivo a la ofensiva republicana y con ello se ganó un tiempo precioso para salvar la capital aragonesa y reorganizar las líneas defensivas en un momento crítico de la Guerra Civil donde en otras zonas de España se estaban realizando ofensivas Nacionales claves para el curso de la Guerra.

El día 30 de Agosto el Seminario quedó aislado ante la presión enemiga del resto del perímetro defensivo de la ciudad de Belchite, llegando a la resistencia extrema con armas blancas antes los sucesivos intentos de asalto.

Lo que sucedió en el interior del Seminario sólo Dios lo sabe, pero nos podemos imaginar las imágenes de unos hombres decididos a resistir hasta la muerte, como así fue en la mayoría de los efectivos que lo componían.

Sometidos a una presión brutal, aquellos Almogávares hicieron honor a su nombre y forman parte ya de esa tradición militar española heroica.

“El Tercio de Almogávares” fue reconocido por su heroísmo con la máxima condecoración colectiva que una Unidad militar española puede recibir, “La Cruz Laureada de San Fernando”.

   
   
                    


Cruz en la Posición avanzada del Seminario Menor (al fondo Belchite) y Torre del Reloj  en Belchite

         El 6 de septiembre, cuando tres cuartas partes de los defensores han sido baja y no puede continuar la resistencia, y ya no quedan apenas piezas de artillería, es en este día cuando al reventar un mortero mata a uno de sus sirvientes, el Alcalde Alfonso Trallero y al Comandante Rodríguez de Córdoba. El Teniente Coronel San Martín decidió quedarse con los heridos, encomendando al Comandante Santa Pau la rotura del cerco y la retirada con cerca de quinientos supervivientes, en una salida desesperada y heroica que con él a la cabeza logran romper, la única salida era una calle de dos metros de ancho, protegida por dos ametralladoras, una a cada lado, el Comandante destruye una, lanzando una granada de mano, al tiempo que es abatido desde la otra con una ráfaga que le cruza el pecho, gracias a ello parte de los sitiados consiguen salvar las líneas enemigas, aunque la mayoría serian hechos prisioneros posteriormente.    

Comandante D. Joaquín de Santa Pau Guzmán
ascendido por méritos de Guerra.
                                                  

Pero el drama no había finalizado para los que fueron hechos prisioneros en Quinto, Codo y Belchite una vez ocupadas las poblaciones. Buena parte de ellos, tanto Soldados como civiles, fueron asesinados sobre el terreno, en el mismo momento en que se efectuaban las detenciones. Así, en los olivares cercanos a Codo, primer lugar en que se concentró a la población evacuada de Belchite, se procedió por las fuerzas ocupantes con la intervención de algunos elementos extremistas de la localidad a la selección de prisioneros y en el acto asesinaron sin más procedimiento ni declaraciones a algunos paisanos de la villa, varios sanitarios y fuerzas excombatientes. Otros prisioneros fueron traslados a cárceles y campos de concentración, siendo fusilados en las semanas siguientes. Por ejemplo, los prisioneros que habían sido llevados a Monegrillo y Castejón de Monegros fueron sacados de allí en la mañana del 14 de septiembre y los bajaron por la carretera de Zaragoza a Barcelona. Un poco antes de llegar a la altura de Pina de Ebro les hicieron abrir una zanja de unos 300m. de largo por 2 de ancho que les sirvió para su propia tumba. Había unos 250 entre militares, falangistas, requetés y paisanos.

En Burgos, el 12 de octubre de 1937, el General Franco firma un decreto, donde dice: “En lo sucesivo llevará Belchite el título de Leal, Noble y Heroica Villa”. Y además, es ordenado que se abra expediente para la concesión a sus defensores, colectivamente, de la “Cruz Laureada de San Fernando”.

La Batalla de Belchite es una de las batallas de asedio más heroicas de la Guerra Civil Española. La resistencia épica de los “Nacionales” en el pueblo de Belchite consiguió detener la ofensiva del Gobierno de la República Española contra la importante ciudad de Zaragoza. La frenética lucha casa por casa acabó con el pueblo completamente devastado. Belchite nunca se reconstruyó, es una memoria viva de la Guerra Civil. Hoy en día sirve para recordar aquellos trágicos hechos.

Tras la guerra se construyó un nuevo Belchite. Aunque muchos piensan que el abandono del antiguo pueblo se produjo tras la Guerra Civil, lo cierto es que las últimas familias que dejaron el Pueblo Viejo de Belchite lo hicieron a mediados de los años 60. Quedaba así como testimonio de la batalla que diezmó el pueblo durante aquellos trece terribles días del verano del 37.

Paisaje tras la batalla

Bien fuera porque el más que lamentable estado en el que quedó lo hacía aconsejable, bien para dejar constancia de la "barbarie roja", el caso es que Belchite no fue reconstruido tras la Guerra, sino que se levantó de la nada un nuevo pueblo justo al lado de las ruinas que pasaron a llamarse Belchite viejo.


Arco de la Villa
















Letrero informativo de Belchite a la entrada del Arco de la Villa 

Así que hoy, 79 años después, podemos recorrer lo que quedó del pueblo como un espectral museo de los horrores de la guerra, más realista por cuanto que no es tal, sino el lugar donde todo ocurrió y la mejor muestra de lo que puede llegar a ser una batalla.


Hospital de San Antonio Abad  y  Capilla de San Antón   siglo XVI

























Ruinas de Belchite

                             

 Detalles de las ruinas de la Iglesia de San Martín de Tours



Francisco Javier de la Uz Jiménez



Fuentes consultadas:

INTERECONOMÍA.-  Carlos Toda.

LA GRAN OFENSIVA SOBRE ZARAGOZA. 1973 (Servicio Histórico Militar)

ENLACES: 







1 comentario:

JOMISAG dijo...

El letrero informativo que se ve en la fotografía corresponde al que está situado al otro extremo del pueblo situado en la Puerta del Pozo.