ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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4/3/15

FAS Y ACCIÓN SOCIAL










Esto manda Willy
 Willy Manley




Lejos queda en el recuerdo la aventura sahariana para muchos militares, hoy en el retiro ya, pero quedará para siempre la amistad forjada en aquellos días. Escribo hoy en consideración a dos buenos soldados, uno coronel y el otro sargento, con quienes he compartido más de 40 años de servicio. Hoy, ambos, luchan denodadamente contra una gravísima enfermedad y ya no comparten la dureza de la vida en campaña, sino la de la lucha contra la burocracia administrativa. Encontrándose, ambos, bajo tratamiento, en un centro médico concertado, reciben inopinadamente la noticia de que deben buscarse otro lugar para su curación, por no estar amparado ya el mismo en ese centro. Tras un calvario administrativo reciben una graciosa prórroga de seis meses. Después, Dios dirá.
Las Fuerzas Armadas son garantes de la Defensa y Seguridad de España; en definitiva del ejercicio de nuestra libertad. Su eficacia depende de muchos factores, pero por encima de todos ellos se encuentran los que afectan a los hombres y a las mujeres que las constituyen: a su bienestar, a su moral. Hoy escribo sobre esto.
Ha sido noticia reciente el malestar creciente en el colectivo militar por el recorte y reducción de las prestaciones sanitarias. La prueba más palpable de ello ha sido la carta que el Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada dirigió hace unas semanas a la Subsecretaria de Defensa lamentándose de la situación. Una actitud, la del Almirante, que dicho sea de paso ha despertado entusiasmo y fervor entre sus subordinados al verse defendidos en sus derechos mermados. Días después, una nota oficial del Instituto Social de las Fuerzas Armadas, ISFAS, intentaba aclarar, a su criterio, lo que estaba sucediendo, contradiciendo de hecho lo manifestado por el AJEMA. Sucede que los hechos son tan evidentes que todos en las FAS sabemos dónde está la razón; por supuesto en lo que dice el Almirante.
En 1978 se creó el Instituto Social de las Fuerzas Armadas, ISFAS. Instituto que oficializaba la Seguridad Social para los militares. La financiación del ISFAS corría y corre a cargo de las cuotas descontadas de la nómina de cada militar y en los últimos años, ya desmantelada la red hospitalaria militar, la asistencia sanitaria se lleva a cabo mediante convenios con determinadas sociedades médicas.
Hoy, inexplicablemente, el colectivo militar que lleva muchos años cotizando ve cómo las prestaciones se han reducido ocasionando el malestar antes citado y que ha dado lugar a la citada carta del AJEMA.
Las FAS constituyen la institución del Estado que más se ha transformado en los últimos 40 años y lo han hecho calladamente, aceptando con disciplina, y muchas veces con resignación, todas las alteraciones acaecidas. Hoy voy a referirme a algunos de ellos; en especial a los del ámbito social, tan necesarios para el buen funcionamiento y eficacia de las mismas por ser consustanciales con la moral de un ejército.
Hago ahora uso de la prerrogativa que dan los años y la buena memoria para recordar algunos aspectos de los ejércitos que conocí allá por los años 80 del siglo pasado; tomo como referencia a la Armada por ser, evidentemente, la que mejor conozco si bien cuanto digo es extrapolable a los otros dos ejércitos.
Era una Armada en la que se atendía a las necesidades específicas de su personal para propiciar que la razón de su existencia, que no era otra que la Fuerza, fueran posibles: la atención hospitalaria, los colegios, las viviendas… etc. Nadie piense que aquello era el paraíso en este sentido, ni mucho menos, pero sí es cierto que, por poner un ejemplo, la frecuente movilidad geográfica a la que estaba sometido su personal estaba garantizada o al menos atendida, desde luego en mayor grado que ahora, digan lo que digan. Quiero matizar aquí que hablar de movilidad geográfica significa que a lo largo de la carrera militar no son menos de 10 ó 15 las veces en las que el militar ha tenido que cambiar de residencia con todo lo que ello conlleva, tanto emocionalmente como de trastornos derivados de cambios de colegios, ambiente, familiares, amigos, etc. El que no haya vivido todo esto no está capacitado para entender nada, lo siento pero es así.
