ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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23/4/15

POR QUÉ NO HICISTE NADA ABUELO




















¿Por qué no hiciste nada, abuelo? 
José L Román

La generación que votamos por vez primera con el sistema constitucional de 1978, habíamos recibido del régimen anterior –con los defectos que se quiera porque son cosas humanas-, una España sin fisuras y de regiones solidarias, con pleno empleo y familias unidas; una España con las arcas a rebosar y una Seguridad Social con el mayor superávit de toda su historia y, todo ello, por el esfuerzo, el trabajo y el sacrificio de nuestros padres y nuestros abuelos.

Los de aquella generación recibimos unas Cajas de Ahorros al servicio del bien común, sin ánimo de lucro, y gestionadas por personas honradas y no por políticos y sindicalistas corruptos; las viviendas subvencionadas por el Instituto Nacional de la Vivienda se adquirían con créditos blandos a muy bajo interés y en cómodos plazos; los obreros apenas pagaban impuestos no teniendo que presentar declaración sobre el IRPF; en definitiva, recibimos un país en pleno crecimiento, fuertemente industrializado y situado en el noveno lugar del ranking mundial según la ONU.

Pues bien, tras la muerte del general Franco en 1975 y en sólo cinco años, el número de funcionarios se duplicó, el desempleo se situó en una tasa cercana al 20% de la población activa; la deuda externa llego a alcanzar los veinte mil millones de dólares, y los establecimientos penitenciarios, que en 1975 albergaban una población reclusa de 12.000 internos aumentó hasta 40.000. Y todo esto, sin que los socialistas hubiesen llegado al poder, no se habían consolidado los diecisiete reinos de taifas ni los cuatro millones de funcionarios; y tampoco figuraban en nómina, todavía, la totalidad de los 465.000 cargos políticos que mantenemos hoy en nombre de la democracia y de las autonomías políticas.

Después de treinta y ocho años de régimen constitucional, son muchos -a pesar de la dramática situación del país y la precariedad que atraviesan en sus propios hogares-, los que se niegan a reconocer el fracaso del sistema. Lo que no impedirá en el futuro, que sus nietos y bisnietos descubran –aunque la “casta” intente ocultarlo a toda costa-, que la herencia que les dejamos solo serán deudas astronómicas fruto de un sistema y la pésima gestión de unos corruptos, que nos vendieron la mula ciega de la democracia como la panacea, ocultando que a ellos, ese sistema les permitió enriquecerse como no lo hubieran conseguido de ninguna otra forma, o sea, sin tener que trabajar ni superar ningún tipo de oposición, sin tener que exhibir nivel académico alguno, ningún tipo de historial laboral, y sin tener que presentar certificado de antecedentes penales para ocupar un cargo político.

Los nietos y bisnietos de las generaciones del sistema constitucional, sentirán verdadera vergüenza al saber que nuestro Poder Judicial estaba totalmente politizado y moralmente vinculado al partido o partidos que lo eligieron, y que sus señorías, salvo escasas pero honrosas excepciones, solo se preocupaban de sus ascensos y sillones, mientras excarcelaban sin escrúpulos a los asesinos más sanguinarios sin que llegasen a cumplir sus condenas.

Les dolerá el estómago al saber que sostuvimos una Monarquía sin corona como convidada de piedra, y que solo sirvió para que sus miembros se enriqueciesen de francachela en francachela mientras la Patria se rompía y el pueblo agonizaba.

Nos maldecirán al ver que cualquier nación del mundo conserva intacta su dignidad, su bandera y su himno, y ellos, de una nación como España, que culturizó y evangelizó medio mundo y con un idioma hablado por más de quinientos millones de seres humanos, solo han recibido una “babel” troceada en diecisiete retales atados con hilos, sin una bandera y sin idioma común, sin himno y sin escudo, y por supuesto sin dignidad como pueblo.

Les parecerá surrealista comprobar cómo los gobiernos democráticos, cuya razón de ser no debería haber sido otra que ponerse al servicio del bien común, tenían privilegios, prebendas y prerrogativas, y se dedicaban mediante emolumentos, dietas, pluses y comisiones, a repartirse el botín con la misma criminalidad que lo hacen los sátrapas de un país bananero o en estado de guerra.

Verán también, cómo aquellas entidades de ahorro de carácter benéfico llamadas Cajas de Ahorros, fueron literalmente arrasadas, expoliadas y arruinadas, por políticos y sindicalistas corruptos y ladrones, que amasaron fortunas evadidas a paraísos fiscales.

Sufrirán una depresión intelectual tratando de entender, cómo una nación que bajo una dictadura llegó a ser temida o respetada en el mundo pero nunca ninguneada ni humillada, con un régimen democrático -cuyos dirigentes criminalizaron aquella dictadura hasta el hartazgo-, se convirtió en el hazmerreír del mundo y en un país de esclavos vestidos de camareros, porque los dirigentes muy demócratas ellos, vendieron las empresas productivas a la Internacional del dinero, y los jóvenes talentos en pleno siglo XXI tuvieron que emigrar buscando una estabilidad laboral, familiar y económica.

