ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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11/3/15

HISTORIA CRIMINAL DEL COMUNISMO















Nunca tan pocos mataron a tantos en tan poco tiempo





        Cuando, a finales de 1.917, los bolcheviques se hicieron con el poder en Rusia todo el progresismo mundial se felicitó por aquella venturosa revolución de los desheredados de la Tierra. Creían que con Lenin comenzaba una era dichosa de igualdad, fraternidad y emancipación para toda la especie.

        La realidad, sin embargo, no tardó en imponerse. Tan pronto como Lenin y los suyos llegaron al Kremlin dio comienzo uno de los experimentos más sangrientos de la Historia de la Humanidad. El Partido, así, con mayúsculas, que se había impuesto a sangre y fuego en las calles de San Petersburgo, desató una feroz represión a la que nadie en el viejo imperio de los Zares pudo sustraerse.

        El crimen comunista empezó en su misma concepción. Lenin no dudó en aplastar con violencia ejemplarizante a todo el que se oponía a sus designios. De aquellos primeros años proviene, por ejemplo, la Cheka y su cortejo de brutalidades y desafueros.

        Cuando Stalin ascendió a la máxima magistratura de la república de los soviets todo estaba dispuesto para que sobre Rusia y sus países vecinos se abatiese la mayor y más duradera tiranía que la historia ha conocido.

        De Stalin y sus numerosos crímenes se sabe mucho, en gran parte porque fueron sus sucesores los primeros en denunciar los excesos de su espantoso régimen. Stalin, un revolucionario profesional georgiano que había crecido a la sombra de Lenin, fue el padre de las principales instituciones de los regímenes comunistas que vendrían después. A él le debieron los planes quinquenales, los campos de concentración para los presos políticos y las amplias y periódicas purgas internas dentro del Partido.

Proyectos faraónicos

       El primero de los planes quinquenales, que fue de 1.928 a 1.933, se llevó por delante a cinco millones de personas. Para que el plan se llevase a cabo el líder exigió la colectivización de toda la agricultura del país. Eso implicaba la expropiación forzosa de varios millones de pequeños granjeros, que el régimen sacrificó sin inmutarse. A estos granjeros Stalin los denominó kulaks, que en ruso significa “puño”. El que no pereció durante la colectivización fue deportado a grandes complejos carcelarios levantados más allá de los Urales. El sistema, gestionado por una oficina moscovita llamada gulag, llegó a contar con medio millar de campos por los que pasaron más de 14 millones de condenados durante sus tres décadas largas de vida.




























Kulaks, eran los agricultores y campesinos propios de la URSS que poseían propiedades y contrataban a trabajadores. Posteriormente el término fue utilizado para todos los deportados, condenados y opositores a las colectivizaciones.

        El sistema de campos estalinista se entendía a la perfección con otra de las pasiones del tirano: los proyectos faraónicos. En tiempos de Stalin se excavaron canales imposibles, se construyeron vías férreas a ninguna parte y se explotaron minas y canteras en lugares prácticamente inaccesibles. Todo se hacía con mano de obra esclava, en su mayor parte proveniente de los gulags.























Prisioneros trabajando en la construcción del Canal Mar Blanco – Báltico, 1.931–33.


La muerte de Stalin y la posterior desestalinización no hizo que el genocidio comunista retrocediese ni un palmo, muy al contrario, aumentó y se extendió por el mundo como una plaga. Durante la posguerra el experimento soviético se traspasó a un puñado de países europeos ocupados por el Ejército Rojo. Poco después China, el país más populoso del mundo, se integró en el bloque socialista. Más tarde llegarían Cuba, las naciones de Indochina y varias Repúblicas africanas recién independizadas.


El gran salto adelante

        En todos los casos se reprodujo el mismo esquema adaptado a la historia y las tradiciones locales. Pero donde más fuerte arraigó el comunismo fue en China. Allí, gracias a la perseverancia y la voluntad de poder de Mao Zedong, un guerrillero marxista que se había hecho con el poder en 1950, se consumaron los grandes crímenes comunistas del siglo. En China se padeció la mayor hambruna de la historia, provocada por la ineptitud de los planificadores maoístas, que quisieron convertir el país en una potencia industrial en unos pocos años. Aquella delirante campaña, bautizada como “el gran salto adelante”, costó la vida a 40 millones de personas.