Una de las características más claras que definen a la Armada desde siempre es el hecho de constituir una gran familia. Algo absolutamente necesario cuando sus componentes se ven obligados a largas ausencias por motivo del servicio. Son momentos en los que el apoyo de todos sus componentes se manifiesta. Es imprescindible que al salir a navegar, de ejercicios o en operaciones, el marino o infante de marina sienta que su familia queda acompañada y protegida. La Armada siempre cultivó desde tiempo inmemorial esta actitud entre todos sus componentes. Esta venía propiciada por la proximidad vecinal y por la concurrencia a un mismo centro escolar de todos los hijos que se desenvolvían en un ambiente similar, algo muy importante para la estabilidad emocional de niños sometidos más de lo normal a la ausencia continuada del cabeza de familia.
Son aspectos sociales como la proximidad vecinal, los centros escolares ad hoc y la atención hospitalaria cercana a las vicisitudes de la vida del marino, los que propiciaban que sin demasiados problemas éste y su familia pudieran sobrellevar una movilidad geográfica -la más grande entre todas las instituciones del Estado- necesaria para el buen funcionamiento de la Armada y para el perfeccionamiento profesional de sus componentes. Todo esto ha desaparecido prácticamente. Las sucesivas leyes de personal y asistencia a éste, desarrolladas durante las últimas décadas han roto de forma paulatina estos condicionantes que facilitaban el buen llevar de los asuntos familiares en una organización como la Armada. Esta situación está originando, por ejemplo, que hoy en día los oficiales y suboficiales de la Armada contemplen con grandísimo temor cualquier movimiento o cambio de destino puesto que afecta gravemente a la conciliación familiar. Se dan casos en los que oficiales renuncian al mando de buques y a ascensos con tal de no romper las familias. Algo nunca visto hasta ahora. Problemas que se agudizan cuando el traslado se produce a comunidades autónomas donde se exige la enseñanza en lenguas distintas del castellano sin que nadie haga nada al respecto.
Los componentes de la Armada -de los ejércitos en su conjunto- son ciudadanos con los mismos derechos y deberes que el resto de la sociedad pero, por las características de la vida a la que están sometidos, por servir precisamente a esa misma sociedad, deben tener unos condicionantes de vida específicos que no son “privilegios” sino, precisamente, prestaciones necesarias para el mejor servicio. Es muy importante entender esto si se quiere tener un buen ejército. Si alguien lo duda basta con echar un vistazo a las políticas de personal de ejércitos de nuestro entorno. Lo repito, no eran privilegios en ningún caso, sino necesidades sociales derivadas del modo de vida de un colectivo. Lo peor que le sucede a un marino destinado en la base naval de Rota, por poner un ejemplo, no es envidiar la diferencia de barcos o aviones con los de los EEUU allí ubicados… No, no. Es simplemente la desazón que produce ver como los EEUU tratan, cuidan y miman al personal de sus FAS y, por supuesto, a sus familias. Es triste decir que el apoyo a nuestro personal y a los familiares más cercanos está a años luz de lo que allí se ve. Y eso teniendo que oír que somos uno de los países más avanzados del mundo. Lamentable.
El colectivo militar, el que constituye las FAS, el que maneja los medios que de forma preventiva, disuasoria y ejecutoria le defienden a usted y garantizan su seguridad, aquí o donde sea, no es un gremio más de la Administración General del Estado. Tiene unas características específicas, muy singulares, y requiere un tratamiento especial. Y si alguien no lo cree así que se lo pregunte a los familiares de los 200 muertos y cientos de heridos habidos en los últimos 20 años.
Cuando alguien dijo en una ocasión que era necesario romper “los ghettos militares”, o bien no sabía bien lo que decía o por el contrario lo sabía demasiado bien.
Y ahora ya, como colofón, resulta que algo tan importante como la asistencia sanitaria se ve también afectada, hasta el punto de que la máxima Autoridad de la Armada tiene que hablar y lo hace porque, lejos de la retórica de la nota oficial del ISFAS, está en contacto real con las personas que constituyen el elemento más importante –vital- de los ejércitos.
¿De verdad que España quiere tener unas buenas Fuerzas Armadas?
Lo siento, pueden contarme lo que se quiera, pero cuando veo el trance en el que se encuentran mis dos compañeros citados, me viene a la memoria que en los años 80 del pasado siglo las condiciones sociales no serían la panacea universal, pero, desde luego, eran bastante mejores que las de hoy.
Y no creo que estén los tiempos, con las amenazas que de forma acelerada se ciernen sobre los países occidentales, como para descuidar al conjunto de personas que han elegido como finalidad y modo de vida, precisamente, el defender la integridad de su Patria, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Paradojas de la vida… y suma -quiero decir resta- y sigue.
Juan Chicharro



Jose V. Ruiz de Eguílaz y Mondría

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