ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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10/2/15

EL SARGENTO QUE AGUANTÓ 27 AÑOS SIN ÓRDENES DE RENDIRSE














Sargento Soichi Yokoi


El 24 de enero se cumple el aniversario de la ‘rendición’… ¡en 1.972! del Sargento Soichi Yokoi, vienen a la memoria otros militares japoneses que llevaron hasta un extremo, incomprensible para la mentalidad occidental, el cumplimiento de su deber militar de no hacer aquello para lo que no tenían órdenes, rendirse, permaneciendo ocultos en las selvas durante muchos años, sostenidos por sus principios y valores.

No eran casos normales los de combatientes que, habiendo acabado oficialmente una guerra, tardaban un tiempo en deponer las armas. Sin embargo, aquí estamos hablando de que, acabada la guerra en 1.945, hubo militares japoneses que siguieron en ese estado en diversas partes del teatro de operaciones del Pacífico, llegando a malvivir en cuevas o escondrijos y sobreviviendo en condiciones verdaderamente primitivas. No les había llegado la orden del emperador del 17 de agosto de 1.945 de deponer las armas, o no creyeron a quienes la transmitían, al pensar que sería un engaño de los estadounidenses.

De vez en cuando se daba la noticia de que militares japoneses reaparecían, eran capturados o abatidos: así sucedió en 1.951 (Soldado Yuichi Akatsu), 1.954 (Cabo Shoichi Shimada), 1.956 (Oficial Shigeichi Yamamoto y tres Soldados), 1.960 (Bunzo Minagawa y el sargento Tadashi Ito), 1.972 (Kinshichi Kozuka y el citado Sargento Shoichi Yokoi) y 1.974 (el citado Teniente Hiroo Onoda y Soldado Teruo Nakamura).

Cabe referir el alto concepto que tenían de cómo seguir cumpliendo sus obligaciones, unido al temor de que, reintegrados al Japón, se les reprochara haberse rendido sin órdenes para ello o sin haber agotado todas sus energías, lo que constituía una gran vergüenza.

Aproximación a su mentalidad

Para que la mentalidad occidental realice un intento de aproximación a la japonesa, es imprescindible leer el libro “El crisantemo y la espada. Patrones de la cultura japonesa”, de Ruth Benedict, publicado en 1.946. En él trató de describir la idiosincrasia y la mentalidad niponas a partir de estudios iniciados en 1.944, estando EEUU en guerra con Japón, e integrando en él los resultados de los estudios llevados por la Oficina de Información de Guerra y la Oficina de Estudios Estratégicos estadounidenses, entrevistando a inmigrantes nipones.

Resaltamos un párrafo de este libro: “El honor [de los militares japoneses] estaba íntimamente ligado a la idea de morir luchando. En una situación desesperada, un soldado nipón debía suicidarse con la última granada que le quedara o arrojarse sin armas contra el enemigo en un ataque suicida masivo, pero jamás rendirse. Incluso si se le hacía prisionero cuando estaba herido o inconsciente <<no podría andar con la cabeza alta>> en el Japón; había caído en desgracia; había muerto para su gente”.

Un ejemplo de esas convicciones japonesas es que, en la campaña “en el norte de Birmania, la proporción de prisioneros con respecto a los muertos fue de 147 a 17.166; es decir, una proporción de 1 a 120. Y de los 142 soldados que se encontraban en los campos de prisioneros, todos, excepto una pequeña minoría, se hallaban heridos o inconscientes cuando fueron apresados”.


Millán Astray, a través del estudio del Bushido –el camino del samurái-, penetró en la mentalidad militar japonesa y adaptó sus valores a la mística Legionaria que definió de manera magistral en los Espíritus del Credo de La Legión, y que hacen tan atractivo el servicio en sus filas.





Francisco Javier de la Uz Jiménez

2 comentarios:

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Impresionante. Queda un poco distante de la filosofía occidental, y así nos va, o nos va a ir... Alá es grande.

Daniel Sanchez dijo...

Mi Mayor respeto y admiración como soldado hacia éste señor Sargento !