ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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1/6/15

UN EPISODIO DESGARRADOR EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL














Siete mil soldados cayeron esa noche: sólo quedó en pie, desfigurado, el Cristo de las Trincheras



La impresionante figura del Cristo roto, última imagen que vieron miles de guerreros portugueses antes de morir









Cerca de Lille, casi en la frontera francesa con Bélgica, entre las localidades de La Couture y Neuve-Chapelle, se hallaba asentada la 2ª División de Infantería del Cuerpo Expedicionario Portugués.

Llevaban ya un tiempo en sus trincheras aquella primavera de 1918 y muchos de los soldados lusos se habían acostumbrado a rezar al Cristo clavado en una cruz de madera que, desde su enorme altura, llevaba cuatro años contemplando los horrores de la Primera Guerra Mundial en los campos europeos.

  El fotógrafo Arnaldo Garcês inmortalizó a sus pies, en octubre del año anterior, a un Soldado de los que guardaban la posición en tiempos más tranquilos y aún podían acercarse al crucero, situado en una encrucijada.













Diezmados por la artillería

Pero el 9 de abril se presagiaba un enfrentamiento total. Los alemanes, en plena ofensiva, se marcaron como objetivo ese lugar. Antes de que avanzaran los fusileros, sometieron a la zona a un auténtico infierno de fuego de artillería. Durante horas cayeron las bombas hasta reducir a cenizas Neuve-Chapelle, y no sólo esa localidad se despertó muerta cuando se levantó la nube de humo y polvo: allí yacían también los cadáveres de más de siete mil soldados portugueses.

Entonces empezó a perfilarse algo más: entre la tierra y las rocas levantadas, superviviente a llamas arrasadoras y a trincheras arrasadas, derruidos el crucero y la cruz, se erguía aún enhiesto el Jesús cuya visión postrera servía de consuelo a los moribundos. Aunque rotos brazos y piernas y llagado (de nuevo) el cuerpo a base de metralla y balas perdidas, el Cristo de las Trincheras, en apariencia derrotado, se inscribía en las mejores páginas de la historia militar portuguesa. Habían aguantado la posición cuanto pudieron, hasta caer casi todos, incluido el crucifijo que, con el tiempo, habían hecho suyo.



Los portugueses lograron reagruparse y mantener las líneas, y al hacerlo no se olvidaron de su divino acompañante. Como a un herido más, éste con las piernas y un brazo mutilados y un disparo en el pecho, recogieron al Cristo para llevarlo a un lugar donde pudiese ser conservado y venerado, y se mantuvo con ellos el resto de la batalla.

Lo sentían como suyo, y fue suyo

Cuarenta años después, quienes habían estado allí no olvidaban aquella imagen, y los Soldados consideraban timbre de gloria haber combatido a su lado en la conocida como batalla de La Lys. Así que en 1.957 el Gobierno de Antonio de Oliveira Salazar se dirigió al Gobierno de René Coty y pidió que le fuese cedido para su custodia, pasando a ser patrimonio de la Liga de Combatientes y símbolo del patriotismo nacional.

La imagen llegó a Lisboa el 4 de abril de 1.958, acompañada por ex combatientes y una delegación de diputados franceses encabezada por el Coronel Louis Christian. Fue expuesta para la veneración pública cuatro días en la Escuela del Ejército, y su paso por las calles de Lisboa fue apoteósico.

El 9 de abril, tras una ceremonia de honores presidida por el Coronel Santos Costa, Ministro de Defensa, instaló en su ubicación actual, la sala capitular del majestuoso Monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, más conocido como Monasterio de Batalha, donde una guardia permanente rinde tributo al soldado desconocido. 




Vídeo del cambio de Guardia.






Francisco Javier de la Uz Jiménez


2 comentarios:

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Con todo el respeto y natural admiración, podemos pensar que Cristo fue el primer Poeta Muerto (salvando las distancias...), sea dicho porque su muerte y entrega, además de lo que supone por todos conocido, se me antoja pura poesía.

Rubén Blanco dijo...

Javier emotiva entrada, que me hace pensar en el Artículo 21 de las Reales Ordenanzas: Los miembros de las Fuerzas Armadas se sentirán herederos y depositarios de la tradición militar española. El homenaje a los héroes que la forjaron y a todos los que entregaron su vida por España es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra.
A su vez el Cristo de las Trincheras me recuerda enormemente al CRISTO DE ROBLEDO cuya imagen situada en el denominado “LLANO AMARILLO” DEL CAMPAMENTO DE LA MILICIA UNIVERSITARIA DE “El ROBLEDO” (Segovia) ha presenciado desde 1954 la formación y Juras de Bandera de aquellos jóvenes universitarios que habían decidido servir a España a través de la Oficialidad de Complemento.
Os invito a que busquéis su imagen en internet.

http://www.belt.es/expertos/HOME2_experto.asp?id=4667