        Un poco más al sur, Pol Pot, otro fanático que se veía como el sucesor de Mao, se adueñó de Camboya y la metió en el que quizá sea el Gobierno más tiránico que jamás haya existido. Vació las ciudades y dedicó a toda la población al cultivo de arroz. Hizo desaparecer el resto de oficios y prohibió la religión, la música, la filosofía y el deporte.

        El régimen de terror de Pol Pot y sus jemeres rojos se saldó con tres millones de muertos, una cifra modesta si la comparamos con las víctimas del “gran salto adelante”, pero inmensa si tenemos en cuenta que Camboya tenía por entonces nueve millones de habitantes.

       Al caer el Muro de Berlín y disolverse la Unión Soviética a principios de los años 90 empezaron a hacerse cuentas de la barbarie. Los especialistas calcularon que el experimento comunista había enterrado unos 100 millones de cadáveres en todo el mundo en sólo 70 años de historia.



Así torturaban y asesinaban los comunistas a las mujeres en los campos de concentración

Supervivientes cuentan su tragedia

Tenían prohibido ir al baño, trabajaban durante 18 horas o les obligaban a correr cargando piedras enormes, entre otras muchas atrocidades.


En esta localidad de Lovech fueron asesinados cientos de presos. Bulgaria

Radoslav Yordanov.-




Hace algo más de un año se cumplieron los primeros 100 años de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer fecha en la que millones de personas demandan la igualdad y elogian la figura de las mujeres en la sociedad.

En los países comunistas durante la segunda mitad del siglo pasado, la propaganda del régimen destacaba en este día el importante papel que había desempeñado la mujer en la construcción de la sociedad socialista, y su supuesta liberación de las "ataduras del hombre y la propiedad privada de las sociedades burguesas".

Sin embargo, fue precisamente en los países del bloque comunista, donde las mujeres perdieron todos sus derechos y libertades. En la Bulgaria comunista, por ejemplo, miles de mujeres fueron enviadas a campos de concentración por razones como estas: “quiere divorciarse de su marido", "se viste de forma provocativa y moderna", "escucha música imperialista" o "espera en los puertos marineros estadounidenses para escapar con ellos", etc.

Las inhumanas condiciones de la cárcel de Lovech

Hace 70 años los comunistas llegaron al poder en el país balcánico de forma violenta, y en unos pocos meses  asesinaron a miles de personas contrarias a las ideas de la izquierda. Fue también en 1.944, cuando el régimen dictatorial comunista creó los primeros campos de concentración para consolidar su poder eliminando los "elementos reaccionarios". Entre 1.944 y 1.962 había en Bulgaria más de 90 campos de concentración, y en una decena de ellos también encarcelaron a mujeres.

El campo de concentración más duro fue el de Lovech, más conocido como "la cárcel de la muerte". NiKola Dafinov, uno de los supervivientes del aquel terror, contó que en Lovech había más de 150 mujeres, que trabajaban en la cantera junto con los hombres. “Murieron al menos 50 mujeres, bien porque les asesinaban por no cumplir la norma diaria, bien porque sus cuerpos no aguantaban las cargas."

Cada día las mujeres tenían que cavar 5 metros cúbicos de tierra para que los hombres encarcelados pudieran sacar piedras. Su comida diaria consistía en sólo 400 gramos de pan y un poco de sopa o agua. Uno de los torturadores, Petar Gogov, reconoció durante un juicio en 1.990 que las condiciones en la cárcel eran insoportables. "Muchos presos murieron por la fatiga y el cansancio”. La jornada laboral era muy dura. Recuerdo que las mujeres tenían que cavar cinco metros cúbicos de tierra y trasladarla luego a 30 metros de distancia. Era una norma imposible para cualquier mujer”.

Además, las encarceladas  tenían prohibido ir al baño durante las noches, por lo que tuvieron que utilizar dos cubos. Las mujeres, que sobrevivieron al terror de Lovech, recuerdan también que los vigilantes las obligaban a correr llevando enormes piedras o con carretillas llenas de tierra. Cuando ya no podían aguantar, los comunistas las pegaban y torturaban.

