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y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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27/11/14

EL CAPITÁN DE MARINES QUE SALVÓ A UN PILOTO DE FÓRMULA 1












Brett Lunger, el capitán de Marines que sacó a Niki Lauda de las llamas

LA SINGULAR HISTORIA DEL PILOTO AMERICANO

Acababa de terminar la segunda sesión de libres del Gran Premio de Italia de 1.976. Un piloto con la cabeza vendada buscaba a otro por el paddock. Le encontró y tocó su hombro. Cuando el segundo se giró, Niki Lauda le miró a los ojos y solo le dijo: “Gracias”. Brett Lunger había sido quien embistió con su Surtess al Ferrari recién estrellado en Nurburgring. De los cuatro que ayudaron al austríaco, el americano fue quien se subió en lo alto del monoplaza ardiendo para tirar de su cuerpo y sacar a Lauda

Además, Lunger fue uno de los últimos ‘mohicanos’, de aquella especie de pilotos que se buscaban la vida para correr en los equipos independientes. Sus orígenes, su singular trayectoria vital y su personalidad nos recuerdan hasta qué punto aquellos pilotos eran de otra pasta.

Al frente de Vietnam por principios



Hijo de una de las herederas del imperio químico DuPont, los padres de Lunger vivían en otra dimensión social. Las carreras no formaban parte de ese entorno, pero el universitario Lunger quedó atrapado cuando acompañó a un amigo a una prueba.  Estudiaba en la exclusiva Universidad de Princeton. Se dedicó a correr carreras locales, siempre con su propia filosofía personal. “No tuve acceso al dinero hasta que llegué a los cuarenta años, aquello te enseñaba fortaleza interior y a cuidad cada dólar y cada céntimo”.

¿Fortaleza interior? ¿Carácter? Mientras estudiaba y se fogueaba corriendo estalló la guerra de Vietnam. Si resultaba insólito no tirar del dinero familiar para correr, menos lo era que un hijo de la élite social americana se alistara por principios y responsabilidad social hacia su país, como el mismo Lunger reconoció. Tanta, que lo dejó todo para luchar.



Su personalidad le valió salir hacia Vietnam en 1.968 como Teniente del Cuerpo de Marines. Cayó herido en la frontera con Laos. Volvió a casa y recibió el ‘Corazón Púrpura’, una de las más altas condecoraciones para los heridos en combate. Una vez recuperado, se planteó retornar al frente o sacarse el virus latente de la competición automovilística. “Vietnam hizo más por formar mi personalidad y carácter que cualquier otra cosa en la vida, pero dañó mi carrera deportiva”. Dejó el Ejército con el grado de Capitán. Todavía no lo sabía, pero lo esperaba la Fórmula 1.

La oportunidad de la Fórmula 1, junto a James Hunt



A su vuelta comenzó a correr en la F-5000. Su capacidad para promocionarse en las carreras locales americanas y ‘barniz’ personal, lejos del ‘frikipiloto’ descerebrado, le permitieron lograr algunos patrocinadores. Porque seguía sin acceso al dinero familiar, “en mi primera temporada de carreras todo lo que tenía era un maletín, y viajaba en coche  en una furgoneta mientras los demás lo hacían en avión”. Con la ayuda de su hermano Dave y su amigo personal, Rod Cambell incluso llegó a correr casi una temporada completa en Europa, en la Fórmula 2. Pero en 1.975 se había quedado en el dique seco y sin dinero cuando, inesperadamente, llegó su oportunidad. Junto a James Hunt.

Su hermano Dave y Campbell encontraron dinero para correr en Hesketh en las tres últimas carreras de la temporada. Al barón Alexander Hescketh se le había ido la mano con las juergas con el equipo y James Hunt. Había que tapar huecos. Y allí se vivió el contraste entre el despilfarrador y excéntrico joven aristócrata británico con el hijo de familia multimillonaria americana, que corría con sus propios recursos y las heridas de Vietnam en el cuerpo.




McLaren le incluye entre su nómina histórica de pilotos

En 1.976 corrió con el equipo Surtess junto con otro futuro campeón del mundo, Alain Jones. Para un privado era todo un logro contar con el patrocinio de una marca tabaquera como Chesterfield. Buscándose la vida con pequeños equipos privados, también compitió con Ensing en 1.977, junto a Nelson Piquet.

Aquel año y el siguiente corrió con diferentes monoplazas de McLaren, los M23 y M26 de segunda mano. Con algunos de los resultados de su última temporada habría puntuado según el esquema actual. Hoy, el equipo británico le incluye entre su nómina histórica de pilotos. 1.978 fue su último año en Fórmula 1. Había tomado parte en 43 grandes premios, de los que no se clasificó en nueve.



El 'Ángel volador'

Corrió luego ocasionalmente en Estados Unidos y dejó las carreras en 1.982. “Me resultó difícil estar a un nivel inferior al de la Fórmula 1, no volví en treinta años a una carrera, no aprecié lo mucho que la Fórmula 1 significaba para mí, lo pasé mal durante un tiempo”. Mató el gusano competitivo con maratones y carreras ciclistas “tuve más lesiones aquí que en las carreras de coches”, reconocía en una entrevista para la revista Motorsport en la que repasaba su vida.

Hasta casi en la cincuentena no participó de la fortuna familiar. Lunger y su esposa se aficionaron a la aviación. Con su avión privado, hoy es piloto de la organización humanitaria Angel Flight, cuyos miembros transportan por vía aérea y gratuitamente a enfermos y veteranos de guerra a los hospitales y sus hogares, “una lección de humildad”.

“Lo más divertido de mi carrera en la Fórmula 1 es que mis compañeros fueron todos campeones del mundo (Hunt, Jones y Piquet)”, bromeaba Lunger al revisar su singular experiencia, “así que si quieres ganar la lotería, siéntate junto a mí…”. Pero no decía  que a quien verdaderamente le tocó fue a otro campeón del mundo. Aquel dramático 1 de agosto de 1.976, en Nurburgring, Niki Lauda tuvo a Brett Lunger a su lado.










Francisco Javier de la Uz Jiménez


1 comentario:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Esto de Brett Lunger, al menos yo, no lo conocía. Y me huelo que es desconocido por la sociedad española. Incluso por los fans del automovilismo. Nunca salió a la luz en las televisiones nacionales públicas y “privadas”. Claro, se trata de un militar. Ocurriría igual si se tratara de un sacerdote.
Ejemplos de manipulación, a la inversa, los hay. Recientes y a tope por parte de nuestros asquerosos medios escritos, hablados y oídos.