ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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23/3/15

LAS BARRAGANAS EN LA LEGIÓN










LAS BARRAGANAS EN LA LEGIÓN


La barragana llegó a ser una cosa tan necesaria en los antiguos ejércitos mercenarios, que más de una vez se pensó en incluirla en la plantilla de aquellos Tercios españoles que no querían prescindir del amor en la guerra, para evitar males mayores.
Pero la barragana en el Tercio de Extranjeros es simplemente la mujer pública que sirve a los legionarios sus raciones de amor y que deja su tabuco del campamento para seguir a las tropas en todos los trances de la guerra.
Existen, claro está, diversas clases y jerarquías. Las hay que tienen choza propia, con su tiendecita, y venden al mismo tiempo amor y tabaco.
Sus amigos legionarios le han levantado su refugio. Pero el tipo más generalizado es la clásica pupila de la mal llamada cantina, que viene a ser, con más o menos motivos, una casa de lenocinio. Algunas, nacidas al oficio al mismo tiempo que la Legión. Las pobres no se hacen ilusiones de sus prendas físicas. De lo único que presumen es de lo que no han tenido nunca, de marido. y algunas, de hallarse casadas por "detrás" de la Iglesia.
Entre las barraganas merecen especial atención las siguientes, citadas por los apodod que las han hecho populares en la Legión por sus nombres de guerra:

LA SANTA o LA SANTINA, tipo extraño de mujer que debe su mote a rostro de mística y  a que suele oir misa de campamento hincada de rodillas, sin levantar sus ojos del suelo o del libro de rezos. Mona de cara, unos ojos grandes, negros, de mirar inocente, en una carita morena y breve, en cuyo centro chispea la gracia de una nariz menuda, algo respingona. Su cuerpo es cosa insignificante, pero resulta graciosa y armónica su figura pecadora. Un gran cosido, una gran cicatriz cruza su cuello, por lo cual lleva siempre puesto un pañuelo sobre la garganta. Lo más feo de ella es su voz, tamizada por una pertinaz afonía.
LA MOÑO TRISTE, de quien no sabemos la razón del apodo porque lleva el poco pelo que le queda a lo chico que ha tenido el tifus. Presume solamente de piernas y de hallarse siempre en cinta.
LA TIO, un cargador de muelle con faldas, de abdomen inabarcable y pechos de suiza. Vista por detrás, como luce en una de sus mejillas un largo y rizoso lunar, parece uno del Tercio, pero de la Guardia Civil.
LA SULTANA, más indígena que la española por el tono cetrino de sus carnes fofas, casi arrastrada por debajo de los brazos. Nadie la ha visto lavarse; por eso creen los legionarios que es falso el cobre de su cara.
LA GUAYABO, que no cumplirá los cuarenta y cinco porque tiene cerca de cincuenta. Su rostro parece arrancado de un maniquí antiguo, tal es la expresión de susto de sus ojos abiertos. Anda a saltitos, luciendo así, casi sus nalgas de muchacho por efecto de sus ocho centímetros de falda.
LA PAULINO, que es el mejor remedio contra la lujuria. Parece un púgil vasco con faldas. Dios nos libre de una caricia de ella...
LA MISS PIOJO, que es tan chica y pernicorta que va arrastrando el trasero por las calles, aunque gasta una fortuna en en tacones y peinas altas...

Y así por el estilo las restantes. Pero lo más admirable de toda esta fauna amorosa es su noble y generoso desprendimiento y su conducta abnegada en la guerra. Es digno de verlas seguir el paso azaroso y violento de las columnas en los cambios definitivos de campamento, con el pintoresco ajuar sobre sus espaldas, o tiradas de carros de la impedimenta, entre bártulos y equipajes de las Banderas. En la inmediación de algún puesto de socorro, en el frente, veréis siempre a alguna de estas mujeres ofrecer sus licores y viandas a los heridos que llegan, vaciando generosamente sus botellas de coñac y de agua sobre los más graves para reanimarlos o calmar su sed en estos trances de guerra, en los que nadie se acuerda de pagar, ni siquiera de agradecer con una mirada o una sonrisa el gesto abnegado y piadoso de estas pobres mujeres. ¡Si las vierais llorar amargamente al pie  de las camillas cuando el que la ocupa es oficial, clase o legionario que hubiera guardado con ellas alguna atención entre las constantes pullas y maltrato que reciben!
Ellas practican la caridad a su modo, y en cada hombre que cae van dejando algo de su corazón.




Sacado íntegramente de este libro que me regaló el Capitán.


Jose V. Ruiz de Eguílaz y Mondría.
Grupo Ligero del Tercer Tercio. Aaiun.

2 comentarios:

Chevi Jr. dijo...

Voy a ver en la plantilla de destinos de mi unidad no vaya a ser que tengamos alguna vacante y no nos hayamos dado cuenta...

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Y si, en esa Unidad, está tu hermano dile que pida destino.