Encarcelada y torturada por intentar divorciarse

Una de estas mujeres fue Raina Gueorguieva que fue encarcelada en el campo de concentración de Lovech por haber intentado divorciarse de su marido. "A los policías comunistas de la cárcel les encantaba levantarnos las faldas y golpearnos. Se divertían mucho cuando nos obligaban a correr llevando piedras enormes. Muchas perdimos la conciencia".

A pesar de que fue golpeada con crueldad en numerosas ocasiones, el peor momento de la joven Raina fue cuando tuvo que presenciar el brutal asesinato de otra mujer encarcelada, que se llamaba Dina Pitzina. "Un día llegó a la cárcel una mujer que tenía sobrepeso y que no podía cumplir con la norma diaria de cavar 5 metros cúbicos de tierra”. Entonces, una de las vigilantes llamó a Gazdov para decirle que esta mujer no quería trabajar.

Entonces él dijo que había "que eliminarla". Después de recibir la orden, una de las vigilantes empezó a golpearla con una vara, y luego metió la vara en su boca y empujaron hasta que a la pobre mujer se le salieron los intestinos. Los vigilantes dejaron su cuerpo desnudo en la barraca donde dormíamos hasta que al día siguiente se le ordenó a algunos presos enterrarla.

"Nosotros decidimos si vives o mueres"

Otra superviviente del terror comunista en Lovech, Lyliana Popova, fue encarcelada por intentar escapar a la República Federal de Alemania. "Al llegar a este campo de concentración, lo primero que vi fue como el policía Gazdov pegó una paliza a una mujer llamada Yodka. La golpeó varias veces en los pechos con una vara. La mujer no dejó de vomitar sangre durante toda la noche".

Popova recuerda con dolor que cuando llevaba apenas unos días en el campo intentó suicidarse al saltar de la cantera más grande. "Los vigilantes me detuvieron. Ni siquiera me permitieron suicidarme. Me dijeron que sólo ellos tenían derecho a decidir si yo iba a vivir o no. A causa de este accidente, decidieron castigarme al golpearme por todo el cuerpo."

Después de la caída del régimen en 1.989, Popova contaría al periodista Hristo Hristov un incidente que también tuvo lugar en el campo de concentración de Lovech, y que nunca podrá olvidar. "En la cárcel de Lovech conocí a una mujer, que se llamaba Radka. Era una mujer muy bajita e inofensiva, pesaba 35 kilos como mucho. Un día intentó escapar, pero los vigilantes la detuvieron y la dejaron para que se la comieran los perros. De la pobre mujer no quedó nada" recordaba Popova.

Encarcelados por robar una bicicleta

Al campo de concentración de Lovech también fueron enviados varios miembros de una misma familia como en el caso de los Bushevi. Ivanka y Boris Bushevi se habían casado en 1.958, pero sólo tres años más tarde fueron enviados al campo de concentración de Lovech. La razón de su encarcelamiento fue el hecho de que Boris Bushev había robado una bicicleta. Ivanka sobrevivió al terror comunista de Lovech, mientras que su marido fue asesinado.

Busheva recuerda atemorizada que una vigilante llamada Totka Nesheva las golpeaba todos los días sin razón alguna. "Un día Nesheva me ordenó que pegara a otra encarcelada, una mujer joven, y que la metiera una vara en su vagina hasta asesinarla. Me negué a hacerlo, por lo que dos vigilantes me pegaron con una correa durante horas."

No obstante, la pesadilla de Ivanka Busheva sólo acababa de empezar. "Una segunda vez me torturaron y pegaron con crueldad porque ayudé a Nadia Ivkova, de Sofía. La habían pegado tanto que todos la dimos por muerta. Yo limpié sus heridas, y cuando Gazdov y Gogov se enteraron de ello, decidieron castigarme al pegarme con una enorme correa".

El campo de concentración de Skravena

Cuando la cárcel de Lovech fue clausurada, muchas mujeres fueron trasladas a un campo de concentración exclusivamente para mujeres. Pocas mujeres sobrevivieron para contar sus trágicas historias en Skravena. Historiadores y fiscales coinciden en que todavía falta mucho por conocerse sobre las atrocidades comunistas en los campos de concentración y lamentan que muchos de los archivos fueran destruidos.



Francisco Javier de la Uz Jiménez


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