Pensarán que éramos estúpidos al creer en el cuento de la democracia, porque el voto lo podría ejercer cualquiera con formación o sin ella, cuando ni siquiera sabíamos seleccionar con meticulosidad y de manera objetiva a los aspirantes para dirigir y gestionar la nave nacional española.
No lograrán entender cómo cuarenta y siete millones de españoles consentimos mantener un sistema donde 465.000 políticos parasitaban en el presupuesto nacional, cuando por ejemplo Alemania en la misma época y con el doble de habitantes, era gestionada con la mitad de cargos políticos que España.

Verán con desdén y amargura y no entenderán, cómo nos dejamos engañar para que en su nombre, (nietos y bisnietos) cuando ni siquiera habían nacido, los sátrapas municipales, autonómicos y estatales firmaran deudas que los hipotecarían por los siglos de los siglos, para beneficio de depredadores financieros y políticos, cargando sobre las espaldas de los que estaban por venir, el pago de intereses sobre intereses, para enriquecimiento de criminales legalizados.

Vomitarán cuando piensen en las colas que formábamos frente a las urnas para votar, a sabiendas de que los partidos, subvencionados con dinero público comían en la mesa común y se ponían de acuerdo en lo fundamental del teatro del engaño, para después comprar y vender la dignidad, el hambre o la pobreza, y convertir el voto en legitimidad para los reales ladrones, que iniciaron su carrera imparable hacia el enriquecimiento ilícito y la potestad de reelegirse, elaborando y aprobando leyes siendo jueces y parte.
Terminarán muertos de la risa, cuando piensen que todavía creíamos en los “grandes de España” o seres con sangre azul, en sanguinarios marxistas con piel de cordero, y permitíamos además que por voluntad de la mayoría, gentes que no han producido en su vida ni un puñetero tomate, nos dieran el permiso para cultivar las tierras pagándoles encima y manteniéndolos de por vida.

Sufrirán un síncope cuando comprueben que malvivimos para que los políticos viviesen opíparamente sin que jamás en su vida doblaran el espinazo ni generaran trabajo o riqueza.

Entrarán en trance cuando descubran, que los mismos que nos hacían cumplir las leyes, nos inspeccionaban los pequeños negocios y nos asfixiaban a impuestos, esos mismos, no servían ni para asomarse a ver si llueve.

Terminarán por tomar asiento, cuando se den cuenta de que las pasábamos canutas para pagar impuestos y sostener el “oficio” de políticos, de sátrapas y corruptos oportunistas, que sin trabajar ni producir absolutamente nada alcanzaban la pensión máxima o vitalicia con sólo siete años en la poltrona, mientras a los trabajadores les exigían cuarenta años de cotización a la Seguridad Social para poder alcanzar una mísera pensión.

Y cuando se repongan de la indisposición, de los sobresaltos y del ataque de risa, y vuelvan al mundo real, todos ellos se seguirán preguntando una y otra vez, ¿por qué no hiciste nada, abuelo?

José L Román.


 Luis Fernando García-Mauriño Martínez 

1 comentario:

Anónimo dijo...

García-Mauriño sigue renunciando a aquellos bellos postulados que en su día reflejó en letras de oro:


"Cuando al pasar los días encuentro en Cajón de Sastre, como en este caso, trabajos de gran calidad y altura de compañeros comprometidos con la profesión militar recibo una gran alegría.
No es que me decepcionen colaboraciones de interés relacionadas con la conmemoración de pasados eventos casi siempre ajenos a nuestra patria. Pero debo reconocer que me produce sorpresa y confusión ver en el encabezamiento el nombre y la foto de quienes los envían, en ocasiones viejos compañeros, y al final, casi desapercibido, el del autor. Y como asiduo lector de digitales (no compro la prensa ni veo la televisión desde hace años) esos artículos casi siempre ya me eran conocidos por ese medio.
Naturalmente que en "Cajón de Sastre", como su nombre indica, puede tener cabida todo. Pero a la vista de la proliferación de estas colaboraciones ¿no podría ser conveniente abrir un apartado como "De la Prensa"? para evitar equívocos?.
Pasando al artículo del Comandante Cañete, origen de este comentario, más que ponderar su elegante estilo y cuidada prosa, debo hacerlo, pues es de justicia, a su contenido pues nos recuerda a unos y revela a otros la impresionante labor social del Ejército, en este caso en el campo de la cultura, durante tantos años. Labor que se ha visto interrumpida bruscamente con la disparatada supresión del Servicio Militar Obligatorio, decisión difícilmente compatible, a mi juicio, con la vigente Constitución.
Y otra vez más mi sincera enhorabuena a mi compañero y amigo, el Comandante Cañete, por su extraordinaria tarea de difusión y reconocimiento a los logros del antiguo Ejército, y un fuerte abrazo,
Luis Gª-Mauriño Martínez / Coronel de Artillería, DEM, R